martes, 10 de junio de 2014

LA CALMA DE ORTEGA O LOS TRANQUILIZANTES

ante la angustia del existir, pon calma
Dr.Juan José Regadera
Psicólogo Clínico
Psicoterapeuta


Los famosos tranquilizantes, las sustancias que los componían eran denominadas atarácticos. 
Una persona angustiada que ha caído en un mar de dudas, puede no encontrar el modo de sostenerse y caer hasta el fondo. El fondo es la desesperación y para defenderse de esa desesperación y angustia puede recurrir a lo que antes denominábamos atarácticos. Porque a ese estado de ataraxia es al que pretende llegar la persona angustiada. Lo que pretende es no dejarse afectar por los problemas de la vida y por el hecho mismo de vivir. 

Pero existe un modo positivo de enfrentarse con la angustia y la desesperación sin necesidad de acudir a los tranquilizantes. Ese modo constructivo es lo que definiremos como 'la calma'. 

"La calma -nos decía Ortega y Gasset-, que él mismo briosamente se crea en medio de la congoja y el apuro cuando al sentirse perdido grita a los demás o a sí mismo ¡calma!" 

¿Qué debes hacer si mientras estás en el cine eres la primera persona que se da cuenta de que hay fuego en la sala? ¿Gritarías ¡fuego!? ¿Se lo dirías a todos los espectadores? ¿Darías la voz de alarma? ¿Comenzarías a correr como caballo desbocado? ¿O no harías nada?
Está claro, que lo correcto en estos casos sería emprender una acción que tratase de evitar el pánico y que resultase eficaz de manera inmediata, esto es avisar, sin alborotar, a la dirección o a al acomodador.

En una situación como la anterior, no es la angustia por salir de allí cuanto antes ni el sentimiento de desesperación de creer que no vas a poder contarlo, lo que nos ofrece una solución, sino esa "calma" que ni los propios ansiolíticos pueden proporcionarnos, la que supera y pone en ella orden. Es esa "calma", la que me ayuda a reflexionar y conocer qué debo hacer. Es la "calma" donde verdaderamente me humanizo, evitando pasar por encima de los demás ante la inmediatez del peligro. Es en esa "calma" donde tomo posesión de vida, y en efecto, existo. Existo como persona. 

La "calma" y no los tranquilizantes, me ayudan a conquistar de modo positivo "mi vida". Una vida, que en medio del invierno, lugar de tempestades y tormentas, en los momentos más crudos de mi existir, consigo, junto a ella, estando a su lado, que los vientos dejen de soplar.


#hazloporti
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9 comentarios:

  1. Realmente estas en lo cierto Juan José cuando comentas en esta entrada que el hombre no puede caer en ese estado de ataraxia que comentas en el cual se evitan los problemas haciendo uso para ello de tranquilizantes. El camino como bien señalas se encuentra en la calma que debe de tener el hombre para afrontar las disyuntivas que la vida le va planteando y de esta forma elegir la alternativa más adecuada que guíe su destino. El ejemplo de la sala de cine es muy ilustrativo.

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  2. Que la calma se convierta en ese recurso al que siempre recurrir cuando sea necesario, cuando a veces la vida se haga cuesta arriba. Una vez nos inunda la calma, se hace un punto y aparte, se gestionan las tormentas internas y se sigue. Lo más importante es seguir adelante, cueste lo que cueste. Creo que los tranquilizantes pueden ser resolutivos para un momento en concreto, pero utilizarlos como una herramienta, como una solución solo lleva a que la vida se evite y por tanto se pare. Felicidades por decir tanto con tan pocas palabras.

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    1. Una reflexión muy poética y muy acertada, Juan José. Recuerdo que una vez se lo escuchè decir a alguien a quien me une un enorme aprecio, sólo se puede emprender algo importante en la vida si se aborda desde esa tranquilidad, desde esa calma, desde esa serenidad de la tú hablas. Pienso que desde este punto de vista la diferencia entre la ataraxia y la calma está en la interpretación que se hace del dolor al que nos enfrentamos en ese invierno del que hablas. Así, en la ataraxia no existe dicha interpretación, y sólo tratamos de atajar el dolor una vez que ya lo hemos convertido en vano sufrimiento. Es por tanto mera química, sólo una formula pasiva que con el dolor extirpa también factores positivos, al igual que la químio hace con las células buenas. La calma, en cambio, nos permite una interpretación del dolor, una aceptación activa que nos transforma por dentro, cuan alquimista paciente que transmuta un metal sin valor en algo tan valioso como el oro. Me gusta esta reflexión porque nos da el poder activo de decidir qué actitud tomar. Y esto ya supone un gran punto de partida que, sin garantizarnos nada, es una posibilidad de evolucionar a algo mejor. Enhorabuena por esta entrada tan inspiradora. Muchas gracias, Juan José.

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  4. Muchísimas gracias por vuestras palabras, Salvador, Elena y Diego, y por vuestro apoyo.

    Son tantas las tempestades vividas hasta ahora, que no puede dejar de valorar la calma como el mejor remedio terapéutico para dar a luz las nuevas ideas que nos permitan encontrar las soluciones deseadas a los retos que la vida nos presenta.

    Gracias de nuevo por vuestras palabras.

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  5. Ante uno de los tormentos del ser humano, las preciosas y sabias palabras que nos regala el Dr. Regadea, me ayudan a reflexionar sobre el absurdo desasosiego que aveces nosotros mismos nos fabricamos.
    Como bien dice , calma.

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  6. Interpreto que la calma a la que te refieres es aquella que todos intentamos encontrar en los momentos de pánico, de incertidumbre, en los que sentimos que nuestras vidas están fuera de nuestro control y no vemos una solución convincente que nos alivie y nos rescate(nadie dijo que esta tuviera que existir!).
    Tras la lectura, identifico la calma como aquella actitud con la que afronto las dificultades que se me presentan con la convicción interior de obtener una lectura positiva y enriquecedora de ellas, y con la firme decisión de no zozobrar en la consecución de aquellos objetivos y metas que definen lo que quiero llegar a ser. Se trataría pues de una calma activa y creativa con la que encuentro las soluciones que tanto ansiaba, y no una larga espera de aquellas en una estación sin estacionamiento previsto.
    Tomando esto en consideración dudo mucho que los ansiolíticos puedan provocar ese cambio de actitud con el que afrontar los retos que aún están por llegar. Sería una forma pasiva de intentar lograrlo.
    Estupenda reflexión Juan José. Enhorabuena!!

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  7. Muy agradecido, Mikel y Marga, por vuestros textos. Un saludo.

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  8. He visto la referencia en Facebook, he decidido sentarme y tomarme un momento, .. y tras leeerla, me he calmado. Gracias Juan José

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