miércoles, 20 de mayo de 2015

10 ORIENTACIONES PARA UNA PARENTALIDAD POSITIVA EN LA ADOLESCENCIA

Contar con el apoyo de los padres es un factor de protección
que puede ayudar al adolescente a tomar decisiones
ante situaciones de riesgo

MªNieves Martínez Hidalgo
Psicóloga clínica
Psicoterapeuta

















Ya hemos comentado en otras ocasiones las dificultades que entraña la etapa de la adolescencia para chicos y chicas, para padres y madres. En esta ocasión queremos resaltar algunas cuestiones positivas de esta etapa de transición entre la niñez y la adultez. No es lo mismo atravesar un puente que imaginamos peligroso, que pasar por él, sabiendo que es un puente como cualquier otro, pero que, en algún tramo, tendremos que afrontar alguna situación problemática o novedosa. Lo importante es tener en mente qué tipo de comunicación y de relación queremos tener con nuestros hijos y saber que, al igual que ellos tienen que adaptarse a cambios físicos, emocionales y de personalidad, los padres tendrán que asumir la probabilidad de que esos cambios se produzcan y enfrentarnos a que pueden gustar más o menos, pero hay que respetarlos. La adolescencia es una etapa larga de la vida, y digo larga, porque aunque sea mucho más breve que la madurez o la senectud, se hace larga porque es totalmente novedosa tanto para padres como para hijos. Además cada persona y en cada familia -el contexto familiar y social son decisivos en esta etapa del desarrollo- se vive la adolescencia de un modo distinto.

En el decálogo que hemos preparado, aparecen diez orientaciones que suelen resultar de gran utilidad para iniciar y mantenerse en buena forma durante este pasaje, para ejercer una parentalidad positiva, constructiva que nos permita como padres, por un lado, no decaer ni meter la pata por exceso de intervencionismo o sobreprotección o de pasividad o permisivismo ( estilos educativos muy en boga en la sociedad actual) y, por otro, favorecer con respeto, cariño y libertad el desarrollo y el camino hacia la madurez, la confianza en ellos mismos y en los demás, la autoestima, la independencia emocional y la asertividad de nuestros hijos.


DECÁLOGO PARA UNA PARENTALIDAD POSITIVA CON NUESTROS HIJOS ADOLESCENTES

  1. Aceptar los cambios en su aspecto físico (forma de vestir, actitudes corporales).
  2. Asumir que su forma de comportarse y de relacionarse en el ambiente familiar experimentará cambios que quizás no gusten a padres, abuelos y otros familiares.
  3. Amar, encontrar la manera de manifestar ese amor a tus hijos adolescentes en etapas de tensión, sin hacer reproches, siendo creativo, paciente y tolerante en tu forma de comunicarte con ellos.
  4. Los límites y las normas siguen siendo necesarios, como en cualquier tipo de convivencia o relación, pero sin autoritarismo, ni imposiciones, tampoco gritos, amenazas o chantajes emocionales.
  5. No imponer caminos a seguir. Dejarle crecer y desarrollarse en los campos que desee.
  6. Dejarle espacios más amplios de libertad, intimidad y privacidad. Los padres también debemos de correr algunos riesgos. No podemos pretender controlarlo todo.
  7. Comunicarte con tu hijo no es preguntarle por las notas o decirle que apague ya el ordenador, o si ha vuelto a tirar el bocadillo en el recreo, o si está realmente seguro que no tiene nada más que estudiar. Comunicarte con tu hijo es hablar con él de temas que le interesen, sobre sus gustos, sus aficiones, sus sentimientos, sus opiniones políticas o sobre la vida.
  8. Escucharle sin juzgarle, dejarle hablar sin interrumpirle, permitirle que se exprese libremente con su vocabulario particular. No ridiculizarle, ni despreciarle.
  9. Hablar con los hijos adolescentes para tratar de conocerles, de comprender su realidad, de saber cómo esta, qué quiere o qué necesita. Estar ahí. Respetarle.
  10. Evitar las comparaciones con otros hermanos, familiares o conocidos. Cada adolescente, cada hijo, cada ser humano es diferente y los padres debemos aprender a respetar esas diferencias que hacen de nuestros hijos seres únicos e irrepetibles, con sus virtudes, sus dificultades o su belleza.

#Hazloporti


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sábado, 2 de mayo de 2015

MADRES TÓXICAS: ¿TE CUESTA FELICITAR A TU MADRE?

adolescencia fotografía Nieves M.HidalgoDra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo            
Psicóloga Clínica 
Psicoterapeuta










La anticipación de este día en que hijos e hijas 'deben' felicitar a su madre, genera en muchas personas altos niveles de preocupación y ansiedad. Cuando uno no se ha sentido querido por su progenitora cuesta pensar en ella de forma positiva, expresarle el amor, cuidarla cuando lo necesita. Parece un hecho contranatura no sentir cariño hacia una madre pues la sociedad nos ha transmitido que posee una actitud de entrega, de generosidad, y de luchadora incansable, entre otras muchas virtudes que quedan reflejadas en el saber popular:

Madre no hay más que una.. El amor de una madre dura para siempre. Madre: la palabra más bella pronunciada por el ser humano.

Sin embargo, uno puede cuestionarse: ¿Ser madre es un instinto natural que todas las mujeres llevamos grabado en nuestro ADN? ¿O se trata, más bien, de una función social o de una vocación íntima y personal?
Katharine Hepburn dijo en una ocasión:  Ser madre es el trabajo más grande del mundo, pero si no te interesa no lo hagas. Yo habría sido una madre terrible. Y es cierto, a veces, antes de subirse al tren de la maternidad hay que reflexionar: ¿Realmente deseo ser madre? ¿O simplemente voy como títere sin cabeza y sin corazón a repetir los patrones sociales que he aprendido? Ser madre o padre es una de las decisiones que deberíamos de tomar con mayor cuidado, anticipándonos a ese futuro que puede ser muy hermoso, duro por momentos, en otros tedioso y extenuante.


apego foto Sandra Huertas

Y es que ser madre, en una sociedad tan individualista, materialista y competitiva se ha convertido en una tarea muy difícil. Son muchos los frentes que hay que sopesar. En primer lugar, ¿Cómo conciliar la vida laboral y la vida familiar?. Cuando las madres llegan casa, el agotamiento por la dura jornada en el trabajo, les impide disfrutar de sus hijos y a ellos de su mamá. Los niños que se han sentido abandonados en casa de la abuela, en la guardería o el colegio o en casa con la cuidadora, muestran su dolor o resentimiento llamando nuestra atención de diferentes maneras. En segundo, ¿Cómo quiero educar a mi hijo? ¿Estarán de acuerdo el padre y la madre en el estilo educativo a seguir? . Y al hilo de esta mención a la la figura paterna, habrá que pensar también si está bien construido ese nido de amor para recibir al infante o la infanta. ¿Resistirá los pilares de la casa la dureza del invierno o el alboroto de la primavera? A veces, cuando falla la relación de pareja, el hijo o la hija no vienen a resolver nada, más bien al contrario y es el niño o la niña los que sufren las consecuencias de este desamor.

instalación Kasia Rogowicz

Cuando la relación con la madre asfixia, el amor se contamina, y ya no se merece llamarse amor, sino posesión. El egoísmo predomina, la necesidad de dominar, de tener bajo control a ese pequeño o pequeña. El chantaje emocional, el dar cariño a cambio de obedecimiento o sumisión, convierte a ese ser humano, que se está formando, en una persona pasiva, dependiente, esclava de los deseos de los demás, con miedo a desagradar, a no dar la talla que se espera de él, a no cumplir con las expectativas de aquellos con los que se relaciona, pero en especial de la figura materna. Continuamente cuestionada, evaluada, la persona deja de ser ella misma, para ser la marioneta, el juguete con el que la madre distrae sus propios miedos, sus particulares ansiedades.

Intentar salir de esta trampa de falso amor es la solución, pero para ello se requieren agallas, la valentía de un capitán de barco ante la gran tormenta que se avecina. Es difícil y duro, pero posible. Alejarse en un primer momento, poner distancia, marcar límites en esta relación materno-filial, puede resultar positivo. Cuando la madre sienta que ya no tiene poder sobre ese ser que trajo al mundo hace más de dieciocho o veinte años y la hija o el hijo se haya empoderado y cogido las riendas de su vida, quizás una nueva relación, no idílica, tampoco perfecta, sólo algo más madura y constructiva pueda ser forjada.
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