jueves, 19 de febrero de 2015

CARTA ANTI-MOSCAS: PARA ESAS MOSCAS QUE NO DEJAN DE DAR VUELTAS A LA CABEZA



Queridas moscas que rondáis nuestras cabezas:

Quería compartir con vosotras algunas ideas y opiniones que tengo. Sé que vuestras intenciones no son malas pero también sé de muchas personas que quiero y que sufren con vuestro run run constante. Sé que estáis necesitadas de atención y os vamos a seguir dando esa atención sólo que no vamos a implicarnos tanto...

Y es que muchos compartimos cuarto mental con estas vocecillas que, a veces, no se callan, ni aunque pongamos la música a tope. Rodeados con pensamientos y dudas que no nos dejan tranquilos “Y si he hecho esto mal”, “y si hubiera podido hacer aquello otro de esta manera”, “y si eso no hubiera ocurrido...”

Y si, y si... aparece como una mosca que da vueltas a nuestra cabeza y no conseguimos que se marche. 


Ilustración 1: La mosca rondando nuestra cabeza

Los “Y si” suelen activarse cuando algo malo nos sucede o cuando creemos que algo podría haber salido mejor. Las experiencias negativas nos sirven para aprender de ellas siempre que aceptemos que son situaciones que ya han ocurrido y no podemos volver atrás para cambiarlas. Podemos extraer conclusiones sobre los actos y sus consecuencias en determinados contextos, integrarlas en nuestro cajón de conocimientos y emplear esta información para actuar de otro modo si hay una próxima vez. Y en el caso de que no hubiera una próxima vez, si no podemos cambiar algo que nos genera sufrimiento, tendremos que aprender a dejar de controlarlo y aceptarlo tal como es.

Es enriquecedor vivir experiencias negativas, por cuanto podemos aprender con ellas y crecer como personas. Sin embargo, extraer conclusiones, una y otra vez, de un hecho pasado, hipotetizando sobre qué hubiera podido pasar o qué hubiera podido hacer de otro modo... se convierte en un ejercicio mental contra-productivo. El machaque de los condicionales ocupa espacio y tiempo y supone un esfuerzo mental que agota a los que están a su alrededor, pero sobre todo a la persona que lo sufre... “Tenía que haber dicho otra cosa”, “hubiésemos podido hacer tantas cosas...”, “podría haber reaccionado de otro modo o como de verdad me sentía”...
la culpabilidad y la duda ante cada acto que la persona realiza genera inseguridad ante la vida. Todo son dudas, todo son “Y si”.


Ilustración 2: La mosca Isidora

El enfado con uno mismo por sus “Y si” y su intento de evitación, como con la detención de pensamiento, no son una solución. Todo lo contrario, esto refuerza el machaque e incrementa la frecuencia de aparición de los “Y si” a largo plazo. En cambio, si los escuchas desde fuera, saliéndote del guión y observando, en tercera persona, la conversación que están manteniendo los “Y si”, puedes despersonalizarlos y no sentirte identificado con ellos.

A través de una postura distante de aceptación y normalización, le quitamos poder a esos condicionales entendiendo que no son -nosotros-. No dejamos que nos dominen porque nosotros somos más que esos “Y si”. Además, la impermanencia de nuestros estados mentales y emocionales se hace más patente cuando tomamos una postura observadora, podemos etiquetar qué sentimos o qué estamos pensando sin controlarlo y al cabo de un rato de contemplación estos estados desaparecen...PUM

Aprendamos a con-vivir con nuestros “Y si's” y a ser menos autocríticos y más flexibles con nosotros mismos, así podremos serlo también con los demás.

Un cariñoso saludo,

Beatriz Regadera Martínez
Psicóloga
#Hazloporti 

2 comentarios:

  1. Me encanta este texto que a través de un diálogo con esas ideas obsesivas que se introducen en nuestra mente y pueden carcomer nuestro bienestar emocional si no aprendemos a tratar con ellas, nos muestra y guía sobre cómo afrontarlas, sin combatirlas de frente. Enhorabuena, Beatriz!! Ah, y las ilustraciones te han quedado genial, muy apropiadas

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  2. He de reconocer que me he pasado gran parte de mi vida prestando atención a esos "Y si"-s a los que haces referencia. Tanta, que me siento un tipo de 37 años vestido con el traje de los 22 y preguntándome "y si fuera cierto que los tengo"; ¡Claro!, si los tuviera... hubiera hecho, hubiera dicho, me hubiera propuesto..., pero como no los tengo...el tiempo sigue corriendo.

    Puede, como digo, resultar entretenido a los 22, y no tengo nada en contra de esa edad, todo lo contrario; lo único es que si te dejas llevar, a los 37 se convierte en un martirio, echas la vista atrás y te encuentras con el vacío y el zumbido de las moscas, porque estas, por sí mismas, no se han ido.

    Lo que más percibo es que mientras te implicas con las moscas no te aplicas en aquello que realmente debe ocupar tu vida. El tiempo pasa mientras tú, entretenido, divagas en la azotea.

    En fin, me ha gustado tu reflexión y me llega tu propuesta, a pesar de las interferencias propias de la materia que tratas. Pondré en práctica tu recomendación; escucharé el diálogo desde una atalaya, desde lo alto del graderío, y esperaré, paciente, hasta que por fin CALLEN.

    Si lo logramos, en el silencio, aún nos quedará tiempo para preguntarnos qué es aquello que debemos hacer con nuestra vida y, presto, ponernos manos a la obra y comenzar a vivirla.

    Un saludo Beatriz Regadera

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