domingo, 26 de octubre de 2014

YO TAMBIÉN HE IDO AL PSICÓLOGO

Normalicemos la asistencia al psicólogo
Yo también he ido al psicólogo y fue una experiencia
altamente gratificante
Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo
Psicóloga Clínica 
Psicoterapeuta















Yo también he ido al psicólogo. 

Ésta podría ser una buena frase para comenzar una campaña de sensibilización hacia los problemas de salud mental y el papel del psicólogo clínico en ellos.
¿Qué motivaciones se esconden tras ese estigma que aísla y discrimina a las personas que presentan problemas mentales o psicológicos? ¿El miedo a lo desconocido? ¿El miedo al contagio? ¿El miedo a ser conscientes-espectadores de una de las facetas de la naturaleza humana que más nos atraen y al mismo tiempo más nos inquietan? ¿Por qué las películas en las que aparecen personas con problemas psicológicos resultan tan taquilleras? ¿Cómo es que son tan visitadas las páginas web o los blogs que abordan temas emocionales o mentales? ¿Quién no ha realizado alguno de esos tests que se muestran en las revistas acerca de tus características de personalidad, o consultado la planilla semanal de los horóscopos que nos adivinan cómo somos y cuál es nuestro porvenir?

Realmente, sentimos, y es humano sentir, esta urgencia por conocernos, por descubrir cómo es que actuamos o pensamos de tal o cual manera ante una determinada situación o conflicto.
El conocimiento, el saber sobre lo desconocido es una necesidad de supervivencia, sin embargo, en amplia mayoría, solemos evitar reconocer dicha necesidad, ocultamos nuestro interés por aprender sobre nosotros, sobre lo que nos sucede cuando atravesamos una crisis personal; parece que si lo expresamos abiertamente, los demás nos pueden rechazar por albergar miedos o inseguridades,  por ser personas débiles, flojas e inmaduras.

Cuando una persona se decide a consultar a un psicólogo, casi con toda seguridad, ya habrá intentado solucionar sus problemas psicológicos por sí misma. Esto responde a una característica de autosuficiencia, que puede ser positiva y muy constructiva en determinadas circunstancias, pero no en otras. Por ejemplo, si en el momento en que comenzara a dolernos una muela no fuésemos al dentista y, en su lugar, intentásemos solucionar el dolor por nosotros mismos durante un largo período de tiempo, es muy probable que la infección bucal o la caries se hubiera extendido de tal modo que cuando llegásemos a la consulta, al especialista no le quedaría más salida que extraer la muela de raíz.

A nivel psicológico, sucede lo mismo. Al no reconocer la importancia que tiene el cuidado de la salud mental, la persona que atraviesa una difícil situación, piensa que debe solucionarlo sin pedir ayuda al especialista, ya que existe la creencia de que es algo que cualquiera con inteligencia y madurez puede resolver por sí mismo. Con esta actitud, se da lugar a un empeoramiento de los síntomas (ansiedad, depresión, ideas obsesivas, sueño, alimentación, fobias, inestabilidad emocional, baja autoestima) y a un alto nivel de sufrimiento.




Durante una temporada tuve que ir al psicólogo y resultó una experiencia altamente gratificante. A todos nos puede pasar; de hecho, una de cada cuatro personas presenta un problema de salud mental a lo largo de su vida. En cualquier momento de nuestra vida, pueden surgir conflictos personales, familiares, de pareja, laborales, en la relación con los hijos, con los padres, con los amigos, para los que podemos requerir la ayuda de un psicólogo especialista en psicología clínica. Su formación profesional le permite orientar y estimular esos factores de resiliencia, de sabiduría emocional que todos llevamos en mayor o menor grado en nuestro interior.



Solicitar ayuda al psicólogo es un acto de valentía, inteligencia y madurez personal. Reconocer nuestras debilidades es una muestra de fortaleza y seguridad personal. Aunque, a simple vista, pueda resultar paradójico, esto es así: la persona que se encierra en sí misma y sus sentimientos de orgullo le impiden buscar externamente una solución a sus problemas mentales, pone de manifiesto un nivel de inseguridad y de inmadurez mucho mayor que aquella que si lo hace. 

Hablar de la existencia de preocupaciones, temores, o conflictos emocionales con la familia, con los amigos, con esas personas de confianza con las que uno se relaciona es muy positivo, pero si esto no es suficiente, el siguiente paso será pedir cita con un o una psicólogo/a clínico/a que te orientará y te ayudará a recuperar la confianza en ti mismo, en los demás, en tu futuro; que te mostrará otras perspectivas de tu realidad, de tus vivencias; con el que crecerás, ampliarás tus miras, tus metas y tus sentimientos de seguridad, armonía y felicidad;  con  el que aprenderás a respetarte, a decir ¡No!, a cuidarte, a quererte; con el que mejorarás tus herramientas a la hora de comunicarte con los demás; aprenderás a concentrarte en tus objetivos, a manifestar el afecto a los que te quieren y tu quieres; a defenderte de un trato injusto, ofensivo o abusivo; a ser independiente a nivel emocional y no entrar en tóxicos juegos de chantaje emocional; aprenderás a vivir con mayor autenticidad.



#Hazloporti

2 comentarios:

  1. Gracias por esta entrada tan interesante. Espero que ayude a normalizar las visitas al psicólogo. En la sociedad en la que vivimos todo sucede a una velocidad de vértigo y, a algunos, como yo, nos cuesta procesar adecuadamente toda la información que recibimos. Tener la posibilidad de tener un apoyo tan valioso, como el de un psicólogo, ¡nos da la vida!.
    ¡Gracias otra vez!

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  2. Me alegro que resulte útil la lectura de esta entrada. Muchas gracias, Mikel por leernos y compartir tus comentarios, opiniones y sentimientos con todos nosotros.

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