viernes, 30 de noviembre de 2018

RELACIÓN DE PAREJA

Un couple parfait. Rodin (2005)
Por Joaquín Regadera
Cineasta


Cuando nuestra pareja no satisface nuestros deseos y necesidades, hemos de decírselo. Por ejemplo de la siguiente forma:


Cariño, en esta particularidad soy dependiente y no me avergüenzo de reconocerlo. Me refiero a que necesito que al despedirte de mí lo hagas cálidamente para que me dejes con un buen sabor de boca, porque de lo contrario, si te despides fríamente, me rayaré sobre la preocupación de que algo malo sucede, de que algo nos sucede. 

Esto es así porque un desafío de las expectativas conlleva una exaltación de las emociones; y en concreto la frustración acerca de lo que esperamos remueve nuestra negatividad. Puede que en ocasiones confusas nuestra expectativa sea la perfección y, por ello, cualquier imperfección termina por destacar de una manera mucho más acusada que todas las cosas buenas que nos rodean. Puesto que lo que está ya bien parece no interferir en nuestro camino, mientras que un contratiempo -el que sea- se torna suficiente para cortocircuitar nuestra tranquilidad como si sólo pudiésemos valorar el obstáculo y no la parte amable y favorablemente allanada. Sucede que por mucha dedicación y sacrificio de su tiempo y de su energía que a nuestra pareja le haya ocasionado allanarnos el camino, podría bastarnos una pequeña mancha en el horizonte emocional para invisibilizar todo el esfuerzo que ha invertido en la limpieza general del paisaje que habitamos. Y la única razón por la que lo hacemos es la injustificable compulsión sádica de querer castigar a la otra persona. Y además, como es sabido, el castigo más duro es aquel que se ejerce sobre una persona que ha hecho las cosas bien. No aquel que se ejecuta sobre la persona que ha obrado mal. Una persona que ha hecho algo mal, podría incluso sentirse aliviada si recibiese un castigo que considerase merecido. No obstante, una persona que no se merece ningún castigo porque ha puesto verdadero empeño en que todo salga bien, si en lugar de ser valorada por su esfuerzo y por su atención recibiese un castigo, se le estaría hiriendo de una manera que no podría ni concordar ni comprender. Se estaría perjudicando su integridad de una forma tan frustrante que se haría improbable que volviese a hacer las cosas bien nunca más. Por ello, es imprescindible prestar atención a los aciertos antes de someter a la otra persona a un castigo por una equivocación entre todas las cosas en las que sí ha atinado. 

En una relación de pareja es muy importante que una persona le enseñe a la otra qué es lo que le funciona y qué no, y hay que tomarse esto como un entrenamiento mutuo, porque el amor compromete y en el concepto de pareja se arraigan unas implicaciones emocionales que inevitablemente darán sus frutos con el tiempo. Es nuestra responsabilidad que estos frutos siempre nos nutran y nunca nos envenenen. Pudiese ser que la estructura de nuestra realidad estuviese sustentada sobre una base de valores éticos bien formados y contrastados y que, sin embargo, al empezar cualquier relación surgiese una desorientación inicial debida a las diferencias que distinguen a una persona de la otra y que deberían de ser descubiertas y admitidas, porque aplastar las diferencias del otro, como por ejemplo sus impulsos y su propia manera de hacer las cosas, no va sino en detrimento de la armonía y del equilibrio de la convivencia, hasta el punto de imposibilitar el encuentro con la felicidad que se busca en toda relación de pareja. 

Es de vital importancia descubrir qué es lo que hace feliz a la otra persona, para que la relación funcione y goce de buena salud. Y resulta menester facilitarle de manera directa el conocimiento de qué es lo que deseamos, de cómo lo deseamos y de cuál es la manera que tiene de conseguirlo, porque toda la sabiduría de las relaciones de pareja radica principal y fundamentalmente en ello. Lo contrario, es decir, la ausencia de esta sabiduría, pasa con demasiada frecuencia de lo incómodo a lo horrible. Dado que sin práctica no hay sofisticación y sin sofisticación hay una tendencia errática acumulativa que suele derivar en el colapso de las emociones por una sobrecarga de los problemas subyacentes. Se trata también de paciencia, de tolerar que la otra persona, desorientada como tú al principio de la relación, traiga consigo una inercia errática mientras se esfuerza por hacer las cosas bien. Porque lo primero que hay que valorar no son los errores sino los potenciales y los aciertos que cabe intuir darán sus buenos frutos a lo largo de la convivencia. Desvalorizar algo tan importante como los aciertos y los potenciales, deshumaniza irremediablemente no sólo la relación en sí sino a la propia persona, llegando a convertirla y a convertirnos en poco más que desechos humanos. La prueba de esta deshumanización reside en el hecho de que la mayoría social está secretamente deprimida y neurótica. La clave se encuentra en el comportamiento con el que nos tratamos les unes a les otres. 

Por ejemplo, cuando nos asaltan dudas acerca de si hemos hecho bien algo que en realidad sabemos de sobras cómo se hace bien, la mayoría de las veces resultará que al revisarlo comprobaremos que sí lo habíamos hecho bien y que nuestras dudas habían perturbado nuestro equilibrio en vano. De cualquier forma, este asalto a une misme tiene su germen en todas esas veces en las que alguien nos ha tachado de ser estúpides para ponerse por encima nuestra en la jerarquía de dominación. Sospechamos de nosotres mismes porque este tipo de asaltos nos anula como personas, dando lugar a que en el momento menos esperado dudemos de nuestra propia eficacia. Así, la causa de nuestra inseguridad y la que nos ha conducido a esta clase de confusión, simplemente porque hemos cometido algún fallo de manera puntual, es que se nos acuse de ser estúpidos en general, como si siempre lo hubiésemos sido, siempre lo fuésemos a ser y por tanto no existiesen posibilidades de que nuestro comportamiento fuese a funcionar en la sociedad, porque es muy diferente al aceptable y comprensible hecho de que se nos apunte un fallo en concreto. Así que párate, mírate y rehazte. Entrénate en la mentalidad del cuidado. Mejora. Valora al menos un aspecto positivo de la otra persona y de ti misme una vez al día, todos los días, durante todas las semanas del año. Y seguro que en ese tiempo habrás notado un gran cambio.



sábado, 27 de octubre de 2018

USTEDES SE TIENEN QUE ENCONTRAR

Por Joaquin Regadera
Pensador y cineasta













Para tener la razón hay que convencer a la gente de que se tiene la razón. Pero, para ser más inteligente, se tienen que encontrar los motivos por los que une misme está equivocade. Para lidiar con las tendencias autoritarias, hay que hacerse amigue de todo aquello que se desconoce. Ello conlleva cierto dolor, porque se estaría intentando comprender por qué se es un imbécil tendencioso, y hay muchas razones para ello. Obviamente, no es el mecanismo para obtener estabilidad psicológica a corto plazo. Mas se trata del único mecanismo conocido para mejorar las cosas en un periodo a largo plazo. Las relaciones cerradas funcionan como un acelerador del conflicto, porque los contextos cerrados, más que proteger, mortifican. Por ello, cuando se discute con alguien a quien se ama, si se trata de una relación cerrada, la discusión tiende a salirse de control muy rápidamente, sobre todo si se es una persona explosiva. Y lo curioso es que el motivo de la discusión está en realidad vinculado a un motivo subyacente mucho mayor, que a su vez está vinculado a una serie de motivos subyacentes que van siendo mayores en función del tiempo que se haya prolongado la relación sin haber llegado a resolver del todo cada uno de los distintos conflictos que inevitablemente han ido surgiendo a lo largo del tiempo. Por tanto, en una discusión con la persona a la que has amado por un tiempo, conviene recordarle de verdad las cosas buenas que se han estado haciendo durante la relación, para luego reconocer que hay también un problema por resolver que debería ser concordado para solucionar los desajustes del nosotres.

Hay que mentalizarse consecuentemente para no caer en las trampas que conducen al divorcio. Valga la redundancia, se trata de comprender de qué se trata todo esto. Es una forma de interesarse por los conflictos autoritarios y por el totalitarismo, del cual la familia narcisista es una síntesis perfecta. Probablemente todes tengamos una parte tribal en la que tendemos a basarnos en nuestro grupo, orden del que surge y se ramifica la compasión para unirnos fuertemente a nuestra manada, de una manera similar a la madre que es compasiva con su criatura porque lo ama. Es decir, la compasión es la fuente del tribalismo. Y, desde luego, una madre no es compasiva con el enemigo cuando se trata de proteger a sus criaturas. La empatía no es de hecho una virtud perfectamente limpia sino que puede ser responsable de acciones atroces e inhumanas, porque depende siempre de con quien se esté empatizando. Tanto es así que resulta muy valioso aprender a emplear bien las herramientas que suponen la intolerancia y el odio. Y, si tienes que luchar contra el dragón, debes ir a su cueva antes de que él venga a tu aldea. Hay que ver el peligro viniendo hacia aquí. Hay que adelantarse a lo que va a suceder. Más que por valentía o coraje, por sentido común, se debe mirar al futuro. A la hora de imaginar una utopía, hemos de tener presente que, además de las construcciones sociales, existen las grandes narrativas unificadoras, las estructuras de valores, las bases biológicas del ser humano, y la identidad -personal, nacional, occidental u oriental, de género, sexual, racial y étnica. Y, a la hora de deconstruir el patriarcado para dinamitarlo y dar lugar al pluriverso, hemos de comprender que la sociedad es falogocéntrica porque privilegia lo masculino en la construcción de significados. Mas, al mismo tiempo que se revierte el efecto falo-logo-céntrico de la sociedad, hay que procurar una reestructuración de las bases lingüísticas, filosóficas y actitudinales, recordando que la dialéctica da lecciones mientras la dialógica conversa hacia la verdad.


La Unión Soviética, entre 1919 y 1959, asesinó a unas cuarenta millones de personas en nombre de la opresión del sistema. Desde luego, las ideas comunistas son atractivas desde el punto de vista intelectual y también si se está orientado hacia la compasión desde la perspectiva de la personalidad, porque las ideas comunistas están basadas en principios marxistas como “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. La idea de que la sociedad deba cubrir las necesidades de la gente resulta atractiva. El único problema es el hecho de plantearse quién define las necesidades y quién define las habilidades. Porque, en la práctica, estos principios se han convertido en legislación y la legislación ha derivado en genocidio. Tras saberse esto, la misma izquierda compasiva e intelectual dejó de hablar de la clase trabajadora para empezar a hablar de poder e identidad grupal. Pero la filosofía patológica subyacente se mantuvo exactamente igual. De esta forma, la nomenclatura cambió haciéndose más atractiva, y la Unión Soviética cayó en 1991. Hoy en día Corea del Norte es un ejemplo de un sistema patológico, pero nos falta memoria histórica. Por ello, cuando alguien dice que no ha habido todavía un verdadero comunismo, parece decir que si hubiese estado en el lugar de Iósif Stalin sí hubiera comandado la utopía, en lugar de las masacres genocidas propias de la violenta dictadura del proletariado, porque creería entender bien la doctrina comunista y que todo lo que pretende representar es bueno. Pero, incluso en el caso de que sí lo hiciese mejor porque realmente fuese más competente que el mismísimo Stalin, alguien le habría disparado por la espalda por haber llegado a hacer algo bueno. De hecho, Iósif Stalin fusiló a los comandantes de la Guardia Roja rusa que lideraron la Revolución Soviética, junto con sus familias y millones de personas más. Aparte de que implementar tu bondad a otras personas poseídas por tu ideología es casi tan improbable como imposible.

La clave de la esperanza está en el valor. Simple y llanamente, para tener alguna esperanza en la vida es necesario saber valorar las cosas, porque al valorar una cosa ésta se sigue y es en el seguimiento mismo donde se encuentra el significado y el sentido de la vida. Todo lo demás es sufrimiento. El resto, aquello sin sentido y sin significado, es mero sufrimiento. Por el contrario, aquellas cuestiones que sí tienen sentido nos motivan y nos protegen del dolor. Hoy en día se está produciendo una lucha ideológica y, más profundamente, una lucha filosófica, perpetrada por unos grupos contra otros grupos. Y cada cual quiere estar apegado a su grupo, haciendo de su grupo su única parte relevante, su única parte real. Por lo que más nos vale aprender a emplear bien el diálogo en lugar de la dialéctica, porque es precisamente la dialéctica la que nos conduce a una guerra ideológica y filosófica constituida por parloteos entre grupos de identidad y censuras contra aquellas personas con las que no se está de acuerdo, apropiándose del miedo y de la compasión mientras se niega la intolerancia propia. Por ende, se trataría de fraccionar a los grupos oprimidos hasta llegar al individuo. El individuo, como sujeto político, representa el axioma del prójimo injustamente oprimido. Así, si la vida fuese sufrimiento, habría que empezar por reducirlo en une misme, arreglando la propia vida para que cuando tu padre muera no te pille llorando en un rincón y puedas ayudar a planear su funeral y puedas también mantenerte firme para que la gente se pueda fijar en ti como un buen respaldo en el que apoyarse, antes que conformarte con ser una maldita víctima.


miércoles, 24 de octubre de 2018

LAVARSE LOS OJOS

Por Joaquin Regadera        Pensador y Cineasta















Para vivir en armonía hemos de ser buenas personas y, para ello, lo primero es mejorar dejando de pensar, de decir y de hacer el mal. La jerarquía competente no es una cuestión de poder sino de aptitud. Para ello conviene comprender que los sistemas cognitivos son la interpretación del mundo y tienen niveles axiomáticos. Si nuestra subestructura axiomática es la ciencia y ésta, la ciencia, da por errónea una creencia, cambiamos la creencia. Pero si nuestra subestructura axiomática es la creencia y ésta, la creencia, da por errónea una ciencia, cambiamos la ciencia. La dinámica entre la armonía y el desequilibrio se haya entre nuestros hemisferios. El izquierdo se dedica a lo que conocemos y el derecho a lo que desconocemos. El izquierdo opera lo no verbal, las motivaciones biológicas y emocionales. Nuestro sistemas axiomáticos se validan mediante la práctica con les demás en función de sus respuestas emocionales. Se validan sólo si a lo largo del tiempo satisfacen a les demás. Modelamos el mundo imitándolo, asignándonos roles que satisfagan a les demás para hacer que el juego continúe. El sistema axiomático no se justifica con referencia al método científico sino con base en la satisfacción de todes les participantes. Mientras el poder degenera en violencia, las jerarquías espontáneas funcionan porque resultan satisfactorias, a pesar de que se refinen hasta lo dramático. Lo que opera al comienzo de las jerarquías espontáneas es el logos, lo admirable. Nuestra cultura se basa en la evolución de formas exitosas de maniobrar dentro de las estructuras jerárquicas, mapeando nuestra adaptación; primero, mediante la admiración; segundo, imitando aquello que admiramos, extrayendo aquello que nos interesa para exteriorizarlo con nuestra estructura corporal; tercero, describiendo los patrones de éxito para establecer las reglas, habitualmente basadas en las costumbres. Es decir, mapeamos las costumbres del drama para representarlas, transmitirlas y tenerlas a nuestro alcance. Y luego nos alejamos de las costumbres para contemplar cuáles son las similitudes entre todas ellas.


Lo bueno y lo malo no son las personas en sí sino algo que está en ellas. Por ejemplo, Eric Harris, uno de los asesinos de la Masacre de la Escuela Secundaria de Columbine, estaba poseído por una maldad que sólo pudo descubrir al sentarse en un lugar oscuro para alimentar su odio durante meses y años hasta que éste lo controló. Mas también podría haberlo controlado el amor, con la distinción de que el potencial de las buenas intenciones es lo que da lugar a la armonía. En cualquier caso, se trata de comprender que lo que sabemos ya no es suficiente, porque si creyésemos que sí lo es, suplantaríamos lo transcendental. Lo transcendental es el despertar, es el hecho de reconocernos desnudas, vulnerables, mortales, susceptibles de caer en el bien y el mal. Lo transcendental es la cognición que delimita la separación entre la ética y la realidad del objeto, es decir, la realidad de aquello que tiene sus propias reglas. Cuando descubrimos nuestra desnudez y vulnerabilidad, nos avergonzamos y escondemos del mundo o de nuestro destino porque dudamos de nuestras capacidades. Y nos resentimos no sólo porque descubramos que nosotres mismes seamos vulnerables sino porque comprendemos que les demás lo son también y por tanto podríamos hacerles daño. Esta es la cognición con la discernimos entre el bien y el mal, el proceso con el que desarrollamos nuestra capacidad crítica.

El logos es lo admirable que actúa en las personas hacia lo bueno. La consciencia ha de tomar sus propias decisiones sobre qué debe multiplicarse. Así es como el meme se convierte en una realidad biológica, porque hay algunas formas de conceptualizar que se vuelven integrales, como una fuerza evolutiva en sí misma. La consciencia extrae lo correcto del potencial mediante la verdad. Luego se manifiesta en la consciencia individual, dando lugar al logos interno, fundamento metafísico de la idea del derecho y la responsabilidad naturales. El logos es la fuerza que impulsa la evolución humana. Se ha de tener el debido respeto por une misme y el debido miedo de une misme, porque las decisiones que se toman podrían desviar la estructura de la realidad. Somos agentes actives dotades de logos, y hemos de tratar a les otres de manera que quieran jugar con nosotres. Hemos de lavarnos los ojos después de cada mirada, porque debemos tomar el caos que tenemos enfrente para convertirlo en un orden habitable con la actitud adecuada para hacerlo. Hemos de limpiar nuestra habitación, concibiendo el orden en relación con un propósito. Hemos de armonizarnos a nosotres mismes, y más adelante a nuestros alrededores inmediatos. Con disciplina, hemos de abarcar objetivos a nuestro alcance, porque cualquier pequeño éxito proyecta luz sobre la existencia, si tomamos en serio nuestro microcosmos. Hacer que nuestros microcosmos sea significativo es la embarcación que nos llevará a través de la tormenta cuando cerremos la escotilla. Nuestros errores están ligados al infierno de la tormenta. La culpa no es tanto de los líderes como de los fracasos éticos de todes les individues no dispuestes a expresar sus verdades ni a actuar acorde a lo que saben que es correcto y que terminan acumulando y produciendo el desastre. Tenemos que armonizarnos para manifestar nuestro potencial, porque conseguir que lo literal y lo metafórico funcionen al mismo tiempo construye realidad. Por ende, tenemos que arreglar nuestra vida para evitar cometer errores conscientes que nos conducirían al malestar.

El porno es fruto del puritanismo, del decoro de la relación entre los cuerpos. La mutación antropológica se trata del impacto de las tecnologías digitales sobre nuestra percepción y nuestra sensibilidad, sobre nuestra capacidad de interpretar señales no discursivas, no-codificadas. Capacidad que se ve atrofiada por nuestra exposición a las tecnologías digitales que funcionan según la lógica formateada del código. El alcance de la mutación digital es muy profundo, porque la atrofia de la sensibilidad implica una atrofia de la empatía, que es la capacidad de sentir-con, de sentir al otro como prolongación de mi existencia y de mi cuerpo. La base sensible de la solidaridad. Los seres humanos están hablando con autómatas y perdiendo la capacidad de hablar con otros seres humanos. La relación entre seres humanos se ha vuelto una relación sin cortesía, sin este tipo de sabiduría especial que es el desciframiento de la ambigüedad en condiciones de empatía. El porno es justamente la sexualidad sin ambigüedad, donde la ambigüedad queda cancelada desde el comienzo. Se sabe siempre lo que va a pasar. Por el contrario, el aburrimiento es pasar una tarde imaginando cosas, no sabiendo exactamente qué hacer ni qué va a pasar. Hay un mundo entero que se abre. Entonces une se aburre y desea la aventura. No obstante, hoy vivimos en la condición totalmente contraria: una condición de angustia, de exceso de aventuras, demasiadas aventuras que además no vivimos pero que nos rodean y que nos obligan a vivir eventos que no estamos viviendo. La palabra ha sido despegada del cuerpo. Hablamos mucho, pero los cuerpos no se encuentran. Y cuando los cuerpos se encuentran no saben hablar. Ese es el problema de la relación erótica, y también el problema de la relación política y de la relación social. Tenemos que empezar, no sólo un discurso, sino una práctica de relajación de las expectativas, en primer lugar en la dimensión de la existencia cotidiana. Hay que decir: “sí, la aceleración y el deseo de tener muchas cosas han ganado, pero ¿y a mí qué me importa?” Lo importante no es ganar o perder, sino permanecer impecables, elegantes. Impecable significa que no hay reglas, que yo decido las reglas con mis amigues. Y la única regla que vale es la regla que nosotres decidimos. Se puede fundar una política sobre la idea de que no hay reglas, sólo las reglas que decidimos de manera afectiva, erótica, siempre tentativa, siempre redefinible. Esa es la manera de enfrentar el miedo. Tenemos miedo a la percepción de que la vida se nos está escapando y no la vivimos. Mas, la buena vida puede ser volver al aburrimiento. Sí, volver al aburrimiento como terapia de la angustia es la manera de enfrentar el problema. Porque el movimiento de relajación de las expectativas es el comienzo para una nueva aventura.


jueves, 18 de octubre de 2018

DOS CAUSAS DE LA DEPRESIÓN

Por Joaquín Regadera 
Pensador y Cineasta                     











    

Principalmente, la depresión se debe a la complejidad de las oportunidades sociales. Porque esta complejidad nos provoca incertidumbres de futuro, con base en que no sabemos del todo si los conocimientos que hemos adquirido en el pasado nos serán suficientes para seguirle el ritmo a un mundo cambiante o no.


Sacrificar el presente por el futuro, cultivándolo para obtener sus frutos, da seguridad pero no felicidad. Porque el efecto secundario de sacrificar el presente es la ansiedad. La ansiedad engendra una inestabilidad ética que nos hunde y nos ahoga en dudas existenciales. Y en este hundimiento se deforma la perspectiva nihilista de un pensamiento que, si estuviese sano, restauraría la jovialidad del devenir.

Lo que hace que la vida sea significativa es precisamente esta restauración de la jovialidad. Y se hace significativa de manera proporcional a las responsabilidades que se asuman en todas aquellas situaciones del mundo exterior en las que se participa. Porque estas responsabilidades son las que nos protegen de los sentimientos de aislamiento y penuria, de escasez y miseria, de tacañería y mezquindad, sentimientos de desgracia en general.

Otra de las causas de la depresión es la mala alimentación, sustentada en carbohidratos y azúcares, en lugar de nutrirse de una buena complejidad de minerales, vitaminas, grasas y proteínas. Si por cada célula humana tenemos en nuestro cuerpo cien células bacterianas, hay que cuidar bien la flora intestinal, porque el microbioma intestinal produce muchos químicos neuronales que intervienen en la regulación de nuestro estado de ánimo. Por ello hemos de evitar que nuestras bacterias intestinales se hagan adictas a los carbohidratos y a los azúcares, provocándonos antojos insanos que no hacen sino incentivar el crecimiento de este tipo de bacterias que interfieren en la química de nuestro estado de ánimo.



miércoles, 17 de octubre de 2018

ADIÓS A LA RAZÓN: PAUL FEYERABEND

Por Joaquín Regadera
Pensador y Cineasta



















Se cree que Paul Feyerabend es del "todo vale" sin más. Pero sus críticas de los intentos de codificación de la práctica científica están bien justificados. Ni en su libro Adiós a la razón es del todo un irracionalista. ¿Cómo es posible que la ciencia pueda depender tanto de la cultura y, sin embargo, producir resultados tan sólidos? En este caso, porque Feyerabend no olvida ni las predicciones ni la tecnología.

Un anarquista es como un agente secreto que juega al juego de la Razón para socavar la autoridad de la Razón -Verdad, Honradez, Justicia. Porque la ciencia no tiene porqué organizarse a tenor de unas reglas fijas y universales. Lo que no existe es una racionalidad global. Y hay que cuestionar la validez de la distinción entre descubrimiento y justificación. Por ejemplo, la anomalía de órbita de Mercurio adquirió un estatuto epistemológico diferente con el advenimiento de la relatividad general. Es decir, hay que cuestionar el sometimiento a las restricciones de orden racional.



En esta línea, hasta hace un par de años me aventuré voluntariamente a flirtear con lo irracional e ininteligible. Por el contrario, hoy en día ando flirteando con el polo opuesto para alejarme del todo vale, porque hemos de organizar nuestras vidas útil y competentemente para que merezcan ser vividas. Hacerse competente significa no dejarse dominar, significa hacerse de respetar tomando responsabilidades para con las formas en las que percibimos el mundo, porque, inevitablemente, tenemos que actuar para no sufrir petrificades. Se trata de comprender que las interpretaciones funcionales son finitas, y no infinitas como propone el posmodernismo, porque hay interpretaciones que no funcionan ni en el nivel biológico ni en el nivel de una convivencia cooperativa que no interfiera negativamente en nuestro futuro. La lógica del sentido común tiene la función de definir informadamente todas las delimitaciones ético-estéticas. En el caso de las políticas identitarias, se juega con una variación de la lógica clásico-marxista de opresores y oprimidos, dando por sentado que lo que más condiciona a una persona es su identidad, pero no es así. Porque no todos los antojos identitarios son socialmente útiles ni, por ende, de respetar.



viernes, 28 de septiembre de 2018

Claves para la prevención del suicidio

Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta



En la actualidad, los problemas de salud mental son una fuente de preocupación para todos los estados tanto por su alta prevalencia en población infanto-juvenil (20%), como por las graves consecuencias del estigma asociado.
Es importante resaltar que una de las principales barreras para la búsqueda de ayuda profesional es el estigma. La ausencia de diagnóstico clínico y tratamiento en población infanto-juvenil, conlleva serias consecuencias como agravamiento de los síntomas, abandono y fracaso escolar y altas tasas de suicidio, entre otras. Además, la OMS (2013) prevé que para el año 2020 la prevalencia de los problemas de salud mental aumentará en niños y adolescentes hasta un 50% y será la primera causa de discapacidad entre los jóvenes.
Hay que tener en cuenta que casi la mitad de los problemas de salud mental debutan antes de los 14 años; también que, actualmente, sólo la depresión es la enfermedad que más contribuye a la carga mundial de morbilidad entre los jóvenes de 15 a 19 años de edad (OMS, 2013); y un informe recientemente publicado por la OMS (2017) afirma que entre las principales causas de muerte evitables, están los accidentes de tráfico, las infecciones respiratorias y los suicidios (67.149 adolescentes en 2015). Las estadísticas según sexo indican que el suicidio en chicas es la segunda causa de muerte en todo el mundo y la quinta en chicos. Según este mismo informe, la mayoría de estas muertes se podrían prevenir con la mejora de la educación en salud mental, de los servicios de salud y de atención social.
En España, el suicidio es la primera causa de muerte por factores externos y las cifras se han multiplicado en los últimos años.
La prevención del suicidio pasa por la educación en salud mental y ésta debe iniciarse desde educación infantil como una asignatura más del currículo escolar, al nivel de la educación física, el inglés o las matemáticas. Cabe preguntarse, de qué sirven los títulos universitarios, los exigentes “Dobles Grados”, si no estamos preparados para vivir de forma saludable.
Sin embargo, si lo importante para padres, políticos, empresarios y educadores es el individualismo y la competitividad, de nada servirá plan de prevención del suicidio alguno, vamos abocados a la frustración, a la enfermedad mental y física, a la violencia intra e interpersonal.
Siento no ser más optimista, pero no creo en programas pioneros cuando fallan los valores y las bases en las que sustentamos el desarrollo social.
¿Qué podemos esperar de las actitudes extremadamente competitivas, consumistas y narcisistas que prevalecen en la sociedad actual?
Fracaso, soledad, ostracismo, alienación, violencia, autolesiones, suicidios y parasuicidios…
La esperanza la mantengo y me comprometo a seguir luchando con todos los que se han subido a esta nave de locos que es la Fundación, en la que vamos trabajando de forma voluntaria, viajando de puerto en puerto, con nuestros programas antiestigma de sensibilización y educación en salud mental.
Ojala, las Consejerías de Sanidad y de Educación aúnen fuerzas y se comprometan a incluir una asignatura sobre educación en salud mental en los planes de estudio de niños y mayores. Quizás, ese sea el mejor Plan de Prevención del Suicidio, ya que, desde niños, se aprendería a hablar con naturalidad de las cosas que nos preocupan, a no tener vergüenza o miedo a ser etiquetados como raros o diferentes por tener una condición de diversidad en salud mental, a no acosar, ni discriminar, ni excluir a los compañeros por prejuicios o por no ser afín a las normas del grupo. Aprenderíamos y asimilaríamos con humildad la debilidad de la condición humana y que todos, en algún momento de nuestra vida, necesitaremos ir al psicólogo, al igual que visitamos al dentista. Aprenderíamos que pedir ayuda a los amigos es un síntoma de inteligencia y no de inmadurez o debilidad y que si, en ese preciso instante, estamos pensando en el suicidio, en que el dolor nos supera y no vemos un futuro esperanzador, podemos llamar a un compañero, hablar con él, explicarle lo que nos sucede y encontrar algún tipo de solución que alivie la tensión del momento. A veces, sólo poder expresar y compartir con otro ser humano la idea o la urgencia de querer desaparecer, relaja y hace que un rayo de luz ilumine alguna zona de nuestro cerebro que nos lleva a la disminución de ese impulso que parecía irrefrenable.
Los suicidios se pueden prevenir cuidando la salud mental, aprendiendo recursos y herramientas que nos procuren hábitos de vida saludable, relaciones sociales asertivas, realización y emprendimiento de actividades constructivas y, mejor, si es desde la cooperación, desde un plano de horizontalidad, sin competitividad, respetando las necesidades y los tiempos de cada uno, las características de personalidad, la vocación y el propósito vital.

domingo, 23 de septiembre de 2018

La Escuela de Padres como camino para la prevención de problemas conductuales y emocionales en niños y preadolescentes.



Folleto  de la I Edición de la Escuela de Padres de la Clínica Cattell Psicólogos



Nuestro principal objetivo al realizar este proyecto de Escuela de Padres es trabajar desde la prevención. El niño/a es un ser plástico que responde rápida y eficazmente a los ejemplos que se le dan de manera adecuada. La intervención temprana es esencial ante los problemas psicológicos en niños/as y adolescentes para mantener una mejor salud mental en la edad adulta. Por tanto, prevenir y tratar la aparición de problemas en la infancia, es hacerlo también con la adulta (Esparza y Rodríguez, 2009; Orgilés,Gómez, Piqueras y Espada, 2014). Atendiendo a estos principios hemos trabajado para poner en marcha un programa de tratamiento de prevención primaria. Este tipo de tratamiento está enfocado para la población general, para todas aquellas familias que quieran formarse en educación emocional con el objetivo de prevenir la aparición de problemas conductuales y psicológicos en sus hijos/as y para aquellas familias que ya han detectado la aparición de problemas emocionales y comportamentales en los mismos y quieren poner solución. El objetivo es dar recomendaciones específicas ajustadas a cada nivel de edad y cada situación particular para que las familias puedan afrontar y solucionar los problemas más frecuentes que puedan darse en sus hijos/as (pensado para niños/as de entre 3 y 12 años). Trabajamos reflexionando sobre el papel que ocupan los padres como modelos y referentes de los niños/as, incidimos en la importancia de manejar el autocontrol en el adulto con el desarrollo de estrategias propias para los momentos más difíciles, cómo aplicar consecuencias ante los comportamientos menos adecuados, alternativas al uso de los gritos y el castigo físico a través de otras herramientas más positivas y constructivas que no dañan la autoestima de los niños y niñas, apostando por el desarrollo de una relación positiva basada en la escucha activa, los juegos compartidos, un apego seguro, el uso de elogios y refuerzo positivo, apoyo y motivación. Trabajamos la relación entre los hermanos y hermanas, cómo mejorar y prevenir los celos y disputas entre ellos, cómo responder ante las demandas de atención, de qué manera desarrollar la autonomía y responsabilidad en los hijos e hijas teniendo en cuenta su nivel de desarrollo y reflexionamos sobre las fases del desarrollo emocional en los niños y niñas para acompañar este proceso ayudando a identificar y expresar sus emociones mejorando la comunicación entre padres e hijos/as.

Si crees que puede beneficiarte a ti y a tu familia realizar con nosotros la Escuela de Padres, no dudes en solicitar información y resolver las dudas que puedan surgir así como exponernos tu situación particular.

El programa consta de 12 sesiones que se realizan cada quince días, por lo que se llevan a cabo dos sesiones al mes. 


Solicitud de información e inscripción llamando al 968 274 231 o escribiendo a la dirección de correo escueladepadres@cattell-psicologos.com