martes, 8 de enero de 2019

¿SURGEN TODAS LAS EMOCIONES EN NIÑOS Y NIÑAS AL MISMO TIEMPO?


Encarna Mª Toral Navarro
Psicóloga y Psicoterapeuta
Colegiada Nº MU-02806











Etapas del desarrollo emocional de 0-6 años

Las emociones de los niños/as, van apareciendo de manera progresiva a medida que éstos van creciendo pues está programado biológicamente. Conforme se produce el desarrollo cognitivo del pequeño/a, éste toma conciencia de sus emociones y de las emociones de los demás. En el desarrollo emocional del niño/a juega también un papel importante la autoestima. Dependiendo de cómo se desarrolle su autoestima, sus sentimientos serán unos u otros, ilusión, orgullo, vergüenza, etc. 

Los niños/as son capaces de distinguir y expresar desde los 3 meses de edad emociones como la alegría, miedo, ira, sorpresa, tristeza y desagrado.

Vamos a describir de forma resumida, cuáles son las etapas del desarrollo emocional del niño/a de 0 a 6 años. De esta manera, podréis apreciar con más claridad cómo evolucionan las emociones en vuestros hijos/as.

Desde los 0 a los 3 meses

Los bebés recién nacidos poseen las llamadas emociones de supervivencia que son el llanto, interés y disgusto. Al mes de vida son capaces de reconocer en los demás emociones como la alegría y el enfado.
En torno a los 3 meses, aparece la sonrisa social, que estimula a los adultos a que interactúen con él/ella. Con el paso del tiempo esa sonrisa es más específica y la utiliza más con sus padres o cuidadores. Aparece el susto o sobresaltos ante estímulos bruscos.


                                                            
Desde los 4 a los 8 meses

En el cuarto mes comienza a reír cuando toca sus juguetes y sabe diferenciar entre un gesto de enfado y el de tristeza. En el quinto mes empieza a desarrollar el interés hacia otros estímulos que le rodean. Aparece la sorpresa cuando espera una sonrisa y observa una cara de enfado.

En el sexto mes, el bebé se excita dando muestras de alegría, chilla, ríe cuando se juega con él. Comienza a tener reacciones de asombro. En el séptimo mes, cuando se enfrenta a estímulos desconocidos o inesperados, el niño muestra ansiedad. Saben distinguir una emoción positiva y negativa.

En el octavo mes aparece el miedo y la culpa.

Desde el primer año hasta los 3 años

En el primer año, desarrolla habilidades empáticas básicas. Puede ponerse a llorar cuando ve a otro niño/a llorar. Comienza a inhibir sus emociones y supera pequeñas situaciones de miedo.
A los dos años el niño/a puede imitar la expresión facial de emociones básicas (rabia, alegría, tristeza, sorpresa, asco...). A los tres años es capaz de distinguir a las personas por su relación emocional con ellas: con las que juega, lo/la alimentan, lo/la pasean, etc.

Desde los 4 a los 6 años

En torno a los 4 años, el lenguaje jugará un papel importante. Gracias a éste, el niño será capaz de comprender la realidad, comunicar experiencias y expresar sentimientos. A esta edad, el niño se da cuenta de que las otras personas no piensan ni sienten igual que él. Esto se produce gracias a la teoría de la mente, que es la habilidad para comprender y anticipar la conducta, intenciones y emociones de otras personas. Es el inicio del proceso que ayuda al niño a empatizar con el otro y ponerse en su lugar. Este aprendizaje tiene gran relevancia en la afectividad, ya que permite contemplar a la otra persona como un ser completo y complejo (tanto como uno mismo) con deseos, afectos y diferentes formas de modularlos y expresarlos.




La autoestima es un pilar clave a esta edad, ya que la valoración positiva de sí mismo permite al niño/a alcanzar sus objetivos desde la ilusión y la seguridad que otorga el creer en sus propias capacidades. Durante el proceso, el niño/a descubre el orgullo del éxito, que le conduce a un mayor nivel de concentración y persistencia, asimismo surge el deseo de probar nuevas experiencias que le permiten seguir aprendiendo. Para que un niño se sienta orgulloso de sus actuaciones y de sí mismo, necesita que sus figuras de referencia (padres, familiares y maestros) hayan mostrado de forma realista que se es merecedor de él. 

En esta franja de edad suele aparecer también la vergüenza (aunque hay autores que la clasifican como una emoción primaria). Esta tiene un origen externo, proviene de saber que alguien podría ver y criticar lo que uno ha hecho. Es importante resaltar que la vergüenza no tiene por qué ser negativa. Como consecuencia de la vergüenza la persona puede limitar sus acciones, por lo que puede actuar tanto como elemento regulador de la conducta o elemento represor.

Es a partir de esta edad cuando se desarrolla la conciencia emocional. Ésta le ayudará a tomar conciencia de lo que siente y por qué lo siente. Si tiene vivencias agradables mostrará seguridad.

Otro de los hitos importantes en el desarrollo emocional del niño/a es la regulación emocional. Ésta será una de las más importantes de esta etapa y para su desarrollo utilizará el juego simbólico. Este juego es una especie de descarga emocional. El pequeño puede adoptar distintos roles, así como estados emocionales diferentes al suyo.

Sin duda, el logro fundamental entre los dos y los seis años es la capacidad de inhibir, aumentar, dirigir y modular las emociones. La adquisición de esta capacidad, llamada regulación emocional, permite a los niños/as ser más competentes en todas las áreas de sus vidas.

El sistema límbico forma parte del encéfalo y es el encargado de la regulación y expresión de las emociones. Este sistema es muy sensible a las expresiones faciales, especialmente a las de miedo, por lo que si uno de los padres expresa temor ante una situación o un objeto, el niño/a para el cual ellos son un referente va a interpretar ese estímulo como potencialmente peligroso. Por el contrario, un niño podrá variar sus sentimientos iniciales respecto a una situación que le provocaba, por ejemplo miedo, si observa que la expresión de sus progenitores ante esa situación difiere emocionalmente (curiosidad o indiferencia). 

Durante este período, las rabietas y los miedos terroríficos disminuyen a medida que aumenta la capacidad de autocontrol. Esto responde en gran medida al desarrollo neurológico que se produce en el sistema límbico. En las emociones, como en el resto de áreas, hay que tener en cuenta las diferencias intersubjetivas, ya que a pesar de los aspectos evolutivos, cada persona es única.

Debido a la adquisición de la capacidad de regularse emocionalmente, la educación emocional es muy recomendable en esta etapa. Por tanto, para comenzar a trabajar la inteligencia emocional con vuestros hijos/as en casa, un buen recurso es contar con algunos libros y cuentos como describimos a continuación.

Una recomendación para trabajar con los niños/as en casa, son estos libros a partir de 3 años:




En este enlace se pueden descargar actividades del Emocionario adaptadas a diferentes edades: 

Colección de cuentos para gestionar emociones y sentimientos de la editorial SM. 




De este modo, la educación emocional, permitirá al niño/a identificar sus propias emociones, manejar sus reacciones emocionales expresándolas adecuadamente, aceptarse a sí mismo y a los demás, desarrollar un fuerte autocontrol y empatía y tener una alta capacidad para resolver los problemas.


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lunes, 7 de enero de 2019

¿CÓMO FAVORECER EL DESARROLLO EMOCIONAL DE NIÑOS Y NIÑAS?

Encarna Mª Toral Navarro
Psicóloga y Psicoterapeuta
Colegiada Nº MU-02806










Etapas del desarrollo emocional de 6 a 12 años

En torno a los 6 años, los niños/as dejan el egocentrismo y comienzan a desarrollar la relación entre sus iguales. Conforme aumenta su mundo social, crece la intensidad y la complejidad de sus emociones. A los 6 años los niños se enfadan por razones más maduras. Ya perciben las injusticias, las críticas, incomprensión e incluso el rechazo. Comienzan a relacionarse más con los niños y niñas. Surgen más experiencias afectivas. Aprenden a autocontrolar su expresión emocional.

En torno a los 9 años, los niños se vuelven más reservados en expresar sus emociones y son capaces de entender sus sentimientos y los de los demás, es decir, reflexionar sobre el valor y el sentido de las emociones que experimentan. La amistad cambia y valoran la confianza y la colaboración.

De los 12 años en adelante comienzan a experimentar sentimientos contradictorios (amor-odio, soledad-compañía). Suelen ser más reservados con respecto a sus emociones y la expresión de ellas. Comienzan a tener sentimientos que no habían experimentado antes, como el amor romántico. En este período la amistad está basada en la intimidad.



Los niños/as mejoran su desarrollo socio-emocional mediante sus experiencias relacionales. En la medida que los adultos que se relacionan con ellos lo hagan de manera adecuada, les será fácil integrar estos aprendizajes. Del mismo modo, los niños/as aprenden no sólo lo que se les dice, sino lo que ven, por lo que es importante que haya congruencia entre la comunicación verbal y no verbal. 

Algunas claves para ello son:
  1. Observarnos: ¿Qué estamos diciendo con nuestras palabras? ¿Qué estamos diciendo con nuestros gestos? ¿Qué estamos diciendo con nuestras acciones? ¿Mis actos son coherentes con lo que quiero enseñar a mis hijos/as?
  2. Escuchar: ¿Qué nos están diciendo con sus palabras? ¿Qué nos están diciendo con sus gestos? ¿Qué nos están diciendo con sus acciones?
  3. Conectar con su estado emocional. ¿Cómo se sienten? Y con el propio ¿Cómo nos sentimos? Y transmitirle que entendemos lo que le sucede.
  4. Intentar observar el contexto en el que suceden las cosas y ver las influencias de éste.
  5. Respetar sus tiempos. Los niños/as tienen tiempos y ritmos diferentes a los adultos.
  6. Intentar ponerse en su lugar. Ayudarles a ponerse en el nuestro ¿Cómo crees que se siente papá cuando pierde en un juego?
  7. Recordar que como adultos algunas de las labores más importantes son: contener, apoyar, comprender y enseñar.
Es normal que durante el proceso de adquisición de estas habilidades el niño/a tenga conductas desajustadas (por ejemplo gritar o no compartir). En estas ocasiones el esfuerzo irá dirigido a enseñarle otras nuevas más adecuadas y respetar el tiempo que necesita para modificarlas. Los cambios exigen mucho esfuerzo y resultan difíciles incluso para los adultos. Algunas formas en las que podemos ayudarles son:
  • Ayudarle a reflexionar sobre cómo se siente cuando tiene estas conductas y cómo se sienten los demás.
  • Motivarle para que pruebe otras formas de relacionarse.
  • Explicarle de manera clara y paciente cuales son las consecuencias de los comportamientos inadecuados.
  • Enseñarle a través del juego o de ejemplos actuados y no sólo de repetitivas indicaciones verbales.
  • Valorar los nuevos intentos y el esfuerzo. Cuando se corrija alguna conducta o actitud se debe hacer de forma sencilla, manifestando lo inadecuado de la conducta, no de la persona y explicitando cual sería el comportamiento correcto, diciendo, por ejemplo: “Nico, ¿te acuerdas que no puedes levantarte de la silla cuando estamos comiendo? Me gustaría mucho que volvieras a sentarte, tú sabes hacerlo muy bien”. A diferencia de: “María, cuántas veces te he dicho que no te levantes de la silla, eres terrible”. No es adecuado usar los términos “siempre” y “nunca” a la hora de educar, ya que no permiten reconocer aquellas ocasiones, aunque no sean muchas, en que el niño/a ha actuado de otra manera. Evitar hacer por él lo que puede hacer por sí mismo, aunque el resultado final no cumpla todos los requisitos esperados. Mantener la paciencia activa y el buen humor, es la forma más efectiva de enseñar y aprender (Rebeca Recio, 2013). 

Una recomendación para trabajar la inteligencia emocional con niños/as en casa son estos libros a partir de 8 años:

Valores de Oro

El emocionómetro del inspector Drilo
Amar


En este enlace se pueden descargar actividades del libro valores de oro adaptadas a diferentes edades: 


En definitiva, una adecuada educación emocional va a repercutir en unos niveles más elevados de bienestar y ajuste psicológico en niños y niñas en la medida que va a garantizar el desarrollo de habilidades para percibir, comprender y manejar de forma adaptativa las propias emociones, presentando niveles más elevados de salud mental y satisfacción, así como un menor número de síntomas físicos, menos ansiedad social y depresión, mejor autoestima, mayor satisfacción interpersonal y mayor utilización de estrategias de afrontamiento activo para solucionar sus problemas.

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domingo, 16 de diciembre de 2018

QUÉ NO HACER EN UNA GALA DE ENTREGA DE PREMIOS

Ada Hegerberg

Por Joaquín Regadera
Cineasta













En un contexto global en el que los varones machacamos incesantemente sobre la demanda de la sexualidad de la mujer, y concretamente en una gala donde se espera centrar la atención en el hecho histórico de la primera futbolista a la que se le da el Balón de Oro, la delantera de Lyon y Noruega Ada Hegerberg, resulta estúpido, y por contexto también machista, distraer la atención pidiéndole a esta que mueva el culo para deleite mayoritariamente masculino. Sobre todo, porque la sociedad no va a superar su sexismo machista para estar por fin sexualmente liberada del decoro de la relación entre los cuerpos puritana y para reapropiarnos de una sexualidad alegre que no genere expectativas románticas, hasta que los varones devolvamos la estabilidad emocional que perturbamos diariamente con este machaque incesante sobre la demanda sexual de la mujer. Por tanto, los varones hemos de dejar que las mujeres hagan con sus cuerpos lo que quieran, no pidiéndoles en absoluto que satisfagan nuestros deseos, salvo en aquellos contextos receptivos a ello. A la vez que debemos revisar si en estos contextos receptivos nos estamos aprovechando de la situación o si por el contrario se están satisfaciendo también los deseos de la mujer de manera cabal, equilibrada y justa.

POLIAMOR

Brigitte Vasallo
Por Joaquin Regadera
Cineasta 














Brigitte Vasallo, autora del libro Pensamiento monógamo, terror poliamoroso, describe el concepto de “amor Disney” como aquel en el que la chica buena rodeada de mujeres enemigas es salvada por un señor de clase más alta que la encierra en un castillo. Incluso si estas mujeres fuesen sus buenas amigas desde hace diez años, con la aparición de un novio, la chica y sus amigas se distancian sin querer, progresivamente y sin darse cuenta, acatando la norma preestablecida de que el espacio de la pareja es un territorio incuestionable e intocable, como si el concepto de pareja fuese un bastión más importante que el concepto de amistad. Esto sucede porque hemos aprendido erróneamente que “el amor es ciego”, a pesar de que las relaciones interpersonales, y especialmente las relaciones íntimas, necesitan de una mirada externa del entorno que visibilice las dinámicas internas de la relación, puesto que en todas las relaciones se producen siempre un conjunto de violencias que hay que matizar o suavizar. Si las amigas no supiesen cómo son las dinámicas internas de la pareja, se estaría levantando un muro que invisibilizaría todas aquellas conductas tóxicas que deben ser prevenidas e intervenidas. Ya que, como es sabido, la inmensa mayoría de las personas estamos psicotizadas por el miedo, dependiendo de la sensibilidad de cada cual, porque un entorno empático es rarísimo. Esto es así porque empatizar con el otro puede resultar incómodo en la medida que nos vemos en la situación de revivir una experiencia traumática que no hemos ni comprendido ni superado del todo todavía, lo que nos induce a tolerar irracionalmente el sadismo que hemos sufrido, aplicándolo además en otras personas, para hacernos creer que nuestro sufrimiento no ha sido en vano y que, por tanto, también los demás deben experimentarlo y padecerlo. Básicamente, se trataría de que aprendiésemos a cultivar el respeto integrando nuestra fuerza en la sociedad, en lugar de abusar de nuestra fuerza para infundir el miedo injustamente; ya que el abuso es lo que constituye una relación de poder; y, donde hay relación de poder, hay violación a la integridad personal. 

Frente a la alienación que conllevan el miedo, la falta de empatía y su consecuente jerarquización de las relaciones, es de vital importancia valorar el hecho de que son las amistades las que tejen la red afectiva del entorno, y hay que comprender que su función psicoafectiva es la de desmontar la estructura jerárquica que cultural y consustancialmente viene entramada o entretejida en el concepto de pareja. Hoy en día se hace ya inexcusable que incorporemos lo más pronto posible a nuestro lenguaje la importancia real y verdadera que representan las amistades. Por ejemplo, así: 
Esta de aquí es sólo mi pareja; y estas de aquí son mis amigas. Y vamos todas juntas. 

Además, las peores violencias provienen del capitalismo y, por ello, hay que generar formas sociales de parentesco más allá del vínculo familiar, de la consanguinidad y de la pareja, es decir, hay que tejer redes afectivas para poder contar con un respaldo en el que apoyarnos y con el que estar más acompañadas y protegidas. Acompañadas y protegidas, por un lado, del capitalismo de los afectos, en sus dos vertientes: el capitalismo monógamo, por el que, a falta de una multiplicidad de amores, se termina desechando a la pareja, como si ésta fuese una camiseta pasada de moda, para reemplazarla por una nueva y mejor; y el capitalismo poliamoroso, un poliamor desviado, cuyas formas han caído en un insano policonsumo de cuerpos, como si se tratase de un supermercado de los afectos, que deja a su paso un rastro de cadáveres emocionales en el camino. Por lo que cabe recordar que hay que ser muy cuidadoses con las condiciones de relacionarse, optimizando la información entre les implicades, para que cada una de las partes sepa qué lugar ocupa en la vida de la otra persona y cuáles son las expectativas reales del lugar que podría ocupar, procurando siempre que la energía de la nueva relación ni descuide la atención que veníamos prestando a nuestras demás relaciones, ni genere tampoco expectativas erróneas en la nueva relación. Y, por otro lado, para hacer frente al capitalismo económico, con prácticas de resistencia que nos autodefiendan de la precariedad laboral y de los bajos salarios, y de la estafa e incertidumbre inmobiliaria, principalmente. En cualquier caso, lo primero que el amor debe proporcionarnos es felicidad, es decir, estabilidad emocional: la tranquilidad de poder hacer lo que nos gusta con las personas a las que queremos. 

Debemos reinventar la sociedad. Porque todes necesitamos en el fondo cambiar el mundo, de una manera sencilla y muy útil: pensándonos en red. Se trataría de llevar a los críos al cole, aunque no se tenga hijos; de preparar el tupper de comida para todas; de llevarle un plato de sopa a tu vecina para que no tenga que cocinar porque sabes que es mayor, y preguntarle cómo está. Esto es también poliamor. Un poliamor subversivo e invisible que pone en riesgo al capitalismo. Un poliamor originado en los márgenes del Estado, fuera del sistema, creado por activistas que no se limitan a experimentar durante una temporada pero que luego encuentran a su media naranja y se van a hacer su nidito con esa persona. Se trata de un poliamor concebido por personas que se hacen verdaderamente alternativas. Personas que desarrollan la capacidad de comprender que, cuanto más precaria es la vida, más se necesita de un tejido social sobre el que apoyarse para cuestiones tan prácticas como pensarse en red. Se trata de desmontar aquellas prácticas que no quieres para ti, porque en ellas hay implícita la reproducción de una violencia, para así dar lugar a la construcción de una convivencia centrada en la inmanencia de la vida, es decir, en cómo te vas a cuidar y, sobre todo, en cómo vas a cuidar. Una forma de vida centrada en aquellas personas que nos traerán el plato de sopa a nosotras, cuando seamos nosotras quienes estemos enfermas. Una forma de vida centrada en crear las condiciones necesarias para la vida. Para una vida en la que podamos respirar tranquilas y en la que sentirnos a salvo, gracias a las redes afectivas. Una vida en la que se quite al sexo la carga que se le está poniendo y en la que podamos reapropiarnos cuidadosamente de nuestra sexualidad para volver a follar con alegría y sin generar expectativas románticas en la otra persona. Porque el amor y sus afectos hacen aflorar sentimientos que de otra manera permanecerían escondidos, el amor es la vida. Todo lo demás es literatura, ficción, poesía, arte. No hay nada más.


viernes, 30 de noviembre de 2018

RELACIÓN DE PAREJA

Fotograma de La pareja perfecta de Nobuhiro Suwa (2006)
Por Joaquín Regadera
Cineasta


Cuando nuestra pareja no satisface nuestros deseos y necesidades, hemos de decírselo. Por ejemplo de la siguiente forma:



Cariño, en esta particularidad soy dependiente y no me avergüenzo de reconocerlo. Me refiero a que necesito que al despedirte de mí lo hagas cálidamente para que me dejes con un buen sabor de boca, porque de lo contrario, si te despides fríamente, me rayaré sobre la preocupación de que algo malo sucede, de que algo nos sucede. 


Esto es así porque un desafío de las expectativas conlleva una exaltación de las emociones; y en concreto la frustración acerca de lo que esperamos remueve nuestra negatividad. Puede que en ocasiones confusas nuestra expectativa sea la perfección y, por ello, cualquier imperfección termina por destacar de una manera mucho más acusada que todas las cosas buenas que nos rodean. Puesto que lo que está ya bien parece no interferir en nuestro camino, mientras que un contratiempo -el que sea- se torna suficiente para cortocircuitar nuestra tranquilidad como si sólo pudiésemos valorar el obstáculo y no la parte amable y favorablemente allanada. Sucede que por mucha dedicación y sacrificio de su tiempo y de su energía que a nuestra pareja le haya ocasionado allanarnos el camino, podría bastarnos una pequeña mancha en el horizonte emocional para invisibilizar todo el esfuerzo que ha invertido en la limpieza general del paisaje que habitamos. Y la única razón por la que lo hacemos es la injustificable compulsión sádica de querer castigar a la otra persona. Y además, como es sabido, el castigo más duro es aquel que se ejerce sobre una persona que ha hecho las cosas bien. No aquel que se ejecuta sobre la persona que ha obrado mal. Una persona que ha hecho algo mal, podría incluso sentirse aliviada si recibiese un castigo que considerase merecido. No obstante, una persona que no se merece ningún castigo porque ha puesto verdadero empeño en que todo salga bien, si en lugar de ser valorada por su esfuerzo y por su atención recibiese un castigo, se le estaría hiriendo de una manera que no podría ni concordar ni comprender. Se estaría perjudicando su integridad de una forma tan frustrante que se haría improbable que volviese a hacer las cosas bien nunca más. Por ello, es imprescindible prestar atención a los aciertos antes de someter a la otra persona a un castigo por una equivocación entre todas las cosas en las que sí ha atinado. 

En una relación de pareja es muy importante que una persona le enseñe a la otra qué es lo que le funciona y qué no, y hay que tomarse esto como un entrenamiento mutuo, porque el amor compromete y en el concepto de pareja se arraigan unas implicaciones emocionales que inevitablemente darán sus frutos con el tiempo. Es nuestra responsabilidad que estos frutos siempre nos nutran y nunca nos envenenen. Pudiese ser que la estructura de nuestra realidad estuviese sustentada sobre una base de valores éticos bien formados y contrastados y que, sin embargo, al empezar cualquier relación surgiese una desorientación inicial debida a las diferencias que distinguen a una persona de la otra y que deberían de ser descubiertas y admitidas, porque aplastar las diferencias del otro, como por ejemplo sus impulsos y su propia manera de hacer las cosas, no va sino en detrimento de la armonía y del equilibrio de la convivencia, hasta el punto de imposibilitar el encuentro con la felicidad que se busca en toda relación de pareja. 

Es de vital importancia descubrir qué es lo que hace feliz a la otra persona, para que la relación funcione y goce de buena salud. Y resulta menester facilitarle de manera directa el conocimiento de qué es lo que deseamos, de cómo lo deseamos y de cuál es la manera que tiene de conseguirlo, porque toda la sabiduría de las relaciones de pareja radica principal y fundamentalmente en ello. Lo contrario, es decir, la ausencia de esta sabiduría, pasa con demasiada frecuencia de lo incómodo a lo horrible. Dado que sin práctica no hay sofisticación y sin sofisticación hay una tendencia errática acumulativa que suele derivar en el colapso de las emociones por una sobrecarga de los problemas subyacentes. Se trata también de paciencia, de tolerar que la otra persona, desorientada como tú al principio de la relación, traiga consigo una inercia errática mientras se esfuerza por hacer las cosas bien. Porque lo primero que hay que valorar no son los errores sino los potenciales y los aciertos que cabe intuir darán sus buenos frutos a lo largo de la convivencia. Desvalorizar algo tan importante como los aciertos y los potenciales, deshumaniza irremediablemente no sólo la relación en sí sino a la propia persona, llegando a convertirla y a convertirnos en poco más que desechos humanos. La prueba de esta deshumanización reside en el hecho de que la mayoría social está secretamente deprimida y neurótica. La clave se encuentra en el comportamiento con el que nos tratamos les unes a les otres. 


Por ejemplo, cuando nos asaltan dudas acerca de si hemos hecho bien algo que en realidad sabemos de sobras cómo se hace bien, la mayoría de las veces resultará que al revisarlo comprobaremos que sí lo habíamos hecho bien y que nuestras dudas habían perturbado nuestro equilibrio en vano. De cualquier forma, este asalto a une misme tiene su germen en todas esas veces en las que alguien nos ha tachado de ser estúpides para ponerse por encima nuestra en la jerarquía de dominación. Sospechamos de nosotres mismes porque este tipo de asaltos nos anula como personas, dando lugar a que en el momento menos esperado dudemos de nuestra propia eficacia. Así, la causa de nuestra inseguridad y la que nos ha conducido a esta clase de confusión, simplemente porque hemos cometido algún fallo de manera puntual, es que se nos acuse de ser estúpidos en general, como si siempre lo hubiésemos sido, siempre lo fuésemos a ser y por tanto no existiesen posibilidades de que nuestro comportamiento fuese a funcionar en la sociedad, porque es muy diferente al aceptable y comprensible hecho de que se nos apunte un fallo en concreto. Así que párate, mírate y rehazte. Entrénate en la mentalidad del cuidado. Mejora. Valora al menos un aspecto positivo de la otra persona y de ti misme una vez al día, todos los días, durante todas las semanas del año. Y seguro que en ese tiempo habrás notado un gran cambio.


sábado, 27 de octubre de 2018

USTEDES SE TIENEN QUE ENCONTRAR

Por Joaquin Regadera
Pensador y cineasta













Para tener la razón hay que convencer a la gente de que se tiene la razón. Pero, para ser más inteligente, se tienen que encontrar los motivos por los que une misme está equivocade. Para lidiar con las tendencias autoritarias, hay que hacerse amigue de todo aquello que se desconoce. Ello conlleva cierto dolor, porque se estaría intentando comprender por qué se es un imbécil tendencioso, y hay muchas razones para ello. Obviamente, no es el mecanismo para obtener estabilidad psicológica a corto plazo. Mas se trata del único mecanismo conocido para mejorar las cosas en un periodo a largo plazo. Las relaciones cerradas funcionan como un acelerador del conflicto, porque los contextos cerrados, más que proteger, mortifican. Por ello, cuando se discute con alguien a quien se ama, si se trata de una relación cerrada, la discusión tiende a salirse de control muy rápidamente, sobre todo si se es una persona explosiva. Y lo curioso es que el motivo de la discusión está en realidad vinculado a un motivo subyacente mucho mayor, que a su vez está vinculado a una serie de motivos subyacentes que van siendo mayores en función del tiempo que se haya prolongado la relación sin haber llegado a resolver del todo cada uno de los distintos conflictos que inevitablemente han ido surgiendo a lo largo del tiempo. Por tanto, en una discusión con la persona a la que has amado por un tiempo, conviene recordarle de verdad las cosas buenas que se han estado haciendo durante la relación, para luego reconocer que hay también un problema por resolver que debería ser concordado para solucionar los desajustes del nosotres.

Hay que mentalizarse consecuentemente para no caer en las trampas que conducen al divorcio. Valga la redundancia, se trata de comprender de qué se trata todo esto. Es una forma de interesarse por los conflictos autoritarios y por el totalitarismo, del cual la familia narcisista es una síntesis perfecta. Probablemente todes tengamos una parte tribal en la que tendemos a basarnos en nuestro grupo, orden del que surge y se ramifica la compasión para unirnos fuertemente a nuestra manada, de una manera similar a la madre que es compasiva con su criatura porque lo ama. Es decir, la compasión es la fuente del tribalismo. Y, desde luego, una madre no es compasiva con el enemigo cuando se trata de proteger a sus criaturas. La empatía no es de hecho una virtud perfectamente limpia sino que puede ser responsable de acciones atroces e inhumanas, porque depende siempre de con quien se esté empatizando. Tanto es así que resulta muy valioso aprender a emplear bien las herramientas que suponen la intolerancia y el odio. Y, si tienes que luchar contra el dragón, debes ir a su cueva antes de que él venga a tu aldea. Hay que ver el peligro viniendo hacia aquí. Hay que adelantarse a lo que va a suceder. Más que por valentía o coraje, por sentido común, se debe mirar al futuro. A la hora de imaginar una utopía, hemos de tener presente que, además de las construcciones sociales, existen las grandes narrativas unificadoras, las estructuras de valores, las bases biológicas del ser humano, y la identidad -personal, nacional, occidental u oriental, de género, sexual, racial y étnica. Y, a la hora de deconstruir el patriarcado para dinamitarlo y dar lugar al pluriverso, hemos de comprender que la sociedad es falogocéntrica porque privilegia lo masculino en la construcción de significados. Mas, al mismo tiempo que se revierte el efecto falo-logo-céntrico de la sociedad, hay que procurar una reestructuración de las bases lingüísticas, filosóficas y actitudinales, recordando que la dialéctica da lecciones mientras la dialógica conversa hacia la verdad.


La Unión Soviética, entre 1919 y 1959, asesinó a unas cuarenta millones de personas en nombre de la opresión del sistema. Desde luego, las ideas comunistas son atractivas desde el punto de vista intelectual y también si se está orientado hacia la compasión desde la perspectiva de la personalidad, porque las ideas comunistas están basadas en principios marxistas como “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. La idea de que la sociedad deba cubrir las necesidades de la gente resulta atractiva. El único problema es el hecho de plantearse quién define las necesidades y quién define las habilidades. Porque, en la práctica, estos principios se han convertido en legislación y la legislación ha derivado en genocidio. Tras saberse esto, la misma izquierda compasiva e intelectual dejó de hablar de la clase trabajadora para empezar a hablar de poder e identidad grupal. Pero la filosofía patológica subyacente se mantuvo exactamente igual. De esta forma, la nomenclatura cambió haciéndose más atractiva, y la Unión Soviética cayó en 1991. Hoy en día Corea del Norte es un ejemplo de un sistema patológico, pero nos falta memoria histórica. Por ello, cuando alguien dice que no ha habido todavía un verdadero comunismo, parece decir que si hubiese estado en el lugar de Iósif Stalin sí hubiera comandado la utopía, en lugar de las masacres genocidas propias de la violenta dictadura del proletariado, porque creería entender bien la doctrina comunista y que todo lo que pretende representar es bueno. Pero, incluso en el caso de que sí lo hiciese mejor porque realmente fuese más competente que el mismísimo Stalin, alguien le habría disparado por la espalda por haber llegado a hacer algo bueno. De hecho, Iósif Stalin fusiló a los comandantes de la Guardia Roja rusa que lideraron la Revolución Soviética, junto con sus familias y millones de personas más. Aparte de que implementar tu bondad a otras personas poseídas por tu ideología es casi tan improbable como imposible.

La clave de la esperanza está en el valor. Simple y llanamente, para tener alguna esperanza en la vida es necesario saber valorar las cosas, porque al valorar una cosa ésta se sigue y es en el seguimiento mismo donde se encuentra el significado y el sentido de la vida. Todo lo demás es sufrimiento. El resto, aquello sin sentido y sin significado, es mero sufrimiento. Por el contrario, aquellas cuestiones que sí tienen sentido nos motivan y nos protegen del dolor. Hoy en día se está produciendo una lucha ideológica y, más profundamente, una lucha filosófica, perpetrada por unos grupos contra otros grupos. Y cada cual quiere estar apegado a su grupo, haciendo de su grupo su única parte relevante, su única parte real. Por lo que más nos vale aprender a emplear bien el diálogo en lugar de la dialéctica, porque es precisamente la dialéctica la que nos conduce a una guerra ideológica y filosófica constituida por parloteos entre grupos de identidad y censuras contra aquellas personas con las que no se está de acuerdo, apropiándose del miedo y de la compasión mientras se niega la intolerancia propia. Por ende, se trataría de fraccionar a los grupos oprimidos hasta llegar al individuo. El individuo, como sujeto político, representa el axioma del prójimo injustamente oprimido. Así, si la vida fuese sufrimiento, habría que empezar por reducirlo en une misme, arreglando la propia vida para que cuando tu padre muera no te pille llorando en un rincón y puedas ayudar a planear su funeral y puedas también mantenerte firme para que la gente se pueda fijar en ti como un buen respaldo en el que apoyarse, antes que conformarte con ser una maldita víctima.


miércoles, 24 de octubre de 2018

LAVARSE LOS OJOS

Por Joaquin Regadera        Pensador y Cineasta















Para vivir en armonía hemos de ser buenas personas y, para ello, lo primero es mejorar dejando de pensar, de decir y de hacer el mal. La jerarquía competente no es una cuestión de poder sino de aptitud. Para ello conviene comprender que los sistemas cognitivos son la interpretación del mundo y tienen niveles axiomáticos. Si nuestra subestructura axiomática es la ciencia y ésta, la ciencia, da por errónea una creencia, cambiamos la creencia. Pero si nuestra subestructura axiomática es la creencia y ésta, la creencia, da por errónea una ciencia, cambiamos la ciencia. La dinámica entre la armonía y el desequilibrio se haya entre nuestros hemisferios. El izquierdo se dedica a lo que conocemos y el derecho a lo que desconocemos. El izquierdo opera lo no verbal, las motivaciones biológicas y emocionales. Nuestro sistemas axiomáticos se validan mediante la práctica con les demás en función de sus respuestas emocionales. Se validan sólo si a lo largo del tiempo satisfacen a les demás. Modelamos el mundo imitándolo, asignándonos roles que satisfagan a les demás para hacer que el juego continúe. El sistema axiomático no se justifica con referencia al método científico sino con base en la satisfacción de todes les participantes. Mientras el poder degenera en violencia, las jerarquías espontáneas funcionan porque resultan satisfactorias, a pesar de que se refinen hasta lo dramático. Lo que opera al comienzo de las jerarquías espontáneas es el logos, lo admirable. Nuestra cultura se basa en la evolución de formas exitosas de maniobrar dentro de las estructuras jerárquicas, mapeando nuestra adaptación; primero, mediante la admiración; segundo, imitando aquello que admiramos, extrayendo aquello que nos interesa para exteriorizarlo con nuestra estructura corporal; tercero, describiendo los patrones de éxito para establecer las reglas, habitualmente basadas en las costumbres. Es decir, mapeamos las costumbres del drama para representarlas, transmitirlas y tenerlas a nuestro alcance. Y luego nos alejamos de las costumbres para contemplar cuáles son las similitudes entre todas ellas.


Lo bueno y lo malo no son las personas en sí sino algo que está en ellas. Por ejemplo, Eric Harris, uno de los asesinos de la Masacre de la Escuela Secundaria de Columbine, estaba poseído por una maldad que sólo pudo descubrir al sentarse en un lugar oscuro para alimentar su odio durante meses y años hasta que éste lo controló. Mas también podría haberlo controlado el amor, con la distinción de que el potencial de las buenas intenciones es lo que da lugar a la armonía. En cualquier caso, se trata de comprender que lo que sabemos ya no es suficiente, porque si creyésemos que sí lo es, suplantaríamos lo transcendental. Lo transcendental es el despertar, es el hecho de reconocernos desnudas, vulnerables, mortales, susceptibles de caer en el bien y el mal. Lo transcendental es la cognición que delimita la separación entre la ética y la realidad del objeto, es decir, la realidad de aquello que tiene sus propias reglas. Cuando descubrimos nuestra desnudez y vulnerabilidad, nos avergonzamos y escondemos del mundo o de nuestro destino porque dudamos de nuestras capacidades. Y nos resentimos no sólo porque descubramos que nosotres mismes seamos vulnerables sino porque comprendemos que les demás lo son también y por tanto podríamos hacerles daño. Esta es la cognición con la discernimos entre el bien y el mal, el proceso con el que desarrollamos nuestra capacidad crítica.

El logos es lo admirable que actúa en las personas hacia lo bueno. La consciencia ha de tomar sus propias decisiones sobre qué debe multiplicarse. Así es como el meme se convierte en una realidad biológica, porque hay algunas formas de conceptualizar que se vuelven integrales, como una fuerza evolutiva en sí misma. La consciencia extrae lo correcto del potencial mediante la verdad. Luego se manifiesta en la consciencia individual, dando lugar al logos interno, fundamento metafísico de la idea del derecho y la responsabilidad naturales. El logos es la fuerza que impulsa la evolución humana. Se ha de tener el debido respeto por une misme y el debido miedo de une misme, porque las decisiones que se toman podrían desviar la estructura de la realidad. Somos agentes actives dotades de logos, y hemos de tratar a les otres de manera que quieran jugar con nosotres. Hemos de lavarnos los ojos después de cada mirada, porque debemos tomar el caos que tenemos enfrente para convertirlo en un orden habitable con la actitud adecuada para hacerlo. Hemos de limpiar nuestra habitación, concibiendo el orden en relación con un propósito. Hemos de armonizarnos a nosotres mismes, y más adelante a nuestros alrededores inmediatos. Con disciplina, hemos de abarcar objetivos a nuestro alcance, porque cualquier pequeño éxito proyecta luz sobre la existencia, si tomamos en serio nuestro microcosmos. Hacer que nuestros microcosmos sea significativo es la embarcación que nos llevará a través de la tormenta cuando cerremos la escotilla. Nuestros errores están ligados al infierno de la tormenta. La culpa no es tanto de los líderes como de los fracasos éticos de todes les individues no dispuestes a expresar sus verdades ni a actuar acorde a lo que saben que es correcto y que terminan acumulando y produciendo el desastre. Tenemos que armonizarnos para manifestar nuestro potencial, porque conseguir que lo literal y lo metafórico funcionen al mismo tiempo construye realidad. Por ende, tenemos que arreglar nuestra vida para evitar cometer errores conscientes que nos conducirían al malestar.

El porno es fruto del puritanismo, del decoro de la relación entre los cuerpos. La mutación antropológica se trata del impacto de las tecnologías digitales sobre nuestra percepción y nuestra sensibilidad, sobre nuestra capacidad de interpretar señales no discursivas, no-codificadas. Capacidad que se ve atrofiada por nuestra exposición a las tecnologías digitales que funcionan según la lógica formateada del código. El alcance de la mutación digital es muy profundo, porque la atrofia de la sensibilidad implica una atrofia de la empatía, que es la capacidad de sentir-con, de sentir al otro como prolongación de mi existencia y de mi cuerpo. La base sensible de la solidaridad. Los seres humanos están hablando con autómatas y perdiendo la capacidad de hablar con otros seres humanos. La relación entre seres humanos se ha vuelto una relación sin cortesía, sin este tipo de sabiduría especial que es el desciframiento de la ambigüedad en condiciones de empatía. El porno es justamente la sexualidad sin ambigüedad, donde la ambigüedad queda cancelada desde el comienzo. Se sabe siempre lo que va a pasar. Por el contrario, el aburrimiento es pasar una tarde imaginando cosas, no sabiendo exactamente qué hacer ni qué va a pasar. Hay un mundo entero que se abre. Entonces une se aburre y desea la aventura. No obstante, hoy vivimos en la condición totalmente contraria: una condición de angustia, de exceso de aventuras, demasiadas aventuras que además no vivimos pero que nos rodean y que nos obligan a vivir eventos que no estamos viviendo. La palabra ha sido despegada del cuerpo. Hablamos mucho, pero los cuerpos no se encuentran. Y cuando los cuerpos se encuentran no saben hablar. Ese es el problema de la relación erótica, y también el problema de la relación política y de la relación social. Tenemos que empezar, no sólo un discurso, sino una práctica de relajación de las expectativas, en primer lugar en la dimensión de la existencia cotidiana. Hay que decir: “sí, la aceleración y el deseo de tener muchas cosas han ganado, pero ¿y a mí qué me importa?” Lo importante no es ganar o perder, sino permanecer impecables, elegantes. Impecable significa que no hay reglas, que yo decido las reglas con mis amigues. Y la única regla que vale es la regla que nosotres decidimos. Se puede fundar una política sobre la idea de que no hay reglas, sólo las reglas que decidimos de manera afectiva, erótica, siempre tentativa, siempre redefinible. Esa es la manera de enfrentar el miedo. Tenemos miedo a la percepción de que la vida se nos está escapando y no la vivimos. Mas, la buena vida puede ser volver al aburrimiento. Sí, volver al aburrimiento como terapia de la angustia es la manera de enfrentar el problema. Porque el movimiento de relajación de las expectativas es el comienzo para una nueva aventura.