domingo, 24 de febrero de 2013

RESEÑA LITERARIA: NUBE ROJA, UN CUENTO DE NIEVES M. HIDALGO



Dr. Juan José Regadera
Psicólogo Clínico 
Psicoterapeuta


"Nube Roja, una jirafa aventurera" es el último cuento que Nieves Martínez Hidalgo ha publicado en este blog para disfrute de niños y mayores.



El cuento recoge, y yo destacaría -entre las múltiples facetas que aborda-, la singularidad de la influencia de los abuelos en la vida del niño (en este caso Nube Roja), y la capacidad en éstos (Nube Verde) para recrear un mundo mágico y rico en fantasía y creación de proyectos. No importa el horizonte cardinal del personaje (Oeste-Norte), lo verdaderamente importante, es la capacidad de aventura, la jovialidad deportiva con la que se enfrenta a las vicisitudes del camino.







Todos y cada de los personajes del cuento, incluido Oso Blanco, tienen una historia que contar y una subjetividad para mostrar.
Relatar la vida, encontrarse con ella y revivirla, es delatar la identidad.
¿Quién eres? preguntaría Oso Blanco. ¿Quién soy? se preguntaría Nube Roja. Precioso tesoro, difícil de encontrar para algunos, exuberante y explosivo para otros, nos diría Nube Verde. 





La autobiografía en el relato de lo vivido, al igual que el concurso “Atrévete a expresarte” que realizamos en nuestra página de facebook (http://www.facebook.com/cattell.psicologos), nos muestra qué cosas suceden con la vida de cada uno. Al tiempo, se comprueba que la invitación a narrar-se es una tarea que se nos resiste. 

Nieves nos hace una presentación acogedora y entrañable, mediante personajes simbólicos, de cómo las personas representan el curso de sus vidas y lo relatan. Narrar cuentos, expresarse mediante ellos, es el arte más difícil de la ingeniería mental imaginaria que sólo unos pocos son capaces de desarrollar con la delicadeza y el cuidado que la autora nos muestra en su escrito. 

Os animo a leer este cuento que ya tenéis publicado en este mismo blog.

Gracias por vuestra atención,

Juan José Regadera.
Psicólogo Clinico 
Psicoterapeuta.







Cattell Psicólogos en Murcia

Reseña Literaria. El Mutismo de Puri, un relato de Nieves M.Hidalgo

Por Dr.Juan José Regadera







Una vez más, Nieves M.Hidalgo, nos relata un cuento de trama policial y corte psicológico –en torno a los abusos sexuales en la infancia- en el que, a diferencia del clásico género literario policial o detectivesco, la motivación del relato no lo constituye la resolución del caso, más bien, la estructura narrativa queda abierta a la posibilidad de que el lector pueda imaginar parte del desenlace en su imaginación. 

La protagonista del relato, Puri, una niña que vive en primera persona los abusos sexuales de un pederasta, Arturo, resuelve con especial ingenio la situación traumática vivida. La autora del relato no entra en las consecuencias psicológicas de las víctimas infantiles de abusos sexuales – sobre este particular puede consultarse Jennifer J. FREYD: Abusos sexuales...- más bien se adentra en el laberinto mental del agresor, resaltando aspectos de su biografía personal y estilo de crianza.

Es estimulante la capacidad de indagación y observación, además de la intuición mostrada por la autora que nos acerca a un género que recuerda la novela policiaca estadounidense o novela negra. En su relato, no sólo se muestran los hechos y las investigaciones propias de un detective, sino que pone énfasis en la vida y en las motivaciones del delincuente y en sus raíces socioculturales y familiares –con especial mención a la tía abuela sordomuda que otorga a al relato un aire siniestro-.

Al igual que lo ocurrido con el género negro estadounidense que evolucionó de la novela policiaca a la novela fantástica, Nieves M.Hidalgo, nos sitúa en un nuevo escenario donde la protagonista –que, supuestamente, debería quedar marcada para toda su vida tras sufrir ese horrendo trauma-, por inverosímil que parezca, “consigue reírse mejor” que el propio delincuente y abusador Arturo.

Destacaría el talante deportivo –recordando a Ortega y Gasset-, a la hora de resolver los problemas de la vida que la autora trata de mostrar en sus relatos, por aquello de “quien ríe el último ríe mejor”. 

Sin duda un trabajo de una factura elogiable digna de un género épico y narrativo, apta para ser llevada al cine o la televisión. 

En cuanto a la protagonista, no quisiera terminar mi disertación, sin aludir a su épica personal capaz de sobreponerse al infortunio de las circunstancias; en palabras de la autora, la vida es dura y nos coloca en este “río que nos lleva”. Como elementos comunes a otros relatos de la autora, de idéntico o parecido desenlace, resaltaría el aforismo de Heráclito de que “nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”. Sus personajes, podrán dejarse atropellar por las circunstancias, pero resuelven airosos el desenlace de sus vidas a una situación que desde el exterior es vista como desgarradora, pero a los ojos y la mente de su autora es corregida con la imaginación y la jovialidad que a diario trasmite en su vida y en su profesión como psicoterapeuta. 

Juan José Regadera

RESEÑA LITERARIA: LAS LETRAS VOLADORAS, UN CUENTO PARA REFLEXIONAR

Ángel Martínez Rangel



















En este segundo cuento publicado por la editorial Nausicaä, queda reflejada la gran capacidad de Mª Nieves Matínez Hidalgo para la fantasía comprometida, elaborada con la fina sencillez y acusada profundidad que le confiere su manchega tierra natal.


Con el soporte imaginativo de las protagonistas, las Letras Voladoras, la autora nos aproxima a un mundo tan cercano como distante, tan problemático como complejo, por la irrupción de lo desconocido.

Las Letras Voladoras llegan de incógnito al pueblo de Punto y Coma, no buscan protagonismo, evitan que la sociedad contemple su presencia, pretenden pasar desapercibidas, difícil propósito por lo mucho que brilla el negro de su piel o el rubio claro de su pelo.

La fantasía y la imaginación, junto a la sencillez del estilo dan con la clave de la solución; serán los niños los que, con su habitual inquietud y deseos de aventura, desvelen un acontecimiento que el sacristán, por miedo a lo desconocido, había ocultado a sus vecinos.

Maria Nieves hace patente, en este cuento, la necesidad del diálogo como vía imprescindible para la solución de miedos o prejuicios infundados. La autora nos conduce a través de un sendero imaginativo, propiciado por su capacidad espiritual y su entrega profesional como psicóloga clínica y psicoterapeuta, hacia un portal donde confluyen diversas interpretaciones de la realidad, lenguajes diferentes con los que se comunican los seres humanos de las más variadas culturas. El diálogo alumbra una solución de compromiso, donde la colaboración pone de manifiesto la riqueza del intercambio.



Libro publicado por Editorial Nausicaä, 2005
Ilustraciones de Paloma Reverte
Mª Nieves M. Hidalgo

Acto de presentación del cuento Las letras voladoras
en el Museo Ramón Gaya de Murcia

Durante la presentación, Mª Nieves estuvo acompañada por Manolo Ortiz,
director de la editorial Nausicaä que presentó el acto y
Demetrio Barcia, catedrático de psiquiatría que hizo la presentación
del  cuento y de la autora.

Un acto de  presentación muy emotivo. Nieves M.Hidalgo
 acompañada por Demetrio Barcia y Juan José Regadera.



El museo Ramón Gaya de Murcia nos brindó una excelente acogida 




Agradezco a Demetrio Barcia, catedrático de psiquiatría, sus cariñosas y estimulantes palabras en este acto de presentación, a Manolo Ortiz, director de la Editorial Nausicaä, su apoyo y la excelente edición de este cuento, al Museo Ramón Gaya por su cordial acogida y a todos los que tuvieron el tiempo y el gusto de querer acompañarnos en este acto tan emotivo.





jueves, 21 de febrero de 2013

NUBE ROJA, UNA JIRAFA AVENTURERA

Nieves Martínez Hidalgo







     Érase una vez que se era una bonita jirafa llamada Nube Roja. 


Desde su primera infancia soñaba con viajar al Oeste y eso era debido a las muchas historias que su abuelo paterno le había contado sobre indios apaches, pieles rojas y pies negros. Aunque su preferida, la que Nube Roja pedía a su abuelo que le repitiese una y otra vez, era una en la que uno de los últimos indios mohicanos luchaba ferozmente contra un puma para salvar su vida y acababan rodando a la orilla de un río.



Cada noche después de que su mamá la tapase en su camita, la pequeña Nube Roja se imaginaba preparando su hatillo y lanzándose a la aventura. ¿Pero, cuándo y cómo lo haría?

No tardó mucho en decidirse, tan fuerte era el deseo de marchar. Sin embargo, tuvo que esperar a que se produjese la ocasión propicia. Y, por fín, se dió. Por la mañana, sin decir nada, comenzó con los preparativos del viaje. El día transcurrió bastante despacio. Tras recoger dos o tres cositas y envolverlas en una mantita de cuadros, salió, en mitad de la noche, a hurtadillas, intentando no despertar a sus padres. Como no disponía de linterna y la luna era menguante, al poco de salir del poblado buscó un lugar donde echar un sueñecito. 

Al alba, se desperezó y apoyando el hatillo sobre su cuello, comenzó a caminar por senderos de tierra y arena hasta que logró alcanzar una gran carretera. El cielo recién estrenado, un poderoso sol y una cortina de humo acuoso alzada sobre el asfalto, producían en nuestra amiga la engañosa sensación de estar dentro de una nueva dimensión. Desde la tarde de su partida, no había tomado agua y el sueño comenzaba a vencerla de nuevo. Descansó bajo el primer árbol que encontró y la despertó el frío del ocaso, una noche estrellada en la que Nube Roja con su cuello mucho más erguido que de costumbre y mirando hacia la luna, imaginó que todos sus deseos se hacían realidad en un futuro muy cercano.

A la mañana siguiente, continuó su marcha. Tan sólo había dado unos cuantos pasos, cuando un oso que viajaba en su camión frigorífico se detuvo con un estrepitoso frenazo ante ella y, sacando su enorme cabezota por la ventanilla, la invitó a subir.










Aquel camionero tenía una misión muy especial. Tenía que transportar y repartir un cargamento de verduras congeladas a varias ciudades y pequeños poblados del Oeste, donde, como todos sabéis, el fuego es infernal y no llueve en años, por lo que carecen de huertos, de árboles frutales y de verduras.
El oso le contó a Nube Roja algunas de las aventuras que había vivido en sus viajes, con tal entusiasmo que ni miraba los indicadores de la carretera. De este modo, cuando llegaron al cruce más importante, Oso Blanco, ese era su nombre propio, en lugar de girar hacia la izquierda, sin darse cuenta, continuó recto, hacia el norte.

La pequeña jirafa comenzó a sospechar que algo no marchaba bien en cuanto sintió que la temperatura descendía y que en el paisaje, que visualizaban a través de las ventanillas cerradas, ya no predominaban los tonos marrones y ocres, sino los verdosos y los blancos y que el horizonte aparecía recortado por irregulares cadenas montañosas, suavizadas por las sedosas copas de miles de abetos nevados.

Nube Roja le pidió a su amigo oso que se detuviese y descendió a trompicones del camión. Estaba confundida y rompió a llorar. El frío congelaba sus lágrimas saladas formando bolitas perladas que resbalaban sobre sus hermosas mejillas, cayendo y anudándose alrededor de su majestuoso cuello. Los animalillos que por allí se encontraban imaginaban que nuestra pequeña jirafa era una reina con un collar de diamantes, recién llegada desde el misterioso y lejano Oriente.
Nube Roja miró a su alrededor, multitud de lagos de heladas aguas transparentes dejaron perpleja a nuestra descompuesta jirafa que tuvo que sacar de su hatillo un pañuelo encarnado, que muy previsora había incluido en su equipaje para protegerse de las ventiscas del Oeste. Rápida como el viento colocó la pañoleta alrededor de su cuello para evitar que sus cuerdas vocales terminasen cristalizadas como sus lágrimas.













Oso Blanco se disculpó. No recordaba ningún otro viaje en el que se hubiese equivocado de dirección. Estaba tan a gusto relatando sus trilladas narraciones a la pequeña y boquiabierta Nube Roja que se había despistado. No le importó tener que hacer otros cien kilómetros para resolver su error y alcanzar su auténtico destino.
-Nube Roja, ¿Por qué tienes tanto empeño en conocer el Oeste?-Preguntó Oso Blanco, con el empeño en sacarla de su tristeza.
La jirafa le explicó que su familia, al ponerle un nombre tan peculiar como Nube Roja, sembró en ella una semilla que germinaría unos años más tarde. Y continuó contándole cómo su abuelo, llamado Nube Verde, se había criado en una tribu india que lo había encontrado en la orilla de la playa en la que solían pescar, junto a los restos del barco en que viajaba.
Mi abuelo se había embarcado con sus padres y compañeros del Gran Circo Africano hacia tierras americanas. Allí, miles de animalitos les esperaban con gran ilusión, pues nunca habían tenido la suerte de ver animales tan exóticos representando sus números de acrobacias, magia, etc. Mas, en  aquella ocasión, ninguno de ellos pudo asistir a sesión circense alguna, ya que una iracunda tormenta que izó olas de más de noventa metros de altura, de un solo bocado se tragó el barco, la tripulación y los pasajeros. El único que salvó la vida fue mi abuelo; su padre tuvo el tiempo justo para sujetarle con una soga a un baúl de madera y así llegó flotando hasta aquella playa de pálidas arenas. Permaneció inconsciente durante dos días, hasta que el rumor de lenguas extrañas le despertó. Abrió y cerró los ojos en milésimas de segundo. Estaba tan desorientado que se asustó al ver que se hallaba en un lugar desconocido, rodeado de seres irreconocibles. Creyó que se encontraba atrapado en una horrenda pesadilla.












Lo trasladaron al poblado en una camilla que armaron allí mismo con ramas y hojas de palmera y lo dejaron acostado sobre un camastro de paja en el interior de una de sus tiendas de lona decoradas con coloridas y vivas pinturas. Una bonita niña india se  acercó y, arrodillándose a su lado, le lavó la frente y le puso un paño, empapado en agua dulce, en sus labios. Al cabo de unas horas, terrorosas imágenes del naufragio torpedearon su mente y pudo comprender lo sucedido. Mi abuelo me contó que en aquel preciso momento su corazón se rompió llenándose de dolor y tristeza por la pérdida de sus padres y de sus compañeros de circo. Para alegrarle y como bienvenida, los indígenas le hicieron una fiesta y le pusieron un nombre indio, Nube Verde, por haber sido premiado con una nueva vida, tras la noche de la gran tormenta, en la que la bóveda celeste se vistió con una capa de color aceituna. 














Cuando mi abuelo pudo ponerse en pié y caminar, le fueron enseñando sus costumbres, sus bailes, la forma de hacer arcos y flechas; aprendió a leer mensajes ocultos en las estrellas las noches de luna llena, a orientarse en el bosque sirviéndose del lenguaje de las aves, del color de las hojas de los árboles y destacó por su habilidad a la hora de comunicarse con señales de humo con indios de tribus que habitaban en poblados enclavados al otro lado del Gran Cañón del Río Chocolateado.















Un día, mi abuelo, a pesar de lo bien que se encontraba con sus nuevos amigos, comenzó a sentir nostalgia, el deseo de volver a encontrarse y abrazar a sus familiares y amigos cobraba más fuerza. Así que tomó la decisión y con los ojos humedecidos y cargado de collares y otros regalos, se embarcó rumbo a su tierra natal. Desde el barco, les decía adiós con ambas manos, el corazón encogido y los pelillos de punta, también, pues tenía que reconocer que sentía miedo a que otra tormenta lo arrastrase a los confines de la tierra o a las profundidades marinas.

Cuando desembarcó en la costa africana, tuvo que caminar varios días hasta llegar a su aldea. Allí, todos reían y lloraban de alegría al reconocerle y abrazarle después de tantos años. Pensaban que él también habría perdido la vida en el naufragio. Les contó lo sucedido y todas las experiencias que había vivido. Conoció a la que sería mi abuela, se casaron, tuvieron hijos y varios años después, mi mamá me entregó a la vida. En agradecimiento a aquellos indios que a mi abuelo habían cuidado y acogido en su tribu como un miembro más de su familia y porque vine al mundo en un rojo atardecer de la sabana africana, me pusieron el nombre de Nube Roja.

A medida que me iba haciendo mayor, mi abuelo me ponía al corriente de las costumbres, los cantos de guerra, los ritos y las danzas de los habitantes de aquellas tierras lejanas que habían dado en llamar Oeste. Y lo hacía con tal magia, cariño y respeto, que cada noche, antes de ir a dormir, le rogaba que me volviese a relatar alguna de esas historias tan estimulantes.


El día de mi quinto cumpleaños, mis padres me comunicaron que habían creado una nueva compañía de circo y que, en breve, comenzaríamos a recorrer África con nuestros carromatos y nuestras carpas multicolores, sorprendiendo y haciendo sonreír a miles y miles de niños y a otros muchos animalitos. Nube Roja se puso contentísima y sólo hizo una pregunta:

-¿Qué pasaría si faltaba al colegio?.












Sus padres, sonrientes, le explicaron que con ellos viajaría Don Camello, maestro de primaria, y que habían habilitado uno de los carromatos para que pudiese impartir sus clases con toda la comodidad de la que disponían en su actual escuela.
Pasado un año, el director y todos los miembros del Gran Circo Africano, decidieron que sería una buena idea viajar a las Américas. En México tenían importantes contactos que les faciliarían la posibilidad de continuar con sus representaciones por casi todos los poblados de aquel hermoso país.
Nube Roja estaba muy contenta, ya os podéis imaginar porqué. Según le había explicado su abuelo, antes de iniciar su último viaje a la Estrella Polar, el Oeste americano estaba muy próximo a México. Así que imaginaba que, estando allí, un día podría hacer una escapada al poblado donde vivió Nube Verde.

Y llegó el día de la partida. En su corazón luchaban el miedo a esa travesía marítima que podría acabar con sus vidas y la alegría que le imprimía su espíritu aventurero. México estaba tan lejos que tuvimos que estar embarcados durante varias semanas. La parte negativa es que no había mucho espacio para corretear libremente y que los víveres se mantuvieron frescos poco tiempo, además el agua escaseaba. La parte positiva es que tuvimos tiempo para entrenar y perfeccionar nuestras habilidades para luego, en nuestras actuaciones, captar mejor la atención de todos los espectadores. Cada mañana, en la cubierta del barco, mientras Gran Hipopótamo practicaba su tiro con arco, Tigre Mojado saltaba cada vez más veloz a través de un aro en llamas, Puma Negro hacía delicias con sus juegos malabares y un grupo de perritos disfrazados de bomberos ensayaban una y otra vez un número cómico en el que salvaban a una seductora gatita blanca que se hallaba atrapada en su casita incendiada.

Un buen día, nos sacó de nuestros sueños, el vozarrón de Tom Guepardo, un viejo marinero, curtido por los vientos de los océanos. ¡Tierra a la vista! -gritaba con voz ronca.






En poquitas horas pisamos suelo mexicano y cargamos todo el equipaje en enormes carruajes.
Resultó bastante divertido trabajar y viajar como nómadas recorriendo aquel país. Tras las actuaciones nos reuníamos con algunos de los lugareños que nos contaban tantas y tantas cosas de aquellas tierras tan lejanas a las nuestras. Aprendimos mucho de aquellos niños, animalitos y mayores que nos visitaban cada atardecer.
El final ya casi lo puedes adivinar, amigo Oso. Durante semanas planifiqué mi escapada, sabía que si se lo decía a mis padres no me darían su aprobación, asi que preparé una cartita en la que les explicaba que les quería pero que ya era mayor para volar fuera del nido. Les mandaba besos, abrazos y sonrisas y en la postdata les recordé un antiguo proverbio que solía decir mi abuelo que, a pesar de todo lo experimentado, era muy optimista: "Si no hay noticias... buenas noticias". Cerré el sobre y lo coloqué bajo su almohada. Había llegado el momento de llevar a cabo mi sueño, Esta vez sola, me embarqué en una nueva aventura: viajar al Oeste. Y, precisamente, llevaba dos días caminando cuando me invitaste a subir en tu camión.

¡Qué historia tan emocionante! -Dijo Oso Blanco. Ya falta muy poco para alcanzar tu destino. ¡Mira el indicador de la carretera! ¡Cincuenta kilómetros más y llegamos! Comprendo que estés deseando conocer a todos los miembros de la tribu de la que tanto te ha hablado tu abuelo Nube Verde.

A Nube Roja, estos últimos minutos se le hicieron eternos y, aunque su amigo Oso Blanco pretendía distraerla con una animada charla, ella  ya no le escuchaba. Nube Roja intentaba beberse los kilómetros con la mirada. El corazón comenzó a latirle veloz, empezó a sudar y con el calor una a una fueron evaporándose las perlas escarchadas del collar que adornaba su hermoso cuello.

¡Fin de trayecto! -Exclamó Oso Blanco; y abrazando a Nube Roja se despidió de ella emocionado. ¡Qué tengas suerte, pequeña amiga de cuello largo!





Nube Roja, también conmovida, le dijo adiós agitando su pañuelo encarnado y abandonando el camino asfaltado, se adentró por una senda arenosa limitada por arbustos y cactus.
Tras dos jornadas de duro caminar, Nube Roja vislumbró a lo lejos lo que podrían ser señales de humo. Aceleró la marcha con el corazón dando saltitos y, silbando una de las melodías del circo, se encontró frente al poblado indio. Le recibieron con gran entusiasmo pues recordaban con mucho cariño a su abuelo Nube Verde y, al verle llegar, en principio pensaron que se trataba del anciano. Ella les contó cómo su abuelo le fue transmitiendo multitud de anécdotas e historias de estas tierras y de sus habitantes erguidos de piel morena. Respondió a todas las preguntas que le hicieron sobre él y les comentó que ahora nos sonreía desde la Estrella Polar en la que habitaba.

Nube Roja fue muy feliz con aquellos indios, tanto que decidió establecer su residencia definitiva entre ellos. Pensó en sus padres y recordó que les había dejado el proverbio: "Si no hay noticias... buenas noticias". Ellos no se preocuparían y respetarían su decisión.

Si, por casualidad, algunos de vosotros deseáis conocer a nuestra querida amiga Nube Roja, ya sabéis hacia donde tendréis que virar la embarcación de vuestros anhelos.
¡Felices sueños!



                                                                                         Ilustraciones: Ángel García Maciá
                                                                                         Cuento: Nieves Martínez Hidalgo




sábado, 16 de febrero de 2013

El camello y la princesa

Nieves Martínez Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta






















Érase una vez que se era un camello de dos jorobas. Absorto en sus pensamientos, nuestro amigo marchaba a paso ligero por una senda de polvo y arena. Iba en busca de un palacete en el que, según le habían contado, habitaba una princesa llamada Nîmemîres. 

Silbando, se adentró por un camino en la profundidad de un bosque de cedros, muy próximo a la ciudadela de Azrou, donde nuestro cuadrúpedo amigo había planificado pasar la noche. Atardecía, el graznido de un Ibis Eremita, más conocido como cuervo calvo, le sacó de sus ensoñaciones y fue consciente de que se había perdido. No sabía qué hacer, recordaba que su papá le había dicho que si algún día se encontraba en esta situación debería subir a un lugar bien alto y desde allí otear el horizonte y orientarse, pero de momento no veía ningún cerro; otra de las sugerencias consistía en mojarse con saliva una patita y levantándola ver de qué lado venía el viento; ¡qué pena! allí, rodeado de árboles no percibía el movimiento de una sola hoja. Continuó dándole vueltas y más vueltas a la cabeza, tantas que se quedó dormido. 

Con los primeros rayos de sol, se despertó. Tenía la boca seca y recordó que se hallaba perdido. Se desperezó y, muy optimista, se dijo a sí mismo que esa mañana, con la luz y la energía de un nuevo día, encontraría la salida. De repente y con gran alegría, divisó, a lo lejos, cómo se aproximaba la figura de un hombretón a lomos de una burrica. No tuvo paciencia para esperarle, así que echó a correr hasta alcanzarle.





-Buenos días, señor campesino, ¿podría indicarme cómo llegar al palacio de la princesa Nîmemîres?
-Mmm, buenos días, señor camello, ¿de verdad, quiere ir a ese palacio? ¿lo ha pensado bien o acaso no ha escuchado los rumores? En fin, si pone tanto empeño, usted sabrá. ¿Ve aquella senda, al fondo? -le contestó el lugareño-; cuando llegue a ella, sígala hacia delante hasta encontrar una colina que  tendrá que subir y bajar tres veces. En cuanto haya descendido por tercera vez, la montaña se abrirá partiéndose en dos. En ese  preciso instante aparecerá un  arco dorado, a través del cual podrá acceder al palacio. Al adentrarse en su interior, tenga mucho cuidado con lo que hace o dice, pues en el castillo vive una malvada princesa que, llegada la ocasión, hasta podría ordenar que le cortasen la cabeza de forma inmediata.



El camello no quedó muy convencido de las explicaciones recibidas, pero eran tantas las ganas que sentía por llegar, que, sin pensarlo mucho, le dio las gracias y se despidió. Trotó durante tres horas hasta la colina y, sin detenerse, la subió y la bajó tres veces.
-¡Grrr...increible!- gruñó el camello emocionado, al comprobar que el sortilegio que había mencionado el campesino realmente funcionaba. 
Atravesó el arco dorado y se quedó embelesado ante la enorme belleza de la edificación. El palacio era magnífico y estaba coronado por diez torreones acabados en sendas cúpulas acebolladas de alegre colorido. Una vez hecha su entrada en el recinto real, los asistentes de la princesa le hicieron sentarse en una sala junto con otros camellos, patos, leopardos y elefantes que, como nuestro querido amigo, esperaban a que les fuese concedida una audiencia.






Cuando, por fin, le llegó el turno al protagonista de nuestro cuento, éste se acercó al trono y, haciendo una elegante reverencia, dijo:
-Princesa, le traigo unos obsequios... 
Hablaba con voz temblorosa, pues en esos minutos de espera, había tenido ocasión  de comprobar que el campesino, con el que se había tropezado en su larga y accidentada travesía, llevaba razón en todas sus advertencias. Era cierto que la infanta trataba a todos los que le rodeaban con gran desprecio y crueldad.

-Ni me mires -dijo la princesa, sin dejarle continuar.
-Tengo que mirarle para hacerle entrega de estos presentes -le contestó, el camello muy sorprendido.
-Ni me mires -repetía, una y otra vez, la princesa.

El camello, confuso y avergonzado abandonó el palacio, dejando allí los regalos.

-Retirad de mi vista todos esos paquetes -dijo, con tono despectivo, la princesa a sus lacayos. De repente, cuando ya se marchaban, les hizo detenerse en seco. Algo había llamado su atención. ¿Qué podría ser?

-¡Alto, aguardad un momento!. Acercadme ese cofre de ébano y abridlo. Siento curiosidad por saber qué maravilla oculta en su interior.




La princesa miró dentro del cofrecillo y descubrió algo muy valioso.
-¡Un corazón de oro!¡Qué pieza más fascinante! -Comentó, alzando la voz.
Estaba tan emocionada que no pudo resistir el deseo de coger y apretar contra su seno ese pequeño corazón dorado.
-¡Oh, se ha quedado pegado a mi pecho! ¡No me lo puedo quitar! -Anunció con ansiedad la princesa.
Pasaron los días y aquel corazón no se despegaba de su piel, sino todo lo contrario, se fue hundiendo poco a poco en el interior de su cuerpo. La princesa estaba muy asustada, creía que aquella pieza que se estaba introduciendo en su interior, acabaría provocándole alguna enfermedad. Sin embargo, a ella no le dolía nada; al contrario, cada día respiraba mejor, se sentía más feliz y apreciaba que las personas con las que se relacionaba comenzaban a mirarle y a tratarle de una manera más cálida.





De todos modos, sus consejeros insistieron en que debía visitarla algún mago o especialista en el arte de sanar o aquello podría tener un desenlace fatal. 
-Su alteza recordará que, dentro de un año, tendrá lugar su coronación como reina y  será de vital importancia que disponga de una salud de hierro, para hacer frente a sus nuevas e importantes responsabilidades -Sentenció el gran visir del reino.
La princesa, por una vez en su vida, y, aún a pesar de que ella ya se encontraba mucho mejor, se dejó aconsejar y accedió a los deseos de sus ministros. 




Comenzaron a visitarla los mejores y más afamados doctores de su reino y de otros remotos lugares. Tras hacerle  decenas de pruebas y análisis, todos coincidían en  reservarse el diagnóstico, pues no le encontraban nada en particular,  mas, ya que habían venido desde tan lejos y para no sentirse inútiles y ridículos ante la princesa y su corte, le ofrecían sus extraordinarios remedios:

-Beber dos tazas de té verde en ayunas -Recomendó el mago llegado de La Meca, atusándose el bigote.
-Subir y bajar siete veces al día la escalinata principal de palacio -  Prescribió  un sabio que había viajado en alfombra mágica desde Estambul.





-Tomar, durante las comidas de mediodía, dos cucharaditas de sangre de águila real recién abatida por el mejor arquero del reino y recogida en copa de cristal -Recomendó con gran solemnidad el mago de Bohemia.
-Comer dos cuernos de caracol  cocinados al vapor, tres días y tres noches consecutivas. Esta es mi receta más valiosa -Dijo el mago holandés, con voz ronca por estar algo acatarrado.

La princesa Nîmemîres, en un arranque de buena voluntad asombró a sus consejeros probando todos estos remedios, bueno todos, todos no. Los cuernos de caracol le sentaban fatal y como le hacían vomitar fue incapaz de terminar el tratamiento.





Pasaron los días, y el corazón de oro desapareció bajo la nívea piel de la princesa sin dejar rastro alguno, sin que nadie pudiese hacer nada para evitarlo. 
Mas, en el reino observaron cómo la infanta Nîmemîres iba suavizando su carácter y comportándose con amabilidad, cariño y respeto hacia todas las personas que se acercaban a ella.

Una mañana, sus súbditos decidieron entregarle un presente guardado en un precioso estuche, en agradecimiento a ese cambio de actitud. Cuando la princesa deshizo el lazo de seda que decoraba la caja de nácar y pudo alzar la tapa, no encontró joyas, ni tesoros, solo un pergamino enrollado. Desplegándolo, comenzó a leer en voz alta. Sus ojos se llenaron de diminutas perlas plateadas que fueron deslizándose por las mejillas de su sonrojada cara. Así fue cómo descubrió que el camello de dos jorobas era un mago que los ciudadanos de su reino habían enviado con la intención de que un cambio en su agrio, consentido y déspota carácter fuese operado. 
A partir de aquel día, hasta el nombre de la princesa fue cambiado y desde entonces y en todos los rincones del planeta a los que esta historia ha llegado, a la princesa Mirabien todo el mundo ha respetado.


                                                          



ESCUELA DE PADRES: Maltrato Escolar:-2 ¿Qué es la Victimización Secundaria?

Nieves Martínez Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta
















En algunos centros educativos se opera la ley del silencio en torno a los casos de acoso escolar. La posibilidad de que aparezca un caso de este tipo de violencia se percibe como una mancha en el buen expediente del equipo docente y directivo, del colegio o instituto. Por este motivo, muchos padres perciben la indiferencia e incluso la postura defensiva de la institución ante su demanda de ayuda. Y es aquí donde comienza el proceso de victimización secundaria. El niño o adolescente víctima del acoso es cuestionado, una y otra vez, en su versión y culpabilizado al hacerle dudar acerca de la veracidad, exactitud o exageración de las agresiones.

A ello se suma el error básico de atribución, presente en la victimización y según el cual, tanto padres como profesores tienden a responsabilizar al niño víctima de acoso de lo que le ocurre. Sirvan como ejemplo estas frases: "es que no sabes defenderte", "seguro que has hecho algo para que te traten así", "no sabes relacionarte con los demás", "esto te pasa por ser un cobarde", "si cambiases de actitud dejarían de meterse contigo", "si te gustase el fútbol no se reirían de ti", "es lógico, como les contestas mal, ellas te dan de lado". 

Estamos cometiendo un error de atribución cuando le atribuimos al niño o adolescente rasgos, características de personalidad, carencias, limitaciones o actitudes, que le hacen merecedor de tales agresiones o humillaciones.

Cuando un niño, una niña, un adolescente, se atreven a denunciar que son víctimas de acoso escolar, hay que intentar que la instrucción del caso no se convierta en un proceso contra él. No se trata de comenzar a investigar la personalidad o habilidades sociales del chico o la chica que han solicitado protección, sino de confirmar la existencia de las agresiones o vejaciones de las que la víctima ha informado que ha sido objeto e intervenir para que no se sigan produciendo. 




En este vídeo que dura menos de un minuto, las imágenes hablan por sí solas, sin recurrir a la violencia explícita. 
La violencia, bien como conducta de relación o como método de resolución de conflictos entre las personas, provoca consecuencias nefastas y destructivas, tanto físicas como psíquicas. Cuando la violencia afecta a niños o adolescentes, la malignidad es mayor, ya que cualquier niño o niña testigo de un acto violento, además de sufrir una consecuencia dolorosa inmediata, interioriza una experiencia negativa mediante la que aprende el mecanismo de la conducta violenta. Muchos de estos niños acaban pensando que en este mundo lo que realmente funciona es la ley del más fuerte.

Este vídeo nos muestra cómo, a veces, con un simple gesto podemos ayudar a ese chico o chica, niño o niña que está siendo acosado por uno o varios de sus compañeros de colegio o instituto.

Padres, profesores, instituciones educativas, psicólogos, pedagogos y los propios alumnos, todos somos responsables de la existencia del acoso escolar, por lo que nuestro compromiso debe ser informar de su existencia y contribuir a su erradicación, formando en valores como la solidaridad y la empatía, capacitando a los alumnos con nuevas habilidades y herramientas integrándoles en talleres de resolución de conflictos, de expresión de emociones y de comunicación, entre otros, apoyando a esos niños que están siendo objeto de abuso, haciéndoles sentir que les creemos y les comprendemos y que vamos a intervenir de la forma más adecuada para solucionar el problema y que recupere la tranquilidad a la hora de ir a clase, la concentración en los estudios y la confianza en que podrá tener amigos y relacionarse con sus compañeros de manera satisfactoria.






Fuente del video: www.friends.se


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domingo, 10 de febrero de 2013

¿Es la psicología la hermana tonta de la filosofía? De cómo el psicólogo que sólo sabe psicología, ni de psicología sabe

Juan José Regadera Meroño
Doctor en Psicología








Son de agradecer los comentarios y la cuestiones de interés que sobre la investigación de tesis doctoral han escrito algunos lectores en el enlace: 





http://www.psiquiatria.com/documentos/psiq_general_y_otras_areas/otras_areas/tesis/6876/  con motivo del “I Concurso Literario Autobiográfico Atrévete a Expres-Arte” que nuestra Clínica Cattell Psicólogos ha organizado en Facebook. Para responder a las preguntas que se me han formulado sobre mí formación académica y orientación psicoterapéutica es necesario reubicar mi trayectoria personal y biográfica, generación de 1970, en el contexto histórico económico, social y político que es donde verdaderamente se desarrollan los problemas de la vida.


Recientemente una amiga recordaba que siendo estudiante de historia, una profesora bromeaba con ironía de la creación, en el año 1970, de la sección de psicología dentro de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid; “ha nacido la psicología –decía la profesora-, la hermana tonta de la filosofía”. Mi amiga insistía que aún a día de hoy no entendía la ironía de la educadora. Traté de despejar su duda con un conocido aforismo que bien podría ser el eslogan de formación de todo psicólogo que se precie: “El psicólogo que sólo sabe psicología, ni de psicología sabe”. ¿Qué podrían tener en común un psicólogo y un filósofo para que la profesora de mi amiga ironizara con tanta dureza? Podría ser que la preocupada profesora dudara de la psicología en cuanto a su labor de crítica social que la filosofía sí realiza. Desde este punto de vista, la profesora no iba mal encaminada, “la psicología se hace la tonta” cuando no desarrolla una sociología crítica, cuando ella misma no hace autocrítica, tanto del saber-psicológico que se desarrolla en las instituciones, como de la función-profesional desempeñada por los propios psicoterapeutas. La profesora de mi amiga, profetizaba sobre la posible actitud conservadora de la recién nacida psicología.


Según Ortega y Gasset, la vida se compone de vocación, circunstancia y azar. En mi caso, la vocación me llegó imitando a Miguel Hernández y a Sócrates, me seducía la habilidad de Sócrates por “sacar a la luz las ideas que llevamos dentro”. En otoño de 1975, la circunstancia me llegó cuando con 15 años pude colarme en las primeras clases de psicología impartidas en el Campus de la Merced de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Murcia. El azar se mostró, de nuevo en otoño, en 1983. Conocí a Nieves M.Hidalgo, a su lado surgieron proyectos académicos, profesionales, amistosos y artísticos.  Nuestro primer proyecto en común, “La influencia de los valores en el arte” (trabajo de clase no puntuado por el profesor dado escaso rigor experimental y metodológico y que fue reelaborado diecinueve años después en formato de tesis doctoral) ha terminado por convertirse en eslogan de nuestra clínica “el arte de hacer psicoterapia”.

Los chicos y chicas de los años 70, tuvimos una juventud renacentista marcada por el interés que tenían las Ciencias Humanas (Filosofía, Antropología, Sociología, Pedagogía). Compartíamos el legado de Unamuno de que “nada de lo humano nos era ajeno”, pudimos disfrutar del mayor concierto benéfico de toda la historia –“Concierto para Bangladesh”-;  de la música y de la filosofía “Punk”-; de la crítica social visionada en el cine sobre temas de enajenación –“Alguien voló sobre el nido del cuco” de Milos Forman; “Quadrophenia” de The Who-, de alienación – “La naranja mecánica” de Stanley Kubrick-. Supimos del precio de la libertad –“escándalo Watergate” (dimite Richard Nixon)-; de los símbolos de poder –construcción de las Torres Gemelas de New York; de la fuerza de la acción política –la Revolución de los Claveles que acabó con la dictadura en Portugal-; de la llegada de la democracia a España.





La atmósfera intelectual y humanística que respirábamos marcó mi curiosidad por los valores inconscientes y la relación de éstos con los valores conscientes, y de cómo ambos influencian en el proceso psicoterapeútico de la personalidad, la depresión y la ansiedad. Cuarenta años después, los valores humanos vuelven al epicentro de la cuestión. Las Torres Gemelas han desaparecido, el caso Barcenas (junto a más de 400 políticos imputados) pone en peligro la democracia en España, y Urdargarin, a la casa real española. Europa en su conjunto vive la mayor crisis económica y financiera de su historia. La comparación con los años 70 podría ser interminable. En este contexto social me  surgen dos preguntas: ¿hacemos mal los psicólogos en reconsiderar la naturaleza de los problemas de la vida cotidiana en su raíz social, cultural, ambientalista y ecopsicológica, como modo de estar en el mundo y no tanto como entidades naturales de carácter neurobiológico, biológico y epigenético –todo ello sin menoscabo de estas instancias? ¿La psicología debe dejar de ser “la hermana tonta de la filosofía” para convertirse en una ciencia equiparada a lo que serían las ciencias naturales, o más bien la psicología debería utilizar el sentido común y hacer que las personas reconsideren su trayectoria, sus asuntos y el horizonte de sus vidas?







Si pudiésemos contemplar un problema puntual (local) de un modo global, y al revés, un problema global localmente, sería más fácil utilizar el sentido común, llámese también, sentido práctico, mundano o genérico que todos poseemos para no escatimar esfuerzos de cara a desenmascarar los asuntos de la vida cotidiana de todas las mentiras, engaños y autoengaños en los que caemos. Considerado así, ¿no sería el autoengaño una forma inteligente, en apariencia, de arreglar los asuntos de la vida diaria? Aquí de nuevo, la psicología debe dejar de ser “la hermana tonta de la filosofía”, porque aunque “el corazón tenga sus razones que la razón no entienda”, al mentirnos a nosotros mismos podremos salvar las apariencias y tener una salida exitosa. Sin embargo, la disarmonía entre ¿cómo soy? y ¿cómo me gustaría ser? en relación con nuestro esquema de valores tendrá un coste que denominaremos “la sociedad neurótica de nuestro tiempo”.

Teniendo en cuenta que los problemas de la vida cotidiana son inherentes a la condición humana, y, por lo tanto, todos los padecemos, podríamos hacernos una nueva pregunta: ¿qué convierte un problema de la vida en un problema psicológico?

Un problema de la vida se convierte en psicológico cuando para resolverlo necesitamos realizar un esfuerzo contraproducente. Un problema psicológico no es algo que tengamos dentro de nosotros, en la cabeza, en el cerebro o en la mente. Al mantener un esfuerzo permanente, nuestra atención se desplaza a un gran número de síntomas que van desde las quejas físicas, en apariencia corrientes, a sentimientos de rabia, rencor, odio, tristeza, insatisfacción, preocupación, desasosiego, rumia de pensamientos, desesperación, incertidumbre, miedo, etc. Las personas que solicitan nuestros servicios desean mejorar su autoestima, fortalecerse y pensar en cosas buenas tratando de ser positivos y de sentirse optimistas (todas ellas estrategias de la psicología positiva y de otro tipo de psicoterapias). Sin embargo, hoy día, las nuevas técnicas psicoterapéuticas, como la Terapia de Aceptación y Compromiso, lo que intentan es desalentar a la persona en su empeño de pensar en positivo desenmascarando sus verdaderas preocupaciones, enfrentándolos a sus verdades existenciales, fortaleciendo su yo en “las duras y en las maduras”, mejorando su flexibilidad y un conocimiento de sí mismos que les permita tomar decisiones y resolver los problemas de la vida diaria.



En nuestro trabajo, no prometemos “jardines de rosas”, y sí, animamos a no sentir miedo de reconocer las “desdichas ordinarias que constituyen la vida”. Enseñamos que si uno acepta y se compromete a ver las cosas de este modo la vida transcurre mejor y se goza de mayores momentos de bienestar.  Para conseguirlo debes distanciarte de los síntomas de malestar e intentar transcender tus propios límites y barreras a través de la imaginación, la conexión con la naturaleza, el idealismo y la intuición. Animamos a ir más allá del momento presente a través de metas, objetivos y propósitos, hacia un nuevo horizonte de vida basado en valores cargados de sentido y significación personal.

En resumen, nuestra labor es atender y entender a las personas que enredándose en sus síntomas no logran eliminarlos, fortaleciendo su compromiso de actuar en una dirección de valores con el fin de reorientar su vida para recuperar el sentido del yo en el contexto de la relación con los demás. El planteamiento de nuestros estudios se caracteriza por un enfoque multidisciplinar que integra la psicología con la perspectiva histórica-cultural, la antropología y la filosofía fenomenológica-existencial en la línea de Husserl, Heidegger, Unamuno, Ortega, entre otros, sin dejar de lado, como decíamos más arriba, la biología, la epigenética y la neurobiología, todo ello con base en la terapia contextual. De este modo, los problemas que tratamos son revisados en psicoterapia desde sus raíces culturales y aspectos filosóficos, a saber “estar-en-el-mundo” como forma de vida, la relación de uno con el mundo y el sentido común necesario para tratar con el mundo.  Desde el punto de vista terapéutico, nuestra tarea es la de proponer un modelo de trabajo unificado entre psicopatología y tratamiento que englobe la naturaleza contextual e interactiva en la que se dan los problemas de la vida, contemplados éstos en la vertiente psicológica, filosófica e histórico-cultural en la que se producen. Este carácter interdisciplinar en el que debería desarrollarse toda labor terapéutica nos ha conducido a incorporar las neurociencias, las ciencias sociales y las humanidades (filosofía, literatura, historia, cine, música, etc.) a nuestra práctica  diaria como si de un solo enfoque terapéutico se tratara.


Dr. Juan José Regadera, especialista en psicología clínica
Psicólogo europeo especialista en psicoterapia y psicoterapeuta acreditado
Diréctor Técnico Facultativo Clínica Cattell Psicólogos, Colg nº MU-00238
Web: http://www.cattell-psicologos.com
Email: juanjoseregadera@cattell-psicologos.com