domingo, 5 de mayo de 2013

ESCUELA DE PADRES: CÓMO SER PADRES Y MADRES SIN MORIR EN EL INTENTO


Nieves Martínez Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta




Ser padre o madre es algo que dura toda la vida. No te puedes borrar o "desapuntar" como dicen los niños, aunque sean muchas las veces que lo deseas con todo tu ser. Se trata de una de una de las vocaciones o profesiones más difíciles de llevar a la práctica. Llueva, truene o caigan rayos de punta -como decía mi madre-, tenemos que estar ahí; con fiebre, miedo o dolor de estómago, ahí tenemos que estar. Siempre atentas a las necesidades de nuestros hijos, cuidándoles, dándoles amor y cariño, haciéndoles ver cuando se equivocan en algo, inculcándoles valores, estimulando su creatividad, su imaginación, su fuerza de voluntad, respetando sus espacios y sus tiempos y enseñándoles a respetar los nuestros; dialogando con ellos sobre lo que les preocupa; siendo un poquitín cansinas o cansinos, pero solo un poquitín para no aburrirles... Luego con el paso del tiempo se van haciendo mayores y, a veces, hay que darles un empujoncito para que se atrevan a volar solos....




Los amigos, vivir aventuras fuera del nido, les ayuda a crecer




Nuestro trabajo "no tiene precio"... quizás por ello pasa desapercibido en muchas ocasiones; en otras es friamente criticado. Sí, somos padres y madres, pero también somos personas y como tales llegamos a ese hermoso y duro oficio de la paternidad-maternidad con limitaciones y cometiendo algunos errores. Aprender a ser padre o madre es una importante tarea que se desarrolla día a día, reflexionando sobre los errores y tomando decisiones respecto a la postura o actitud a adoptar ante nuevas situaciones. Cuando maduramos como seres humanos, maduramos en la función paterna, pues la relación con los hijos se teje con los mismos hilos que cualquier otra relación: autoconocimiento, respeto, empatía, cordialidad, asertividad, comunicación, responsabilidad, compromiso, alegría...

Decía Erich Fromm que la tierra prometida -símbolo materno- estaba "plena de leche y miel". La leche es el símbolo del amor en cuanto a cuidados y afirmación, la miel simboliza la dulzura de la vida, el amor por ella y la felicidad de estar vivo. La mayoría de las madres y de los padres pueden proporcionar leche, pero sólo algunos pocos son capaces de dar miel también. 



Los abuelos, un gran apoyo afectivo
para los niños



¿Y qué necesitamos las madres y los padres para poder dar miel a nuestros hijos?


No basta con ser buenos padres, tenemos que ser personas felices. Cuando nosotros como seres humanos nos sentimos realizados, cuando contamos con nuestro propio proyecto personal y no permitimos que todo el peso de nuestros sentimientos de felicidad y satisfacción recaigan en el comportamiento, actitudes, salud y rendimiento académico de nuestros hijos, es cuando realmente estamos en condiciones de aportar ese manjar producido por las laboriosas abejas y podremos bañar a nuestros hijos en dulce amor y deseos de vivir, pero de vivir en letras mayúsculas, sintiendo y disfrutando cada paso que vayan dando, aunque les lleve un esfuerzo.

Si bien es cierto que la miel escasea, y que, a veces, los padres y las madres utilizamos edulcorantes -léase: regalitos para compensar- que suavizan la situación, también es verdad que casi siempre lo hacemos con mucho amor. Sabemos que no hay excusas cuando se trata de acompañar en la infancia... pero tampoco podemos morir de culpa en el intento. Los padres y las madres también tenemos que saber perdonarnos por nos ser "perfectos", pues son muchos los frentes que tenemos que atender en esta estresante sociedad en la que nos hemos empeñado en vivir.

Bien, pues a pesar de todo ello, lo importante es querer ser padres, desear de forma auténtica la maternidad o paternidad y no como una etapa más descrita en el guión social que hay que cumplir para no "ser" "menos" que los demás. 

Aunque contemos con esas imperfecciones de partida, con amor, voluntad, deseo y persistencia podemos conseguir ser padres y madres equilibrados y sanos, capaces de establecer profundos vínculos emocionales y afectivos con nuestros hijos que les permitan crecer sabiéndose queridos y cuidados dentro de un marco de libertad.















Cattell Psicólogos en Murcia

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