lunes, 13 de noviembre de 2017

TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD (TLP): DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

El miedo a la soledad y al abandono caracterizan el TPL

Dr.Juan José Regadera                                Dra.Mª Nieves M.Hidalgo
Psicólogos Clínicos














En la actualidad, la demanda asistencial ha cambiado sensiblemente. Se ha pasado de tratar a personas con problemas de salud mental de alto impacto personal, familiar y social como la psicosis, las manías, las depresiones entre otras, a tratar a personas cuya principal sintomatología se centra en la cronicidad de situaciones de conflicto interpersonal.

Una de estas patologías, a las que hoy nos acercamos, es el Trastorno de Personalidad Límite (TPL) que consiste en un patrón de inestabilidad de las relaciones interpersonales, de la imagen de sí mismo y de los afectos, con una impulsividad marcada. Linehan (1993), creador de la terapia dialéctica cognitivo-conductual, sugirió que las personas con el diagnóstico de TPL actúan de modo impulsivo como un modo de tratar con el desajuste emocional, y que, en la sociedad moderna, la disminución del apoyo social incrementa estos rasgos.

La prevalencia de este trastorno de personalidad se encuentra entre un 1,6 y un 5,9% de la población general. Y es más común entre las mujeres (75%). La prevalencia suele disminuir en los grupos de mayor edad. Un estudio prospectivo, citado por Oldham, Skodol y Bender (1998),  concluyó que la mejoría sintomática del TPL es tanto común como estable, y que el pronóstico sintomático para la mayoría de los pacientes límite gravemente alterados es mejor que el reconocido previamente.


La perspectiva actual del TLP según el DSM-V y la CIE-10 es la siguiente:

Desarrollo y curso: Existe una considerable variabilidad en el curso del TPL. El patrón más frecuente es una inestabilidad crónica en la edad adulta,  con episodios de grave descontrol afectivo e impulsivo. El deterioro de la afección y el riesgo de suicidio son mayores en los adultos jóvenes y disminuyen gradualmente con la edad.


Las personas que acuden a intervención terapéutica muestran a menudo una mejoría en algún momento del primer año. Aunque, la tendencia a experimentar emociones intensas, a actuar de forma impulsiva y a vivir las relaciones con gran intensidad suele perdurar a lo largo de la vida, entre los 30 y 40 años de edad se logra una mayor estabilidad en las relaciones y en el funcionamiento personal. Estudios longitudinales de seguimiento de los pacientes ambulatorios, tratados en centros de salud mental, indican que, después de unos 10 años, casi la mitad de las personas carece de un patrón de comportamiento que cumpla con todos los criterios del TPL.


Criterios diagnósticos: se manifiesta por cinco (o más) de los siguientes hechos:

1.    Esfuerzos desesperados para evitar el abandono real o imaginado. Por ejemplo: desesperación repentina como reacción a un clínico que indica que finaliza la consulta, pánico ira cuando alguien importante para ellos llega con unos minutos de retraso o debe cancelar una cita. Pueden creer que este “abandono” implica que son “malos”. Estos temores de abandono están relacionados con una intolerancia a la soledad y la necesidad de tener otras personas con ellos. Sus esfuerzos frenéticos para evitar el abandono pueden incluir actos impulsivos como la autolesión o los comportamientos suicidas.
2.    Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas que se caracteriza por una alternancia entre los extremos de idealización y de devaluación. Pueden idealizar a los cuidadores o a los amantes potenciales en la primera o segunda cita, exigir pasar mucho tiempo juntos y compartir los detalles más íntimos de una relación demasiado pronto. Sin embargo, pueden cambiar rápidamente de idealizar a devaluar a las personas, y sentir que a la otra persona no le importa demasiado, no le da lo suficiente, o “no está” para ella el tiempo necesario. Estas personas pueden comprender y cuidar a los demás, pero sólo con la expectativa de que esa persona “esté ahí” para cubrir sus propias necesidades cuando se lo pida. Son propensos a los cambios repentinos y dramáticos en su visión de los demás que, alternativamente, pueden considerarse su mejor apoyo o un castigador cruel.
3.    Alteración de la identidad: inestabilidad intensa y persistente de la autoimagen y del sentido del yo. Hay cambios repentinos y dramáticos de la autoimagen, caracterizados por metas, valores y aspiraciones profesionales cambiantes. Puede haber modificaciones repentinas de las opiniones y proyectos acerca de la profesión, la identidad sexual, los valores y los tipos de amigos. Estas personas pueden variar repentinamente y asumir desde el papel de una persona necesitada que suplica ayuda, hasta el de una persona vengadora dispuesta a resarcirse por los malos tratos sufridos.. Estas experiencias suelen ocurrir en situaciones en las que la persona siente la falta de una relación significativa, de cuidados y de apoyo. Suelen obtener un peor rendimiento en las situaciones no estructuradas en el trabajo o la escuela.
4.    Impulsividad en dos o más áreas que son potencialmente autolesivas (p.ej., gastos, sexo, drogas, conducción temeraria, atracones alimentarios).
5.    Comportamiento, actitud o amenazas recurrentes de suicidio, o conductas autolesivas. El suicidio consumado se produce en el 8-10% de estas personas, y son habituales los actos de autolesión (p.ej., los cortes o las quemaduras), y las amenazas y los intentos de suicidio. La tendencia suicida recurrente suele ser la razón para que estas personas solicitan ayuda. Estos actos autodestructivos frecuentemente se precipitan por las amenazas de separación o de rechazo o por las expectativas de que el individuo asuma una mayor responsabilidad. Durante las experiencias disociativas pueden autolesionarse como una forma de aliviarse, en el sentido de que reafirma su capacidad de sentir o de expiar el sentimiento de culpa por ser "una persona mala o despreciable".


6.    Inestabilidad afectiva debida a una reactividad notable del estado de ánimo (p. ej., episodios intensos de disforia, irritabilidad o ansiedad que generalmente duran una horas y, rara vez, más de unos días).

7.    Sensación crónica de vacío.
8.    Enfado inapropiado e intenso, o dificultad para controlar la ira (p.ej., exhibición frecuente de genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes). Suelen manifestarse muy sarcásticamente, con resentimientos duraderos y explosiones verbales. Sienten ira a menudo provocada cuando perciben que un cuidador o amante es negligente, distante, indiferente o que tiene intención de abandonarles. Tales expresiones de ira desembocan en sentimientos de vergüenza y culpa, que a su vez contribuyen a reforzar el pensamiento de que son malos.
9.    Ideas paranoides transitorias relacionadas con el estrés o síntomas disociativos graves. Durante los períodos de estrés extremo, pueden aparecer ideación paranoide transitoria o síntomas disociativos (p. ej., despersonalización), pero generalmente son de gravedad o duración insuficiente como para justificar un diagnostico adicional. Estos episodios ocurren con mayor frecuencia como respuesta a un abandono real o imaginado. Los síntomas tienden a ser transitorios y duras minutos u horas. El retorno real o percibido de los cuidados de la persona significativa puede hacer que remitan los síntomas.


Nota: los estudios de investigación han demostrado que para el TPL, determinados síntomas concretos, como los sentimientos crónicos de vacío y aburrimiento y de tendencias suicidas y autolesivas, tienen un mayor valor para predecir un diagnóstico que otros síntomas, como, por ejemplo, la impulsividad.


Causas y comprensión del TPL

El TPL tiene sus raíces en las teorías de la psicología del yo, en la teoría de las relaciones objetales, en la teoría del self y en las teorías interpersonales que consideran que los problemas que sufren estos pacientes obedecen a desviaciones en el desarrollo de la personalidad manifestándose en el temperamento en las experiencias tempranas de apego y sus interacciones.
La interiorización de las actitudes parentales hostiles, abusivas, violentas, críticas, incoherentes o negligentes puede hacer que los pacientes que sufren trastorno límite sean vulnerables a temer a ser abandonados y a odiarse a sí mismos, una tendencia de los pacientes a tratarse de igual manera que sus padres les trataron.

Su limitación para obtener un punto de vista realista y equilibrado de sí mismos que les sirva para sobrellevar los errores que pueden cometer y las críticas de los demás tiene consecuencias. Una de estas consecuencias es que la dificultad para poner en marcha una serie de procesos activos que serían útiles para rebajar la tensión cuando el paciente tiene que enfrentarse a un fracaso, a una pérdida o a una amenaza para su seguridad o su autoestima. Estos procesos se basarían en las experiencias tranquilizadoras que debían haber tenido en sus primeras relaciones con los padres o las personas que los cuidaban.

Según Otto Kernberg, los pacientes límite carecen de una identidad integrada.

Según las teorías cognitivo-conductuales, las personas diagnosticadas con TPL presentan esquemas disfuncionales que hacen que interpreten erróneamente la información, es decir, malinterpretan las intenciones de los demás.
Linehan, creador de la terapia cognitivo-conductual dialéctica, considera que las deficiencias en la regulación de las emociones (autorregulación, aquí incluimos los déficit en habilidades específicas) son la característica fundamental del límite. Las características clave de la mala regulación emocional incluyen: 1) Dificultad para la inhibición del comportamiento inapropiado relacionado con afecto intenso; 2) Dificultad para organizarse  uno mismo con el fin de conseguir las metas y objetivos propuestos; 3) Dificultad para regular la activación fisiológica (asociada con la activación emocional intensa); y, 4) Dificultad para centrar de nuevo la atención cuando el sujeto se encuentra emocionalmente estimulado.

Muchas de las manifestaciones conductuales del límite pueden considerarse como una consecuencia de la inadecuada regulación emocional. Los déficits en la regulación de las emociones dan lugar a otros problemas, tales como dificultades en el funcionamiento interpersonal y en el desarrollo de un sentido estable del self.

Según la teoría del apego, los pacientes con TPL buscan relaciones íntimas y estrechas, al mismo tiempo que están alerta a signos de rechazo e infravaloración. El patrón de apego ambivalente, preocupado y disfuncional puede explicar las dificultades para manejar la ansiedad y la angustia que se originan en las relaciones interpersonales. Estas dificultades se pueden manifestar como inestabilidad emocional, ira extrema y comportamiento suicida dirigido a conseguir las propias necesidades interpersonales.

Tratamiento

Quiroga y Errasti (2005) consideran el tratamiento del TPL mejor estudiado y sobre el que existen más datos de eficacia clínica positiva es la terapia cognitivo-conductual dialéctica de M. Linehan. Dicho tratamiento está indicado, sobre todo para abordar algunos de los aspectos más problemáticos del trastorno como los comportamientos autolíticos y suicidas, y la inestabilidad afectiva.

Aunque el uso de psicofármacos puede aliviar los síntomas y proporcionar una mayor estabilidad impulso-emocional, la psicoterapia individual es crucial para el tratamiento de este trastorno. Los objetivos terapéuticos principales son la modulación de los afectos, el mantenimiento del estado de ánimo y el control de la conducta para limitar   el efecto de las vivencias de abandono, insuficiencia, desconfianza e incompetencia, centrales en la experiencia de estos pacientes.

En este proceso terapeútico el psicólogo clínico: a) Ha de tener un papel terapéutico activo en la identificación, confrontación y dirección de los problemas psicopatológicos del paciente; b) Ha de construir y conservar un marco terapéutico estable; c) El trabajo ha de conectar las acciones y los sentimientos del paciente; d) La desactivación de las conductas autodestrutivas es un objeto prioritario; y, e) La observación sistemática y el control de la contratransferencia son imprescindibles.

También es útil la terapia de grupo, en grupos heterogéneos, teniendo siempre en cuenta que con frecuencia las personas con TPL pueden ser “cabeza de turco o chivo expiatorio” debido a su forma primitiva de expresión emocional y a los sentimientos de incompetencia frente a otros participantes.

Es importante el trabajo con la familia y con la pareja ya que suelen presentarse dificultades graves en la relación interpersonal. Los objetivos: a) Mejorar la capacidad de la familia para reducir los procesos de escisión en el sistema familiar; b) Mejorar la capacidad de los miembros de la familia para reducir la propia escisión personal; c) Reducir las conductas oposicionistas estereotipadas en todos los miembros de la familia; d) Reparar los límites externos en los sistemas intergeneracionales y subfamiliares; y, e) Reparar los límites internos en las relaciones entre padres, padres e hijos, y los propios hijos.


La mayoría de los autores aconseja un abordaje integrado y flexible con distintas aproximaciones, estilos y formatos.






lunes, 6 de noviembre de 2017

HABLANDO SOBRE EL TRASTORNO DE PERSONALIDAD OBSESIVO COMPULSIVO EN ONDA REGIONAL

Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo                      
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta



El Trastorno de personalidad obsesivo compulsivo (TPOC) es un patrón de personalidad que se caracteriza por la preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental e interpersonal, a expensas de la flexibilidad, la apertura y la eficiencia, y está presente en una variedad de contextos. 

Este lunes, 6 de noviembre de 2017, como cada lunes, he compartido unos minutos en Onda Regional, en el programa Mur y Cía, con las periodistas Marta Ferrero y Carmen Campos, siempre tan profesionales y tan interesadas en la difusión de los temas de salud mental. Hemos hablado sobre uno de los 10 trastornos de personalidad, el que mayor prevalencia muestra en población general (entre un 2 y casi un 8%).

En este enlace podéis escuchar el programa: 

#habladetusaludmental
#Cuidatusaludmental

http://www.cattell-psicologos.com/

http://fundacioncattellpsicologos.org/

TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD OBSESIVO-COMPULSIVO (TPOC)

Dr. Juan José Regadera                                                     
Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo
Psicólogos Clínicos



TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD OBSESIVO-COMPULSIVO (TPOC)

Según el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la American Psychiatric Association, 2014), el TPOC es un patrón de personalidad que se caracteriza por la preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental e interpersonal, a expensas de la flexibilidad, la apertura y la eficiencia, y está presente en una variedad de contextos. 

Respecto a su edad de inicio: comienza en la edad adulta. Y, en cuanto a su grupo de pertenencia, el TPOC estaría englobado dentro del grupo “C” junto con los trastornos de la personalidad, evasiva y dependiente.

Las similitudes descriptivas del grupo “C” son: comportamiento más prominente y generalizado por ansiedad, temor o perfeccionismo. Son personalidades ansiosas, emocionalmente inestables y temerosas que están continuamente preocupados por la salud y otros problemas; además son inflexibles y obstinados, indecisos, continuamente apesadumbrados y pesimistas. Muestran un estado de ánimo inestable.

El TPOC es el trastorno con mayor prevalencia (entre un 2.1% a un 7.9%) dentro del conjunto de los 10 tipos de trastornos de personalidad recogidos en el DSM-V (paranoide, esquizoide, esquizotípico, antisocial, límite, histriónico, narcisista, evasiva, dependiente, obsesivo-compulsivo). Y se diagnostica aproximadamente con el doble de frecuencia en el sexo masculino. 


Sin embargo, es importante tener en cuenta que en los contextos culturales en los que se pone énfasis sustancial en el trabajo y en la productividad, estos hábitos, costumbres o estilos interpersonales no deben ser considerados como rasgos patológicos ya que son fomentados por los patrones de socialización predominantes. 


Los criterios (al menos cuatro deben cumplirse para diagnosticar el TPOC) son los siguientes:

1. Se preocupa por los detalles, las normas, las listas, el orden, la organización o los programas hasta el punto de que descuida el objetivo principal de la actividad.

2. Muestra un perfeccionismo que interfiere con la terminación de las tareas (p.ej., es incapaz de completar un proyecto porque no se cumplen sus propios estándares demasiado estrictos).

3. Muestra una dedicación excesiva al trabajo y la productividad que excluye las actividades de ocio y los amigos (que no se explica por una necesidad económica manifiesta).

4. Es demasiado consciente, escrupuloso e inflexible en materia de moralidad, ética o valores (que no se explica por una identificación cultural o religiosa).

5. Es incapaz de deshacerse de objetos deteriorados o inútiles aunque no tengan un valor sentimental. 

6. Está poco dispuesto a delegar tareas o trabajo a menos que los demás se sometan exactamente a su manera de hacer las cosas. 

7. Es avaro hacia sí mismo y hacia los demás; considera el dinero como algo que se ha de acumular para catástrofes futuras. 

8. Muestra rigidez y obstinación. 


Por otro lado, existen cuadros clínicos similares al TPOC que hacen imprescindible el desarrollo de un buen diagnostico diferencial antes de iniciar un tratamiento psicológico y/o farmacológico. Estos son algunos de ellos:

- Trastorno obsesivo-compulsivo: a pesar de la similitud en los nombres, el TOC suele distinguirse fácilmente del TPOC por la presencia de verdaderas obsesiones y compulsiones. Aunque pueden darse ambos diagnósticos.

- Trastorno de acumulación: se debe considerar especialmente cuando el acaparamiento es extremo (p.ej., las pilas de objetos sin valor almacenados presentan riesgo de incendio o insalubridad y hacen que resulte difícil la convivencia). Pueden darse ambos diagnósticos.

- Otros trastornos de personalidad: la personalidad narcisista puede mostrar un compromiso con el perfeccionismo y creer que los demás no pueden hacer las cosas tan bien. Las personas con personalidad narcisista tienen más tendencia a creer que han alcanzado la perfección, mientras que las personas con TPOC son generalmente autocríticas. La personalidad antisocial o narcisista muestra falta de generosidad con los demás, pero están dispuestos a darse caprichos; sin embargo, las personas con TPOC adoptan un estilo de gasto muy restrictivo para ellos mismos y para los demás. La personalidad esquizoide y el TPOC se caracterizan por una formalidad aparente y un desapego social, pero en el TPOC esto deriva del malestar en las emociones y de la devoción excesiva hacia el trabajo, mientras que en la personalidad esquizoide hay una falta fundamental de capacidad para la intimidad. 

- Trastornos por consumo de sustancias: El TPOC también debe diferenciarse de los síntomas que se pueden desarrollar en relación con el consumo persistente de sustancias. 


Deben hacerse dos salvedades respecto a este trastorno de personalidad:

  • Los rasgos moderados del TPOC pueden ser especialmente adaptativos, particularmente en las situaciones que premian un alto rendimiento. Sólo cuando estos rasgos son inflexibles, desadaptativos y persistentes, y causan un deterioro funcional significativo o un malestar subjetivo, constituyen un TPOC. 
  • El TPOC tiene el problema de que suele ser aplicado como estereotipo sexual, como conducta masculina estereotipada de dedicación excesiva al trabajo o la insistencia en seguir sus normas. Por lo tanto, debemos ser cautos a la hora de documentar la naturaleza patológica de las conductas y el deterioro consiguiente.

En relación a estudios complementarios no incluidos en el DSM-V, se ha encontrado dentro del campo de la Genética conductual que los estudios con gemelos sugieren una influencia genética sustancial. Se estimó una heredabilidad en el TPOC del 0.78 de correlación. En estudios de investigación se ha demostrado que, en el TPOC, determinados síntomas concretos, como la tacañería y la preocupación por los detalles o las normas, tienen un mayor peso en el diagnostico. Y en referencia a la concurrencia del TPOC: a) Con otros síndromes clínicos (p.ej.: Trastornos de ansiedad y Trastornos obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados): Sólo se ha encontrado una relación inconsistente entre ellos; b) Con otros trastornos de personalidad: El TPOC y el Trastorno de personalidad antisocial serían una combinación extraordinariamente rara, porque la planificación cuidadosa y la orientación hacia las tareas de la personalidad obsesiva son las antítesis de la impulsividad y la irresponsabilidad del la personalidad antisocial. 
En el área de la Neurobiología, hasta la fecha ha habido mucha menos investigación empírica con pacientes del Grupo “C”. Las personas con TPOC manifiestan diversos grados de angustia expresados en ocasiones como “rigidez”. 

Síntomas psiquiátricos: afecto embotado/aplanado/reducido. Desapego social relacionado con consagración al trabajo y malestar ante las emociones no por falta de capacidad para intimar. Ansiedad. Indecisión. No se caracteriza por la presencia de obsesiones y compulsiones propios del trastorno obsesivo-compulsivos como síndrome clínico. 


Existen varias Teorías de la personalidad en relación al TPOC: 


1. Modelo Psicobiológico de Personalidad de Cloninger
Dentro de las teorías biológicas, Cloninger (profesor de Psiquiatría y Genética de la Universidad Médica de Washington) considera que los trastornos del Grupo “C” están asociados con una evitación del daño elevada. 
Al menos un estudio de análisis factorial ha demostrado que el TPOC puede no encajar tan bien dentro del Grupo “C” como los demás. Cloninger es partidario de la dimensión de Obsesividad que permitiría caracterizar un cuarto Grupo (“D”) dentro del DSM. 

El Cuestionario de Temperamento y Carácter de Cloninger (TCI-R), define el perfil obsesivo del modo siguiente: Tienden a ser emocionalmente temerosos, frugales, reservados y con dificultad para establecer vínculos. Buscan seguridad, relaciones convencionales, y la agresividad está más dirigida hacia uno mismo. Al tener puntuaciones altas en Evitación del Riesgo y bajas en Búsqueda de Novedad tienen mayor predisposición a presentar episodios depresivos o sentimientos disfóricos antes situaciones estresantes. Se describen como rígidos, reservados y distantes y hostiles. 

2. Teorías cognitivo-sociales

Un modo de compensación del esquema obsesivo, que sería una sobrecompensación, lo vemos en la adicción al trabajo en respuesta a un esquema a través del cual la persona se percibe a sí misma como fracasada. 

3. Teorías del rasgo

A propósito del Modelo de los Cinco Factores, Widiger y colaboradores, han descrito el TPOC fundamentalmente como una variante extrema y desadaptativa del factor escrupulosidad. No obstante, estos autores señalan que los pacientes con TPOC tienen tendencia a puntuar más bajo en facetas de conformidad y altruismo, que están situados dentro del factor simpatía, así como en algunas de las facetas incluidas en el factor apertura a experiencias nuevas, suelen ser muy rígidos en todo lo que tiene que ver con los sentimientos y los valores (inflexibilidad moral).

Tratamiento: 

La guía de tratamientos psicológicos eficaces I (Adultos) de Pérez Álvarez, Fernández Hermida, Fernández Rodríguez y Amigo Vázquez (Coordinadores), consideran el tratamiento del TPOC de Tipo 3: tratamiento en fase experimental. 

Aunque existen ciertos obstáculos para el tratamiento como la obsesividad y persistencia, presentes en este trastorno, que tienden a ser más pronunciadas con la edad, y, la utilización de mecanismos de defensa (aislamiento del afecto y anulación de sentimientos), el acompañamiento psicológico encaminado al autoconocimiento, a la aceptación de las circunstancias que conlleva este trastorno y a la adquisición de ciertas pautas que permitan un mayor bienestar emocional y social puede constituir una opción recomendable para el cuidado de la salud mental. Estas son algunas de ellas:

1. Establecimiento de metas realistas con menor exigencia; elaborar un programa de trabajo, dando prioridad a algunos problemas y concentrándose en un tema cada vez, para mejorar la eficacia.
2. Entrenamiento en relajación, para reducir la tensión y la ansiedad de forma adaptativa. 
3. Manejo del tiempo y Entrenamiento en solución de problemas, para establecer prioridades y escoger soluciones. 
4.Controlar los pensamientos obsesivos. Esto se puede hacer por medio de la detención del pensamiento o imaginando cosas agradables o neutrales. 
5. Programación de actividades. Este procedimiento puede ser útil cuando la ineficacia y la demora en hacer el trabajo están causados porque el paciente se siente abrumado debido a que no aborda las tareas de forma sistemática. 
6. Utilización de la hoja de Registro de Pensamientos Disfuncionales, prestando atención especialmente a la columna donde se recogen las emociones. 
7. Entrenamiento en autoinstrucciones, desarrollando un conjunto de verbalizaciones de afrontamiento como respuesta a los pensamientos automáticos. 
8. Identificación de las suposiciones subyacentes al TOCP y su sustitución por ideas más racionales y adaptativas. 
9. Procedimientos para aumentar la empatía, dada la tendencia a prestar escasa atención a sus emociones y a las emociones de los demás. Ese aumento de empatía le ayudará a resolver aspectos problemáticos de sus relaciones interpersonales.
10. Aceptar e integrar los sentimientos de angustia, rabia o dependencia en lugar de evitarlos o aislarlos.








domingo, 5 de noviembre de 2017

PERMISO PARA SER YO

TESTIMONIO DE 
MARINA                       











No fui consciente de ser diferente al resto hasta prácticamente la adolescencia. Aunque prácticamente podría decir que me sentía como un turista en una ciudad desconocida, sin plano ni proyecto de viaje.

En mi etapa preescolar, recuerdo en el parque. Recuerdo estar rodeada de otros niños, todos realizando una actividad similar. A esa edad la interacción carece de normas, sin un objetivo más allá de hacer castillos de arena. NO recuerdo grandes sobrecargas sensoriales, aunque sí cierta afinidad por algunos estímulos concretos. La sensación del agua, de la tierra granulada. Recuerdo el apego a ciertos juguetes. La sensación de accionar la palanca, una y otra vez. Una presión opuesta a la fuerza que ejercía bajo mi dedo desaparecía gradualmente hasta accionar el dispositivo. Una sensación similar a la que noto hoy en día cuando acciono de forma compulsiva el dispositivo retráctil de un bolígrafo. 

En mi casa tenía la sensación de normalidad, mis ganas de aprender reforzadas por el estímulo de mis padres. No presenté un retraso en la adquisición de mis habilidades verbales, mi madre más bien las calificaba por aquel entonces como avanzadas quizás. Un día empecé a hablar y prácticamente no paré hasta bastantes años más tarde. Tanto era así que lo hacía hasta con desconocidos, hablaba con todos y de todo. Tuvieron que incidir bastante durante mi educación no hablar con desconocidos. Las normas que me enseñaban se convertían en dogmas de conducta. Mi madre se convirtió en el ejemplo a imitar, me ponía su ropa, jugaba con su maquillaje, como cualquier otra niña. Pero esa sensación de normalidad fue desapareciendo con los años. 

Quizás era más rígida en mi comportamiento de lo que pudieran ser mis compañeros de juego. Quizás el juego no carecía de normas después de todo. Quizás era más confiada que ellos. Quizás más crédula. Quizás el ruido me molestaba ligeramente más, tal vez, el zumbido que escuchaba de forma continua en casa o en la sala de espera del pediatra no lo percibieran igual los demás. Tal vez mi forma de interactuar no era tan normal. 

Tengo el recuerdo de un vestido que me compraron para un evento, y desde que pasó por mi cabeza hasta que fue retirado recuerdo mantener una posición de espantapájaros, deseando arrancarlo de mi piel, una sensación de estropajo siendo restregado por cada terminación. A veces sucedía con determinados tejidos.




Con el colegio mi situación cambió. Ya no era sólo el tiempo del parque, eran ocho horas seguidas rodeada de personas, con niños gritando, cambios de clase, cambios de salas. Me gustaba aprender, y lo hacía rápido. 

Todavía no había cumplido los 6 años y empecé a percibir que quizás no era igual que mis compañeros. No identificaba el qué, pero existía algo ahí que me impedía acercarme del todo al resto de niños. Era un muro de cristal que me alejaba poco a poco de ellos. Empezó a ser difícil entender la dinámica del juego, la dinámica de grupo que se establecía en el recreo. Con 6 años empecé a sufrir el vacío y las burlas del resto, algo que me costó años identificar. 

Yo hacía lo mismo que los demás, o eso creía. Pero eso no evitaba que ellos se rieran y yo no supiera la razón. No evitaba que realizaran juegos y no me permitieran participar, me convertí en el bufón involuntario del curso. Bufón ya que era fuente de diversión ajena. Involuntario puesto que yo no era consciente de ello. Yo sólo quería jugar al escondite igual que ellos. Quería reírme igual que hacían ellos. Metía la pata a menudo. Aseveraciones realizadas por mí eran percibidas como un insulto, cuando sólo intentaba constatar un hecho. Era afirmar que el cielo era azul y los demás interpretar que el azul era un color horrible que debía ser eliminado de la paleta. Algo fallaba en mi manera de transmitir, en la manera de relacionarme.

Con el paso de los años, fue empeorando. El muro fue creciendo, cada vez era más difícil sentirme parte del mundo. Empecé a aislarme en el recreo, era más feliz inspeccionando las plantas que estando en un corralillo criticando a alguien, hasta que eso llamó la atención del profesorado, no socializaba lo suficiente con mis compañeros y fue cuando aprendí a fingir.  Aprendí a fingir que las bromas me hacían gracia, aunque yo fuera el objeto de ellas me reía. Aunque me apartaran del juego yo estaba allí cuando la atenta mirada del profesor que vigilaba en el recreo se dirigía a la zona en la que me encontraba. Después de todo yo era igual que ellos. 

Las clases se hacían interminables, yo deseaba volver a mi casa desde que se iniciaban a primera hora de la mañana. Aunque no sabía la razón ya no se sentía bien ir a clase y mucho menos el recreo. Pero no se lo conté a mis padres. No se lo conté a nadie. Para mis profesores yo era la rara, el elemento incontrolable del grupo. Recuerdo cómo acogían bajo sus brazos a otras compañeras, hacían bromas con ellas, y a mi me ignoraban e incluso me apartaban. 




Por qué decirle a nadie que hay algo que no funciona, si cuando sales por la puerta de clase y te recogen tus padres, el resto de compañeros se despide de ti con una sonrisa. Después de todo son amigos, toda la clase es amiga, os reís y jugáis en el recreo, ¿cierto?
No era buena en educación física, mi coordinación un elemento ausente en la ecuación. La natación era otro asunto, me encantaba y lo sigue haciendo. La sensación de ingravidez. Sumergirte entera bajo el agua y el ruido amortiguarse.

Cambié de colegio a los 8 años, por razones ajenas a esa situación. Aunque la idea de un colegio nuevo, con nuevos compañeros, nuevas clases y nuevas rutinas no me hizo tanta gracia como mi apariencia pudiera traslucir, lo afronté como una oportunidad. Tal vez ahora sería diferente. Y lo fue durante un año. 

Los baños se convirtieron en un refugio, al que acudía cuando la sensación de no ser contenida por mi propio cuerpo aparecía. Cuando la gente alrededor no se diferenciaba entre unos y otros, la luz se hacía tan intensa que dolía y el ruido me sobrepasaba. NO lo identificaba como sobrecarga, por aquel entonces no tenía nombre. Era una especie de batería que se iba cargando a lo largo del día de estímulos hasta que se hacía insoportable. 

Cada vez dolía más ir al colegio, cada vez dolía más relacionarme. Cada vez dolía más todo. Dolían las confrontaciones en las que me quedaba muda y paralizada, incapaz de decir nada, sólo veía como hablaban sin parar y me sentía cada vez más atrapada. Hasta que mi única salida era gritar, alto y fuerte, que me dejaran en paz y salir corriendo. 




Mis amistades duraban siempre poco. Acababan y no sabía la razón. Cambié de 6º de primaria a 1º de la ESO, consideraba que el año anterior tenía bastantes amigos. Sin embargo el primer día resultó horripilante, pasamos de 2 clases a cuatro, mis compañeros ya no lo eran. Era un profesor diferente para cada clase. La mitad parecía hablar en lengua extranjera. Y me encontré sola, ninguno de mis amigos se acercaba a mí, ninguno quería hablar conmigo, a día de hoy todavía desconozco la razón.
¿Qué era tan diferente en mí que me impedía tener amigos como el resto? Me relacionaba mejor de uno a uno. EN los grupos mi atención se dispersaba. Resultándome difícil seguir la conversación, “¿el qué?” era mi frase más repetida.
Atrapada era el sentimiento que predominaba en esa época. Las clases se hacían difíciles de seguir con el ruido que era constante. Si tenías buenas calificaciones, te colocaban al final del aula, asegurándose con ello que me resultara más difícil seguirla.

A los once aprendí que la muerte no era sólo cosa de adultos, también podía suceder con alguien de mi edad. Una compañera falleció, se realizó una misa en su memoria. Mis compañeros, mis amigos hasta entonces, me acusaron de frialdad, de no sentir nada. Lo dijeron como si yo hubiera surgido de las llamas del infierno para llevarme sus pobres almas. Simplemente yo no mostraba externamente lo que sentía pero eso no me hacía insensible a ello. 
Tan sólo no era como ellos. Y lo intenté, intenté serlo. Intenté ser como el resto, intenté vestir como ellos y comportarme como ellos. Tal vez si lo hacía me aceptarían. Pero a pesar de repetir las mismas frases y realizar los mismos gestos seguía sin ser exactamente igual. 
La agresión verbal en algún punto intentó volverse física, pero eso sí lo entendía, eso era algo tangible a lo que me podía enfrentar. 

Empecé con ansiedad y depresión y también con los psicólogos. ME decían que era más madura para mi edad, más introvertida, que no me preocupara que eso pasaba con la edad, que cuando empezara en un ambiente más adulto y maduro, eso poco a poco vería como desaparecería. Que eso le había pasado a tal y cual y que en la universidad mejoró, por lo que fue un alivio acabar el colegio. 

La universidad no mejoró la situación. Las amistades por mucho que intentaba profundizar en ellas eran meramente superficiales. No me entendían y yo no las entendía a ellas. Salir de fiesta era una tortura. Música elevada, cuerpos rozándose, temperatura ambiente variable, luces brillantes, me sentía mareada, me sentía fuera de mi piel. Las clases insoportables, profesores escupiendo su lección. El proyector digital parpadeando sobre la pared blanca, las luces fluorescentes del techo sin parar de parpadear y “crujir”. Tener que ir con una grabadora para luego en mi casa con tranquilidad poder saber qué había dicho el profesor. Pero nada de eso importaba porque finalmente acabé la carrera y comenzaría mi andadura laboral y todo sería diferente, como no lo había sido en las etapas anteriores. Pero siguió sin ser así, cada vez quedaban más patentes las diferencias de las que sí era consciente y no me reconocía.

Fui consciente que la diferente era yo. Que el zumbido de las luces que escuchaba no lo percibían los demás. Que el parpadeo incesante de los fluorescentes no molestaba al resto. Que el chisporroteo de la pared al lado del enchufe sólo lo oía yo. Que el desodorante y la colonia de las personas de mi alrededor no molestaba tanto a los demás. Que la proximidad de los demás, el contacto, no lo percibía igual. Recortando todas las etiquetas. Que las texturas de ciertos tejidos no producían el mismo efecto en otros. Que en ocasiones tuviera la necesidad de encerrarme y no salir. Que la sinceridad no se valoraba tanto como afirmaban, que era mejor la mentira que era incapaz de decir. Que escuchar la misma canción durante más de una hora seguida no lo hacía el resto. Que tal vez mi obsesión por el cine era algo exagerado. Que saber qué animal tiene más pelos por centímetro cuadrado era peor que no haber visto el último capítulo de determinada serie de televisión. Los abrazos debían ser dados con determinada presión y en determinados puntos concretos de mi cuerpo para realmente sentir esa sensación de alivio. Que los besos en las mejillas dejaban una sensación electrizante en la piel que me llevaban a restregar la zona, me hacían ver como desagradable. Que simplemente ser yo no estaba bien. Y dejé de serlo, durante años perdí quién era. Quería ser normal, quería ser como los demás, quería ser feliz y para ello tenía que ser como ellos.



Recuerdo bromear con mis padres acerca de mi situación social. Bromeaba diciendo que sería autista si no fuera porque sentía deseos de relacionarme con los demás, que no era totalmente carente de empatía. Ahí quedaba patente mi ignorancia en el tema, basada únicamente en los prejuicios. Mi único conocimiento se basaba en filmografía cuya base científica a día de hoy me doy cuenta que es bastante inexistente.

Hace unos 2 años de forma casual mientras leía un artículo por internet me llamó la atención el titular de otro: “Las mujeres autistas vuelan por debajo del radar”. Empecé a leer y a seguir la cadena de enlaces que habían al final de cada noticia, hasta que una sensación de excitación me recorrió. ¿Podía ser cierto? Supongo que se convirtió en mi nuevo tema de interés y me empapé de ello, leí experiencias de otras mujeres y me decía “esta puedo ser yo”. 

Empecé mi segunda andadura con especialistas intentando confirmar mis sospechas, y me encontré lo que tantas otras antes que yo. Negación. Negaban mis sospechas, era mujer, tenía deseo de establecer relaciones de amistad, no carecía por completo de empatía y no me hacía un ovillo en la calle. Otra vez la ignorancia y los prejuicios. Así mismo, afirmaban que el diagnóstico podría servirme como etiqueta, que corría el riesgo de ponerme un escudo que me impidiera relacionarme con los demás, que podría utilizarlo como excusa. Yo no quería una excusa, quería una explicación. 

Me gusta poner como ejemplo a Tarzán. Tarzán criándose entre gorilas, creyéndose uno y comportándose como tal. No es hasta que le explican que no es un gorila que adquiere un mayor conocimiento de sí mismo que le permite crecer como persona. El diagnóstico no es una excusa, nos permite comprendernos. Este año recibí el mío, ya en mi treintena. Por primera vez en mi vida sentí realmente alivio. Me quité un peso de encima del que no era consciente cargar. Me permitió rescatar el yo que había escondido durante tantos años. Me ayudó a comprender que podía ser yo. Sentí alivio de poder ser yo.


domingo, 29 de octubre de 2017

NUEVO ENFOQUE PARA LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD: PSICOLOGÍA DE LA COOPERACIÓN

Trastornos de personalidad: un nuevo enfoque
Dr. Juan José Regadera
Psicólogo Clínico
Psicoterapeuta Acreditado











¿Qué es un trastorno de personalidad?

Son el centro mismo de la psicopatología entera. Serían el origen y el contexto de los síndromes clínicos (ansiedad, depresión, consumos de drogas, etc.), cuyo sentido último vendría dado precisamente por la personalidad en la que aparecen. 
Los problemas de personalidad, no son un trastorno más, al mismo nivel que los otros, sino que serían trastornos más profundos de la persona. 


¿Cuántos trastornos de personalidad existen?


La versión oficial DSM V (nomenclatura de la Asociación Americana de Psiquiatría), identifica 10 trastornos de personalidad (paranoide, esquizoide, esquizotípico, antisocial, límite, histriónico, narcisista, evasiva, dependiente, obsesivo-compulsivo). 


¿Cuáles son los retos futuros en el campo de los trastornos de personalidad?


El manual, “Avances en el DSM. Dilemas en el diagnóstico psiquiátrico”, advierte que en la actualidad no contamos con el suficiente conocimiento como para construir una clasificación definitiva. Lo que los especialistas podemos hacer es identificar un cierto número de constructos diagnósticos potentes que podrían utilizarse para organizar la información acerca de los trastornos de la personalidad con el fin de ofrecer una clasificación teórica más sencilla, integradora y definitiva. 

De entras las ideas propuestas, se encuentra el modelo psicobiológico de la personalidad de Cloninger, que reduce a tres grandes rasgos todas las características de la personalidad: 
  • Búsqueda de la Novedad, (Excitabilidad, Impulsividad, Prodigalidad, y Desorden) 
  • Evitación del Riesgo (Preocupación y pesimismo, Temor a la incertidumbre, Timidez social, y Fatigabilidad), y 
  • Dependencia de la Recompensa (Sentimentalidad, apertura a la comunicación, apego o vinculación, y dependencia). 

HECHOS:

1. En 2003. Se publica Guía de tratamiento psicológicos eficaces I, II, y III (Adultos, Infancia y adolescencia, y Psicología de la salud). 

2. El tomo I: Adultos, la sección dedicada a los tratamientos eficaces para los trastornos de la personalidad. En su apartado conclusiones puede leerse:
-Los estudios sugieren que en verdad no tuvieran solución. Dichos trastornos tienden a ser casi intratables.
-Disgustan a los profesionales, llegando al extremo, incluso, del rechazo profesional a estos pacientes porque son un claro riesgo de fracaso terapéutico, con la consiguiente pérdida de buena imagen profesional y por tanto de cuota de mercado. 
-Si el problema de personalidad viene asociado a ansiedad, depresión o consumo de drogas, por ejemplo, aumenta el indicador de mal pronóstico. Si se generalizara este carácter de mal pronostico, aquellas persona que sufren ansiedad y depresión asociada al problema de personalidad es un futuro podrían tener dificultades para ser atendidos.

-Sugiere que sea la psicología la que haya de evolucionar o cambiar la óptica para poder enfrentarse con eficacia al problema del tratamiento de todos y cada uno de los trastornos de personalidad.
-De entre las propuestas planteadas, sugiere no tanto aplicar las técnicas existentes a trastornos enteros, como de ir guiando el propio proceso de la terapia, con las múltiples técnicas de las que dispone la psicología entera. 

¿Cuál es nuestra aportación?

Nuestra aportación en este campo la hemos bautizado con la denominación de Psicología de la Cooperación.

La psicología de la cooperación es un modelo que tratar de ofrecer soluciones –en el sentido nuclear del término- para los problemas psíquicos de las personas aquejadas de trastornos de la personalidad. 
El modelo ha sido llevado a la práctica, desde el punto de vista del voluntariado, en el contexto de la Sociedad Española de Psicología de la Cooperación.

¿Qué es la Sociedad Española de Psicología de la Cooperación?

La Sociedad Española de Psicología de la Cooperación, es una organización sin ánimo de lucro, que nace el 5 de mayo de 2014, como una división científica asociada a la Fundación Cattell Psicólogos. 
Se encuentra inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones, con el Número Nacional: 605383, de la Secretaria General Técnica del Ministerio del Interior. 

¿Con qué finalidad nace la Sociedad Española de Cooperación?

La Sociedad nace con la idea de que actuar en común tiene raíces profundas en nuestra forma de percibir y en nuestros procesos cognitivos inconscientes. En muchos casos, la cooperación no es un ejercicio social obligatorio; se trata, lisa y llanamente, de algo que no podemos dejar de hacer. 

¿Qué nos impide actualmente cooperar?

1. Todas las personas aspiramos a desarrollar el valor predominante que yace en nuestro inconsciente (a saber, valores sociales, políticos, económicos, teóricos, estéticos, o religiosos), y que son independientes de los valores sociales imperantes en cada época y contexto cultural.
2. El sentimiento no resuelto de inferioridad, natural en todas las personas desde el nacimiento, obstaculiza la ampliación del valor inconsciente, y por extensión, de la personalidad individual.
3. Al no alcanzar el valor inconsciente aparece la frustración.
4. Frustración que retroalimenta el malestar personal sí únicamente se utilizan los valores que la sociedad ofrece, y que no estan en consonancia con los valores personales e inconscientes.
5. Malestar que aflora según la personalidad (activo, pasivo, abierto, cerrado)
6. Con el tiempo, el malestar trasmutara en:
Ansiedad (en todas sus formas); Depresión (en todas sus manifestaciones); Consumo de drogas (en todas sus variantes); Y, en cualquier otra forma imaginable de trastorno (incluido el trastorno de personalidad).

7. ¿Cuál es la solución al conflicto?

La psicoterapia basada en la cooperación.

8. ¿En qué se fundamenta?
  • En el conocimiento del mundo y cómo opera.
  • En el trato con las cosas y las personas. 
  • Personas con y sin problemas de salud mental. Es decir, con todo lo humano en su extensión. 
  • En el cuidado intrapersonal. Es decir, en lo propio y personal. 
  • En el encuentro y el cuidado interpersonal ( los otros) a través de la actividad: 
Actividad con valor y sentido social, ético y moral.
Actividad que dependerá de la espontaneidad, la creación y la anticipación. Todos ellos, conceptos opuestos a la previsión, programa y plan, que dificultan y obstaculizan la imaginación. 
Actividad fuera del circulo de la pareja, la familia y los hijos, y el trabajo habitual, ya que estos contextos inhiben la cooperación porque suelen convertirse en zonas de confort que impiden que nos abramos al exterior de un modo altruista y desinteresado. 

psicología de la cooperación: nuevo enfoque para los trastornos de personalidad


Más información en esta entrevistas realizada a la Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo en el programa de radio MuryCía de Onda Regional de Murcia: http://www.orm.es/programas/murycia/murycia-fundacion-cattell-psicologos/

http://www.cattell-psicologos.com/
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