miércoles, 23 de diciembre de 2015

¿TE CUESTA CELEBRAR LA NAVIDAD?

                Fotografía: Scott Typaldos                     
Nieves Martínez Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta












Son muchas las personas a las que les cuesta celebrar la navidad, y reconozco que yo soy una de ellas. Si lo piensas, no resulta difícil de comprender. Son fechas en las que se saca brillo a las máscaras, a la vanidad, se lucen trajes bonitos, sonrisas brillantes, chistes ingeniosos; los padres se esfuerzan en que sus hijos tengan los mejores regalos, los abuelos tampoco se quedan cortos en esa competencia para que sus obsequios sean los más vistosos; se lavan conciencias aportando saquitos de arroz y botellas de aceite en los bancos de alimentos, como si las personas con escasez de recursos sólo comiesen en estas fiestas. Mas, cuando uno no comparte este pomposo sentimiento de felicidad fabricado para la ocasión, se siente al margen y los demás, también, lo hacen notar.

Son muchos los motivos por los que una persona puede sentirse desplazada ante tan apabullante celebración: estar atravesando una difícil situación personal, familiar, laboral  o económica, no confesar la fe cristiana, proceder de una familia en la que han predominado las relaciones tóxicas, no compartir valores materialistas y consumistas, etc.

¿Pero, quién se atreve a expresar que uno no se siente feliz en navidad? ¿O que no va a reunir con sus padres o hermanos en estas fechas? ¿O decir que no tiene dinero para hacer regalos o no encuentra el sentido de hacerlos?

La verdad es que son fechas extrañas, en las que la mayor parte de las personas hace gala de una gran hipocresía; es la mayor puesta en escena que se realiza en los 365 días que tiene el año. Todos juntos, celebrando una gran bacanal, aunque se nos retuerza el estómago al tener como compañeros o compañeras de mesa a personas que nos gustaría no haber conocido por el daño que hemos recibido de parte de ellas. 

Sé que no estoy descubriendo la pólvora, de eso ya se encargaron los taoístas cuando intentaban crear una poción para la inmortalidad (tampoco los chinos se libran del pecado de la vanidad). Éste es un secreto a voces que se difundirá de forma viral por wasap y otras redes sociales a través de imágenes, vídeos o chistes, como cada 24 de diciembre. Los familiares de sangre y los políticos reirán a mandíbula batiente entre polvorones y copas de cava, con suerte se salvarán los niños que ajenos a los entresijos de la biografía familiar, disfrutarán corriendo alrededor del árbol, mientras esperan la ansiada llegada de Papá Noel.

Hoy me siento a la mesa de los desplazados y brindo por aquellos que han mostrado humildad, tolerancia y respeto a los que son diferentes y pueden estar próximos a sus seres queridos, porque, las familias no son perfectas, participan y se enriquecen, al igual que otros grupos sociales, de la diversidad.



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domingo, 11 de octubre de 2015

¿POR QUÉ CELEBRAR EL DÍA DE LA SALUD MENTAL?

Recuerdos y Sonrisas en el Día de la Salud Mental

Mª Nieves Martínez Hidalgo  
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta





XVII DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL





¿Por qué es necesaria la existencia de un día mundial de la salud mental?


Parece mentira, pero, a día de hoy, no se respetan los derechos de las personas con problemas de salud mental, todavía sigue siendo habitual el estigma, los prejuicios y la discriminación hacia estas personas en todos los ámbitos sociales: educación, salud, vivienda, trabajo...


A lo largo de dos años, en la Fundación Cattell Psicólogos, intentamos hacer una labor desde la psicología comunitaria, de sensibilización a la sociedad general a través de Jornadas, Seminarios, Cineforum, Programa de Arte + Salud Mental, y, en ámbitos específicos, con el Programa #SoycomoTu de Educación en Salud Mental en Centros Educativos. Llevamos a cabo Programas de Contacto Social en el que participan personas con y sin problemas de salud mental creando proyectos artísticos, formándose, emocional, cultural y socialmente.

El día 10 de octubre de 2015, con motivo de la conmemoración del XVII Día Mundial de la Salud Mental, estuvimos en la Avenida de la Libertad, en Murcia. Es nuestra primera Acción en la calle. Ha sido una experiencia importante, pues hemos podido saber de primera mano lo que piensan los ciudadanos acerca de la salud mental. El desconocimiento, la falta de información es todavía enorme. Hay que continuar con esta labor de concienciación y formación en salud mental.



En este día, nos sumamos y apoyamos a la reivindicación de FEAFES, Federación Española de Asociaciones de Familiares de personas con problemas de salud mental:


"Reivindicamos una adecuada atención social y sanitaria a los problemas de salud mental desde un enfoque de derechos: la atención sigue siendo insuficiente y el enfoque inadecuado en muchos casos, lo cual supone una vulneración de los derechos de las personas con problemas de salud mental a la luz de la Convención ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y de la legislación española."

También nos sumamos y apoyamos, como parte que somos del COP, Colegio Oficial de Psicólogos de la Región de Murcia, a la petición realizada por nuestra Decana, Maria José Catalán, en la que reclama la necesidad de la inclusión, como profesional de la salud, de la figura del psicólogo en Atención Primaria.




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domingo, 4 de octubre de 2015

Filosofía, Psicología y Educación: ¿Son los adolescentes filósofos por naturaleza?

Mª Nieves Martínez Hidalgo                        
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta




¿Son los adolescentes filósofos por naturaleza o por presión contracultural?

La faceta moral del desarrollo del yo es claramente filosófica. La adolescencia es la etapa en que se comienza a tener valores personales. Conceptos y valores epistemológicos, estéticos, religiosos y metafísicos nacen en la adolescencia. 
La Filosofía: puente que
conduce hacia a la madurez

Un cara del desarrollo del yo es la estructura del autoconcepto. Una segunda faceta de este desarrollo es el concepto que el adolescente tiene sobre la verdad, lo real, la bondad y la belleza. A medida que el adolescente se va independizando de su familia y va consiguiendo una mayor autonomía, también va interiorizando valores que le guiarán en la construcción de sus metas y proyectos en la vida. Como afirma Fierro, el proceso de conseguir esa identidad personal, esa respuesta a la pregunta adolescente de ¿quién soy yo?, va totalmente unido al desarrollo de unos valores personales definidos como estructuras de creencias y actitudes enlazados a objetos, situaciones y metas que sirven de guía normativa sobre el comportamiento, aportando estabilidad y continuidad incluso en situaciones cambiantes.

El adolescente tiende a igualar el contenido del desarrollo del yo con el yo, con la conciencia de uno mismo y con la identidad. Sin embargo, en el otro polo del yo se encuentran la nueva conciencia del mundo y los valores, la conciencia de nuevos significados en la vida. Kohlberg y Gilligan afirman que si la educación promueve el desarrollo del yo, el desarrollo del yo debe ser contemplado como una de las áreas de la educación que conste del estudio de las artes y las ciencias desde una perspectiva filosófica. El adolescente necesita sentir que la educación le ayuda en su búsqueda de identidad y debe tratar de la vida real. Por tanto, en los institutos y centros educativos, se debería tener en cuenta la filosofía si sus contenidos pretenden ser significativos y valiosos para los y las adolescentes.



el arte de hacer psicoterapia

domingo, 14 de junio de 2015

Adicta a la tristeza: ¿Una nueva categoría diagnóstica?

Mª Nieves Martínez Hidalgo
LA TRISTEZA, UNA EMOCIÓN NATURAL
A veces, la soledad nos permite conocernos mejor

Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta













Baja autoestima, dificultad en las relaciones sociales. Sentimientos de infelicidad, vacío, cansancio. Le caracteriza una indecisión permanente. Horas y horas pensando, de forma obsesiva, los problemas girando y girando en su cabeza. Quisiera romper con todo pero no tiene fuerzas para ello. Agota a la persona que tiene cerca e intenta -sin éxito- conseguir animarla. Intensos altibajos emocionales cada vez más frecuentes. No le apetece hacer nada, no le apetece hablar con nadie. La inseguridad, el miedo a equivocarse, la anticipación del fracaso y los celos la torturan. Ha perdido la confianza en ella misma. Se compara continuamente con los demás. Todos parecen ser mejores que ella en algo.

Impresión Diagnóstica: Adicta a la tristeza.

¿Por qué utilizo esta categoría diagnóstica que acabo de inventar, en lugar de utilizar los más que numerosos o innumerables términos incluidos por el cuadro de psiquiatras expertos de la Asociación Americana de Psiquiatría en el manual diagnóstico DSM-V?

Es mi opinión, y la de otros muchos profesionales de la salud, que se están sobrediagnosticando y patologizando situaciones y circunstancias vitales que son propias de la vida desarrollada en una sociedad tan 'inhumana' y hostil con el propio ser humano como la actual. En la actual barbarie se propician las situaciones de alienación personal y de aislamiento, con el consiguiente debilitamiento de las personas

Invento una nueva categoría diagnóstica, para resaltar el hecho de que los problemas descritos más arriba, esos sentimientos, ese dolor, esa falta de vitalidad, está presente en la gran mayoría de nosotros, al menos, en alguna etapa de nuestra vida. Son problemas comunes que, originados en el seno de una sociedad consumista, agresiva y desequilibrada, en muchos sentidos, injusta y con grandes dosis de corrupción, hipocresía e individualismo, desarrollan las personas que con inteligencia y sensibilidad, ven difícil comulgar con ruedas de molino, o no logran adaptarse a este medio hostil y competitivo. 

Tanto en la infancia, como en la adolescencia, en la juventud, en la madurez o en la vejez, el ser humano sufre las consecuencias de una sociedad capitalista, materialista y utilitaria que antepone el Tener al Ser* y nos aliena, de una sociedad disfrazada de libertad que nos reprime, domina y controla, comprándonos con pequeños regalos y comodidades**. 

Pero, ante tal situación, ¿qué es lo que realmente nos mueve? Habría que reflexionar sobre ello y tratar de dilucidar a quién servimos, si de verdad queremos seguir la manada de modo inconsciente o queremos hacer un alto en la senda para preguntarnos acerca de nuestro sentido en la vida. Cuando uno no lleva las riendas de su vida, cuando uno se abandona en la comodidad, aunque sea, incluso, la comodidad del sufrimiento como algo conocido, uno se anestesia, dejar de sentir, deja de vivir.

Mas si nos planteamos romper las cadenas de la apatía, de la abulia, del derrotismo, de esa adicción a la tristeza, ¿de qué pozo energético podríamos extraer la ilusión, la vitalidad, la fuerza para seguir adelante?

Cuando lo que nos dirige e impulsa es el tener más medallas, más objetos, más posesiones, erramos el rumbo, pues al llegar a la meta, uno es consciente de que su esfuerzo no ha servido de nada: la sensación de vacío, la soledad sigue ahí dentro. Ahora bien, si buscamos en el pozo energético de la autenticidad y nos empeñamos en Ser, en desarrollarnos tal y como somos, a pesar de los contratiempos, de los posibles rechazos, a pesar del sentimiento de soledad al que habremos de enfrentarnos y acabar asumiendo como algo humano, lograremos una sensación intensa de paz, de armonía, de estar bien con uno mismo, de estar bien con los demás, de estar bien en el mundo. Ello nos permitirá comprometernos con aquello que realmente es importante y prioritario para nosotros. El saber estar y disfrutar de la soledad, el saber compartir y cooperar con los demás, practicar la humildad, la generosidad, la responsabilidad, el altruismo y la honradez pueden ser claves para romper con esa adicción a la tristeza que nos lleva al masoquismo, al victimismo, a adoptar un rol pasivo-agresivo que vuelve la hostilidad y la rabia, propias de la frustración de las metas propuestas, contra uno mismo.


*Ver Erich Fromm: "¿Tener o ser?" 
** Ver Herbert Marcuse: "El hombre unidimensional"

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miércoles, 20 de mayo de 2015

10 ORIENTACIONES PARA UNA PARENTALIDAD POSITIVA EN LA ADOLESCENCIA

Contar con el apoyo de los padres es un factor de protección
que puede ayudar al adolescente a tomar decisiones
ante situaciones de riesgo

MªNieves Martínez Hidalgo
Psicóloga clínica
Psicoterapeuta

















Ya hemos comentado en otras ocasiones las dificultades que entraña la etapa de la adolescencia para chicos y chicas, para padres y madres. En esta ocasión queremos resaltar algunas cuestiones positivas de esta etapa de transición entre la niñez y la adultez. No es lo mismo atravesar un puente que imaginamos peligroso, que pasar por él, sabiendo que es un puente como cualquier otro, pero que, en algún tramo, tendremos que afrontar alguna situación problemática o novedosa. Lo importante es tener en mente qué tipo de comunicación y de relación queremos tener con nuestros hijos y saber que, al igual que ellos tienen que adaptarse a cambios físicos, emocionales y de personalidad, los padres tendrán que asumir la probabilidad de que esos cambios se produzcan y enfrentarnos a que pueden gustar más o menos, pero hay que respetarlos. La adolescencia es una etapa larga de la vida, y digo larga, porque aunque sea mucho más breve que la madurez o la senectud, se hace larga porque es totalmente novedosa tanto para padres como para hijos. Además cada persona y en cada familia -el contexto familiar y social son decisivos en esta etapa del desarrollo- se vive la adolescencia de un modo distinto.

En el decálogo que hemos preparado, aparecen diez orientaciones que suelen resultar de gran utilidad para iniciar y mantenerse en buena forma durante este pasaje, para ejercer una parentalidad positiva, constructiva que nos permita como padres, por un lado, no decaer ni meter la pata por exceso de intervencionismo o sobreprotección o de pasividad o permisivismo ( estilos educativos muy en boga en la sociedad actual) y, por otro, favorecer con respeto, cariño y libertad el desarrollo y el camino hacia la madurez, la confianza en ellos mismos y en los demás, la autoestima, la independencia emocional y la asertividad de nuestros hijos.


DECÁLOGO PARA UNA PARENTALIDAD POSITIVA CON NUESTROS HIJOS ADOLESCENTES

  1. Aceptar los cambios en su aspecto físico (forma de vestir, actitudes corporales).
  2. Asumir que su forma de comportarse y de relacionarse en el ambiente familiar experimentará cambios que quizás no gusten a padres, abuelos y otros familiares.
  3. Amar, encontrar la manera de manifestar ese amor a tus hijos adolescentes en etapas de tensión, sin hacer reproches, siendo creativo, paciente y tolerante en tu forma de comunicarte con ellos.
  4. Los límites y las normas siguen siendo necesarios, como en cualquier tipo de convivencia o relación, pero sin autoritarismo, ni imposiciones, tampoco gritos, amenazas o chantajes emocionales.
  5. No imponer caminos a seguir. Dejarle crecer y desarrollarse en los campos que desee.
  6. Dejarle espacios más amplios de libertad, intimidad y privacidad. Los padres también debemos de correr algunos riesgos. No podemos pretender controlarlo todo.
  7. Comunicarte con tu hijo no es preguntarle por las notas o decirle que apague ya el ordenador, o si ha vuelto a tirar el bocadillo en el recreo, o si está realmente seguro que no tiene nada más que estudiar. Comunicarte con tu hijo es hablar con él de temas que le interesen, sobre sus gustos, sus aficiones, sus sentimientos, sus opiniones políticas o sobre la vida.
  8. Escucharle sin juzgarle, dejarle hablar sin interrumpirle, permitirle que se exprese libremente con su vocabulario particular. No ridiculizarle, ni despreciarle.
  9. Hablar con los hijos adolescentes para tratar de conocerles, de comprender su realidad, de saber cómo esta, qué quiere o qué necesita. Estar ahí. Respetarle.
  10. Evitar las comparaciones con otros hermanos, familiares o conocidos. Cada adolescente, cada hijo, cada ser humano es diferente y los padres debemos aprender a respetar esas diferencias que hacen de nuestros hijos seres únicos e irrepetibles, con sus virtudes, sus dificultades o su belleza.

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sábado, 2 de mayo de 2015

MADRES TÓXICAS: ¿TE CUESTA FELICITAR A TU MADRE?

adolescencia fotografía Nieves M.HidalgoDra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo            
Psicóloga Clínica 
Psicoterapeuta










La anticipación de este día en que hijos e hijas 'deben' felicitar a su madre, genera en muchas personas altos niveles de preocupación y ansiedad. Cuando uno no se ha sentido querido por su progenitora cuesta pensar en ella de forma positiva, expresarle el amor, cuidarla cuando lo necesita. Parece un hecho contranatura no sentir cariño hacia una madre pues la sociedad nos ha transmitido que posee una actitud de entrega, de generosidad, y de luchadora incansable, entre otras muchas virtudes que quedan reflejadas en el saber popular:

Madre no hay más que una.. El amor de una madre dura para siempre. Madre: la palabra más bella pronunciada por el ser humano.

Sin embargo, uno puede cuestionarse: ¿Ser madre es un instinto natural que todas las mujeres llevamos grabado en nuestro ADN? ¿O se trata, más bien, de una función social o de una vocación íntima y personal?
Katharine Hepburn dijo en una ocasión:  Ser madre es el trabajo más grande del mundo, pero si no te interesa no lo hagas. Yo habría sido una madre terrible. Y es cierto, a veces, antes de subirse al tren de la maternidad hay que reflexionar: ¿Realmente deseo ser madre? ¿O simplemente voy como títere sin cabeza y sin corazón a repetir los patrones sociales que he aprendido? Ser madre o padre es una de las decisiones que deberíamos de tomar con mayor cuidado, anticipándonos a ese futuro que puede ser muy hermoso, duro por momentos, en otros tedioso y extenuante.


apego foto Sandra Huertas

Y es que ser madre, en una sociedad tan individualista, materialista y competitiva se ha convertido en una tarea muy difícil. Son muchos los frentes que hay que sopesar. En primer lugar, ¿Cómo conciliar la vida laboral y la vida familiar?. Cuando las madres llegan casa, el agotamiento por la dura jornada en el trabajo, les impide disfrutar de sus hijos y a ellos de su mamá. Los niños que se han sentido abandonados en casa de la abuela, en la guardería o el colegio o en casa con la cuidadora, muestran su dolor o resentimiento llamando nuestra atención de diferentes maneras. En segundo, ¿Cómo quiero educar a mi hijo? ¿Estarán de acuerdo el padre y la madre en el estilo educativo a seguir? . Y al hilo de esta mención a la la figura paterna, habrá que pensar también si está bien construido ese nido de amor para recibir al infante o la infanta. ¿Resistirá los pilares de la casa la dureza del invierno o el alboroto de la primavera? A veces, cuando falla la relación de pareja, el hijo o la hija no vienen a resolver nada, más bien al contrario y es el niño o la niña los que sufren las consecuencias de este desamor.

instalación Kasia Rogowicz

Cuando la relación con la madre asfixia, el amor se contamina, y ya no se merece llamarse amor, sino posesión. El egoísmo predomina, la necesidad de dominar, de tener bajo control a ese pequeño o pequeña. El chantaje emocional, el dar cariño a cambio de obedecimiento o sumisión, convierte a ese ser humano, que se está formando, en una persona pasiva, dependiente, esclava de los deseos de los demás, con miedo a desagradar, a no dar la talla que se espera de él, a no cumplir con las expectativas de aquellos con los que se relaciona, pero en especial de la figura materna. Continuamente cuestionada, evaluada, la persona deja de ser ella misma, para ser la marioneta, el juguete con el que la madre distrae sus propios miedos, sus particulares ansiedades.

Intentar salir de esta trampa de falso amor es la solución, pero para ello se requieren agallas, la valentía de un capitán de barco ante la gran tormenta que se avecina. Es difícil y duro, pero posible. Alejarse en un primer momento, poner distancia, marcar límites en esta relación materno-filial, puede resultar positivo. Cuando la madre sienta que ya no tiene poder sobre ese ser que trajo al mundo hace más de dieciocho o veinte años y la hija o el hijo se haya empoderado y cogido las riendas de su vida, quizás una nueva relación, no idílica, tampoco perfecta, sólo algo más madura y constructiva pueda ser forjada.
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sábado, 28 de marzo de 2015

EL ESTIGMA DE LA LOCURA: TODOS VAMOS EN EL MISMO VUELO, GERMANWINGS GWI9525


LOS ALPES, ZONA DE LA TRAGEDIA AÉREA
Los Alpes, el lugar físico  de la tragedia
Mª Nieves Martínez Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta










En un primer momento, el accidente aéreo ocurrido en los Alpes el 24 de marzo de 2015 nos deja a todos conmocionados. Nos hace reflexionar en torno a la debilidad del ser humano, a la falta de previsibilidad y al poco control que tenemos sobre los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor. A continuación, comenzamos a buscar la explicación, iniciamos el proceso de atribución de causalidad: ¿Cuál puede ser el origen del problema? ¿Dónde está el fallo o el error? ¿En las piezas del avión? ¿Es la compañía aérea la responsable de la tragedia? ¿Quizás, las condiciones climáticas? ¿Un acto terrorista?

Muy pocas horas después se transmite la información de que ha sido el copiloto quien, aprovechando la soledad de la cabina, ha decidido estrellar de forma voluntaria el avión.
¿Qué puede motivar tal decisión? ¿En qué condiciones o bajo qué circunstancias una persona puede llegar a poner en marcha tan macabro plan? ¿Se trata de una intención gestada durante semanas o meses o más bien de un acto impulsivo?

A partir de este momento, se sucederán múltiples versiones y explicaciones de por qué el copiloto actuó de tal modo. Ahora, 'lo importante no son las víctimas', lo decisivo es estudiar la personalidad del piloto, comenzar a rebuscar en sus bolsas de basura, diseccionar su mente milímetro a milímetro, sacar a la luz todos los momentos previos a la catástrofe: ¿Qué desayunó? ¿Había discutido con su novia? ¿No le gustó el acabado de su nuevo Audi recién estrenado?... Además de extraer etapas anteriores de su vida, revisar su historial médico. ¿Y todo esto para qué? ¿Para satisfacer el morbo de la población general? ¿Para vender más noticias? ¿O evitando afrontar un problema real mucho más difícil de gestionar?



En memoria de las 150 víctimas del accidente aéreo
In memoriam de las víctimas del vuelo Barcelona-Düsseldorf

Todo esto tiene un precio, unas consecuencias y unas causas: continuar estigmatizando la enfermedad mental, como si la locura o la salud mental fuesen algo ajeno al ser humano, como si el copiloto de la Germanwings resultara ser un extraterrestre recién llegado de otra galaxia al que hay que colgarle ahora todos los atributos del chivo expiatorio.

En el estigma se puede hallar la causa de esta tragedia porque si realmente el copiloto estaba atravesando por un problema de salud mental quiso ocultarlo como lo hace un alto porcentaje de personas que presentan este tipo de dificultades. Y esto nos lleva a preguntarnos:

¿Qué conduce a una persona a no querer tomar una baja laboral por problemas psicológicos? ¿Por qué podemos estar en casa con el fémur roto en proceso de rehabilitación y no podemos hacerlo cuando estamos recuperándonos de una depresión? ¿Qué miedo es el que reina en el interior del ser humano? ¿El miedo a ser etiquetado como 'loco' y desterrado de su entorno más cercano? ¿Perder la identidad social, la autoestima? ¿No volver a tener voz y voto en ningún tema importante o decisivo en la familia, en el trabajo, en el grupo de amigos? ¿Perder el empleo?

¿Por qué las compañías aéreas y otro tipo de empresas y la sociedad en general, minimiza la importancia de la evaluación y el cuidado de la salud mental de las personas? El estigma también está en la base de esta falta de rigor y profesionalidad. ¿No es lo mismo tener problemas en el sistema respiratorio que en la mente? ¿No somos una unidad? Todavía hacemos distinción entre cuerpo y mente y lo corporal tiene hoy en día una importancia extrema. Pero, ¿por qué negar la evidencia de que existen multitud de problemas psicológicos, de que la sociedad está enferma, de que este modo de vida basado en el dinero, el éxito y el poder destruye a las personas, las lleva a la corrupción, al robo, a saltarse los controles, las leyes, los principios morales y éticos?


Luchemos contra el estigma de la enfermedad mental
El estigma destruye la identidad social de las personas

¿Por qué en Europa no se sigue la norma de tener siempre dos pilotos en cabina? ¿Reducción de gastos y aumento de beneficios? ¿Por qué no hay más psicólogos contratados por las compañías aéreas que cuiden de la salud mental de sus empleados? Se sabe que tanto controladores aéreos como pilotos y otro tipo de personal de este sector sufren altos niveles de estrés. ¿Por qué no enseñarles a gestionar el estrés? ¿Por qué no adaptar el número de horas laborales en función de la responsabilidad y nivel de tensión emocional que conlleva su puesto de trabajo? 

Es posible que el copiloto sea la cara visible y responsable de la tragedia, pero los pilares, los factores que han intervenido en ella son mucho más profundos y están enraizados fuertemente en la sociedad. Ahora, de nuevo, el círculo del estigma se cierra, ya tenemos al culpable, un ser malvado, un loco, motivo por el que continuaremos desterrando, alienando, destruyendo la identidad de las personas con problemas de salud mental pues tenemos razones para ello que lavan nuestra conciencia, limpian nuestro expediente moral. Se invertirán grandes cantidades de dinero en resolver los factores técnicos y mecánicos que cierran y abran las cabinas de las naves y dejaremos de lado el problema del hombre.

Las personas necesitamos etiquetar, categorizar lo que nos rodea para comprender y orientarnos en un mundo que cambia constantemente, sin embargo, adjudicar etiquetas que discriminan, que segregan a las personas con problemas de salud mental, no ayuda a nadie porque, como en este caso ocurre, seamos o no conscientes de ello, todos vamos la misma nave y es responsabilidad de todos normalizar la existencia de estos problemas para poder hablar abiertamente de ellos con los compañeros de trabajo, con los amigos, con los directores de las empresas, con la familia. Si el copiloto hubiese podido exteriorizar y compartir sus miedos, sus dudas o sus ideas de suicidio, si las tuvo, quizás la tragedia hubiese podido ser evitada.


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miércoles, 25 de marzo de 2015

ADOLESCENCIA: EL RETO DE HACERSE MAYOR


Mª Nieves Matínez Hidalgo
El adolescente, un héroe sin leyenda

Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta











El adolescente, como un héroe sin leyenda avanza, a ciegas y sin brújula hacia un futuro incierto. En esta etapa de la vida son muchos los conflictos que surgen, entre ellos, el más importante, sin duda, el generado por su dependencia y sus intensos deseos de independencia. El adolescente se encuentra ante el reto de querer hacerse mayor siendo todavía un niño. En este conflicto, el/los adultos, padres, profesores e incluso instituciones son vistos como amenazas en su carrera hacia el logro de la independencia.

Surgen entonces varias crisis, las de oposición y las de originalidad. Los adolescentes rompen con lo establecido, con las tradiciones, con los valores que representan aquellos a los que amaban y, en estos momentos, se enfrentan. Su originalidad para ser o mostrarse diferentes a los demás, para marcar un punto y aparte con su yo infantil, para distanciarse de su relación materna y paterna, no tiene límites.


Tanto las crisis de oposición como las de originalidad darán paso a una personalidad sólida con la que el adolescente -de forma paradójica- podrá superar ese miedo a mostrarse débil y humano; podrá afrontar ese miedo a la incertidumbre del camino a elegir, del proyecto a trazar, ese miedo a errar, a tener que arrepentirse de cierta toma de decisiones, a que no haya vuelta atrás.

La agresividad del adolescente es un mecanismo de defensa ante la tensión que surge a nivel interno entre el sentimiento de su propia debilidad y sus intensos deseos de independencia. Para proteger ese nuevo ser que verá la luz, una vez atravesado el túnel de la adolescencia, el chico o la chica atacan y atacan, en especial, a las personas de su entorno que perciben con una personalidad más potente. Es un duelo a muerte. Los padres, y en especial, las madres, sienten que sus hijos desean acabar con ellas, no literalmente, claro, pero sí en la esencia de lo que ello significa, es decir, dar paso a una nueva vida, a una nueva relación. Los adolescentes necesitan romper esa imagen especular de los niños que un día fueron y todavía son y que les transmiten sus padres con sus comentarios, con sus miradas, con sus gestos.

El adolescente odia porque tiene miedo de amar
El adolescente juega a odiar porque teme amar y ser amado. Percibe el amor como dependencia y pérdida de libertad. El adolescente es un héroe sin leyenda que ante el abismo que se abre a sus pies, se arma de valor. El terror le hace apretar los dientes y si entras en su perímetro de seguridad se abalanzará sobre ti como una máquina demoledora que te dejará exhausto y estupefacto. El adolescente ataca a aquel que percibe como amenaza a su independencia. Sus sentimientos de debilidad le 'endurecen' de tal modo que llega a ser cruel, casi sin pretenderlo. La agresividad, el cinismo, las mentiras, las pseudotreguas, ese maltrato directo o sutil a los padres y, en especial, a las madres, es tan solo una demostración de miedo, debilidad, dependencia e inmadurez. Los y las adolescentes luchan por salir de ese círculo en el que se hallan atrapados. El combate con ellos mismos y con su entorno es duro, largo, a veces, demasiado largo. El o la adolescente exige una independencia afilada que corta con cualquier intento de acercamiento paterno o materno. Los padres, agotados todos los recursos a su alcance, sufren al ver que no pueden ayudar a sus hijos. El camino hacia la madurez es un camino que hay que hacer al margen de los padres, lejos de su sombra. 



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jueves, 19 de febrero de 2015

CARTA ANTI-MOSCAS: PARA ESAS MOSCAS QUE NO DEJAN DE DAR VUELTAS A LA CABEZA



Queridas moscas que rondáis nuestras cabezas:

Quería compartir con vosotras algunas ideas y opiniones que tengo. Sé que vuestras intenciones no son malas pero también sé de muchas personas que quiero y que sufren con vuestro run run constante. Sé que estáis necesitadas de atención y os vamos a seguir dando esa atención sólo que no vamos a implicarnos tanto...

Y es que muchos compartimos cuarto mental con estas vocecillas que, a veces, no se callan, ni aunque pongamos la música a tope. Rodeados con pensamientos y dudas que no nos dejan tranquilos “Y si he hecho esto mal”, “y si hubiera podido hacer aquello otro de esta manera”, “y si eso no hubiera ocurrido...”

Y si, y si... aparece como una mosca que da vueltas a nuestra cabeza y no conseguimos que se marche. 


Ilustración 1: La mosca rondando nuestra cabeza

Los “Y si” suelen activarse cuando algo malo nos sucede o cuando creemos que algo podría haber salido mejor. Las experiencias negativas nos sirven para aprender de ellas siempre que aceptemos que son situaciones que ya han ocurrido y no podemos volver atrás para cambiarlas. Podemos extraer conclusiones sobre los actos y sus consecuencias en determinados contextos, integrarlas en nuestro cajón de conocimientos y emplear esta información para actuar de otro modo si hay una próxima vez. Y en el caso de que no hubiera una próxima vez, si no podemos cambiar algo que nos genera sufrimiento, tendremos que aprender a dejar de controlarlo y aceptarlo tal como es.

Es enriquecedor vivir experiencias negativas, por cuanto podemos aprender con ellas y crecer como personas. Sin embargo, extraer conclusiones, una y otra vez, de un hecho pasado, hipotetizando sobre qué hubiera podido pasar o qué hubiera podido hacer de otro modo... se convierte en un ejercicio mental contra-productivo. El machaque de los condicionales ocupa espacio y tiempo y supone un esfuerzo mental que agota a los que están a su alrededor, pero sobre todo a la persona que lo sufre... “Tenía que haber dicho otra cosa”, “hubiésemos podido hacer tantas cosas...”, “podría haber reaccionado de otro modo o como de verdad me sentía”...
la culpabilidad y la duda ante cada acto que la persona realiza genera inseguridad ante la vida. Todo son dudas, todo son “Y si”.


Ilustración 2: La mosca Isidora

El enfado con uno mismo por sus “Y si” y su intento de evitación, como con la detención de pensamiento, no son una solución. Todo lo contrario, esto refuerza el machaque e incrementa la frecuencia de aparición de los “Y si” a largo plazo. En cambio, si los escuchas desde fuera, saliéndote del guión y observando, en tercera persona, la conversación que están manteniendo los “Y si”, puedes despersonalizarlos y no sentirte identificado con ellos.

A través de una postura distante de aceptación y normalización, le quitamos poder a esos condicionales entendiendo que no son -nosotros-. No dejamos que nos dominen porque nosotros somos más que esos “Y si”. Además, la impermanencia de nuestros estados mentales y emocionales se hace más patente cuando tomamos una postura observadora, podemos etiquetar qué sentimos o qué estamos pensando sin controlarlo y al cabo de un rato de contemplación estos estados desaparecen...PUM

Aprendamos a con-vivir con nuestros “Y si's” y a ser menos autocríticos y más flexibles con nosotros mismos, así podremos serlo también con los demás.

Un cariñoso saludo,

Beatriz Regadera Martínez
Psicóloga
#Hazloporti 

miércoles, 18 de febrero de 2015

SÍNDROME DE ASPERGER: PARA CONOCER A ALGUIEN HAY QUE ESCUCHARLE, NO BASTA CON LEER UN BUEN MANUAL DIAGNÓSTICO

Nieves Martínez Hidalgo                                     Psicóloga Clinica
Psicoterapeuta












Hoy 18 de febrero se celebra el Día Internacional del Síndrome de Asperger, y quiero compartir con vosotros algunas reflexiones en torno a las personas que presentan este síndrome, que, en definitiva, es un original modo de ver y vivir la vida. 

El Síndrome de Asperger (S.A.) es una afección del continuo autista y está más presente en nuestra sociedad de lo que podamos pensar. De hecho, en el Programa #Soycomotu, campaña de prevención del estigma y la discriminación o rechazo social, sensibilización hacia las personas con problemas psicológicos, educación en salud mental y promoción del bienestar emocional de niños y adolescentes que la Fundación Cattell Psicólogos​ está llevando a cabo en los centros educativos de la Región de Murcia, es frecuente el colegio o el instituto en el que uno o varios de los alumnos levantan la mano y comparten con sus compañeros que tienen este síndrome. Siendo un gran alivio para ellos poder expresarlo abiertamente en el clima de normalización, empatía y sensibilización que se genera en el aula a través de las actividades que desarrollan los voluntarios de la Fundación y las intervenciones puntuales de los tutores que se están presentes en estas dinámicas de grupo.

Aunque muchas personas lo presentan, continuamos considerando esta forma de vivir y estar en el mundo como algo extraño. Esto es debido, fundamentalmente, a la falta de información que hasta ahora ha habido sobre el mismo.

Muchos niños y muchos adultos no saben que lo tienen. Sufren al sentirse rechazados y no comprendidos por los demás. Sus propios familiares no les entienden, se originan conflictos por las dificultades de comunicación existentes por ambas partes, dado el desconocimiento de lo que realmente sucede. A veces, los padres se sienten frustrados e impotentes, creen que su hijo o hija con Asperger no les quiere, no saben lo que sucede realmente. Por su parte, el chico o la chica con S.A., que interpreta literalmente el lenguaje, puede sentirse muy rechazado por sus padres, cuando discuten o se encuentran en una situación de conflicto.

El diagnóstico precoz es necesario, y no porque haya que poner una etiqueta a todo, sino, porque una vez conocido el motivo de los problemas que se presentan en la vida, uno respira, sabe el por qué no ha podido mantener amistades en el colegio, por qué se sentía aislado en el recreo, o por qué le resultaba tan difícil comprender las emociones de sus padres o compañeros, por qué ha tenido que pasar por tantas situaciones conflictivas o difíciles en su relación con los demás. Es frecuente también, que cuando se diagnostica al hijo, también se suele diagnosticar a uno o a ambos padres que también tenían el síndrome sin ser conscientes de ello.


Compartir con los demás las similitudes y las diferencias es,
para todos, una oportunidad de crecimiento personal

El diagnóstico precoz permite que uno se conozca mejor, aprenda cuáles son sus limitaciones y cuáles, sus puntos fuertes, se acepte y se comprenda. Así, no bajará su autoestima, ni perderá la confianza en sí mismo.  Podrá recibir ayuda para mejorar su empatía, la expresión de sus emociones y sus habilidades sociales. 

El diagnóstico precoz o temprano y su aceptación por parte del niño o adolescente y de sus familiares, facilitará que el chico o la chica comparta sus preocupaciones o su manera diferente de ver el mundo con sus compañeros y con las personas que le rodean y, ello a su vez, posibilitará que los demás aprendan a comunicarse de forma adecuada con la persona que tiene el síndrome de Asperger, mejorando así las relaciones sociales y el bienestar general de las personas.

Ahora bien, no hay que olvidar que una persona con este síndrome no es 'asperger' ni 'un asperger', es una persona 'con asperger', 'con ganas de vivir', 'con su pasión por la cocina o por la radio, por el ajedrez o el baloncesto', en fín, con su propia personalidad, como cualquier otro ser humano, por tanto cada persona con S.A. es diferente, y habrá tantas formas diferentes de manifestar este síndrome como personas diferentes lo tengan. Con esto quiero decir que no se puede generalizar, que no se puede etiquetar de forma amplia y general, pues eso anula la esencia del ser humano. Para conocer a alguien hay que escucharle, no basta con leer un buen manual diagnóstico.