viernes, 13 de enero de 2017

CÓMO AFRONTAR EL ACOSO ESCOLAR

Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta

Judy Garland en Ángeles sin paraíso
Proteger la infancia, proteger la adolescencia es responsabilidad de todos los agentes sociales

Proteger la infancia y la adolescencia es educar en el seno de la familia, pero también en el centro educativo. Ante una sociedad que vuelve a la impulsividad y agresividad de las cavernas, aunque envueltas en papel couché, debemos reaccionar y no hacer dejación de nuestras funciones como padres, como docentes. El aumento de las tasas de acoso escolar, de suicidios y de problemas de salud mental en niños y adolescentes (1 de cada 5 escolares padece estos problemas) es un síntoma de que algo funciona mal. ¿En qué estamos fallando, padres, educadores, la sociedad en general? ¿Nos estamos desviando del foco prioritario de atención que debería estar constituido por la educación, el cariño, la dedicación y comunicación con nuestros hijos o alumnos? ¿Qué sociedad del futuro estamos construyendo, si permitimos que la violencia se instaure en las aulas? ¿Quién debe dar el primer paso? ¿Las instituciones? ¿Padres y madres? ¿Profesorado? ¿Alumnado?
Las instituciones sólo se hacen eco de este terrible fenómeno cuando los medios de comunicación hacen público el suicidio de un niño o de un adolescente. Es triste y decepcionante, te impide creer en la autenticidad de los programas de nuestros representantes políticos y de su capacidad de afrontar un problema que genera tantas y tan graves secuelas psicológicas como para llegar a tomar la decisión de dejar este mundo definitivamente. ¿Realmente alguien se pone en el lugar de esa niña que acaba de quitarse la vida en su propio dormitorio? ¿Qué niveles de angustia, de dolor, debería de estar padeciendo? No es ninguna broma, no es una llamada de atención. El suicidio es la única salida que encuentra el ser humano ante unas determinadas circunstancias que no se ve capaz de salvar. Solo, culpable, odiándose a sí mismo, impotente, incapaz, inútil, desgraciado, rechazado, excluido, ninguneado e insignificante son sentimientos y pensamientos que un niño o un adolescente puede sentir cuando está siendo acosado.

En muchas ocasiones, padres, madres, profesores y compañeros, aunque intentan ayudar, victimizan una vez más, porque hacen creer que es el agredido, el que debe cambiar, aprender a pasar, aprender a ser asertivo, a defenderse. En ocasiones, se minimiza el problema: "A mi me pasaba lo mismo, cuando era pequeño también se metían conmigo, no le des importancia, cambia de amigos..."

Incluso los protocolos de actuación de los centros escolares no parecen ser útiles. Es la víctima la que debe abandonar el centro escolar, dejar al resto de compañeros, dejar a sus profesores. Quizás cuando ya todo está tan mal, por el abandono en el que se ha dejado al alumno objeto de bullying, sea la mejor opción porque él o ella ya no quieren estar en ese centro educativo, en el que no sólo ha sido víctima de acoso escolar sino que además y, en mi opinión esto es lo más grave, no ha recibido el apoyo necesario y que esperaba de compañeros, profesorado, equipo directivo, etc.

Afrontar la violencia y el acoso escolar es una empresa difícil, de largo y amplio recorrido y en la que deben intervenir todos los agentes sociales clave. Es difícil porque llegar a las raíces del problema que se hayan en el tejido social es complicado. Reflexionando sobre el tema, llego a la conclusión de algunos de los pasos a seguir y de nuevo surgen otras preguntas:

  • Habría que reformar los horarios laborales de modo que padres y madres pudieran ejercer de forma adecuada sus funciones. ¿Están los empresarios dispuestos a ello? ¿Y los padres y madres están preparados para dedicar menos horas a su carrera profesional y en su lugar estar más tiempo con sus hijos? Parece más reconfortante conseguir premios sociales a través de esas medallas que nos ponemos como investigadores, comerciales de alto nivel, catedráticos, gerentes, directores de empresa. Ser padre o madre no ocupa tan buen lugar en el ranking del éxito social. Es menos importante, concede un estatus menos valioso que otras ocupaciones.
  • Habría que establecer como una de las prioridades de los planes de actuación de los centros educativos la consecución de una convivencia saludable, con una mayor participación e implicación del alumnado y del profesorado para que ello sea posible. ¿Cuentan los profesores con la vocación suficiente para entregarse a esta labor? ¿Y los equipos directivos? Quizás ahora las prioridades están en ser un centro de "altura", un centro donde los niños aprendan a leer y escribir en educación infantil, en lugar de en educación primaria. Quizás, ahora, las medallas se ponen en el bilingüismo y en los bachilleres de investigación. Es muy loable la formación académica, pero de qué sirve que nuestros hijos sean profesores o ingenieros si no han aprendido la importancia de saber vivir, de saber "con-vivir" de forma saludable, si no conocen la importancia de la cooperación y de otros valores necesarios para ser "Persona", para ser auténtico, para participar como uno más en las actividades de la comunidad.
Estas son algunas de las propuestas, quizás suenen a utopía, pero deberíamos tomar en serio el tema del acoso escolar e incidir en sus causas. Mientras tanto, es urgente la intervención en los centros educativos que deben de ponerse las pilas en este sentido y, en caso necesario, pedir ayuda externa a profesionales y especialistas que puedan ofrecer recursos, herramientas y soluciones. Intentar en primer lugar, prevenir y evitar las situaciones de acoso, haciendo talleres en los que todos los alumnos participen y, si se ha llegado tarde, intentar apoyar verdaderamente al alumno que está siendo acosado.

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http://cattell-psicologos.blogspot.com.es/2012/11/el-maltrato-escolar-una-herida-invisible.html

4 comentarios:

  1. Me encanta el análisis que realizas sobre el acoso escolar y las preguntas a las que lleva el intentar darle una solución,Nieves Martinez Hidalgo.
    Preguntas que conducen a pensar,¿hacia qué valores está llevando la educación y la sociedad actual a los niños y niñas?Hacia valores como,¿la fama,el éxito económico,el éxito social,el éxito profesional en la carrera propia?
    Y dónde quedan la preocupación real por el otro,la comunicación,la empatía con el compañero o vecino,la cooperación entre personas que viven en comunidad,el llevar a cabo proyectos comunes?
    ¿Vamos hacia una sociedad más egoísta,que valora más el triunfo personal y la competitividad de sus ciudadanos?o ¿hacia dónde vamos?
    Muchas gracias por todas las aportaciones y reflexiones que realizas,son muy valiosas y hacen pensar.

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    1. Muchas gracias, Andrés. El acoso es un fenómeno psicosocial muy complejo y difícil de abordar. Son muchos los factores sociales, familiares, personales, económicos, políticos, etc., implicados y, por tanto, extremadamente costoso. Poner de acuerdo a todas las instancias implicadas, estudiar las soluciones, desarrollar un plan de actuación consensuado que de verdad aborde todos los flancos del problema del acoso escolar sería la hoja de ruta a seguir. Pero, ¿Quién da el primer paso?

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  2. Querida Nieves Martínez Hidalgo,

    Comprendo y comparto tu indignación por este nuevo caso de homicidio por acoso escolar. ¡Es espeluznante!
    ¡Me pregunto que sufrimiento acompañaría a la menor para decidir quitarse la vida!; me causa pavor sólo el hecho de pensar sobre ello.

    Coincido en que, en casos como éste, todos tenemos una parte importante de responsabilidad que es preciso reclamar-nos, descubrir-nos, y asumir/amos para poder/podamos reaccionar.
    ¡Casos como este no deberían de volver a darse en un futuro!.

    Queramos o no, todos formamos parte de un entorno que debemos conservar y nuestra conducta queda reflejada en él, sin remedio ni omisión. Cada acto, cada gesto, cada palabra, el tono de nuestra expresión, cuando éstos son inadecuados, influyen en las personas que lo conforman y causan un impacto en forma de emoción, sufrimiento y dolor.
    La familia, los centros educativos y los amigos deberían de constituir un hogar para cada uno de nosotros en lugar de erigirse como heridas abiertas, corrosivas y sangrantes de competitividad y reproche.

    Todos necesitamos un hogar y, tal vez, en vez de obstinarnos en querer encontrarlo, en el caso de que en nuestra infancia la suerte nos fuera esquiva, tal vez deberíamos empeñarnos en ser capaces de crearlo en vida, quitándonos para ello las máscaras de las buenas maneras y pasar a actuar con buena voluntad; ser honestos con nosotros mismos y asumir nuestra propia frustración dejando que los chicos/as crezcan en paz y libertad, se sientan queridos y protegidos y descubran por sí mismos que su vida les pertenece y que deberán aportar algo al mundo que les rodea para ser felices.
    Si en ese impulso de exploración que acompaña a cualquier joven le cohibimos, le insuflamos nuestros miedos e inseguridades, le cobijamos en exceso o ignoramos sus demandas resentidos con su comportamiento aparentemente desprendido, independiente y poco agradecido, nunca llegará a saber quién es y qué es lo que quiere hacer con su vida: “en caso de que decida desplegar sus alas y volar libre nunca reconocerá el nido donde ha de volver a descansar”

    Me da la impresión como si en conjunto y por norma general nos educáramos para no “dar el follón” de puertas hacia fuera; en cambio, en las “tinieblas” del “hogar” parecería como si cualquier forma de expresión estuviera permitida, como si, según las necesidades del momento, pudiéramos descender a los “infiernos” y esgrimir nuestro tridente oculto para regresar impolutos a nuestro trono social.

    Yo no sé cuál será la solución para hacer frente a una lacra tan terrible y grave como la que representa el suicidio de esta niña de 13 años pero estoy seguro de que en éste suceso todos y cada uno de los que conformamos esta sociedad en la que con-vivimos estamos implicados y tenemos la obligación de reaccionar para transformar aquello que no funciona.

    Muchas gracias Mª Nieves Martínez Hidalgo por darnos la oportunidad de mostrar nuestra indignación con un artículo tan sobresaliente.

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    1. Es realmente doloroso ver la pasividad con la que responde la sociedad ante tan graves sucesos. Indignación momentánea y mañana nuevas noticias que resultan más atractivas o más rentables a nivel económico o político.
      Gracias por tus palabras, Mikel.

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