jueves, 28 de junio de 2018

DIPLOMAS I EDICIÓN DE LA ESCUELA DE PADRES

Familias y terapeuta

Encarna Mª Toral Navarro
Psicóloga y Psicoterapeuta











Este martes día 26 de junio de 2018, finalizaba la I Edición de Escuela de Padres que se ha venido desarrollando desde enero a junio de este año. Padres y madres recibían contentos sus diplomas que certifican su nivel de aprovechamiento de las 18 horas que ha durado este taller.

En primer lugar, quiero agradecer, a las familias participantes, su confianza, constancia, implicación y sobre todo, sus ganas de aprender y mejorar. 

Durante el curso:
  1. Hemos trabajado de forma conjunta distintas estrategias para facilitar un comportamiento adecuado de hijos e hijas.
  2. Hemos reflexionado sobre el papel que ocupan padres y madres como modelos y referentes de niños/as.
  3. Hemos incidido en la importancia de manejar el autocontrol en el adulto con el desarrollo de estrategias propias para los momentos más difíciles;
  4. Cómo aplicar consecuencias ante los comportamientos menos adecuados, alternativas al uso de los gritos y el castigo físico a través de otras herramientas más positivas y constructivas que no dañan la autoestima de los niños y niñas.
  5. Hemos apostado por el desarrollo de una relación positiva basada en la escucha activa, los juegos compartidos, un apego seguro, el uso de elogios y refuerzo positivo, apoyo y motivación. 
  6. Hemos trabajado la relación entre los hermanos y hermanas, cómo mejorar y prevenir los celos y disputas entre ellos;
  7. Cómo responder ante las demandas de atención.
  8. De qué manera desarrollar la autonomía y responsabilidad en los hijos e hijas teniendo en cuenta su nivel de desarrollo.
  9. Hemos reflexionado sobre las fases del desarrollo emocional en los niños y niñas para acompañar este proceso y ayudarles a identificar y expresar sus emociones mejorando la comunicación entre padres e hijos/as.

En general, ha sido una experiencia muy positiva. Quiero de nuevo agradecer a las familias su implicación, sus aportaciones, sus ideas y ejemplos, que han sido tan útiles para las otras familias, el respeto mutuo que han mostrado y el clima de confianza que se ha generado. Con la finalización de la escuela de padres comienza para las familias una nueva etapa en la que podrán aplicar los recursos y estrategias aprendidas a lo largo de estos meses. Mucho ánimo para todas ellas.


lunes, 19 de marzo de 2018

SENTIDO ÍNTIMO: PINTO luego EXISTO

Dr. Juan José Regadera
Psicólogo especialista en psicología clínica
Psicoterapeuta acreditado


"Tricotomía Boceto II" Grafito sobre Papel (detalle)

Resumen:

El autor, apoyándose en el pensamiento del filósofo francés del siglo XVIII, Maine de Biran[1], se centra en el yo del artista, un yo un tanto olvidado y maltrecho por el propio pintor que en su búsqueda del espíritu a través de la tela, nunca pudo perder de vista al cuerpo, en que aquel anda encarnado. La idea nuclear del trabajo del maestro, Ángel Macía[2], se reduce al esfuerzo. Sabe de los condicionantes reales de la existencia humana, físicos, fisiológicos, sociales… sin embargo el artista no se reduce a ellas, sino que las transciende mediante el lienzo y la fotografía. De aquí, que cuando soy, decimos nosotros en boca del creador, no soy sino con ayuda de ti que eres mi espectador. Razón, naturaleza, sociedad y economía parecen hoy ser las coordenadas en que se mueve nuestros pensamientos contemporáneos, algo, por otro lado, irrenunciable, sin embargo, urge volver hacia el yo, he aquí la conexión entre el artista y el meditador de Grateloup.


Presentación

La noción de “sentido íntimo” presente en la obra de Ángel Macía tiene para el artista un carácter técnico y, en todo caso, central. Se trata de una “idea primitiva” que el inconsciente del pintor creo en la adolescencia mediante la queja y el lamento, y que podemos expresar mediante el Cogito cartesiano,  y, adaptado a nuestros propósitos, yo lo expresaría, con el pinto luego existo.

Las pinceladas de Ángel Macía, no se limitan a expresar una técnica indubitable, a salvo de ataques mal intencionados, pues expresa “el sentimiento de una acción y de un esfuerzo querido”. El esfuerzo, es “la idea primitiva”, y, en esta circunstancia, la noción de “sentido íntimo” que hoy venimos a tratar aquí en la persona del artista se halla estrechamente relacionada con la idea de resistencia. Resistencia ofrecida por el mundo  EXTERIOR –en la etapa de plenitud juvenil- que constituye la mejor, si no la única, prueba de su lucha por la vida.


El pintor en su mundo

Ángel Macía, hubiera necesitado calma por encima de todo, sin embargo, esta lucha por la existencia, fuera de los retazos del lienzo, en la que difícilmente se sentía en paz y desencajado del mundo que le tocara en suerte, comenzó en la niñez del  artista y particularmente en la etapa del colegio, primero, en una impresión “física”, para terminar convirtiéndose en algo metafísico. De aquí, que su obra nos muestra, muy especialmente, la resistencia frente a un mundo cruel –como una llaga que nunca termina de sanar- en relación con posibles modos de reacción ante el cuerpo físico, que no era otro, que el torso del autor.

La sustancia exterior de Ángel Macía, supone impresiones de resistencia que se hacen distintas por medio de la sensación de movimiento percibida por  la vista.

Esta sensación de movimiento recogida por el espectador esta relacionada con la de voluntad  en la firmeza del trazo que la ejecuta. La mirada del espectador siente como el artista se esfuerza por ejecutar las formas  y contornos. Ángel Macía existe a través de la voluntad del movimiento dando con ello la impresión o la conciencia del yo, un yo reconocido por el espectador como algo distinto de las demás existencias que lo rodean. Y esto, que el artista nos muestra en el lienzo, únicamente puede adquirirse mediante la conciencia de un esfuerzo querido; que, en una palabra, el yo del pintor reside  exclusivamente en la voluntad.

Una idea parecida a la aquí expresada se encuentra desarrollada por Maine de Biran como fundamento de su análisis de la conciencia de voluntad y, en último término, de la libertad. Main de Biran retoma el principio de Descartes que nosotros hemos reelaborado como: pinto, existo.

Ángel Macía, descendiendo en si mismo, intenta caracterizar a través del lienzo un físico renovado que su inconsciente guardo en la adolescencia y que se supone constituyó toda su existencia individual. Este esfuerzo de transformación de la idea originaria del físico por él retenido es el modo fundamental que el pintor ha buscado y analizado a través de caracteres o signos, dando con ello alarde de substancia, fuerza, sensación, sentimiento de una acción o de un esfuerzo querido. 

"Pecado Original Óleo sobre Lienzo"(detalle)



La reflexión de Ángel Macía

La obra del filósofo francés del siglo XVIII Maine de Biran, y la de Ángel Macía tienen en común la noción de un “sentido íntimo” o de un “sentido interno” de carácter espiritual más básico que los sentidos externos.

El artista, al igual que Descartes,  Malebrache y los autores de la tradición agustiniana, comparte lo que ellos llamaban “el tesoro de mi espíritu”. Tesoro de una realidad “interior” e “intima” en cuyo fondo anida la verdad. Una verdad que se nos muestra por iluminación “propia”, por debajo de la variedad de deseos o caprichos accidentales que pudieran sobrevenirle ocultando su profunda verdad.

Ángel Macía, su espíritu romántico e innovador, quiso una cosa, por nada del mundo hubiera abandonado el precioso tesoro de su yo.

Su obra pictórica ha consistido en gran parte en una anotación de “experiencias de la conciencia” en el curso de una evolución que transcurre desde su infancia y adolescencia hasta la meditación introspectiva de sus propios estados psíquicos y fisiológicos. Y en este devenir del tiempo, el pintor ha llegado a la concepción de que la consciencia, entendida como una substancia independiente, solamente existe en cuanto esfuerzo opuesto a la resistencia de los otros.

"Vosotros" Óleo sobre Lienzo



El ensimismamiento del pintor

La resistencia de los otros, vivida por Ángel desde su adolescencia, se da, en efecto, la conciencia del yo. Un yo sin posibilidad de separarse del lienzo del que ha sido engendrado desde la niñez. He aquí su experiencia, que como reducto de intimidad frente al propio cuerpo está por encima y fuera de la órbita de los otros.

Esta búsqueda continua de su introspección hacia un centro permanente (el lienzo bañado de blanco inhóspito) en medio de la inestabilidad de los  “estados” del mundo exterior, le da una “facultad activa” que permite eludir la disolución del “yo” provocada por el encuentro con los demás.  Fortaleza ante la resistencia exterior, he aquí, de nuevo, el tesoro de su yo.


El mundo interior tiene puestos sus cimientos sobre el mundo exterior

Cuando miramos un cuadro de Ángel Macía, la distinción entre la sensación y la percepción, no es sino la distinción entre la impresión pasiva provocada por lo externo (su cuerpo)  y la impresión activa de la actividad interna (su espíritu); cada lienzo, cada nuevo retazo, cada fotografía, no es sino la generalización de la distinción entre lo activo y lo pasivo en todos los “estados” y en todos los “hábitos”.

Su insistencia en la impresión interna  a partir de la externa tiene su punto de apoyo en el plano de lo íntimo de lo que sólo es válido para Ángel Maciá el mundo físico.

Como podrán  ustedes apreciar, a lo largo de toda su obra, el artista, insiste continuamente  en el carácter dinámico, funcional, de las actividades que va descubriendo poco a poco a media que revela las falacias de la derivación de lo interior a partir de lo exterior.

He aquí, de nuevo, la insistencia de Ángel Macia, en el sentimiento de resistencia –la de un mundo inhóspito y hostil, vivido en su infancia y adolescencia con experiencia de bullying y acoso escolar- donde se encuentra hoy día uno de los problemas fundamentales del análisis psicológico.

La cuestión de la dualidad de lo activo y lo pasivo, el problema de la liberación de la propia voluntad respecto a la coacción física o fisiológica, en ello reside –decíamos antes-, el tesoro de su yo.

Su esfuerzo ha chocado tantas veces con el obstáculo de lo externo que se ha visto privado de libertad. Y ya que la libertad nos es dada, finalmente, en la conciencia plena de la acción volitiva, sus lienzos, las obras de Ángel Maciá, guardan para mi, como espectador pasivo, el origen de todas las facultades, con inclusión de las intelectuales, aquellas que nacen de la experiencia intima del dolor, del sufrimiento que vitalizan la voluntad hacia un esfuerzo activo. De nuevo, mi mirada se encuentra con el tesoro de su yo.

"Dicotomía" Óleo sobre Lienzo


El yo no es una cosa. ¿Qué es entonces?

El yo es el esfuerzo y en el esfuerzo yo soy una fuerza, una causa. La causa es el yo que resulta del choque contra la resistencia del mundo exterior (herido y doliente).

Me haré otra pregunta, ¿cómo ha podido Ángel Maciá concebir algo exterior extraño a él –el mundo de los otros- y transformarlo en su yo? si de la contemplación de sus obras no lo he entendido mal, cuando el artista reflexiona sobre sí mismo, cuando el pintor no  ha podido identificarse con su cuerpo objeto del acto de reflexión, su yo, no puede ser más que el alma concebida como fuerza substancial fuera de la conciencia. Y esto es, lo que ante ustedes está, que la persona del pintor es dueña de sus actos porque es ante todo y sobre todo dueña de sí misma. Por eso pinta luego existe.

En Ángel Macia, la distinción de vida humana y vida espiritual es la consecuencia de una tendencia a la diferenciación que no puede quedar detenida en el mero reino de lo psíquico y que, al final, revela en éste la presencia del espíritu y aún de un espíritu capaz de alcanzar la región de lo cotidiano e irrelevante del ser.

Sí, el maestro, ha demostrado voluntad para mostrar la experiencia interna como origen y raíz del conocer, de un conocerse a sí mismo.

La vida espiritual, enteramente libre y vinculada a lo orgánico en los cuadros del artista, es una vida distinta, pues muestra las etapas que, a su vez, pueden ser consideradas jalones a lo largo de un complejo itinerario.  Ángel conversa consigo mismo a lo largo de una “creación continua”.

"Formula of Love" Óleo sobre Lienzo


La conciencia surge en y por el esfuerzo

Esa creación continua, como venimos diciendo, es VOLUNTAD. Los cuadros del artista muestran la incitación de lo deseable, parten del fondo del alma, que es su raíz. Y  si no procediera al mismo tiempo de la inteligencia, no sería más que deseo, instinto, pasión, pero no voluntad. Una vez más, para Ángel Macía, no hay acto humano verdaderamente voluntaria sino el que procede tanto de la incitación interna como de la razón. Sus obras son su experiencia, la experiencia del que busca reconocer su propia naturaleza, dañada por la existencia, en el sí propio de su intimidad.

El pintor, muestra su cuerpo, demuestra la libertad moral en el cuerpo. Hay  cuerpos, porque los veo y los toco, dirían ustedes. Esta prueba es absolutamente buena. Y, el artista, muestra su libertad moral, porque la siente el espectador en su mirar. Cree tocarla. Cada día, el espectador, se viste y se desviste, ocurre a cada instante, y este hecho que veo en mi, que he visto mil veces, lo tiene el espectador en cada lienzo, en cada fotografía. A esto lo llamo, libertad.


¿Cómo ser de verdad yo mismo?


Conocer y querer, o inteligencia y voluntad son, de raíz, acción o esfuerzo. ¿Cómo ser de verdad yo mismo? se convierte así en ¿cuánto puedo?. Sí, Ángel Maciá descubre su sentido íntimo en un penoso análisis que intenta saber de sí, y en este camino halla el yo como voluntad, como esfuerzo, que se ejerce frente a un mundo que muestra su realidad en la resistencia de los otros. Cuando soy –nos diría el artista- digámoslo así, no soy sino con ayuda de ti que eres mi espectador.

Podemos hablar de la esencia del artista porque estamos refiriéndonos a sus cuadros. Y de esta inseparabilidad de ambos términos, la esencia del cuadro y la esencia del artista, brota el yo. Estamos pues, ante un tipo de realidad muy particular, porque al yo de Ángel Maciá no le basta con que sea, con que esté dotado de existencia real, o para entendernos, “extramental”, es decir, ser una pura idea, sino que precisamente este yo ha de estar mostrado o revalidado su ser ante él mismo, ante el pintor, y que se ofrezca o presente poniéndose delante a la manera de algo que ha sido arrojado ante el espectador.

El cuadro –la cosa en cuanto conocida por el pintor, o tomada como hecho tangible- goza  así de una existencia peculiar y distinta a la propia, y se injerta en la del artista. Brentano, otro filósofo del siglo XIX, llamo a esta particular forma  de hallarse algo en o ante  el conocedor –en nuestro caso el pintor- con una palabra que siempre necesito ir acompañada de aclaraciones a pie de página de los traductores: la llamo inexistencia –entendida, claro es, como existencia en. De modo que, a fin de cuentas, para que exista algo que podamos considerar como un hecho ha de coincidir, en el caso que nos ocupa, el cuadro con el pintor; es decir, ha de saberse a sí mismo con el cuadro, y gracias precisamente al cuadro –pues sin él, no hay yo. He aquí, como ser de verdad yo mismo.

Nuestro artista ha mostrado con sus obras el mundo interior, iluminado por la peculiar claridad que llamamos conciencia, se presenta como una fluencia temporal en que los “cuadros inexistentes” –recordemos a Brentano- o contenidos allí expresados se van sucediendo unos a otros.  ¿Y cual de éstos cuadros podría reclamar una prioridad sobre los otros, hasta parecernos conditio sine qua non de la existencia del pintor? ¿Habrá un cuadro constante, por debajo de todas las apariencias? Cada cuadro o fotografía del maestro patentiza el conocimiento que sobre sí tiene el pintor, al tiempo que pone de relieve la continuidad o unicidad de su yo en medio de aquella variación de lienzos, texturas y fotogramas.

"El Árbol de la Vida" Óleo sobre Lienzo


Cuando decimos que el artista posee sus actos porque antes se posee a sí misma, ¿qué queremos decir?

Evidentemente, que el artista puede aparecer de algún modo previo a su actuación. Con lo cual, el pintor, sólo se manifiesta en la experiencia en y por su relación activa con su cuerpo. Los pasos previos que habían de conducirle a la respuesta a esta pregunta son muy claros. El espectador lo que tiene ante sí, lo que el pintor supo resolver como problema acaecido en su adolescencia, el artista lo trato con la eficacia real de la voluntad. Desarrolló el hábito de pintar rompiendo así la distinción entre actividad y pasividad que subyace en todo ser humano. Por su dimensión pasiva, la persona queda absorta en lo que experimenta hasta el punto de no separarse de sus propios estados, y consiguientemente, de no poder decir siquiera “yo”; la actividad, en cambio, nos desdobla y en el esfuerzo y por el esfuerzo acontece el conocimiento. Aquí se nos muestran sus cuadros y su modo peculiar de enfrentarse con su conflicto. Aquí entra el hábito: se produce  un esfuerzo que funda el conocimiento de si mismo al realizarse el enfrentamiento dinámico del pintor con el lienzo, y de este modo, podrá y tendrá que ocurrir en tal caso lo que sucede con toda habituación, y es lo que ve y aprecia el espectador, que se ha alcanzado la perfección y precisión enorme a través del acto de pintar disminuyendo así la conciencia de dolor y sufrimiento que el pasado acarreó.

Conclusión:

Hemos analizado la figura del artista no desde la perspectiva biográfica del “sentido” de la obra, sino desde la biológica de la “fuerza” (la resistencia). Si analizamos la  trayectoria personal de Ángel Maciá en su conjunto, en un principio había comenzado por inquietarse ante la dificultad de descubrir una medida con que calibrar el alcance  de su producción propia (recordemos su etapa paisajista, o los detalles anecdóticos del mar y la belleza de los faros), luego sus intereses se situaron en un orden distinto, el de averiguar cuál de las orientaciones posibles a tomar es la que resulta, para su yo, estrictamente verdadera. Y, he aquí, que el pintor está ahora en condiciones de dar respuesta a ¿cuánto puedo?, y, a juzgar por la obra, si tuviéramos que decir lo que puede él solo, habrá que decir que menos de lo necesario para ser quien es, porque cuando se es, lo soy con ayuda del espectador. Sin su presencia estaría abocado al fracaso.

"Ausencia" Óleo sobre Lienzo

Posts relacionado: Trastorno narcisista tímido de personalidad o personalidad narcisista "encubierta"http://cattell-psicologos.blogspot.com.es/2017/07/trastorno-narcisista-timido-de.html


Bibliografía

Carpintero, H. (1970). Teoría psicológica y experiencia vital en Maine de Biran. Tesis Doctoral. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Madrid. Madrid.

Marías, J. (1996). El tema del hombre. Madrid: Espasa Calpe.

Ferrater, J. (2001). Diccionario de filosofía. Tomo II y IV. Barcelona: Ariel, Ed. 




[1] Biografía: Nació en Bergerac en 1766, y moriría en Paris en 1824. Pierre Maine de Biran resulta ser una figura bien estudiada y mal conocida. Se formó en el seno de dos corrientes: ilustración y naturalismo, y se encontró, más adelante, en un mundo nuevo, el Romanticismo. En cierto modo, Main de Biran, traspasa el umbral entre dos edades, nació “moderno” y murió “contemporáneo”.
[2] Las pinturas que acompañan este texto están realizadas por el pintor cartagenero Ángel Maciá y forma parte de la exposición “Tricotomía” proyecto artístico dentro del programa de Arte + Salud Mental que realiza la Fundación Cattell Psicólogos  para a través del arte sensibilizar y comprometer a la población con la lucha contra el estigma asociado a los problemas de salud mental.
Esta exposición se puede visitar en la sede de la Fundación Cattell Psicólogos sita en C/ Trapería nº 6, 1º B, 30001, Murcia del 24 de febrero al 13 de abril de 2018.

lunes, 1 de enero de 2018

TAN SOLO CUATRO PROPÓSITOS PARA EL 2018

Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo    
Tan solo cuatro propósitos para el 2018.
Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo y Dr. Juan José Regadera
Dr. Juan José Regadera
Psicólogos Clínicos
Psicoterapeutas
                           












¿Por qué esta costumbre de comenzar el año con nuevos propósitos?

Las personas necesitamos metas, ilusiones que alimenten el sentido de nuestros días. No se puede vivir sin dirección. Las rutinas dan un marco a nuestra existencia, pero no un significado. El ser humano vive impulsado por la energía procedente de esos nuevos proyectos en los que se embarca y que, ampliando el horizonte, marcan el norte, nos orientan y proporcionan información sobre el lugar hacia donde nos dirigimos, sobre el camino a seguir, también sobre nuestros compañeros de viaje (conocidos y/o desconocidos), nos ceden un espacio y un tiempo en el que "respirar", alentando "las ganas de vivir".

Del latín propositum, el propósito es la intención o el ánimo de hacer o dejar de hacer algo. El propósito también es un objetivo, una meta que puede estar relacionada con el desarrollo o cuidado personal, es algo que se quiere conseguir y que requiere de esfuerzo y de ciertos sacrificios.

¿Qué factores intervienen en el proceso del cumplimiento de los propósitos?

Se dice que querer es poder. Pero la voluntad no es el único factor que media para el cumplimiento de los propósitos, los estilos cognitivos, el modo en que nos interpretamos a nosotros mismos y las circunstancias que nos rodean también influyen.

a) En primer lugar, hay que meditar sobre aquellos aspectos de nuestra vida en los que necesitamos mejorar, si es eso lo que deseamos realmente. Puede ser útil hacer un listado para después clasificar todos esos propósitos de nuevo año en función de nuestra escala de prioridades. Es importante no comenzar con diez propósitos a la vez.

b) Ser realista. No proponernos metas imposibles de cumplir, bien porque no dependen exclusivamente de nosotros (tener pareja), bien porque están fuera de nuestro alcance (pilotar un avión si tenemos discapacidad visual). De este modo, evitaremos llegar a sentimientos de frustración (me da rabia, me enfada no conseguir lo que quiero) o victimismo (todo me sale mal; no consigo nada de lo que me propongo).

c) Aceptar los fallos y no caer en el desánimo. Es normal, cometer errores. No siempre estamos en condiciones de cumplir con nuestros objetivos. Sin embargo, no hacer de ello una excusa que nos impida seguir hacia delante. Es positivo valorar el hecho de haber tomado la decisión de emprender un nuevo proyecto y premiarse ante cualquier pequeño paso.

Un viaje de mil millas comienza con el primer paso. Lao-Tse

d) Comenzar con pequeños pasos. Decía el novelista inglés Charles Reade con gran acierto: 

"Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino"

Y así es, las personas que creen en sus sueños y cuentan con una autoestima adecuada, van materializándolos paso a paso y, al mismo tiempo, van adquiriendo una serie de hábitos que dan forma a su carácter y le permiten alcanzar sus metas.

e) Cuando surgen dificultades o nos invade el desánimo, hay ciertas ideas irracionales o erróneas que pueden conducirnos al abandono de nuestras metas. Es importante, saber rechazar estos pensamientos negativos sustituyéndolos por otros más constructivos y adecuados. Pensar, por ejemplo: "Nunca lo voy a conseguir" te lleva a un sentimiento de impotencia, angustia y/o depresión que te dejará sin fuerzas para continuar con tus proyectos. Cambiar este pensamiento irracional por otro más racional como: "Hoy no he podido levantarme a las 7 para estudiar, pero mañana si me voy a levantar" te da la energía y la motivación necesaria para volverlo a intentar.

f) Hacer un horario personal con las metas y las conductas a realizar en el día a día y colocarlo en lugar visible es otro modo de facilitar su logro. Y llevar un registro diario del cumplimiento o no de los objetivos propuestos también facilita mantenerse dentro de los planes previstos.

h) Pedir ayuda o colaboración a familiares, amigos o compañeros puede ser de gran utilidad, en especial, en esos primeros días o semanas en que comienzas a instaurar un nuevo hábito como levantarte temprano para estudiar, salir a correr, comer sano, dejar de fumar, controlar el gasto económico o el mal genio.

i) Importante, aprender a respetar los planes, las metas, los objetivos personales y saber decir "no" cuando te llegan propuestas que te harían desviarte de lo previsto.

A veces, emprender nuevas metas nos conduce a dejar viejos hábitos

Nuestros propósitos para año nuevo.

Como nuestros lectores saben, a nosotros como psicólogos nos interesa la persona. Eso ya lo hemos dicho en otras ocasiones. Y nos interesa la persona real, la persona de carne y hueso de la que hablaba Unamuno. Pero esa persona real, que es también “alguien corporal”, es tiempo.  Es alguien vuelto hacia el futuro, alguien que se está realizando.

Julián Marías, discípulo de Ortega y Gasset, afirmaba que el rostro de una persona es programático. En un rostro vemos, si contamos con esa capacidad de mirar piel adentro, lo que la persona va a ser y esto en dos sentidos bien diferentes aunque conectados: el de la intención inmediata y el proyecto vital. 
  • La intención inmediata es expresión, es decir, la manifestación de datos actuales y pasajeros.
  • El proyecto vital es significación. Lo que en el rostro se aprecia como parte del proyecto personal y biográfico.

Suele decirse, aunque no hay razones claras para ello, que el término griego prosopon (cara) ha sido el punto de partida y fundamento de la noción de persona. Y como dijimos al principio de nuestra disertación, de esto queremos hablar hoy aquí, de la persona y del futuro, y de los buenos propósitos que le deseamos para este nuevo año que acaba de iniciarse.

Siguiendo con la línea de nuestra reflexión deseamos, para este nuevo 2018, el equilibrio de cuatro aspectos esenciales en el funcionamiento de la persona, a saber:

1. Identidad.
  • Que la persona tenga una conciencia permanente de un yo único conocedor de sus límites y roles apropiados.  
  • Con una autoestima positiva, uniforme y autorregulada. 
  • Capaz de hacer autoevaluaciones precisas.
  • En definitiva, una persona capaz de sufrir, tolerar y regular la completa gama de emociones que nos depara la vida y las circunstancias en las que nos encontremos.

2. Autodirección.
  • Que la persona establezca y aspire a metas basadas en una evaluación realista y razonable de sus capacidades personales. 
  • Que  su comportamiento logre satisfacerle en múltiples esferas.  
  • Y que pueda reflexionar y obtener un significado constructivo de su experiencia interna.

3. Empatía.
  • Que la persona sea capaz de comprender con precisión las experiencias y motivaciones de los demás en la mayoría de las situaciones. 
  • Que comprenda y aprecie los puntos de vista de los demás incluso cuando está en desacuerdo. 
  • Y por supuesto, que sea consciente del efecto de las propias acciones sobre los demás.

4. Intimidad.
  • En último lugar, que la persona sea capaz de mantener múltiples relaciones satisfactorias y duraderas con su entorno personal y social. 
  • Desee y participe en una serie de relaciones cercanas, recíprocas y de apoyo mutuo.
  • Se esfuerce en cooperar y en obtener beneficios mutuos y respondiendo de manera flexible a la variedad de ideas, emociones y comportamientos de los demás.


Conclusión:

Alcanzar cada uno de estos cuatro propósitos puede facilitar: 
  • Una mayor estabilidad emocional 
  • Mostrar un afecto más positivo
  • Disminuir la ansiedad y mostrar menos excentricidad, sumisión y hostilidad ante las circunstancias personales
  • Ser más perseverante en las tareas de la vida
  • Alejarnos de estados depresivos y desconfiados o suspicaces
  • Intentar superar y cambiar las conductas evitativas y las manipuladoras, por comportamientos más constructivos.

Alcanzar cada uno de estos cuatro propósitos nos puede aportar:
  • Una mayor amabilidad frente a la vida y hacia los otros
  • Más autenticidad, humildad, preocupación por los demás, sensibilidad, serenidad, responsabilidad y concentración en nuestras cosas y en el mundo que no rodea 
  • Además de una mayor capacidad para asumir los riesgos y retos que nos ofrece la vida.

Decía Klages, gran estudioso alemán de la caracterología, que “sólo comprendemos cuando nos sentimos conmovidos”, y estos cuatro puntos tratados hoy aquí son un resumen de cómo el “mundo interno y el externo se tocan” aportando armonía y paz en nuestras vidas.

Más información en esta entrevista realizada a la Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo en el programa de radio MuryCíahttp://www.orm.es/programas/murycia/murycia-los-propositos-de-ano-nuevo-con-la-psicologa-nieves-m-hidalgo/

Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo en Onda Regional de Murcia
Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo en el programa de radio MuryCía


#Hazloporti
#Cuidatusaludmental

domingo, 19 de noviembre de 2017

TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD PARANOIDE (TPP): SÍNTOMAS Y TRATAMIENTOS

art-brut-Joaquín-Regadera
ART BRUT Joaquín Regadera
Dr. Juan José Regadera
Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo                           Psicólogos Clínicos






Las personas que sufren o padecen un TPP 
generalmente no buscan ayuda, 
y emplean como mecanismos de defensa 
el rechazo y la proyección. 









En el estudio y análisis del Trastorno de Personalidad Paranoide (TPP), es necesario considerar los siguientes aspectos: 

Desarrollo y curso: aunque el trastorno de la personalidad paranoide no puede ser diagnosticado hasta la edad adulta, puede ser evidente desde la infancia y la adolescencia, en la constatación de soledad, escasas relaciones con los compañeros, ansiedad social, bajo rendimiento en la escuela, hipersensibilidad, pensamientos y lenguaje peculiares, y fantasías idiosincrásicas. Estos niños suelen parecer “extraños” o “excéntricos”, y son objeto de burlas o acoso escolar.

Grupo de pertenencia del TPP: de los tres Grupos creados para encuadrar los trastornos de la personalidad (“A”, “B”, “C”), el TPP estaría englobado dentro del grupo “A” junto con los trastornos de la personalidad esquizoide y esquizotípico. Estas categorías están relacionadas con el espectro de la esquizofrenia y su comportamiento está caracterizado por rarezas, excentricidad, soledad o suspicacia. Este grupo de trastornos comparten creencias que se asocian con rasgos de incomodidad social, intranquilidad en situaciones sociales y retraimiento social

Prevalencia del TPP: existe entre un 2,3% y un 4,4% de personas con personalidad paranoide (National Comorbidity Survey Replication y National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Condicitions, respectivamente).

Género: En las muestras clínicas, este trastorno se diagnostica en los hombres con más frecuencia.

En relación con la cultura: algunos comportamientos, que se ven influidos por los contextos socioculturales o por las circunstancias específicas de la vida, pueden ser erróneamente etiquetados como paranoides e incluso confirmados por el propio proceso de evaluación clínica. Los miembros de los grupos minoritarios, los inmigrantes, los refugiados o las personas de diferentes orígenes étnicos pueden mostrar comportamientos cautelosos o defensivos debidos a la falta de familiaridad (p. ej., la barrera del idioma o la falta de conocimientos de las normas y reglamentos) o como respuesta al abandono que perciben o la indiferencia de la mayor parte de la sociedad. Estos comportamientos pueden, a su vez, generar ira y frustración en quienes se ocupan de estas personas, estableciendo así un círculo vicioso de desconfianza mutua, que no debe confundirse con el trastorno de la personalidad paranoide. Algunos grupos étnicos también muestran comportamientos culturalmente relacionados que pueden ser malinterpretados como paranoides. 

Criterios diagnósticos y características diagnósticas  
Patrón de desconfianza y suspicacia intensa frente a los demás, de tal manera que sus motivos se interpretan como malévolos, que comienza en las primeras etapas de la edad adulta y está presente en diversos contextos, y que se manifiesta por cuatro (o más) de los siguientes hechos: 

1. Sospecha, sin base suficiente, de que los demás explotan, causan daño o decepcionan al individuo. Sospechan sin ninguna base o con poca evidencia que otras personas están conspirando contra ellos y que pueden atacarles repentinamente, en cualquier momento y sin razón. A menudo sienten que han sido profunda e irreversiblemente dañados por otra u otras personas, aun cuando no existe una evidencia objetiva de ello. 

2. Preocupación con dudas injustificadas acerca de la lealtad o confianza de los amigos o colegas. Cualquier transgresión de la honradez o la lealtad que perciban sirve para apoyar sus presunciones ocultas. Se sorprenden de tal manera cuando un amigo o un socio muestran lealtad, que no ueden confiar o creer en que sea verdad. Si se meten en problemas, esperan que los amigos y los socios les ataquen o les ignoren. 

3. Poca disposición a confiar en los demás debido al miedo injustificado a que la información se utilice maliciosamente en su contra. Pueden negarse a contestar preguntas personales, diciendo que la información no es “asunto de nadie”. 

4. Lectura encubierta de significados denigrantes o amenazadores en comentarios o actos sin malicia. Por ejemplo, una persona con este trastorno puede malinterpretar un error honesto de un empleado de una tienda como un intento deliberado de engaño, o pueden percibir un comentario gracioso informal de un compañero de trabajo como un ataque de carácter grave. Los elogios a menudo son mal interpretados (p. ej., un cumplido sobre una nueva adquisición se malinterpreta como una crítica de egoísmo; un cumplido acerca de un logro se malinterpreta como un intento de coacción para obtener un mayor y mejor rendimiento). Pueden percibir un ofrecimiento de ayuda como una crítica de que no lo están haciendo suficientemente bien por sí solos. 

5. Rencor persistente (es decir, no olvida los insultos, injurias o desaires que creen haber recibido). Incluso los pequeños desprecios despiertan gran hostilidad, y los sentimientos hostiles perduran durante mucho tiempo. Debido a que están constantemente pendientes de las malas intenciones de los demás, sienten muy a menudo que se ataca su carácter o su reputación o que se les ha menospreciado de alguna manera. 

6. Percepción de ataque a su carácter o reputación que no es apreciable por los demás y disposición a reaccionar rápidamente con enfado o a contraatacar. Por ejemplo, discutiéndolo todo abiertamente, mediante quejas recurrentes o con una actitud distante y aparentemente hostil. También pueden ser litigiosos y con frecuencia se involucran en disputas legales. 

7. Sospecha recurrente, sin justificación, respecto a la fidelidad del cónyuge o la pareja. Pueden reunir “evidencias” triviales y circunstanciales para apoyar sus creencias celotípicas. Además, quieren mantener un control completo de las relaciones intimas para evitar ser traicionados, y cuestiones y desafían constantemente el paradero, las acciones, las intenciones y la fidelidad de su cónyuge o pareja. 


trastorno-personalidad-paranoide
Las personas con TPP tienen con frecuencia problemas
en sus relaciones cercanas

Características asociadas que apoyan el diagnóstico

Las persona con TPP son generalmente difíciles de llevar y con frecuencia tienen problemas en sus relaciones cercanas. Debido a que están hipervigilantes en busca de amenazas potenciales, pueden actuar de una manera cautelosa, secreta o maliciosa y parecer que son “fríos” y faltos de sentimientos de ternura. 

A pesar de que puede parecer que son objetivos, racionales y no emocionales, muestran a menudo un espectro de afectos lábiles, en los que predominan las expresiones hostiles, obstinadas y sarcásticas. Su carácter combativo y suspicaz puede provocar una respuesta hostil en los demás que, a su vez, sirve para confirmar sus expectativas originales. 

Debido a que las personas con TPP carecen de confianza en los demás, tienen una necesidad excesiva de ser autosuficientes y un fuerte sentido de la autonomía. También tienden a ejercer un alto grado de control sobre su entorno. Suelen ser rígidos, tienen dificultades para colaborar y se muestran hipercríticos con los demás, a pesar de que ellos mismos tienen grandes dificultades para aceptar las críticas. Pueden culpar a los demás de sus propios defectos. 

Buscan confirmar sus nociones negativas preconcebidas con respecto a las personas o las situaciones que encuentran, atribuyendo motivaciones malévolas a los demás que son proyecciones de sus propios miedos. Suelen tener fantasías ocultas grandiosas y poco realistas. A menudo están en sintonía con aspectos del poder y del rango y tienden a desarrollar estereotipos negativos de los demás, en particular de los grupos de población distintos del propio. Se les percibe como “fanáticos” y pueden adherirse firmemente a “cultos” o a grupos de otras personas que comparten su sistema de creencias paranoide. 

En respuesta al estrés, pueden experimentar episodios psicóticos muy breves (con una duración de minutos a horas). En algunos casos, el TPP puede aparecer como el antecedente previo del trastorno delirante o de la esquizofrenia. Las personas con TPP pueden desarrollar un trastorno depresivo mayor y tienen un riesgo aumentado de padecer agorafobia y trastorno obsesivo-compulsivo. Son frecuentes los trastornos por alcohol y otras sustancias. Los trastornos de la personalidad concomitantes más comunes son el esquizotípico, el esquizoide, el narcisista, el evitativo y el límite. 

Nota: el TPP debe ser diagnosticado sólo cuando estos rasgos son inflexibles, desadaptativos y persistentes, y cuando causan un deterioro funcional significativo o un malestar subjetivo. Por ej.: hay circunstancias en la que los rasgos paranoides pueden ser adaptativos, especialmente en los entornos amenazantes y esto no significa que estemos ante un TPP. 

Tratamiento del TPP

El tratamiento más efectivo para el TPP exige un sistema de tratamiento integral con un continuum de cuidados ambientales sólidos combinando distintos recursos asistenciales. 

Hay que considerar ante todo que la persona que sufre TPP suele presentar una vulnerabilidad narcisista importante, sentimientos intensos de vergüenza y de humillación frente a estímulos insignificantes y tendencia a la dependencia. Buena parte de su conducta e interacción con los demás puede entenderse como un intento de inducir en ellos los mismos sentimientos que le hacen sufrir porque, de este modo, se defienden parcialmente de éstos. Por esto, la autoobservación de los sentimientos contratransferenciales que estos pacientes suscitan en el clínico es crucial para el diagnóstico y el posible tratamiento psicoterapéutico. 

Según Meissner –citado por Caballero Martínez en Bernardo y Roca (1998)-, la relación con los pacientes con TPP tiene tres principios: 

1. Concentrar inicialmente el esfuerzo en establecer y mantener una relación terapéutica clara y comprensiva que trasmita confianza al paciente mediante respuestas empáticas y contenidas. El control de la contratransferencia por parte del clínico es especialmente importante en el caso de las respuestas defensivas o desafiantes que estos pacientes tratan de inducir en él, para poder transmitir al paciente un punto de vista positivo, desinteresado y de ayuda amistosa. Solicitar detalles acerca de algunas conductas de confrontación suele conducir al debilitamiento de la suspicacia y de las conductas asociadas. 

2. La estrategia psicoterapéutica fundamental con los trastornos paranoides es la de transformar las manifestaciones paranoides en depresivas y trabajar el duelo resultante. Como dijimos, la debilidad, la vulnerabilidad y los sentimientos de inadecuación de los pacientes deben buscarse también en la respuesta contraproyectiva que suscitan en los clínicos. 

3. El sentido de autonomía de estos pacientes es frágil y suelen vivirse siempre en estado de amenaza por lo que debe respetarse, construirse o reforzarse, según los casos. 

Desde el punto de vista cognitivo, el objetivo principal en los procesos de recuperación de las personas con diagnóstico TPP consiste en desarrollar una relación de trabajo en colaboración e incrementar pronto el sentido de eficacia personal en lo que se refiere al tratamiento. Por razones obvias, establecer una relación de confianza no suele ser fácil en la fase inicial y puede obligar a tratar sólo temas poco sensibles o a comenzar la relación por aspectos secundarios de la psicopatología. 

El descubrimiento guiado de los problemas cognitivos sólo es posible después de haber consolidado la relación terapéutica y requiere el refuerzo permanente de la percepción de dicha autoeficacia en el paciente. En los casos en los que la hipervigilancia y las ideas de referencia son muy importantes puede ser útil trabajar el proceso de adquisición de información y de formación de ideas en el paciente y la estrategias de intervención en habilidades sociales. La “contención verbal” mediante la empatía reaseguradora y la afirmación genuina de los logros obtenidos, puede corregir los sentimientos derivados de situaciones de abuso anteriores, frecuentes en la biografía de estos pacientes; pero el clínico debe, a la vez, ser capaz de afrontar las provocaciones del paciente con firmeza y con cortesía. 

Los trastornos de personalidad paranoides suelen plantear serias dificultades de relación que impiden su inclusión en grupos terapéuticos. Sin embargo, resulta imprescindible intervenir sobre los cónyuges y familias de estos pacientes que suelen sufrir las consecuencias de su suspicacia y sus proyecciones; la forma secreta y pasiva con la que algunos familiares reaccionan a veces a la suspicacia y a los celos anormales del paciente, no hace sino incrementar dichos sentimientos y el clínico ha de informar y orientar en este sentido. 

Es muy posible que los aspectos caracteriales del TPP sean los más sensibles a las intervenciones psicoterapéuticas; la hipervigilancia y la restricción afectiva parecen responder mejor a la reestructuración cognitiva y al estudio del proceso de la información sensible por parte del paciente; la hipersensibilidad a la crítica se aborda mejor en el contexto interpersonal. 

Más información en esta entrevista realizada a la Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo en el programa de radio MuryCía de Onda Regional de Murcia: http://www.orm.es/programas/murycia/murycia-fundacion-cattell-psicologos-3/



Fuentes consultadas: 
DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la American Psychiatric Association [APA], 2014)
CIE-10 (Clasificación Internacional de las Enfermedades, de la Organización Mundial de la Salud [OMS], 1994)
Tratado de los Trastornos de la Personalidad de Oldham, J.M., Skodol, A.E. Bender, D.S., Ed. Elsevier Masson (2007)
Trastornos de la personalidad. Evaluación y tratamiento. Perspectiva psicobiológica de Bernardo y Roca, Ed. Masson (1998)