sábado, 8 de junio de 2019

NEUROSIS ESPIRITUAL

Ilustración: El libro rojo de C.G:Jung
Por Joaquin Regadera   







La historia de nuestra vida empieza en el primer detalle que recordamos de ella. Este podría ser un detalle cualquiera, por mucho que nuestra historia se hubiese enredado en la madeja de la vida antes de ese primer recuerdo. Y, debido a que el pasado de una persona se inscribe en sus genes -cuerpo y psique-, nuestra historia no tiene realmente un inicio. Me refiero a que no tiene un inicio concreto o definible, porque éste ha de estar nebulosamente diluido por el tiempo, por los siglos. Sin embargo, puede que sí haya una meta. Un argumento para la vida. El mismo argumento para la vida que los ascetas llaman causas espirituales, y que filósofos del lenguaje como Ludwig Wittgenstein investigaron con base en la idea de un lenguaje privado, a pesar de que él mismo terminaría concluyendo que el lenguaje es una forma pragmática de hacer las cosas en común, una forma de vida compartida.
La idea de que pueda haber un argumento para la vida proviene de los dramas existenciales, de los cruces con el inconsciente. Estas encrucijadas se imprimen en la memoria de una forma indeleble. El instante en el que nos encontramos con un cruce de caminos entre la realidad consciente y la realidad inconsciente, es equiparable al instante de peligro benjaminiano. Una especie de puerta a la locura, a la otrarealidad, a la realidad de los hechos interiores, de los acontecimientos metafísicos. Y la comprensión de nuestra interioridad es necesaria para el autoconocimiento personal. Todo lo que acaece en nuestro interior, sea en forma de suaves corrientes o en forma de explosiones destructivas, supone la erupción del magma que debemos enfriar para pensar con claridad. Así pues, conforme se va cristalizando el magma que sale a nuestra superficie, a nuestros sentidos, se va catalizando la ocasión de esculpirlo, de esculpirnos. Es por ello que profundizar es volver a la superficie, a los sentidos. O, lo que es lo mismo, profundizar es esculpir la roca ígnea que ha emanado de nuestro interior.
Muchas personas tienen dos personalidades: una inocua, humanizada; y otra despiadada, arcaica. Y pocas personas combinan esta doble personalidad con la capacidad de ver a las personas y a las cosas como realmente son. Causa de que la sociedad margine, por ejemplo, a las personas con problemas de salud mental o, mejor dicho, a las personas con problemas educativos, con problemas cognitivos producidos por la educación. Como es sabido, la sociedad occidental es una sociedad obsesivo-compulsiva que, para sentirse cómoda, constantemente quiere consumir; y, para sentirse poderosa y pseudorebelde, eventualmente quiere gastar sumas de dinero de manera impulsiva.
En el inconsciente hay residuos que pertenecen a nuestra psiquis viviente. Es decir, los sueños constituyen la realidad de hecho de la cual debemos partir para nuestro autoconocimiento. En este sentido, para los ascetas como Carl Gustav Jung, el sueño es la pequeña puerta oculta que conduce a la parte más escondida e íntima del alma humana, comprendiendo el alma humana como aquello anterior a la consciencia del Yo. La consciencia divide, mas en los sueños accedemos a nuestras profundidades, a la sima donde estamos todavía en un estado indiferenciado de la naturaleza, allí donde formamos parte del todo y todos los hechos pueden rodearnos, atravesarnos y expulsarnos. El sueño es la unión y la mixtificación de todos los hechos de nuestra vida y nuestro pasado.
El camino para tomar consciencia de uno mismo es la comprensión del sueño. A todas luces, la individualidad es una fantasía, porque nos construimos a nosotros mismos por medio de los otros, de la otredad, de lo extraño o, más concretamente, según la terminología freudiana, del Umheimlich, el surrealismo. El término alemán heimlich significa hogareño, familiar. Por el contrario, el concepto de Umheimlichviene a referirse a aquello que, a expensas de sernos familiar, nos resulta ajeno, extraño. Esto es, la otredad: aquello que no sabemos de dónde procede. Y, desde luego, hay siempre algún rasgo de la personalidad de cualquier ser cercano que se nos escapa del entendimiento y que por ello nos inquieta, aunque no nos parezca una cosa alarmante. Aparte, conocer a los demás requiere también de la capacidad para interpretar los sueños. Porque en cada uno de nosotros hay un otro que no conocemos, que nos habla a través del sueño y que nos comunica una imagen distinta de la que tenemos de nosotros mismos.
Suele decirse que nuestra sociedad está enferma y que, por tanto, no es sano adaptarse del todo a ella. Muy probablemente esto sea así porque el inconsciente tiene también un poder destructor. Puesto que, para dar lugar o espacio a lo nuevo, ha de destruirse antes lo viejo. Como fuese, al expresar el imaginario de nuestro inconsciente, proyectamos sobre la materia nuestra interioridad, como vía para la superación de los conflictos existenciales. Pero, si no expresamos el imaginario del inconsciente, éste puede degenerarnos orgánica e intelectualmente, tanto personal como socialmente. Afirmo esto partiendo de que, por lo general, los problemas de salud física y psíquica están causados por conflictos emocionales y estos a su vez por carencias psicoafectivas. Y me aventuro a afirmar también que, si las personas supiesen qué hacer con su vida, si supiesen cómo esculpir el magma que emana de su interior, todo el sistema se vendría abajo porque las personas no enajenarían su vida.
Es decir, si expresasen su interioridad, las personas no consumirían su tiempo en un trabajo ajeno, en un trabajo alienado. Contrariamente, las personas trabajarían para su comunidad y para sí mismas. No trabajarían nunca para otros y comprenderían, además, que obedecer órdenes va en detrimento de su propia integridad física y moral. Obedecer órdenes estaría mal visto. Obedecer órdenes no se percibiría ni axiomatizaría como lo normal. De ser así, las personas explorarían el mundo juntas y no se dejarían absorber a diario por el trabajo. De ser así, las personas no permitirían que el trabajo se convirtiese en su cárcel, ni se conformarían con respuestas inadecuadas a las cuestiones de sus vidas. Básicamente, porque este conformismo a las respuestas inadecuadas es el origen social de su malestar individual. Básicamente, porque este conformismo es la causa de su neurosis. La neurosis es la consecuencia del Orden del capital -trabajo, ahorro, propiedad. Es decir, es la secuela de una profundización en los comportamientos económicos establecidos y en su premisa para el éxito social -familia, escuela, educación. La neurosis es el trastorno más extendido de la resignación. La neurosis es el germen más infeccioso del hecho de estar en desacuerdo con uno mismo.

viernes, 22 de marzo de 2019

PERSONAS ALEXITÍMICAS

Por Joaquín Regadera                                    
The Grounds of the Asylum-Van Gogh (1889)







 Puedo ver un objeto en cuanto que los objetos forman un sistema o mundo y que cada uno de ellos dispone de los demás, que están a su alrededor, como espectadores de sus aspectos ocultos y garantía de su permanencia.
-  Maurice Merleau-Ponty, 
filósofo fenomenólogo francés.










En todas las personas se pueden categorizar determinadas tendencias a responder a los diversos estímulos. En psicología, esta tendencia ha sido representada por espectros diferenciadores mediante el concepto de rasgo. Con base en el concepto de rasgo, el psicólogo británico Raymond Bernard Cattell, investigador psicométrico de la estructura psicológica intrapersonal, elaboró a partir del año 1946 una teoría factorial de la personalidad: la teoría del rasgo. Treinta años después, en 1976, John Nemiah, un psiquiatra de Boston especializado en psicoanálisis, en sus investigaciones psicosomáticas, aisló y definió uno de los rasgos somáticos de la personalidad más comunes entre la población occidental, la alexitimia. Conforme a este rasgo psicosomático, las personas alexitímicas presentan dificultades para identificar y describir sentimientos y también para interpretar y distinguir sus propias emociones. Además, asumen ser personas incomprendidas, frustradas y con tendencia al conformismo, que evitan hablar de sus aspectos íntimos, de sus sentimientos, pensamientos y emociones. Se trata de un rasgo de la personalidad verdaderamente corriente entre nosotres. Pues las personas alexitímicas ocupan la sexta parte del total de la población. Como el común de los mortales y el más normal de los inmortales, la persona alexitímica también necesita amar y ser amada, pero no sabe cómo expresarlo de forma adecuada al contexto. Sin embargo, el ochenta por ciento de lo que decimos lo expresamos mediante el lenguaje no verbal. El lenguaje corporal, las posturas que adopta el cuerpo, los gestos y las miradas comunican más que las palabras. Por el contrario, en detrimento del lenguaje corporal, la obligación de permanecer sentados seis horas de discursos diarios en una incómoda silla y en un carcelario pupitre frente a una polvorienta pizarra nos limitan sobremanera la expresión, la escucha y el conocimiento del propio cuerpo. En este contexto de represión del propio cuerpo, la principal vía de escape que encuentran las personas alexitímicas es la escritura gráfica, como la prosa y, cada vez más frecuentemente, la poesía. No obstante, a pesar de las resistencias iniciales al contacto físico, fomentando el buen trato, las caricias, los abrazos y los besos pueden cultivarse hasta que den frutos de equivalencia terapéutica, de meta sanadora. Básicamente, porque el lenguaje construye realidad y porque cultivar el lenguaje del tacto y del calor humano facilita la compresión comunicativa. Es más, en cierto sentido semántico, comprender significa abrazar. Y, como es sabido, el contacto y la empatía humanizan a las personas tanto salvajes como civilizadas, mientras dan un restaurador alivio para la ansiedad. Por supuesto, no alivian únicamente la ansiedad de la persona alexitímica, que sufre al no saber cómo comunicar, sino también la aflicción de su compañía sentimental, que, a falta de la reciprocidad de las expresiones de amor, se va debilitando y sensibilizando progresivamente hasta llegar a lidiar con el pedregoso y espinoso terreno de la susceptibilidad. Fuera del boxeo, es lo que sucede cuando se da sin recibir con la necesaria equidad. La energía emocional, la energía vital, es producida durante la oxidación de grasas y proteínas en la mitocondria de la célula, y es transmitida por ésta en forma de estímulo o de flujo informativo. Se trata, por tanto, de una transubstanciación molecular que los sistemas simpáticos y parasimpáticos reciben e interpretan igual que si fuese un mensaje, para regular la segregación de hormonas -activándola o inhibiéndola. Esta activación o inhibición de la segregación de hormonas provoca que el cuerpo psíquico pase de un estado anímico a otro, ya sea armonizando su estabilidad psicosomática o ya sea perturbando sus equilibrios empírico y metafísico. Por ejemplo, para poner los mecanismos biológicos e intelectuales en un estado de alerta y de supervivencia, como sucede en las situaciones de peligro, de abandono y de dominación. Para colmo, cuando la energía vital se agota por el desgaste que acarrea una relación de baja reciprocidad, la motivación decae en depresión, en una falta de autoestima.


The Grounds of the Asylum-Van Gogh (1889)

A las personas alexitímicas les puede venir muy bien no sólo un tratamiento a base de contacto físico para su refuerzo emocional, sino también alguna especie de entrenamiento para ejercitar la relajación y para reducir la ansiedad y la agresividad. Una de las claves para liberar tensiones innecesarias consiste en hacer reconocible el mundo que habitamos confiando en las miradas ajenas. Porque es en el entretejido social y en el entrelazamiento cuántico de las miradas donde damos soporte a un mundo para con los otros, por las partículas o unidades de información que resuenan simultáneamente en dos o más tejidos nerviosos distintos, como acontece durante los procesos de activación de las neuronas espejo. Este tejido de fibras u ondas de información conlleva, además de confianza, el compromiso para con una perspectiva concreta. A pesar de la falta de certeza, se trata de superar la incertidumbre derivada de la ambigüedad del lenguaje. Pues es inherente al lenguaje el defecto de ocultar algún aspecto parcial de su materialidad siempre que éste se expresa. Sin ir más lejos, en el momento en el que escribo esto, sé qué es lo que quiero decir, pero, la manera en la que lo expreso, podría dar lugar a que mi lenguaje estuviese al mismo tiempo guardando algún secreto que, si no lo percibiese a tiempo, se perdería irremediablemente. En otras palabras, la perspectiva para con la que tenemos que comprometernos no es sino una interpretación de los hechos que dé un significado común a lo que sucede. Ahora un supuesto: Aloe dice una cosa a Bemol y, aunque se puedan interpretar varios significados, Bemol se compromete implacablemente con uno de los significados para entretejerse con Aloe y sostener con ello el sentido común de ambos. Pese a aquella ambigüedad suscitada por la forma de expresión de Aloe, Bemol se concentra con determinación en lo que Aloe le está diciendo, para superar así las hipotéticas e inevitables insinuaciones que el lenguaje de forma inherente pudiese producir. La clave de bóveda del edificio de la verdad interpersonal e intersubjetiva, se halla en nuestra voluntad y capacidad de trascender la ambigüedad, partiendo de ella. El entendimiento y el apoyo mutuo se ven amenazados por sombras que hablan de un lenguaje irregular. El entendimiento y el apoyo mutuo son los dos principios fundamentales de la convivencia. Y es por ello que, si yo tuviese una pareja alexitímica y pudiese catalizar la ocasión de escribirle un mensaje de texto acerca de este rasgo de su personalidad, le diría lo que manifiesto a continuación:

Te pregunto cómo estás porque te quiero. Te quiero para saber cómo estás. Te quiero por tus sentimientos. Te quiero porque imagino qué es lo que sientes y, más concretamente, te quiero por lo que intuyo que sientes. En-ti-yo. Intuyo que, en ocasiones, tal vez por lo general, anhelo buscarte aquí mismo, refugiada bajo la mesa, en una tensión de expectativas derivada del juego del escondite. Te ocultas de tus miedos a la vista de todo el mundo, e incluso de mí, a quien revelas tus más reservadas intimidades. Te proteges del miedo a ese dolor provocado por no saber articular cómo te sientes y, por extensión, por no saber indagar en cómo me siento yo; en cómo interesarte por mí; en cómo empatizar conmigo. Sé que a veces lo has intentado, pero el contratiempo de no lograr expresarte con claridad te frustra y, luego, dejas de hacerlo, dejas de intentarlo. Y esta dejadez te induce a la frialdad, lejos de un amor real y verdadero; un amor consistente en la voluntad de conquistar mis complejidades. Un amor que te valide a ti como amante y a mí como persona amada, como persona que llega de hecho a sentirse amada. El amor es comunicación, comprensión, compasión. El amor nos compromete a diario, y nos ilusiona cuando pensamos en un porvenir en el que estaremos juntes, haciendo planes, viviendo emociones extra-rutinarias. El amor alimenta el afecto, nutre la relación y refuerza nuestra integridad individual. Sé que lo deseas. Sé que hay veces en las que deseas con intensidad lo mejor para un nosotres; para nosotres. Mas sé también que balbuceas durante la tensión a la que te ves sometida cuando tienes que dar respuesta a lo que sientes y no conoces el idioma del amor con el que hacerlo. Es muy duro no conseguir hacerse entender. Lo es casi tanto como ahogarse, como no poder respirar. Es como un ensordecedor ruido interno que agobiaría a cualquiera en el más profundo silencio. Sin embargo, te recuerdo que te amo. Ten por garantía esta seguridad con la que lo expreso, con la que me expreso. Porque, en mis adentros, en mi corazón, guardo un mirador con vistas a un frondoso y verde parque con la esperanza de que nos encontremos, de que nos volvamos siempre a encontrar, y de que, sin inferencias, nos vayamos por gusto y tranquilamente a entender.


domingo, 10 de marzo de 2019

LA PANDEMIA DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL: TESTIMONIO

Por Maribel García      














Hoy en día, el Abuso Sexual Infantil (ASI) es una pandemia de la que no somos conscientes, y el principal transmisor que ayuda a su mantenimiento y propagación, es el silencio. Entre un 10% y un 20% de la población sufrió abuso sexual siendo niño o niña. Yo pertenezco a ese porcentaje, y voy a exponer mi caso porque estoy convencida de que la única forma de luchar contra esto es hablar, ponerle conciencia y con ello generar la necesaria prevención para que deje de suceder. 

Cuando tenía aproximadamente 6 años, mi abuelo, el padre de mi padre, empezó a abusar de mí.

Tengo un solo recuerdo nítido: cómo se ponía una mano en su boca pidiéndome silencio, pues mi abuela estaba al otro lado de la puerta, y cómo con la otra mano, me tocaba los pechos y la entrepierna.

Tengo otros recuerdos que no sé si son o no ciertos: que me visitara en las siestas, sus miradas lascivas. Esto de no recordar o dudar de lo sucedido es muy común en víctimas de ASI. El olvido, para un niño, es, la mayoría de las veces, la única herramienta posible para sobrevivir en un entorno hostil. Una herramienta que seguimos utilizando a lo largo del tiempo, porque todos preferiríamos que esto no hubiese pasado.



De mi historia quiero destacar el que, en mi opinión, es el dato más relevante para estar alerta: “El 90% de los niños son abusados por familiares o conocidos de la familia”; y es que cuando un niño siente peligro corre, sólo se queda porque el abusador despierta autoridad, confianza o cercanía en él.

Yo viví el abuso sin entender qué sucedía porque tenía 6 años y mi abuelo era mi persona preferida, así que lo más probable es que, incluso, me gustara la idea de que él me eligiera a mí, porque lo único que quieren los niños es que los amen y a ciertas edades no entienden el cómo, de hecho, en mi caso, no lo recuerdo como algo que me resultara desagradable. Fue años más tarde, cuando entendí que aquella conducta era sexualizada e inapropiada, y el hecho de no recordar que yo sufriera con aquello, me hacía sentir cómplice y en consecuencia, culpable.

La culpabilidad es otro de los síntomas de víctimas de ASI. En mi caso, he experimentado como adolescente y adulta más casos de acoso y abuso sexual, siempre por hombres bastante mayores que yo, y en entornos de confianza como el trabajo. Siempre me he sentido culpable y responsable en todos los casos, pensaba que era yo quien los provocaba, no entendía por qué los atraía. Ahora sé, que desde muy pequeña desarrollé, sin quererlo y sin ser consciente de ello, un carácter seductor. Lo que aprendí con mi abuelo es que la seducción sexual es la vía para hacerte de respetar y querer por las figuras de autoridad.

En consecuencia, no sólo desarrollé un carácter seductor, también uno alegre y evasivo del dolor: tenía un constante interés en asegurarme que todo estaba bien y que yo era muy feliz, apartaba todo lo que no me gustaba. A cualquiera que me preguntara le decía que mi infancia había sido muy feliz, y ya no recuerdo el momento en el que lo creí de verdad, porque para creer aquello necesité olvidar la realidad, y al ocultar aquel recuerdo también oculté gran parte de mi infancia. El olvido se integró y se expandió en mi vida.

Para terminar quiero nombrar cual fue el detonante por el que me legitimé, después de más de treinta años, como víctima de abusos sexuales infantiles. Y es que entendí al escuchar a otra víctima de ASI, que ABUSO SEXUAL INFANTIL, ES TODO. Muchas de nosotras y nosotros le quitamos importancia porque no se consumó la penetración anal o vaginal, porque no nos acordamos bien de lo que sucedió, porque no se alargó en el tiempo, pero da igual, porque a día de hoy yo sé que parte de lo que soy es por culpa del abuso, y me niego a seguir mirando hacia otro lado. Si yo le sigo quitando importancia a este tema, quien se aprovecha del silencio son los abusadores, y más niños, seguirán sufriendo las consecuencias.




No es fácil reconocerse a una misma que es víctima de ASI, yo llevo más de 4 años en terapia. Fui porque tenía un trastorno de ansiedad que nunca relacioné con este tema, de hecho, me negaba a tratarlo porque me parecía que no tenía tanta relevancia. Creo que es ahora cuando he sentido la importancia, porque es ahora cuando tengo la fortaleza para enfrentarme al dolor que supone mirar de frente todo aquello que aconteció en mi infancia, es ahora cuando puedo hacer frente a la vergüenza que supone contarlo, al miedo al rechazo, la incomprensión de los demás…

Mi experiencia, desde que he decidido hablar, es que cada vez que lo digo bien alto, más víctimas se atreven a nombrarlo, y al hacerlo, hay algo que sana dentro de cada una, y ésta es la intención por la que escribo este artículo, para que sean muchas más las personas que se atrevan a decirlo a sus familias, amigos… para que se hable de este tema, se rompa con el estigma de hablar de la sexualidad, se señale y denuncie al abusador, para que defendamos a nuestros niños, y apoyemos y comprendamos a los adultos que lo han sufrido.

lunes, 18 de febrero de 2019

DÍA INTERNACIONAL DEL SÍNDROME DE ÁSPERGER: TESTIMONIO EN PRIMERA PERSONA

Joaquín Regadera
Día Internacional del Síndrome de Ásperger, 18 de febrero de 2019















Para conmemorar el Día Internacional del Síndrome de Asperger, hemos querido dar protagonismo a esta condición desde una experiencia en primera persona entrevistando a Joaquín Regadera, realizador cinematográfico, adulto diagnosticado de Síndrome de Asperger a la edad de 30 años.


Joaquín, ¿Qué supuso para ti recibir el diagnóstico?

Una responsabilidad para conmigo mismo y para con mi entorno, comprometiéndome a investigar el significado del mismo, como si este fuese una especie de mapa para orientarme acerca de la coordenada del espectro autista en la que me encuentro. De la forma en la que un mapa refleja un territorio, desde esta perspectiva, he contemplado el diagnóstico como un modelo de referencia para saber quién soy, de dónde vengo, dónde estoy y adónde voy. Lo que determina mis características personales y también mis funciones como sujeto de un colectivo diagnóstico, estuvo instruido o inducido por el proceso de imitación del conjunto de aspectos del comportamiento que constituyen esta gama del espectro. Porque todas las personas imitamos determinados conjuntos de características vitales y de funciones sociales para construir nuestra identidad.

Desde tu experiencia de vida, ¿Cómo definirías tú esta condición?

Mi experiencia autista ha estado siempre en la frontera de lo voluntario, haciendo resonar aquellas conductas simbólicas del mundo exterior que se me aparecían extrañamente familiares, como si en mi lengua materna se hubiesen roto algunos de los mecanismos de comunicación y mi forma de responder a los estímulos se hubiese hecho extraña, sin un propósito específico, sin un fin codificado como lo sería una respuesta convencional. Como es sabido, no poder expresar lo que pensamos y lo que sentimos de una forma que se comunique en una lengua común, se convierte en un infierno porque en muchas ocasiones nos fija en nuestras propias obsesiones. Y esta fijación es en muchos casos compulsiva. Por eso hay veces en las que hablamos solos o realizamos un movimiento repetitivo. Sin embargo, si bien el autismo se produce al nacer, como un reflejo del miedo y de la desconfianza de las propias sensaciones, por haber estado sometidos a demasiado estrés para nuestra propia sensibilidad, a medida que he ido aceptando las rarezas del espectro en el que me muevo, también he ido disfrutando de los encantos del mismo, abstrayéndome en motivos que para la mayoría de la población suelen pasar desapercibidos.

¿Crees que a día de hoy sigue siendo necesario realizar programas que informen y sensibilicen acerca del Síndrome de Asperger?

Sí, porque debemos sacar del armario este espectro para vestirnos con los trapos reales de los hechos de nuestra historia. Por ejemplo, reconozco que las convenciones y normas sociales me han inducido a reprimir a lo largo de mi vida varias de mis facetas autistas, y gracias a las campañas de sensibilización, estoy cada día más mentalizado para vivir y experimentar mi diversidad con orgullo, es decir, de una forma que sea más útil que reprimir los propios impulsos libidinales.


Joaquín rodando Infonía
¿Encuentras en tu edad adulta algunas barreras que dificultan tu desarrollo vital por tener esta condición? 

¿Podrías explicarnos qué tipo de barreras encuentras y cuáles son las consecuencias para ti?

Siento una fuerte resistencia a venderme, al menos, de la manera convencional en la que suele venderse la gente que empieza por hacer contactos de relaciones públicas para sacar sus proyectos adelante. Soy el tipo de autista que prefiere delegar esta tarea, porque realmente puede llegar a suponer un desgaste energético considerable para mi equilibrio emocional. Me gustaría pensar que las productoras cinematográficas levantarán esta barrera algún día y se comprometerán a facilitar la comunicación con los realizadores autistas, mas siendo realistas me tendré mientras tanto que esforzar más por hacerme entender. Y en eso estoy ahora.



Por último, darte las gracias y pedirte que compartas con nosotros una breve reflexión sobre la importancia de conmemorar este día y los pasos que debemos continuar dando como sociedad para incluir a todas las personas ofreciendo igualdad de oportunidades, favoreciendo así una sociedad diversa y justa.

Es importante conmemorar este día para manifestar la presencia de un colectivo que espera dejar de verse arrinconado.

Muchas gracias por tu testimonio Joaquín


Artículos relacionados




martes, 8 de enero de 2019

¿SURGEN TODAS LAS EMOCIONES EN NIÑOS Y NIÑAS AL MISMO TIEMPO?


Encarna Mª Toral Navarro
Psicóloga y Psicoterapeuta
Colegiada Nº MU-02806











Etapas del desarrollo emocional de 0-6 años

Las emociones de los niños/as, van apareciendo de manera progresiva a medida que éstos van creciendo pues está programado biológicamente. Conforme se produce el desarrollo cognitivo del pequeño/a, éste toma conciencia de sus emociones y de las emociones de los demás. En el desarrollo emocional del niño/a juega también un papel importante la autoestima. Dependiendo de cómo se desarrolle su autoestima, sus sentimientos serán unos u otros, ilusión, orgullo, vergüenza, etc. 

Los niños/as son capaces de distinguir y expresar desde los 3 meses de edad emociones como la alegría, miedo, ira, sorpresa, tristeza y desagrado.

Vamos a describir de forma resumida, cuáles son las etapas del desarrollo emocional del niño/a de 0 a 6 años. De esta manera, podréis apreciar con más claridad cómo evolucionan las emociones en vuestros hijos/as.

Desde los 0 a los 3 meses

Los bebés recién nacidos poseen las llamadas emociones de supervivencia que son el llanto, interés y disgusto. Al mes de vida son capaces de reconocer en los demás emociones como la alegría y el enfado.
En torno a los 3 meses, aparece la sonrisa social, que estimula a los adultos a que interactúen con él/ella. Con el paso del tiempo esa sonrisa es más específica y la utiliza más con sus padres o cuidadores. Aparece el susto o sobresaltos ante estímulos bruscos.


                                                            
Desde los 4 a los 8 meses

En el cuarto mes comienza a reír cuando toca sus juguetes y sabe diferenciar entre un gesto de enfado y el de tristeza. En el quinto mes empieza a desarrollar el interés hacia otros estímulos que le rodean. Aparece la sorpresa cuando espera una sonrisa y observa una cara de enfado.

En el sexto mes, el bebé se excita dando muestras de alegría, chilla, ríe cuando se juega con él. Comienza a tener reacciones de asombro. En el séptimo mes, cuando se enfrenta a estímulos desconocidos o inesperados, el niño muestra ansiedad. Saben distinguir una emoción positiva y negativa.

En el octavo mes aparece el miedo y la culpa.

Desde el primer año hasta los 3 años

En el primer año, desarrolla habilidades empáticas básicas. Puede ponerse a llorar cuando ve a otro niño/a llorar. Comienza a inhibir sus emociones y supera pequeñas situaciones de miedo.
A los dos años el niño/a puede imitar la expresión facial de emociones básicas (rabia, alegría, tristeza, sorpresa, asco...). A los tres años es capaz de distinguir a las personas por su relación emocional con ellas: con las que juega, lo/la alimentan, lo/la pasean, etc.

Desde los 4 a los 6 años

En torno a los 4 años, el lenguaje jugará un papel importante. Gracias a éste, el niño será capaz de comprender la realidad, comunicar experiencias y expresar sentimientos. A esta edad, el niño se da cuenta de que las otras personas no piensan ni sienten igual que él. Esto se produce gracias a la teoría de la mente, que es la habilidad para comprender y anticipar la conducta, intenciones y emociones de otras personas. Es el inicio del proceso que ayuda al niño a empatizar con el otro y ponerse en su lugar. Este aprendizaje tiene gran relevancia en la afectividad, ya que permite contemplar a la otra persona como un ser completo y complejo (tanto como uno mismo) con deseos, afectos y diferentes formas de modularlos y expresarlos.




La autoestima es un pilar clave a esta edad, ya que la valoración positiva de sí mismo permite al niño/a alcanzar sus objetivos desde la ilusión y la seguridad que otorga el creer en sus propias capacidades. Durante el proceso, el niño/a descubre el orgullo del éxito, que le conduce a un mayor nivel de concentración y persistencia, asimismo surge el deseo de probar nuevas experiencias que le permiten seguir aprendiendo. Para que un niño se sienta orgulloso de sus actuaciones y de sí mismo, necesita que sus figuras de referencia (padres, familiares y maestros) hayan mostrado de forma realista que se es merecedor de él. 

En esta franja de edad suele aparecer también la vergüenza (aunque hay autores que la clasifican como una emoción primaria). Esta tiene un origen externo, proviene de saber que alguien podría ver y criticar lo que uno ha hecho. Es importante resaltar que la vergüenza no tiene por qué ser negativa. Como consecuencia de la vergüenza la persona puede limitar sus acciones, por lo que puede actuar tanto como elemento regulador de la conducta o elemento represor.

Es a partir de esta edad cuando se desarrolla la conciencia emocional. Ésta le ayudará a tomar conciencia de lo que siente y por qué lo siente. Si tiene vivencias agradables mostrará seguridad.

Otro de los hitos importantes en el desarrollo emocional del niño/a es la regulación emocional. Ésta será una de las más importantes de esta etapa y para su desarrollo utilizará el juego simbólico. Este juego es una especie de descarga emocional. El pequeño puede adoptar distintos roles, así como estados emocionales diferentes al suyo.

Sin duda, el logro fundamental entre los dos y los seis años es la capacidad de inhibir, aumentar, dirigir y modular las emociones. La adquisición de esta capacidad, llamada regulación emocional, permite a los niños/as ser más competentes en todas las áreas de sus vidas.

El sistema límbico forma parte del encéfalo y es el encargado de la regulación y expresión de las emociones. Este sistema es muy sensible a las expresiones faciales, especialmente a las de miedo, por lo que si uno de los padres expresa temor ante una situación o un objeto, el niño/a para el cual ellos son un referente va a interpretar ese estímulo como potencialmente peligroso. Por el contrario, un niño podrá variar sus sentimientos iniciales respecto a una situación que le provocaba, por ejemplo miedo, si observa que la expresión de sus progenitores ante esa situación difiere emocionalmente (curiosidad o indiferencia). 

Durante este período, las rabietas y los miedos terroríficos disminuyen a medida que aumenta la capacidad de autocontrol. Esto responde en gran medida al desarrollo neurológico que se produce en el sistema límbico. En las emociones, como en el resto de áreas, hay que tener en cuenta las diferencias intersubjetivas, ya que a pesar de los aspectos evolutivos, cada persona es única.

Debido a la adquisición de la capacidad de regularse emocionalmente, la educación emocional es muy recomendable en esta etapa. Por tanto, para comenzar a trabajar la inteligencia emocional con vuestros hijos/as en casa, un buen recurso es contar con algunos libros y cuentos como describimos a continuación.

Una recomendación para trabajar con los niños/as en casa, son estos libros a partir de 3 años:




En este enlace se pueden descargar actividades del Emocionario adaptadas a diferentes edades: 

Colección de cuentos para gestionar emociones y sentimientos de la editorial SM. 




De este modo, la educación emocional, permitirá al niño/a identificar sus propias emociones, manejar sus reacciones emocionales expresándolas adecuadamente, aceptarse a sí mismo y a los demás, desarrollar un fuerte autocontrol y empatía y tener una alta capacidad para resolver los problemas.


Artículos relacionados:



lunes, 7 de enero de 2019

¿CÓMO FAVORECER EL DESARROLLO EMOCIONAL DE NIÑOS Y NIÑAS?

Encarna Mª Toral Navarro
Psicóloga y Psicoterapeuta
Colegiada Nº MU-02806










Etapas del desarrollo emocional de 6 a 12 años

En torno a los 6 años, los niños/as dejan el egocentrismo y comienzan a desarrollar la relación entre sus iguales. Conforme aumenta su mundo social, crece la intensidad y la complejidad de sus emociones. A los 6 años los niños se enfadan por razones más maduras. Ya perciben las injusticias, las críticas, incomprensión e incluso el rechazo. Comienzan a relacionarse más con los niños y niñas. Surgen más experiencias afectivas. Aprenden a autocontrolar su expresión emocional.

En torno a los 9 años, los niños se vuelven más reservados en expresar sus emociones y son capaces de entender sus sentimientos y los de los demás, es decir, reflexionar sobre el valor y el sentido de las emociones que experimentan. La amistad cambia y valoran la confianza y la colaboración.

De los 12 años en adelante comienzan a experimentar sentimientos contradictorios (amor-odio, soledad-compañía). Suelen ser más reservados con respecto a sus emociones y la expresión de ellas. Comienzan a tener sentimientos que no habían experimentado antes, como el amor romántico. En este período la amistad está basada en la intimidad.



Los niños/as mejoran su desarrollo socio-emocional mediante sus experiencias relacionales. En la medida que los adultos que se relacionan con ellos lo hagan de manera adecuada, les será fácil integrar estos aprendizajes. Del mismo modo, los niños/as aprenden no sólo lo que se les dice, sino lo que ven, por lo que es importante que haya congruencia entre la comunicación verbal y no verbal. 

Algunas claves para ello son:
  1. Observarnos: ¿Qué estamos diciendo con nuestras palabras? ¿Qué estamos diciendo con nuestros gestos? ¿Qué estamos diciendo con nuestras acciones? ¿Mis actos son coherentes con lo que quiero enseñar a mis hijos/as?
  2. Escuchar: ¿Qué nos están diciendo con sus palabras? ¿Qué nos están diciendo con sus gestos? ¿Qué nos están diciendo con sus acciones?
  3. Conectar con su estado emocional. ¿Cómo se sienten? Y con el propio ¿Cómo nos sentimos? Y transmitirle que entendemos lo que le sucede.
  4. Intentar observar el contexto en el que suceden las cosas y ver las influencias de éste.
  5. Respetar sus tiempos. Los niños/as tienen tiempos y ritmos diferentes a los adultos.
  6. Intentar ponerse en su lugar. Ayudarles a ponerse en el nuestro ¿Cómo crees que se siente papá cuando pierde en un juego?
  7. Recordar que como adultos algunas de las labores más importantes son: contener, apoyar, comprender y enseñar.
Es normal que durante el proceso de adquisición de estas habilidades el niño/a tenga conductas desajustadas (por ejemplo gritar o no compartir). En estas ocasiones el esfuerzo irá dirigido a enseñarle otras nuevas más adecuadas y respetar el tiempo que necesita para modificarlas. Los cambios exigen mucho esfuerzo y resultan difíciles incluso para los adultos. Algunas formas en las que podemos ayudarles son:
  • Ayudarle a reflexionar sobre cómo se siente cuando tiene estas conductas y cómo se sienten los demás.
  • Motivarle para que pruebe otras formas de relacionarse.
  • Explicarle de manera clara y paciente cuales son las consecuencias de los comportamientos inadecuados.
  • Enseñarle a través del juego o de ejemplos actuados y no sólo de repetitivas indicaciones verbales.
  • Valorar los nuevos intentos y el esfuerzo. Cuando se corrija alguna conducta o actitud se debe hacer de forma sencilla, manifestando lo inadecuado de la conducta, no de la persona y explicitando cual sería el comportamiento correcto, diciendo, por ejemplo: “Nico, ¿te acuerdas que no puedes levantarte de la silla cuando estamos comiendo? Me gustaría mucho que volvieras a sentarte, tú sabes hacerlo muy bien”. A diferencia de: “María, cuántas veces te he dicho que no te levantes de la silla, eres terrible”. No es adecuado usar los términos “siempre” y “nunca” a la hora de educar, ya que no permiten reconocer aquellas ocasiones, aunque no sean muchas, en que el niño/a ha actuado de otra manera. Evitar hacer por él lo que puede hacer por sí mismo, aunque el resultado final no cumpla todos los requisitos esperados. Mantener la paciencia activa y el buen humor, es la forma más efectiva de enseñar y aprender (Rebeca Recio, 2013). 

Una recomendación para trabajar la inteligencia emocional con niños/as en casa son estos libros a partir de 8 años:

Valores de Oro

El emocionómetro del inspector Drilo
Amar


En este enlace se pueden descargar actividades del libro valores de oro adaptadas a diferentes edades: 


En definitiva, una adecuada educación emocional va a repercutir en unos niveles más elevados de bienestar y ajuste psicológico en niños y niñas en la medida que va a garantizar el desarrollo de habilidades para percibir, comprender y manejar de forma adaptativa las propias emociones, presentando niveles más elevados de salud mental y satisfacción, así como un menor número de síntomas físicos, menos ansiedad social y depresión, mejor autoestima, mayor satisfacción interpersonal y mayor utilización de estrategias de afrontamiento activo para solucionar sus problemas.

Artículos relacionados: