domingo, 11 de noviembre de 2012

Unas palabras al hilo de: Año Europeo del Envejecimiento Activo y de la Solidaridad Intergeneracional, 2012


Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta 



                        







Hace unos días, mientras tomaba un té calentito en una cafetería del centro, leí, en el diario La Opinión, una entrevista que una periodista –Raquel Suárez- realizaba al Catedrático Emérito de Bioquímica y Biología Molecular, D. José Antonio Lozano Teruel. Por varias razones, me sentí cómoda leyendo ese pequeño texto. En el local, reinaba el silencio; anochecía, la gente, que había salido a pasear, comenzaba a recogerse. Me vinieron recuerdos de cuando tuve la idea de emprender la carrera de medicina. Desde niña, lo que más feliz me ha hecho y, todavía, me hace es el proceso de aprendizaje. Ya estaba trabajando como psicoterapeuta. Aparentemente, podía tratarse de una locura, desarrollando una labor profesional, con dos hijos y con treinta y tantos años, comenzar otra carrera. Sin embargo, esa es mi historia, mi filosofía de vida, un reto tras otro, proyectos nuevos. Me convalidaron la asignatura de Bioestadística y  me matriculé en Anatomía y Bioquímica. Esta vez quería investigar y aprender un poco más sobre los pilares físicos, somáticos, que sostienen al hombre. Como psicóloga clínica, he estudiado la mente humana y los mecanismos que la regulan. Mi intención era comprender qué principios bioquímicos y anatómicos se movilizan cuando nos emocionamos, cuando sentimos rabia, tristeza, empatía. Tuve la inmensa suerte de contar con dos profesores magníficos,  los catedráticos Doménech y Lozano Teruel. No falté a ninguna de sus clases. Una de las anécdotas que vino a mi mente tras ese primer sorbo de té –he decidido no esperar a tener nietos para empezar a expresarlas- es la que recuerdo con más cariño y emoción. Ocurrió un día que llegué a clase y encontré el aula vacía, algo bastante extraño, pues los alumnos recién ingresados en esta carrera suelen madrugar para reservar un buen puesto –a ser posible en primera fila- y pelear, si hace falta, por no perderlo. Esperé unos minutos, a las ocho en punto de la mañana hacía su entrada el catedrático. Los alumnos habían decidido no asistir a clase. Lozano Teruel me invitó a su despacho y expuso el tema del día magistralmente, como si todos sus alumnos estuviesen presentes. Yo tomé mis apuntes, sentada frente a su mesa y me despedí de él con una sonrisa.

Al leer la entrevista, una nueva sonrisa se dibujó en mi cara, hablaba sobre un tema que a mí me interesa particularmente. El titular decía: “Hay que fomentar la interacción humana y la sociabilidad entre las personas mayores.” “El investigador asegura que se deben buscar fórmulas encaminadas a conseguir un envejecimiento saludable.”

A lo largo de la entrevista, Lozano Teruel explica que en el proceso de envejecimiento interviene la genética, el medio ambiente y nuestros hábitos de vida. Y denomina ambioma al conjunto de los dos últimos factores. Actualmente, se sabe que existe una  gran interacción entre genoma y ambioma. Hay factores del medio ambiente que pueden producir cambios en el genoma. Situaciones de estrés mantenidas en el tiempo pueden ocasionar cambios epigenéticos sobre niños o jóvenes variando sus perspectivas vitales y las de su descendencia. Mi estimado profesor concluye esta entrevista, respondiendo a la pregunta que le formula la periodista acerca de qué mensaje le gustaría hacer llegar a las personas mayores. Él recomienda –de forma clara y concisa- establecer unos hábitos de vida saludable tanto en lo relativo a la alimentación, sueño, ejercicio físico, como en lo concerniente a la actividad intelectual y social.

Estando totalmente de acuerdo con el profesor, yo añadiría otro tema relacionado con el envejecimiento, de gran interés y que todavía no está suficientemente estudiado y es el que hace referencia al proceso de elaboración de un proyecto de vida para la jubilación.
Muchas personas se preocupan de preparar sus planes de jubilación, en términos económicos. Está claro que el primer objetivo es asegurar una subsistencia digna, sin embargo, no debemos olvidar que también hay que satisfacer las necesidades de realización personal. La jubilación marca individual y socialmente un punto de inflexión en el ciclo vital de las personas. Se trata de un momento en el que se abre un abanico de posibilidades, se cuenta con un tiempo y una energía que antes se dedicaba al trabajo. Pero se pierde una función social en la que reconocerse y desde la que relacionarse. Se ingresa en una nueva situación que genera incertidumbre y debido a estos cambios uno puede sentirse raro, percibirse distinto y pueden surgir dificultades en sus relaciones con los demás (pareja, amigos, vecinos, ex-compañeros de trabajo).

La jubilación, por sí misma no tiene por qué suponer un factor de riesgo para la salud de las personas. La concepción de la vida como un proceso que crece hasta el momento en que comienza a decrecer con la llegada de la vejez, sólo corresponde a la visión del hombre como máquina. Si entendemos la vida como biografía, su progresión es lineal. La vida es siempre proyecto de futuro y este proyecto existe en las personas que se han jubilado. No hay limitaciones de edad para las actividades creativas del ser humano y seguir teniendo un proyecto es vital. Muy importante para conseguir una buena adaptación a la jubilación es fomentar expectativas realistas, que se puedan llevar a cabo, dadas las circunstancias particulares de cada uno. Las actitudes y el modo en que son percibidas las nuevas situaciones que hay que afrontar ejercen una mayor influencia en la calidad de vida que los cambios en sí mismos. Por ello, mantener una actitud positiva, realista, activa ante esta nueva etapa, implicándose en nuevos quehaceres, desarrollando facetas de la persona, a las que, en otros momentos, no se les ha podido dedicar tiempo, estableciendo nuevos lazos afectivos, fortaleciendo los ya existentes, sintiéndose útiles a la sociedad, aportando sus conocimientos a los jóvenes, compartiendo sus experiencias o habilidades con personas que lo necesiten o que tengan sus mismas inquietudes son factores que potenciarán y favorecerán una buena entrada en el proceso de envejecimiento.



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