viernes, 20 de junio de 2014

NOSOTROS Y LA TRANSEXUALIDAD II: ¿Por qué es Importante Respetar la Identidad de Género en los Niños?

la transexualidad, silencio y dolorMª Nieves M. Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta



'Si permitimos que 
el niño sea quien es,
le estaremos evitando 
años de sufrimiento,
angustia y dolor'






Somos seres sociales, por lo que somos sensibles a lo que los demás piensan de nosotros. Muchos padres se apoyan en esto para educar a sus hijos. Educamos en la normalidad, en el seguimiento de unos patrones que determinan lo que es correcto o está bien hecho y lo que está mal o es incorrecto. Las personas queremos ser normales y queremos ser aceptadas. Pero, ¿a qué precio? ¿Pagaremos el precio de ocultarnos, de camuflar nuestra verdadera identidad con tal de no sufrir el desprecio de los que nos rodean, de aquellos que dicen que nos quieren? Esto todavía es más duro cuando nos referimos a niños y niñas. ¿Cómo van a gestionar su miedo a no ser queridos a tan corta edad? ¿Se atreverán a compartir sus sentimientos con padres, compañeros y maestros?

Mucho se ha avanzado en la normalización social de la homosexualidad, pero la transexualidad sigue siendo vista y entendida con cierto recelo, hasta el punto de que sigue siendo considerada como una enfermedad mental. Ante la falta de información general y de protocolos médicos de actuación, en particular, hay muchísimas familias que no saben cómo intervenir cuando uno de sus miembros está ante esta situación. Se sienten culpables y no saben qué recursos existen. Si se deciden a acudir al pediatra, lo normal es que este profesional de la salud se muestre perplejo, pues posiblemente no haya escuchado jamás hablar de la transexualidad en la infancia, no creerá que un niño con 4 años sepa con tanta seguridad que el médico que atendió en el parto a su mamá se equivocó al certificar el nacimiento de una niña.

Ante la poca credibilidad que se le concederá al niño, tendrán que con firmeza actuar los padres, para que el pediatra se tome en serio el problema planteado, no ponga en duda los sentimientos del niño, ni se le avergüence con preguntas que no vienen al caso y les derive a la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil.

Una persona nace transexual y desde los tres o cuatro años que es cuando se cierra la interiorización de la identidad, comienza a expresarlo con palabras. Por eso, cuando un niño dice que es una niña o al revés hay que prestarle atención, escucharle. Nunca insistirle en que no sabe lo que dice, que todavía es muy pequeño, o que su identidad puede cambiar cuando llegue a la adolescencia. El pediatra debe acompañar a las familias, apoyarlas para que normalicen la situación de su hijo, aconsejarles que faciliten el desarrollo de la personalidad de una manera libre y sin represión, escuchar sus sentimientos y no mirar para otro lado.

El pediatra debe orientar a los padres e indicarles, si él no está preparado en estos temas, que vayan a un psicólogo infantil que si lo esté. Mejor que no intervenga si lo va a hacer mal o va a tientas, sin seguridad. Tampoco los debe confundir diciéndoles que quizás su hijo sea homosexual y por eso se pone zapatos de tacón y se pinta los labios. Hay que aclarar que una cosa es la orientación sexual y otra la identidad de género trans. Podemos ser chicos trans y que nos gusten los chicos, o ser heterosexuales o bisexuales. Una cosa es quién eres y otra quién te gusta o con quien mantendrías relaciones sexuales o con quien formarías una pareja o familia. 

Muchos padres se plantean si su hijo o su hija pueden estar equivocados, pero no es así, cuando desde pequeños se manifiestan de forma constante en esa identidad sentida y viven conforme a ese género y afirman que sus genitales no son los que deberían tener. Una niña de cuatro años recién cumplidos que he visto en la consulta nombraba sus genitales de sexo masculino como si fuese femenino y en el colegio prefirió hacerse pipi en el pantalón antes que entrar al baño de los chicos. La maestra ante este acto de rebeldía avisó a sus padres y fue en ese momento cuando decidieron consultar con el pediatra y posteriormente la acompañaron al psicólogo. La niña como he dicho tenía tan solo cuatro años pero desde que tuvo algo de autonomía, alrededor de los dos años, se ponía los vestidos de su hermana, jugaba con muñecas e incluso se ponía pinzas y diademas en el pelo. Se negaba a que le cortaran el pelo y le gustaba ponerse crema por todo el cuerpo como hacía su mamá. Cuando su padre o su hermano le animaban a jugar al fútbol se negaba. Ya sabemos que esto son manifestaciones de los roles sociales y por supuesto hay muchos niños que juegan con muñecas o que les gusta llevar el pelo largo y eso no quiere decir que tengan una identidad de género trans o una orientación sexual homosexual. Se puede ser niña en identidad de género cis, esto es acorde con su sexo biológico, pero masculina en la manifestación de los roles, y heterosexual en la orientación. Y quizás ahora sea un buen momento para hacer un paréntesis y aclarar estos cuatro conceptos que se suelen confundir:

1. La identidad de género es como te sientes respecto a ti mismo, es decir, la forma en que tu cerebro interpreta quien eres. No está ligada al sexo biológico. 

2. La expresión de género es cómo expresas tú género (se basa en los roles tradicionales del género). Incluye la forma en que te vistes, te comportas, etc.

3. El sexo biológico corresponde a las características físicas-biológicas que diferencian a los individuos a nivel sexual, incluyendo los órganos, hormonas y cromosomas.

4. La orientación sexual se refiere al tipo de persona hacia la que nos sentimos atraídos (física, emocional, espiritual y románticamente).


A la familia le cuesta encajar la situación, se han hecho a la idea de que tenían dos hijas, y ahora resulta que tienen una hija y un hijo, por ejemplo. En el caso que yo atendí, la niña tuvo una suerte enorme, pues todos los miembros de su familia aceptaron desde el principio su identidad de género trans, incluso sus abuelos, a pesar de ser tan mayores, recibieron con naturalidad la noticia. 
Sin embargo, y por desgracia, no suele ser tan fácil. Una gran parte de padres y madres sufren, se sienten culpables, piensan si no habrán favorecido ellos con alguna actitud que su hijo o hija tengan una identidad de género trans. Lloran, no saben cómo hacer para que su hijo no sufra el rechazo de su entorno más próximo, tíos, primos, compañeros de colegio o de instituto… tienen que pasar por un duelo, pues se tienen que despedir, decir adiós a ese niño y dar la bienvenida a una hija que no esperaban, o al revés.

Junto a este proceso de aceptación por parte de la familia de la nueva identidad de género del niño o la niña, hay que comenzar el tránsito en el ámbito de la medicina con el uso de bloqueantes hormonales (proceso reversible), para frenar el desarrollo de la pubertad, en el de la psicología infantil, con el asesoramiento sobre cómo hacer el pasaje a la nueva identidad dentro de la familia extensa, amigos y vecinos y en el área escolar, favoreciendo la integración del alumno en el aula y en el centro. Es muy importante que estos chicos no sean marginados y se integren de una manera adecuada en su entorno escolar. Normalmente, el psicólogo se pone en contacto con los tutores en el instituto o en el colegio, o entrega un informe a los padres con orientaciones para los profesores sobre el modo en que se puede tratar el tema en su clase. En algunos casos, se les llama por los apellidos para que no se sientan incómodos. Algunos quieren contarlo abiertamente en su aula y otros no. Por eso, antes de abordar el tema en público hay que reunirse en privado con el alumno o la alumna independientemente de la edad que tenga, y saber cuáles son sus deseos, necesidades o preocupaciones. Siempre hay que respetar la decisión de los padres y del alumno o alumna. El equipo de orientación y el tutor deben elaborar un protocolo de actuación dentro del plan de acción tutorial con el que se sensibilice y se facilite la normalización de esta situación tanto a nivel de padres, como de alumnos y profesores, evitando así posibles situaciones de rechazo, acoso y violencia escolar.

Para finalizar intervención, voy a referir qué es lo que podemos hacer desde el ámbito de la psicología. Por supuesto, no tenemos que llevar a cabo ningún tipo de terapia, ya que hemos dejado claro que la transexualidad no es ninguna enfermedad o trastorno mental.

Yo creo que nuestra responsabilidad como profesionales de la psicología es clara. Por un lado, facilitar los informes psicológicos necesarios para que en el colegio y en el instituto se aborde el tema con naturalidad y normalidad, por otro, facilitar informes para que los pediatras se sientan más predispuestos a prescribir los bloqueantes hormonales. Y con los niños o los adolescentes y sus familias intervenir cuando sea necesario y ellos lo soliciten porque se sientan desorientados o angustiados ante una determinada situación o porque deseen recibir orientación acerca de cómo afrontar ciertos temas. Hacer ver a las familias y a los propios interesados la importancia de estar conectados a través de asociaciones con otras personas o familias en las que alguno de sus miembros tiene una identidad de género trans, para que de este modo se sientan parte de la diversidad que existe en la naturaleza y que compartan experiencias, porque la unión hace la fuerza y, en este caso, es totalmente imprescindible continuar luchando unidos para hacer prevalecer los derechos de las personas con identidad de género Trans.




NOSOTROS Y LA TRANSEXUALIDAD I

la transexualidad en la infanciaDra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta




"El género está íntimamente relacionado 
con nuestra identidad, por eso 
es tan importante y saludable 
poder ser quien uno siente que es"






El tema de la transexualidad se abre paso cada día a través de charlas, cineforum, actividades diversas organizadas desde asociaciones y colectivos de personas que saben de la importancia de la información y conocimiento para acabar con el estigma, los prejuicios, la discriminación, las agresiones, el maltrato físico, psíquico, social y económico a que son sometidas las personas transexuales. Es muy importante la realización de campañas de concienciación y sensibilización y es prioritario llevarlas a cabo en escuelas de padres, colegios, institutos y universidades, ya que la ignorancia, el desconocimiento o la mala información existente acerca de qué es la identidad de género, la orientación sexual y la sexualidad y sus diferencias genera transfobia y dolor. Si desde niños se nos preparase mejor para saber de la existencia de la diversidad y del valor añadido que supone esta diversidad, creceríamos en aceptación, respeto y tolerancia hacia los otros, que por supuesto no son como uno mismo, porque cada persona es única e irrepetible, la originalidad del ser humano es enorme y eso nos enriquece a todos. 

Voy a dividir mi exposición en tres puntos que ocuparán tres entradas distintas

1. La transexualidad no es una enfermedad

2. La importancia de respetar los sentimientos del niño.

3. El papel del psicólogo en la transexualidad.


¿POR QUÉ LA TRANSEXUALIDAD NO ES UNA ENFERMEDAD?

¿Por qué considero que las personas que nacen con un sexo físico que no sienten como propio no padecen ni una enfermedad ni un trastorno mental?

Primero tendríamos que acudir al término enfermedad. Las enfermedades mentales o trastornos psicológicos son alteraciones de los procesos cognitivos y afectivos del desarrollo. Se puede tratar de alteraciones en el razonamiento, el comportamiento, en la facultad de reconocer la realidad o en la dificultad de adaptación a las condiciones de la vida. Estar enfermo significa que algo funciona mal, sufrimiento físico o emocional.

Las personas transexuales no tienen alteraciones ni dificultades para reconocer su realidad, tampoco para adaptarse a sus condiciones de vida. Es cierto que las personas transexuales sufren, pero no por estar enfermas o trastornadas mentalmente, sino por el rechazo social e incluso familiar que les discrimina, les aísla y les encierra en el profundo dolor de la falta de empatía, de respeto y de comprensión. 

Las personas que no se identifican con el género que socialmente se corresponde con el sexo biológico de nacimiento son consideradas como enfermas porque se parte de la idea errónea de que la identidad de género está determinada biológicamente por el sexo. Sin embargo, la transexualidad es una de las posibles formas del desarrollo de la identidad de género y, precisamente, pone en cuestión esa supuesta obligatoriedad de que el género y la genitalidad tengan que corresponderse, rompiendo la clásica dicotomía entre hombre y mujer. Sin embargo, el género está tan arraigado en nuestra forma de ver y entender el mundo que nos cuesta imaginar a las personas en abstracto, sin pensar en ellas como hombres o como mujeres.

Las personas somos seres simbólicos, hombres y mujeres creamos símbolos y categorías gracias a las cuales controlamos, prevenimos, nos preparamos y adaptamos ante hechos futuros. 

Catalogar a los animales y a las cosas materiales en determinadas clases no les afecta, pero hacer eso mismo con las personas si tiene consecuencias y bastante negativas. Si a una cebra la clasificamos como un animal herbívoro, no pasa nada; en cambio, si a una persona la etiquetamos como transexual algo ocurre en ella y en los que la rodean, porque la clasificación transexual la cosifica, hace que la persona individual, única e irrepetible, con su historia de vida particular, con sus talentos, sus valores y sus limitaciones quede oculta y encerrada dentro de una categoría determinada. Ya no vemos a Pedro o a Martina, vemos a un o una transexual y lo que ello significa: estigmas y prejuicios asociados. 

Las personas somos mucho más complejas que lo que puedan reflejar categorías como hombre, mujer, transexual, intersexual, bisexual, heterosexual, etc.

Es cierto que, en un primer momento, el modelo médico ayudó a las personas transexuales en un contexto en el que estas identidades eran consideradas perversiones y les dio legitimidad. Magnus Hirschfeld, médico y sexólogo, persona importante en el movimiento social en defensa del colectivo transexual, realizó las primeras operaciones de cambio de sexo a lo largo de los años 20 en el instituto para el estudio de la sexualidad de Berlín. Harry Benjamin, un médico discípulo suyo desarrolló, como endocrinólogo, tratamientos hormonales para las personas transexuales y, de hecho, este doctor fue quien utilizó y difundió el término de transexualidad, estableciendo los criterios para su diagnóstico. A principios de los 80 se publica el primer protocolo oficial para el tratamiento de la reasignación de género. En este protocolo se plantea que el diagnóstico debe ser realizado por un psiquiatra ya que se trata de un trastorno mental.

A lo largo de los años, las etiquetas utilizadas para clasificar la transexualidad han ido cambiando. En 1980 aparece en el manual diagnóstico de la asociación de psiquiatría americana (DSM) como trastorno de transexualidad. Hace 10 años, en el DSM-IV aparecía como trastorno de la identidad de género y en el último manual diagnóstico, el DSM-V, la transexualidad deja de ser considerada un trastorno mental, quedando, sin embargo, la secuela de Disforia de Género.

Clasificar a una persona psiquiátricamente es desvalorizarla, privarla de su humanidad y transformarla en una cosa. La etiqueta diagnóstica psiquiátrica impone al sujeto una identidad personal deficiente que lo identificará ante los demás y regirá la conducta de ellos hacia él y de él hacia ellos. De ahí la importancia del proceso de despatologización de la transexualidad. Los diagnósticos médicos sirvieron en un principio y sirven a día de hoy, para que las personas que soliciten reasignación de sexo lo consigan, pero no implican enfermedad o trastorno alguno. Sin embargo, existen personas transexuales que se plantean si esa patologización de una forma de ser y de vivir no se habrá vuelto en contra de ellas mismas.

En la actualidad, hay personas trans que, en sus propias palabras, prefieren morir en un quirófano a vivir en un cuerpo que para ellos es una cárcel, pero también hay personas trans que no consideran que su cuerpo sea un error de la naturaleza. Consideran que el error no se halla en sus cuerpos, sino en la mirada de los demás y prefieren amar y aceptar su cuerpo tal y como es. 

Mi pregunta es: ¿Por qué existe ese rechazo hacia las personas transexuales? Ese rechazo es el que hay que investigar y es una señal más de lo enferma que está nuestra sociedad, que lo quiere todo normalizado y adaptado a unos cánones de conducta, de belleza, a un estatus de vida y que dirige nuestras mentes a través de mensajes más o menos subliminales hacia el consumo compulsivo.




martes, 10 de junio de 2014

LA CALMA DE ORTEGA O LOS TRANQUILIZANTES

ante la angustia del existir, pon calma
Dr.Juan José Regadera
Psicólogo Clínico
Psicoterapeuta


Los famosos tranquilizantes, las sustancias que los componían eran denominadas atarácticos. 
Una persona angustiada que ha caído en un mar de dudas, puede no encontrar el modo de sostenerse y caer hasta el fondo. El fondo es la desesperación y para defenderse de esa desesperación y angustia puede recurrir a lo que antes denominábamos atarácticos. Porque a ese estado de ataraxia es al que pretende llegar la persona angustiada. Lo que pretende es no dejarse afectar por los problemas de la vida y por el hecho mismo de vivir. 

Pero existe un modo positivo de enfrentarse con la angustia y la desesperación sin necesidad de acudir a los tranquilizantes. Ese modo constructivo es lo que definiremos como 'la calma'. 

"La calma -nos decía Ortega y Gasset-, que él mismo briosamente se crea en medio de la congoja y el apuro cuando al sentirse perdido grita a los demás o a sí mismo ¡calma!" 

¿Qué debes hacer si mientras estás en el cine eres la primera persona que se da cuenta de que hay fuego en la sala? ¿Gritarías ¡fuego!? ¿Se lo dirías a todos los espectadores? ¿Darías la voz de alarma? ¿Comenzarías a correr como caballo desbocado? ¿O no harías nada?
Está claro, que lo correcto en estos casos sería emprender una acción que tratase de evitar el pánico y que resultase eficaz de manera inmediata, esto es avisar, sin alborotar, a la dirección o a al acomodador.

En una situación como la anterior, no es la angustia por salir de allí cuanto antes ni el sentimiento de desesperación de creer que no vas a poder contarlo, lo que nos ofrece una solución, sino esa "calma" que ni los propios ansiolíticos pueden proporcionarnos, la que supera y pone en ella orden. Es esa "calma", la que me ayuda a reflexionar y conocer qué debo hacer. Es la "calma" donde verdaderamente me humanizo, evitando pasar por encima de los demás ante la inmediatez del peligro. Es en esa "calma" donde tomo posesión de vida, y en efecto, existo. Existo como persona. 

La "calma" y no los tranquilizantes, me ayudan a conquistar de modo positivo "mi vida". Una vida, que en medio del invierno, lugar de tempestades y tormentas, en los momentos más crudos de mi existir, consigo, junto a ella, estando a su lado, que los vientos dejen de soplar.


#hazloporti
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lunes, 9 de junio de 2014

SON NECESARIOS LOS PSICOFÁRMACOS

la medicación puede ayudarte en el camino de la salud mentalNieves M. Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta
















La medicación, a veces, es necesaria, otras muchas no. Hay situaciones críticas en las que puede resultar útil y beneficioso seguir las pautas marcadas por el médico de familia o por el psiquiatra respecto a su prescripción psicofarmacológica. Por ejemplo, cuando una persona presenta un trastorno bipolar, el litio, como estabilizador del estado de ánimo, permitirá que la persona viva sin esos altibajos emocionales y podrá integrarse con normalidad en su vida social y familiar. De todos, modos, en los programas de acompañamiento ante problemas mentales graves, el psicólogo tiene un rol primordial, incluso en el tema de la medicación, pues favorece la adherencia al tratamiento. El entrenamiento en habilidades cognitivas, de resolución de problemas y de comunicación asertiva, son herramientas que facilitan el logro de una mayor madurez emocional y un aumento de la confianza en uno mismo y en los demás y conducen a un mejor afrontamiento y gestión de los conflictos emocionales, personales y sociales hecho que contribuirá a prevenir las recaídas.

Cuando sólo tomamos medicación, intervenimos poco en nuestra mejora psíquica, afectiva y emocional. Nos convertimos en sujetos pasivos y ponemos en manos de la química algo de lo que podríamos responsabilizarnos nosotros mismos: nuestro propio bienestar.

En numerosas ocasiones, las personas que nos visitan nos dicen que han intentado evitar consultar al psicólogo porque consideraban que su salud mental era cosa de ellos,  que era una cuestión personal que sacarían adelante sin ayuda. Retrasan la petición de asesoramiento psicológico, unas veces, por un orgullo mal entendido o una autosuficiencia defensiva, otras, por miedo a que se les etiquete como personas débiles o trastornadas.

Se está sobremedicando a la población, a los niños, a los adolescentes... Hay niños que no son hiperactivos, no tienen el TDAH. Tenemos que aprender, por un lado, que los niños son niños y que algunos son más inquietos o 'investigadores' que otros y que el pasaje por situaciones dolorosas no es negativo, sino todo lo contrario, nos ayuda a crecer, favorece el aumento de nuestra tolerancia a la frustración y nos permite poner en práctica nuestra resiliencia o capacidad de generar los medios necesarios para resistir, adaptarse y fortalecerse ante situaciones de peligro y estrés mantenido en el tiempo. Si cuando un chico con fobia escolar llega a consulta se le recetan directamente psicofármacos, ¿estamos actuando de forma adecuada? En mi opinión, no. Y no lo digo porque mi profesión sea la de psicóloga clínica y no pueda prescribir medicamentos, sino porque lo primero que hay que hacer es un estudio de la persona que acude al profesional solicitando ayuda. En el caso del chico con fobia escolar, habrá que averiguar primero qué circunstancias han provocado que no quiera asistir a clase. Los factores pueden ser desde la existencia de acoso y violencia escolar, pasando por un cuadro ansioso-depresivo debido a problemas intrafamiliares o la existencia de limitaciones intelectuales que provocan frustración y aversión al estudio, entre otros muchos. Por eso, antes de extender la receta con varios psicofármacos, que en algún caso excepcional pueden ser necesarios, hay que escuchar con atención a la persona que nos consulta, sea niño, adolescente o adulto.
El oído es uno de los instrumentales más potentes que los clínicos podemos y debemos seguir utilizando de forma prioritaria si queremos realmente comprender y orientar a la persona que solicita nuestra atención.


www.cattell-psicologos.com
#hazloporti


domingo, 8 de junio de 2014

10 ESTRATEGIAS PARA LA FAMILIA ANTE PROBLEMAS MENTALES GRAVES

la familia, agente terapeútico
Papel primordial desempeña la familia
en el ámbito de la salud mental
Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta












La familia tiene una gran importancia sobre el curso que la enfermedad vaya a tener, por lo que el papel de los familiares va mucho más allá de los simples cuidados. Dado que se ha comprobado que adoptar actitudes negativas hacia las personas con problemas psicológicos y hacia su enfermedad provoca una mayor número de recaídas, es vital reconocer qué actitudes son las que los familiares tienen que intentar evitar.

-Actitud crítica-hostil

En general, los familiares que mantienen este tipo de actitudes confunden frecuentemente las conductas y síntomas que son producto de la enfermedad (como la inactividad, el hablar solos, el descuido en el aseo personal) con comportamientos “voluntarios” del enfermo, y esto les lleva a emitir continuas críticas y comentarios negativos y descalificadores que crean un clima de gran tensión familiar y que, incluso, pueden favorecer la aparición de conductas agresivas o ansiosas. 
Comentarios como 'eres un gandul, ni trabajas ni estudias' son un ejemplo de este tipo de actitudes negativas.

-Actitud sobreprotectora-sobreimplicada

Hay familias que siempre están pendientes, pero de una forma excesiva y angustiante para el paciente; sin darse cuenta, les recuerdan que “son enfermos” y, de esta forma, les impiden desarrollar una vida normalizada, para la que están perfectamente capacitados.Tienden a creer que todo lo que venga de “fuera de casa” puede hacer daño al familiar al que están sobreprotegiendo.

Ejemplos de comportamientos sobreprotectores o sobreimplicados son:

- No facilitar que salga con amigos, o si lo hace, empeñarse en que les cuente qué ha hecho, dónde ha ido, con quién ha estado, de qué ha hablado… 
-Estar preguntando continuamente si ya ha tomado la medicación a una persona que es responsable y nunca se ha negado a tomarla,… 
-Poner obstáculos para que consiga un empleo cuando está en condiciones de trabajar y empeñarse en conseguir una pensión.
-Otra forma de manifestar esta sobreprotección es la que llevan a cabo algunos familiares que renuncian a su propia vida, dejando de salir o de realizar actividades de ocio fuera de la familia, y centran todo su tiempo y energía en su hijo, olvidando incluso las necesidades del resto de la familia.

la soledad y la pasividad dos grandes retos en la esquizofrenia


ESTRATEGIAS POSITIVAS DE LA FAMILIA PARA EVITAR RECAÍDAS.

La familia puede contribuir de varias formas a que la persona con enfermedad mental viva de una manera más positiva su situación y, de este modo, intentar evitar las recaídas. Las estrategias que resultan de más ayuda son:

Informarse sobre la enfermedad.

Recuerde que puede contar con el profesional que trata a su familiar (psiquiatra, psicólogo o enfermera) para aclarar cualquier duda y que le oriente en la resolución de los problemas que pueda tener con su familiar. Existen también Asociaciones de Familiares, donde podrá encontrar no sólo información, sino también el apoyo de otras personas que tienen los mismos problemas que derivan de convivir con una persona que presenta problemas psicológicos o mentales.

Mejorar la comunicación con su familiar enfermo.

A veces resulta difícil comunicarse con la persona que presenta estos problemas psicológicos. El saber cómo expresar sentimientos, o decir de una forma positiva aquellas cosas que no nos gustan o que desearíamos cambiar, no siempre es fácil. El aprender “cómo comunicarse” es de gran importancia y puede contribuir a mejorar las relaciones y suavizar las tensiones familiares.

Saber adaptarse a la conducta sintomática

La forma en que se manifiesta la enfermedad puede variar de una persona a otra, y además, también se pueden producir cambios en los síntomas dependiendo de la fase en la que se encuentre. Sin embargo, hay un grupo de síntomas y comportamientos que suelen aparecer en algún momento, ante los que la familia en muchas ocasiones no sabe cómo actuar.

Las orientaciones sobre cómo enfrentase a estos síntomas que a continuación les proponemos no pretenden que éstos desaparezcan, sino simplemente intentan ser útiles para guiar su forma de actuar, reducir su angustia o preocupación acerca de si su conducta es o no la adecuada, y para evitar, en la medida de lo posible, enfrentamientos innecesarios y actitudes críticas que pueden repercutir en el empeoramiento de la dinámica familiar.

Hemos elegido los síntomas que, por su frecuencia y la dificultad que suelen encontrar los familiares en cómo afrontarlos, son los más representativos.


una actitud positiva y comunicativa mejora la convivencia



- Ideas delirantes: las ideas delirantes son creencias extrañas e irreales que conducen a vivir y comportarse de una manera distinta al resto de la gente. Estas ideas pueden ser de distintos tipos. El contenido más común suele ser de tipo persecutorio, en el que el mundo se vive como agresivo y amenazante para él.

¿Qué comportamientos debemos evitar?

-No debemos empeñarnos en sacarle de su error, ya que para él la situación es tan evidente que piensa que sólo un tonto o un enemigo lo pondría en duda. 
-No debemos entrar a discutir las ideas “extrañas” de estos pacientes, pero sin que ello de lugar a que piense que las compartimos. Nunca se le debe dar la idea de que sus creencias son parte de la realidad.
-Cuchichear o realizar gestos disimuladamente a otra persona creyendo que él no lo nota, o que no se entera.
-Intentar engañarle suponiendo que no comprende o que no se da cuenta de lo que pasa, haciendo, a veces, falsas promesas para calmarlo.

¿Qué podemos hacer?

-Prestar atención a lo que dicen, ya que puede servirnos para entender su angustia y su miedo y podrán ser informaciones valiosas para el terapeuta.
-Escucharle sin hacer comentarios, haciéndole saber que comprendemos que está asustado o enfadado.
-Ser muy sinceros y claros con ellos; una promesa no cumplida o una información falsa puede destruir una relación. Mostrar serenidad y confianza.
-Cuando el paciente de muestras de poder aceptar la crítica de sus ideas delirantes, se le pueden comenzar a plantear dudas, sin llegar a discutir con él/ella.

a veces creemos que algo es real cuando sólo es un efecto visual

- Agresividad: La agresividad debe entenderse como un trastorno de conducta debido a la enfermedad. Cuando la agresividad se dirige hacia el exterior, es decir, hacia la familia o las demás personas, puede entenderse aquélla como una manera de defenderse de un mundo vivido como amenazante. En otras ocasiones, la violencia es consecuencia de un rechazo a las normas, entre ellas, la medicación o un ingreso, que son impuestas a una persona que, la mayor parte de las veces, no cree estar enfermo.

¿Qué comportamientos debemos evitar?

-Aceptar ni plantear retos: “no tienes valor” “¿a que no lo haces?” “Si me vuelves a gritar te echo de casa”…
-Entrar en una lucha de insultos y discusiones.
-Intentar tocarlo para calmarlo si no quiere que lo hagamos.
-Amenazarle con el ingreso psiquiátrico. El ingreso nunca se debe plantear como un castigo.
-Intentar desarmarle si lleva un arma y, menos si no sabemos cómo hacerlo.

¿Qué podemos hacer?

-Adoptar una actitud segura, tranquila y firme. Hablarle en voz baja, no amenazante.
-Acercarse de forma lenta y pausada.
-Disminuir los estímulos ambientales: la intensidad de la luz, el volumen de la radio o la televisión.
-Cuando los sentimientos ante una situación son muy patentes, puede ser útil manifestarlos abiertamente. Por ejemplo, puede ser más útil manifestar que se tiene miedo al paciente, que defendernos retándole.
-Preguntar si está enfadado, cuál es el motivo y hablar del mismo.
-Asegurarle que no somos una amenaza para él.
-Despejar el mobiliario y/o los objetos con los que pueda dañarse él mismo o a los demás.
-Dejarle espacio libre.
-Normalmente hay alguien de la familia de quien el paciente se fía. Esta es la persona más adecuada para intentar calmarle

- Inactividad: La inactividad es una manifestación o consecuencia de la enfermedad. El enfermo se muestra desganado, sin interés por realizar ninguna tarea, y por consiguiente pasa la mayor parte del tiempo en la cama o en la casa sin salir para nada o únicamente para pasear. Es importante dejar bien claro que esta inactividad es un síntoma más y que no se encuentra bajo control voluntario del enfermo.

¿Qué comportamientos debemos evitar?

-Culpabilizarle y echarle en cara que no hace las cosas porque no quiere. Acusarle de ser un vago.
-Exigirle cosas que no puede hacer en su estado actual.
-Dejar que pase el día en la cama o en la habitación, porque “así molesta menos”.
-Repetirle que él sólo no va a poder vivir, que necesitará siempre a los familiares y que no sirve para nada.

¿Qué podemos hacer?

-Establecer un horario de tareas sencillas que le ocupen bastante tiempo; como por ejemplo: hacer su cama, colaborar en las compras, bajar la basura, recoger y ordenar la ropa…
-Estimularle con comentarios agradables y alabanzas cada vez que consiga un logro nuevo (hacer la cama, ducharse, leer...)
-Mantener un horario de cama regular y adecuado: acostarse a una hora determinada y levantarse a otra previamente acordadas con él.
-Animarle para que entre a formar parte de un grupo (talleres ocupacionales, gimnasio, cursillos)
-Tener paciencia, pues la recuperación es lenta. 
-Si está muy inhibido, callado y retraído, podemos sentarnos con él, hablándole con voz suave. Aunque se esté incómodo en los largos momentos de silencio, no se le deber abrumar con preguntas. Utilizar el contacto físico siempre que lo tolere. Estar alerta en busca de claves no verbales que pueda dar para comunicarse; alentarle a que se exprese de forma no verbal.


la mente nos engaña configurando de forma peculiar la realidad


- Alucinaciones: las alucinaciones pueden ser referidas a cualquier órgano de los sentidos. Las más frecuentes son las auditivas. Cuando comenta que está “escuchando voces”, es fundamental tener claro que dichas “voces”, aunque nosotros no podamos escucharlas, son reales para el paciente y él sí las oye.

¿Qué comportamientos debemos evitar?

-Poner en duda lo que nos comenta, quitarle importancia, reírse de él/ella, o descalificarle. Comentarios como “son cosas de tu imaginación”, “eso que dices son tonterías” “nadie te dice nada, porque yo no lo oigo”.
-Ignorar o evitar la conversación si el paciente desea hablar de ello.
-Actuar de manera que el paciente crea que sus alucinaciones son reales, por ejemplo, no se debe “hablar” con las voces.

¿Qué podemos hacer?

-Conocer cómo y en qué le influyen al paciente: si le irritan, si le asustan, si le dan órdenes y puede, o no, resistirse a ellas. Para ello, podremos preguntarle acerca de lo que siente, oye y/o ve. Hablar sobre ello, e intentar comprenderle sin insistir (si es que prefiere no hablar de lo que le está ocurriendo).
-Evitar los ambientes ruidosos, favorecer un ambiente tranquilo y silencioso.
-Comunicarle y hacerle ver que sabemos que oye, ve o siente lo que dice, que le creemos e intentar explicarle que lo que le sucede se puede deber a la situación que está atravesando y procurar tranquilizarle.
-Intentar centrar la atención en una conversación o actividad de interés para él.



#hazloporti
#contraelestigma Campaña #SoycomoTu




lunes, 2 de junio de 2014

SON ÚTILES LAS ETIQUETAS DIAGNÓSTICAS

La psicología: proyecto de vida. Dr.Regadera y Nieves MHidalgo
Dr.Juan José Regadera
Mª Nieves M.Hidalgo
Psicólogos Clínicos
Psicoterapeutas












El objetivo principal de la psicoterapia de orientación antropológica, es el estudio del significado o sentido de la vida, y siempre en relación a los valores personales.


Ayudar a la persona a alcanzar un auténtico proyecto personal es tarea del enfoque antropológico en psicoterapia. Desde este punto de vista, debemos entender por salud, la capacidad que mostremos en establecer y desarrollar un proyecto personal, ya que será la realización de los valores auténticos lo que nos permitirá resolver las dificultades que a lo largo de la vida puedan aparecer.


etiquetas diagnósticas y estigma
Es conveniente no caer en el error de pensar que
la enfermedad mental es un proceso sin retorno

Desde la psicología de corte antropológico, el síntoma psicológico, es expresión de una situación y de un proyecto personal mal elaborado o erróneamente enfocado. Entendemos la enfermedad mental como un acontecimiento que ocurre en la vida de la persona, pero no como toda la persona. Se puede tener un trastorno bipolar o una psicosis, y, sin embargo, esta categoría no es la única que define la personalidad y el carácter, por eso no utilizamos la etiqueta que estigmatiza a la persona nombrándola como 'esquizofrénica', 'histérica' o 'enferma mental'. Al igual que tener una enfermedad física tampoco define de forma general al que la padece, pues no se nombra a las personas como 'infartadas' o 'cancerosas'; tampoco debería decirse 'diabético' o 'epiléptico', pues cualquier categoría así utilizada conlleva un cambio de actitud tanto en la persona que presenta dicha enfermedad o problema como en las que la rodean, que modificarán la percepción que tienen de ella. 

Las clasificaciones cosifican a los seres humanos, hacen que esa persona individual, única e irrepetible, con su historia de vida particular, con sus talentos y sus limitaciones, con sus valores, quede oculta y encerrada dentro de una categoría diagnóstica determinada. Una vez puesto el sello, la persona queda marcada. Ya no vemos a Pedro o a Isabel, vemos a un 'psicótico', a un 'depresivo', a un 'enfermo mental' y lo que ello conlleva: estigmas y prejuicios asociados ( loco, inútil, agresivo, impredecible, sin control).

circunstancias adversas provocan respuestas saludables
La naturaleza es muy sabia y deja fisuras
por las que escapar a  una nueva vida
Establecer un diagnóstico guarda utilidad para el profesional que debe de actuar en respuesta al problema que se plantea y para la persona que lo presenta pues le permite comprender lo que le está sucediendo y cómo puede mejorar o cuidar su salud física o mental. Hasta ahí llega el alcance enormemente positivo de saber qué nos sucede y por qué, y qué podemos hacer para poner solución o remedio. 

Entendemos que la única forma posible de estar o de ser, en eso que llamamos "mi mundo", es a través del encuentro humano y la cooperación, sin olvidarnos, por supuesto del aspecto biológico. Somos seres bio-psico-sociales y debemos tenerlo en cuenta tanto a la hora de evaluar y analizar las posibles causas del hecho de enfermar, como  a la hora de planificar la intervención terapeútica. Eso quiere decir que hay que tener en cuenta tanto el contexto social, como el estado corporal y psicológico de la persona que solicita nuestra ayuda como profesionales de la salud mental.


Tenemos cuerpo y somos cuerpo. El cuerpo, al tiempo que nos tiene, nos sostiene. Por ello, la orientación antropológica en psicología, debe considerar junto a los problemas de sentido, proyecto personal y valores, la “vivencia de la corporalidad” como medio de expresión y modo de estar en el mundo. 


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