domingo, 23 de julio de 2017

SOLEDAD VOCACIONAL O AISLAMIENTO EXISTENCIAL

El miedo a la soledad por el doctor Juan José RegaderaDr. Juan José Regadera                                               
Psicólogo Clínico
Psicoterapeuta

















1. Introducción


A solas, habitando en un lugar donde reina la ansiedad, la depresión o la manía, los problemas de personalidad, las alucinaciones o el delirio, la persona es poco consciente de cual es el grado de su sufrimiento. Tampoco es consciente de su nivel de soledad.

Hay algo más que el propio sufrimiento en la persona que padece ansiedad, depresión, alucinaciones o delirios, y ese algo, es su soledad.

El síntoma (psiquiátrico o psicológico) permite que la soledad se ubique en otro sitio. Pero esta ocurrente solución, no es ni mejor ni peor, es, simplemente un modo de distraer este sentimiento.

En estos casos, los psicofármacos ayudan, y ayudan mucho, sobre todo los denominados “tranquilizantes mayores” como son los neurolépticos, pero hay un espacio donde la química no llega, y ese espacio, el más profundo del mapa personal, es, volvemos a repetir, la soledad.

Allí, a la soledad, nada ni nadie puede llegar (como tampoco llegaría, la pareja, el entorno familiar, los amigos, las drogas, el alcohol, los tranquilizantes, etc.), sólo llega uno mismo y por sí mismo, y es a través del acto de la propia creación. Es decir, haciendo algo propio y original, en definitiva, poniéndonos manos a la obra con calma y tesón.

Este acto de creación, o modo de obrar, lo que la psicología moderna denomina “autorrealización” -en el sentido de Maslow- y nosotros vocación, es el ingrediente más extraño y misterioso que encierra la persona.

Por un lado, somos libres –no tenemos por fuerza que hacer nada-, sin embargo, ante esta libertad se alza siempre algo con un carácter de necesidad, como diciéndonos, poder puedes ser lo que quieras pero si quieres dejar de sentirte solo, tendrás que ser de una determinada manera. Por tanto, decidirse, elegir, la forma concreta de creación personal, es la cuestión.

Visto así, la soledad existencial, y no el enclaustramiento*, será el mejor remedio contra un gran número de criterios diagnósticos (al menos los más sencillos, como son la ansiedad y la depresión). Pero claro, la soledad, como tantas otras cosas que importan, hay que aprehenderla. Y para su aprendizaje es necesario dar respuesta a la pregunta de Descartes:

                                                        Quod vitae sectabor iter?  
                                                      ¿Qué camino debo seguir?

Y este camino, que llamaremos “soledad vocacional”, se convertirá en la “autentica” finalidad de nuestro vivir,  ya que tiene que ser elegido, y esto, a lo que estamos obligados a elegir,  es la creación, nos guste o no, podamos o no, de nuestra existencia personal.



 2. Hechos

El manual de Trastornos Mentales y del Comportamiento CIE 10, no recoge dentro de su nomenclatura una categoría que represente el concepto de soledad o aislamiento; por su parte, el Manual Diagnostico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, recoge dentro del apartado “Otros problemas relacionados con el entorno social”, el código V60.3(Z60.2): Problema relacionado con vivir solo. Esta categoría se debe utilizar cuando un problema relacionado con el hecho de vivir solo es el objeto de la atención clínica o tiene algún impacto sobre el tratamiento o el pronóstico de la persona. Son ejemplos de este tipo de problemas los sentimientos crónicos de soledad, aislamiento y carencia de una estructura que realice las tareas de la vida diaria (p. ej., horarios irregulares de comida y sueño, irregularidad en las tareas de mantenimiento del hogar).

Como podemos apreciar, no es este el tipo de soledad al que aquí hacemos referencia, y por lo tanto, podemos concluir, que las nomenclaturas internacionales (DSM-5 y CIE 10) no recogen este aspecto o visión antropológica de la psicopatología que nosotros compartimos. Esto es, que la vida de cada uno de nosotros es un quehacer, pero no un quehacer cualquiera, sino justamente un hacer lo que cada uno debe hacer. Y que, entre los muchos quehaceres posibles, la persona tiene que acertar con el suyo y resolverlo certero, entre lo que se puede hacer –que puede ser cualquier cosa- por lo que hay que hacer –en el sentido de original-. Y que aquel que no lo consiga, experimentará un sentimiento profundo e intenso de soledad personal, porque sentirá la desagradable sensación de no sentirse acompañado de sí mismo en el camino que, inevitablemente, tiene que recorrer.


3. El problema insoluble de la soledad

Dios para sobreponerse a su insoluble soledad, es presentado en el segundo relato de la creación del hombre (Génesis 2, 4b-25), después de los cinco primeros infatigables días que le llevó la creación del mundo, como un alfarero que modela en un torno el cuerpo del primer hombre con arcilla, en su justo grado de humedad para poder ser trabajada. No satisfecho con el producto final de su obra (paraíso, Adan, Eva), en sucesivos pasajes del Génesis, Dios se verá obligado a desarrollar otras creaciones como consecuencia del pecado de Adán, que trasmitió a toda la posteridad, y la pérdida de privilegios recibidos gratuitamente por Dios, que hacían de él un hombre ideal.

Adán y Eva de Alberto Durero, 1507, Museo del Prado
Con este clásico y adaptado relato del Génesis, queremos destacar que en la medida en que uno es responsable de la propia vida, uno está solo.

Y que esta responsabilidad, no es mitigada por la familia, la religión, la solidaridad, el amor, o la sexualidad. Nada es suficiente para diluir el sentimiento de profunda soledad inherente al acto de la propia creación entendida como autentica vocación. Vocación concreta, individual, autónoma, original e integral, que es la vida de cada uno, no para el esquema social que es adaptarse al mundo de los demás fantaseando otras vidas, lo cual no es una fantasía creadora, sino puramente reproductiva.

El desasosiego derivado de la creación de uno mismo, tiene la connotación profunda e inquietante de la soledad. Y esta abrumadora soledad, no social, sino soledad existencial, que es aún mucho más profunda, es la soledad de estar separado del mundo tal y como uno lo experimenta por la responsabilidad de hacer las cosas “por uno mismo”.

4. Remedios contra la soledad

Saber quedarse solo consigo mismo y ensimismarse, para después transcenderse, es una de las facetas humanas más difíciles, y a la vez necesarias. Las pasiones, los apetitos, los intereses gritan con más fuerza que la propia voz interior. Por ello, cuando la soledad derivada de la no realización de la vocación personal sea dolorosa, se debe acudir a la reflexión psicoterapéutica. A través del encuentro con el psicólogo, se puede ir analizando lo que ha sido la vida y lo que ha debido ser. Ir en definitiva, analizando los instantes de la vida (presente, pasado y futuro) para encontrar la unidad en el instante vivido.

Cuando cogemos la unidad en el instante vivido (la unidad de las tres dimensiones del tiempo) llenamos la soledad porque, precisamente, y, en ese momento, estamos creando algo. Es decir, estamos llenándonos de sentido, y, es entonces, cuando nos sentimos acompañados.

No importa que el sentido se lo demos a las cosas, a las plantas, a los animales o a otras personas. Lo que importa, es que no estamos esperando a mañana para ponernos manos a la obra, sino que hemos encontrado esa unidad en el instante vivido, la hemos cogido y la estamos llenando con nuestra creación, atenuando así el vacío de la soledad.

La soledad así entendida, permite la armonía de nuestra vida porque hace posible la unicidad como persona.

El psicoterapeuta facilitará y acompañará en ese esfuerzo que la persona tiene que hacer, para que en la medida de lo posible pueda aproximarse a lo que debería ser su proyecto de “soledad vocacional”.


5. Conclusión

Lo que venimos a proponer es que hay identidad entre “ la soledad y la vocación”, y que la unión de ambas es en sí salud, porque estar sano es hacer lo que se debe hacer, y esto únicamente, se encuentra en nuestro interior. 

Soledad, vocación y salud se aproximan hasta casi identificarse. De aquí surge la expresión: “¡qué bello es vivir!”, y no tanto, por el gozo y el disfrute contemplativo de la propia vida, o de la visión de la vida de los demás, sino por la entrega y la generosidad hacia los demás derivada de autoconocimiento y el descubrimiento del sí mismo vocacional.

Hasta aquí, podemos inferir que uno de los mayores orígenes del sufrimiento de las personas es la “soledad vocacional”; y que nuestro deseo ha sido estimular la reflexión sobre uno de los mayores bienes de la humanidad, encontrar el verdadero sí mismo, el self, sin copiar el de los demás.

Cuando soledad y proyecto personal se encuentran y coinciden, se produce una línea de existencia feliz o relativamente feliz. Cuando las líneas de la soledad y la vocación se diluyen, la vida es ampliamente inauténtica, y la persona se divide en dos: el que tenía que ser y el que resulta siendo. Esta dislocación se manifiesta en forma de dolor, angustia, enojo, mal humor, vacío.

Que la persona aprenda a vivir con su soledad, es la máxima expresión de belleza interior, un peculiar modo de crear mundo y a sí mismo.


 *Nota: el enclaustramiento, a diferencia del aislamiento interpersonal o soledad, es un trastorno de la actividad que consiste en el rechazo de la persona en participar en la vida social, lo cual se objetiva en un estrechamiento del campo de su existencia a una porción de espacio muy limitada y cerrada. Tanto el enclaustramiento activo (como la edificación de barreras materiales y arquitectónicas), como el enclaustramiento pasivo (cuando la barrera material está poco o mal organizada y las relaciones con el mundo son vistas por la persona bajo el signo de la desgana o de la indiferencia), son siempre un síntoma importante que traduce una perturbación grave y profunda de la actividad mental que precisa urgentemente atención psicológica o psiquiátrica.




domingo, 16 de julio de 2017

Trastorno Narcisista Tímido de Personalidad o Personalidad Narcisista “encubierta”

Dr. Juan José Regadera   
Dr. Juan José Regadera

Doctor en Psicología
Psicólogo Clínico











1. Hechos:

El manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5, publicado por la American Psychiatric Association (2014), recoge, dentro del apartado de los Trastornos de Personalidad, el Trastorno de la personalidad narcisista. Del conjunto de síntomas que caracterizan el narcisismo patológico, destacaremos, la “soberbia” o “arrogancia”. Por otro lado, las relaciones interpersonales de los narcisistas son usadas primariamente para proteger o aumentar la autoestima, más que para acercarse e intimar con los demás, de aquí se desprende la falta fundamental de empatía.

El manual de los trastornos mentales y del comportamiento CIE 10, publicado por la Organización Mundial de al Salud (Ginebra, 1993), no recoge, dentro del apartado de Trastornos de la Personalidad y del comportamiento del adulto, el Trastorno de la personalidad narcisista.

Hasta el momento, no conocemos las razones de por qué la CIE 10 no ha llegado a un acuerdo con el DSM-5 para que ambas organizaciones contemplen el Trastorno de la Personalidad Narcisista en su nomenclatura. Esperamos que la futura llegada de la CIE 11 nos aporte algo de luz sobre este particular.

Si tuviéramos que dar una opinión, diríamos que la falta de acuerdo entre el CIE 10 y el DSM-5, podría estar relacionada –metafóricamente- con la “manzana de Adán” –de la que más adelante hablaremos, en el sentido de la universalidad de acto “original y capital” de dejarse influenciar por el contexto ambiental (esta idea será desarrollada, brevemente, a lo largo del ensayo).

2. ¿Qué entendemos por narcisismo normal?

Para nosotros, el "narcisismo normal", es una dimensión de la personalidad que se caracteriza por un destacado nivel de autoestima que sirve a la necesidad de proteger un yo (self) fuerte y adecuado, en el que emociones tales como el enojo, la vergüenza y la envidia, son consensuadas dentro del contexto particular en el que nos encontremos, favoreciendo con ello unas relaciones interpersonales equilibradas y cálidas.

Ejemplos de "narcisismo normal": 

·       Si nos situáramos en el principio de los tiempos, encontraríamos a Adán, que representaría al hombre “ideal” (inocente, confiado, sosegado y tolerante), hasta que fue invitado a comer de la manzana de manos de Eva por la voluntad tentativa de la serpiente: “Si coméis de la manzana –les dijo-tendréis tanto poder como Dios”.

·       Desde un punto de vista contemporáneo y mediático, encontramos a Iñaki Urdangarin y Rodrigo Rato (más próximos al “ideal” actual de persona dinámica, competitiva y ambiciosa), hasta que fueron invitados, respectivamente, por Diego Torres y Miguel Blesa, a probar de la manzana.

Nota: Entendemos aquí el término “ideal”, como la suma de privilegios alcanzados, por la propia condición genética –en el sentido constitucional, de carácter e intelectual-, el esfuerzo personal alcanzado, o el contexto socio-ambiental que el propio destino nos sitúe (dentro de unos adecuados parámetros de recato y humildad –sin menoscabo de los elementos competitivos y ambiciosos propios de nuestra sociedad-).

Estas alteraciones de la autoestima o del “ideal del yo”, van desde los rasgos narcisistas leves, pasando por las alteraciones narcisistas moderadas, hasta el trastorno narcisista de la personalidad, con los criterios formulados en el DSM-5.

En definitiva, podemos definir el “ideal personal”, o narcisismo normal como el apetito ordenado de la propia excelencia y siempre ajustado al contexto.  Y, en contrapartida, hablaremos de narcisismo patológico (“soberbia” o “arrogancia”, y en el peor de los casos, de Trastorno Antisocial de la Personalidad o Psicopatía), como el apetito desordenado de la excelencia que involucra un self grandioso patológico, una desregulación afectiva, y un funcionamiento superyoico inconsistente o innecesariamente áspero.


3. Avances en personalidades narcisistas:

Un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard en Boston, en concreto  del Hospital MacLean de la Escuela de Medicina de la citada Universidad, entre los que destaca Elsa Ronningstam, han estudiado las diferencias clínicas entre lo que ellos llaman Trastorno Narcisista Arrogante de Personalidad y Trastorno Narcisista Tímido de la Personalidad (el narcisista tímido es denominado en otros contextos de investigación, Trastorno Pasivo-Agresivo de la Personalidad”, como puede apreciarse en la traducción al castellano realizada por la Dra. Carmen Bayón de la obra: “Temperament andCharacter”, del profesor de psiquiatría y genética, Robert Cloninger).

Lo que distingue al narcisista “arrogante” del narcisista “tímido”, es el sentimiento de rabia del primero, frente al sentimiento de vergüenza del segundo. Sin embargo, la rabia del “arrogante” es frenada,  por paradójico que parezca, por la propia vergüenza derivada del enfado desproporcionado, y la vergüenza del “tímido”, se ve incrementada por el elevado nivel de desarrollo moral, en contrapartida al bajo nivel de desarrollo moral de lo que antes denominábamos Trastorno Antisocial de la Personalidad o Psicopatía.

La introducción de la personalidad narcisista “encubierta” o tímida ha hecho que el concepto de narcisismo patológico sea menos dependiente del contexto cultural. Para algunos autores, la forma predominantemente exhibicionista de Trastorno Narcisista de Personalidad tiene su contrapartida en los narcisistas tímidos de Japón y Dinamarca.


4. Ejemplos clásicos de Narcisismo Tímido:

Guiados por nuestro propio criterio, aportaremos dos ejemplos de lo que para nosotros sería el Narcisismo Tímido elevado a su máximo exponente. Para ello, nos apoyaremos en la tesis doctoral de Heliodoro Carpintero Capell (actual Presidente de la Academia de Psicología de España): "Teoría psicológica y Experiencia Vital en Maine de Biran" de 1970 y en un ensayo: "Amiel. Un estudio sobre la timidez" del Dr. Gregorio Marañón (creador de un género literario singular e inédito: el “ensayo biológico” a través del cual analizaba personajes históricos, sus características psíquicas y fisiopatológicas).

A través de ambos trabajos, reflexionaremos, y por extensión, entenderemos mejor, ¿qué es el narcisismo tímido?, analizando las figuras de dos grandes filósofos: el francés Maine de Biran,  y el suizo Enrique Federico Amiel.

Maine de Biran, renunció o al menos pareció renunciar a la originalidad creadora por timidez. Y es que era tímido, no sólo en su vida cotidiana, asuntos domésticos y provincianos, sino también, en la soledad de su meditación. Y, Amiel, desarrolló lo que Marañón definió como “fetichismo del ideal”, término que aplicó a personas exquisitas y superdiferenciadas, que actuando de forma inhibidora, negativa, dificulta las aproximaciones con que se esfuerza la persona en establecer contacto con la realidad.

No es nuestro propósito conformarnos con un pequeño esbozo de lo que para estos dos filósofos fue su vida toda, pero tenemos que admitir que se hace necesario preguntar,  ¿y de dónde viene esa timidez abrumadora y excesiva?. De momento, nos limitaremos a comentar brevemente algo de su biografía y trayectoria personal.

·       Maine de Biran

Filósofo y psicólogo francés, nacido en 1766, murió en 1824. Ejerció varios cargos administrativos (en el departamento de la Dordogne, donde nació, –que fue uno de los 83 departamentos creados en aplicación de la ley francesa de 1789, similar a nuestras Comunidades Autónomas en España); en el cuerpo legislativo durante el Imperio de Napoleón y ocupó diferentes puestos políticos (representante moderado en la Cámara durante la Restauración francesa). Como podemos ver, a juzgar por todos los cargos desempeñados, es difícil pensar que Maine de Biran fuese una persona tímida en el sentido tradicional del término.

Su labor filosófica fue realizada en forma de “memorias”, “reflexiones” y “diarios” y consistió en gran parte en una anotación de “experiencias de la conciencia”. En un ambiente impregnado de simplicidad intelectual realmente extremada, la metafísica de Maine de Biran resultaba un puro galimatías.

Su espíritu romántico e innovador nunca tuvo la certeza de  haber quedado bien, no importaba que se tratase de cumplidos sociales o de ejercicios intelectuales. Porque, ¿quién le aseguraría que no hay una objeción posible, en la que no ha reparado, a la tesis que acababa de pensar? Sólo teniendo esto presente se puede comprender parte del terrible silencio en que de hecho vivió. No pudieron quebrar su aislamiento intelectual los sufragios para los que fue votado en repetidas ocasiones, ni los consejos de los amigos  más que una vez en que era todavía joven e inexperto, con ocasión de la “Memoire sur L´Habitude”: y para eso, bien pronto renegó de ella. Un silencio que se traduce en relaciones volumétricas con notable sencillez: un libro, dos ensayos largos y algunos discursos políticos, aparecidos en vida, contra catorce tomos de obras completas –como los dos que aparecen en las fotografías-, tres Diarios, y carpetas con inéditos, que integran su balance post mortem. Es de destacar, que la primera edición de sus catorce tomos de obras completas vio la luz en 1932. El trabajo fue recopilado por Pierre Tisserand, y publicado en París por la Librairie Félix Alcan.

Portada del Tomo VIII de las "Ceuvres de Maine de Biran",
recopilado por Pierre Tisserand
y editado por la Libraire Félix Alcan de Paris, 1ª Edición, de 1932

 
Maine de Biran descubrió, y no ofreció en vida, lo que llamo el “sentido íntimo”,  y en este penoso análisis que fue su vida toda, halla el “yo” como voluntad, como “esfuerzo”, que se ejerce frente a un “mundo” que muestra su realidad en la “resistencia”.

Como podemos ver, en vida no quiso alumbrar la propia verdad personal. Aunque si nos dejó para la posteridad toda una psicología del “Yo como esfuerzo”.

·       Enrique Federico Amiel

Filosofo y escritor suizo, nacido en 1821, murió en 1881. Fue profesor de Estética en la Academia de Suiza , y Catedrático de Filosofía Moral.

De Amiel podemos decir, que fue un simple pedagogo de Suiza, país de pedagogos. Pasó su vida sin pena ni gloria. Sus contemporáneos y vecinos le tuvieron por un ser perfectamente vulgar. Hasta dijeron de él que era un cretino –según nos cuenta Marañón-; y allí se sabe bien lo que esta palabra significa. Para sus alumnos era ese tipo del profesor, que sirve de blanco y desahogo a la agresividad reprimida en las horas mortales del estudio. Publicó versos y artículos alabados por los suyos, inadvertidos o vejados por el público general. Y, al fin, murió como cualquiera, del modo menos teatral, tras una larga temporada de toses y de ahogos, rodeado de pócimas y asistido por una mujeres afectuosas y burguesas.

Pero he aquí que este hombre, que se llama Federico Amiel, había escrito, desde su juventud, día por día, un Diario que alcanzaba al morir la suma de más de 16.000  páginas (12 volúmenes, escritos entre 1839 y 1881), en las que no tuvo ocasión de anotar nada brillante ni extraordinario, sino los mismos sucesos menudos que llenan la vida de cualquiera de nosotros: sus pequeñas ambiciones insatisfechas; sus pequeñas envidias y rivalidades de claustro de un liceo provincial; las miserias físicas de su organismo; las tempestades en el vaso de agua de su instinto, igual al de muchos de los demás seres humanos. Nada, en suma, si bien se mira; pero en esto, en su vulgaridad, casi en su insignificancia, estriba, sin embargo, su infinito interés.

Su obra, publicada póstumamente en versiones más o menos incompletas, dio a Amiel fama en toda Europa y ejerció mucha influencia, por ejemplo en León Tolstoy, quien empezó a escribir su diario atormentado, según no dice: “por la eterna desproporción entre la vida soñada y la vida real”. Y es así, que algunas personas de ahora viven en una trágica disociación entre nuestra personalidad íntima y nuestra vida aparente (para nosotros la mejor definición del Trastorno Narcisista de la personalidad o Personalidad Narcisista encubierta).
No sólo no conocemos a una gran mayoría de seres humanos, más que a través de los artificios sociales –o a través de la gran mentira histórica, si son hombres pretéritos  (como ha ocurrido en nuestro país con el gran numero de imputados difundidos por los medios de comunicación)-, sino que nosotros mismos, engranados en la sociedad moderna de las redes sociales, apenas sabemos cómo somos, desde el umbral de la conciencia hacia adentro.

Y he aquí, que aparece una persona del montón, Amiel, disecada por él mismo, quien nos muestra un espejo implacable donde se pintan las grandezas y las miserias de nuestro ignorado yo.

En esto estriba, nos sigue diciendo Marañón, el valor incomparable del Diario de Amiel: es la ventana anónima de la calle estrecha que nos enseña un interior mediocre, pero lleno de sentido profundamente humano, de glorias y bostezos de calibre vulgar, y, por lo tanto, iguales a los nuestros.

El propio Amiel, dijo una vez la que es la mayor verdad de su Diario: “Lo que más me interesa, al examinarme, a pesar de mis miserias, es que creo ser un ejemplar auténtico de la naturaleza humana y, por tanto, un especimen de valor general”.

 Páginas interiores de la obra de Gregorio Marañon:
"Amiel. Un estudio sobre la timidez",
 1ª Edición, de 1932, Madrid

Un juicio análogo expuso, al poco de la muerte de Amiel, Paul Bourget: “El obscuro profesor ginebrino, el poeta ignorado, es ya célebre y lo será en adelante por la sinceridad de sus confesiones y porque es, en cierto modo, un arquetipo de otras personas modernas”.

Volviendo al inicio de nuestro trabajo, no debemos olvidar que el acto de morder la manzana, por otro lado, condición “original y capital” de todo ser humano, según el Génesis, implica la definición de la propia “soberbia o arrogancia”, de aquí que sea lícito preguntar –siguiendo a San Agustín de Hipona-: “¿Qué es la soberbia sino un apetito de celsitud perversa?” . La celsitud perversa consiste en abandonar el principio al que el ánimo debe estar unido y hacerse en cierta manera principio para sí y serlo. Esto sucede cuando una persona se agrada demasiado a sí misma declinando el bien de agradar al prójimo más que a sí mismo.

5. Remedios contra el Narcisismo tímido o encubierto.

En primer lugar, el lograr un conocimiento propio íntimo y plenamente sincero, entendiendo el funcionamiento del mundo y de sí mismo que nos permita vivir la vida con humildad.

A la vez, ayuda a vencer el narcisismo tímido la consideración de la excelencia de los demás, no para replegarnos por el riesgo a los juicios del otro, sino que el contraste sincero de la verdad del prójimo y de la nuestra ayuda a normalizar la excelencia propia de todo ser humano.

Meditar sobre la humildad, fortalece y da resistencia a la persona ante la adversidad. De este modo, con la verdadera humildad se destruye o mitiga lo encubierto o aparente de la realidad circundante.

Es muy importante, para el examen de conciencia propio del narcisista tímido, detectar las manifestaciones ordinarias de soberbia en los demás, contrastándolas con las fantasías e idealizaciones de nuestra realidad interior.

Tenemos que ser realistas, la soberbia o la arrogancia, no se muestra, únicamente, en conducta despóticas y avasalladoras, hay formas más sutiles, el orgullo de preferir la propia excelencia a la del otro, la vanidad en las conversaciones, y tertulias radiofónicas o televisivas, en los pensamientos y en los gestos.  La susceptibilidad que se siente ofendida ante la palabra, y todo tipo de acciones que nos recuerda que a la vuelta de la esquina siempre hay “frondosos y apetitosos manzanos”.

Más información en la entrevista realizada a la Dra. Mª Nieves Martínez Hidalgo en el programa de radio MuryCía de Onda Regional de Murcia: 

http://www.orm.es/programas/murycia/murycia-cattell-psicologos-el-narcisista-34-timido-34/



Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo