sábado, 28 de marzo de 2015

EL ESTIGMA DE LA LOCURA: TODOS VAMOS EN EL MISMO VUELO, GERMANWINGS GWI9525


LOS ALPES, ZONA DE LA TRAGEDIA AÉREA
Los Alpes, el lugar físico  de la tragedia
Mª Nieves Martínez Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta










En un primer momento, el accidente aéreo ocurrido en los Alpes el 24 de marzo de 2015 nos deja a todos conmocionados. Nos hace reflexionar en torno a la debilidad del ser humano, a la falta de previsibilidad y al poco control que tenemos sobre los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor. A continuación, comenzamos a buscar la explicación, iniciamos el proceso de atribución de causalidad: ¿Cuál puede ser el origen del problema? ¿Dónde está el fallo o el error? ¿En las piezas del avión? ¿Es la compañía aérea la responsable de la tragedia? ¿Quizás, las condiciones climáticas? ¿Un acto terrorista?

Muy pocas horas después se transmite la información de que ha sido el copiloto quien, aprovechando la soledad de la cabina, ha decidido estrellar de forma voluntaria el avión.
¿Qué puede motivar tal decisión? ¿En qué condiciones o bajo qué circunstancias una persona puede llegar a poner en marcha tan macabro plan? ¿Se trata de una intención gestada durante semanas o meses o más bien de un acto impulsivo?

A partir de este momento, se sucederán múltiples versiones y explicaciones de por qué el copiloto actuó de tal modo. Ahora, 'lo importante no son las víctimas', lo decisivo es estudiar la personalidad del piloto, comenzar a rebuscar en sus bolsas de basura, diseccionar su mente milímetro a milímetro, sacar a la luz todos los momentos previos a la catástrofe: ¿Qué desayunó? ¿Había discutido con su novia? ¿No le gustó el acabado de su nuevo Audi recién estrenado?... Además de extraer etapas anteriores de su vida, revisar su historial médico. ¿Y todo esto para qué? ¿Para satisfacer el morbo de la población general? ¿Para vender más noticias? ¿O evitando afrontar un problema real mucho más difícil de gestionar?



En memoria de las 150 víctimas del accidente aéreo
In memoriam de las víctimas del vuelo Barcelona-Düsseldorf

Todo esto tiene un precio, unas consecuencias y unas causas: continuar estigmatizando la enfermedad mental, como si la locura o la salud mental fuesen algo ajeno al ser humano, como si el copiloto de la Germanwings resultara ser un extraterrestre recién llegado de otra galaxia al que hay que colgarle ahora todos los atributos del chivo expiatorio.

En el estigma se puede hallar la causa de esta tragedia porque si realmente el copiloto estaba atravesando por un problema de salud mental quiso ocultarlo como lo hace un alto porcentaje de personas que presentan este tipo de dificultades. Y esto nos lleva a preguntarnos:

¿Qué conduce a una persona a no querer tomar una baja laboral por problemas psicológicos? ¿Por qué podemos estar en casa con el fémur roto en proceso de rehabilitación y no podemos hacerlo cuando estamos recuperándonos de una depresión? ¿Qué miedo es el que reina en el interior del ser humano? ¿El miedo a ser etiquetado como 'loco' y desterrado de su entorno más cercano? ¿Perder la identidad social, la autoestima? ¿No volver a tener voz y voto en ningún tema importante o decisivo en la familia, en el trabajo, en el grupo de amigos? ¿Perder el empleo?

¿Por qué las compañías aéreas y otro tipo de empresas y la sociedad en general, minimiza la importancia de la evaluación y el cuidado de la salud mental de las personas? El estigma también está en la base de esta falta de rigor y profesionalidad. ¿No es lo mismo tener problemas en el sistema respiratorio que en la mente? ¿No somos una unidad? Todavía hacemos distinción entre cuerpo y mente y lo corporal tiene hoy en día una importancia extrema. Pero, ¿por qué negar la evidencia de que existen multitud de problemas psicológicos, de que la sociedad está enferma, de que este modo de vida basado en el dinero, el éxito y el poder destruye a las personas, las lleva a la corrupción, al robo, a saltarse los controles, las leyes, los principios morales y éticos?


Luchemos contra el estigma de la enfermedad mental
El estigma destruye la identidad social de las personas

¿Por qué en Europa no se sigue la norma de tener siempre dos pilotos en cabina? ¿Reducción de gastos y aumento de beneficios? ¿Por qué no hay más psicólogos contratados por las compañías aéreas que cuiden de la salud mental de sus empleados? Se sabe que tanto controladores aéreos como pilotos y otro tipo de personal de este sector sufren altos niveles de estrés. ¿Por qué no enseñarles a gestionar el estrés? ¿Por qué no adaptar el número de horas laborales en función de la responsabilidad y nivel de tensión emocional que conlleva su puesto de trabajo? 

Es posible que el copiloto sea la cara visible y responsable de la tragedia, pero los pilares, los factores que han intervenido en ella son mucho más profundos y están enraizados fuertemente en la sociedad. Ahora, de nuevo, el círculo del estigma se cierra, ya tenemos al culpable, un ser malvado, un loco, motivo por el que continuaremos desterrando, alienando, destruyendo la identidad de las personas con problemas de salud mental pues tenemos razones para ello que lavan nuestra conciencia, limpian nuestro expediente moral. Se invertirán grandes cantidades de dinero en resolver los factores técnicos y mecánicos que cierran y abran las cabinas de las naves y dejaremos de lado el problema del hombre.

Las personas necesitamos etiquetar, categorizar lo que nos rodea para comprender y orientarnos en un mundo que cambia constantemente, sin embargo, adjudicar etiquetas que discriminan, que segregan a las personas con problemas de salud mental, no ayuda a nadie porque, como en este caso ocurre, seamos o no conscientes de ello, todos vamos la misma nave y es responsabilidad de todos normalizar la existencia de estos problemas para poder hablar abiertamente de ellos con los compañeros de trabajo, con los amigos, con los directores de las empresas, con la familia. Si el copiloto hubiese podido exteriorizar y compartir sus miedos, sus dudas o sus ideas de suicidio, si las tuvo, quizás la tragedia hubiese podido ser evitada.


http://www.cattell-psicologos.com

#Hazloporti

http://www.cattell-psicologos.blogspot.com.es/2014/06/etiquetas-diagnosticas-y-estigma.html

miércoles, 25 de marzo de 2015

ADOLESCENCIA: EL RETO DE HACERSE MAYOR


Mª Nieves Matínez Hidalgo
El adolescente, un héroe sin leyenda

Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta











El adolescente, como un héroe sin leyenda avanza, a ciegas y sin brújula hacia un futuro incierto. En esta etapa de la vida son muchos los conflictos que surgen, entre ellos, el más importante, sin duda, el generado por su dependencia y sus intensos deseos de independencia. El adolescente se encuentra ante el reto de querer hacerse mayor siendo todavía un niño. En este conflicto, el/los adultos, padres, profesores e incluso instituciones son vistos como amenazas en su carrera hacia el logro de la independencia.

Surgen entonces varias crisis, las de oposición y las de originalidad. Los adolescentes rompen con lo establecido, con las tradiciones, con los valores que representan aquellos a los que amaban y, en estos momentos, se enfrentan. Su originalidad para ser o mostrarse diferentes a los demás, para marcar un punto y aparte con su yo infantil, para distanciarse de su relación materna y paterna, no tiene límites.


Tanto las crisis de oposición como las de originalidad darán paso a una personalidad sólida con la que el adolescente -de forma paradójica- podrá superar ese miedo a mostrarse débil y humano; podrá afrontar ese miedo a la incertidumbre del camino a elegir, del proyecto a trazar, ese miedo a errar, a tener que arrepentirse de cierta toma de decisiones, a que no haya vuelta atrás.

La agresividad del adolescente es un mecanismo de defensa ante la tensión que surge a nivel interno entre el sentimiento de su propia debilidad y sus intensos deseos de independencia. Para proteger ese nuevo ser que verá la luz, una vez atravesado el túnel de la adolescencia, el chico o la chica atacan y atacan, en especial, a las personas de su entorno que perciben con una personalidad más potente. Es un duelo a muerte. Los padres, y en especial, las madres, sienten que sus hijos desean acabar con ellas, no literalmente, claro, pero sí en la esencia de lo que ello significa, es decir, dar paso a una nueva vida, a una nueva relación. Los adolescentes necesitan romper esa imagen especular de los niños que un día fueron y todavía son y que les transmiten sus padres con sus comentarios, con sus miradas, con sus gestos.

El adolescente odia porque tiene miedo de amar
El adolescente juega a odiar porque teme amar y ser amado. Percibe el amor como dependencia y pérdida de libertad. El adolescente es un héroe sin leyenda que ante el abismo que se abre a sus pies, se arma de valor. El terror le hace apretar los dientes y si entras en su perímetro de seguridad se abalanzará sobre ti como una máquina demoledora que te dejará exhausto y estupefacto. El adolescente ataca a aquel que percibe como amenaza a su independencia. Sus sentimientos de debilidad le 'endurecen' de tal modo que llega a ser cruel, casi sin pretenderlo. La agresividad, el cinismo, las mentiras, las pseudotreguas, ese maltrato directo o sutil a los padres y, en especial, a las madres, es tan solo una demostración de miedo, debilidad, dependencia e inmadurez. Los y las adolescentes luchan por salir de ese círculo en el que se hallan atrapados. El combate con ellos mismos y con su entorno es duro, largo, a veces, demasiado largo. El o la adolescente exige una independencia afilada que corta con cualquier intento de acercamiento paterno o materno. Los padres, agotados todos los recursos a su alcance, sufren al ver que no pueden ayudar a sus hijos. El camino hacia la madurez es un camino que hay que hacer al margen de los padres, lejos de su sombra. 



#Hazloporti