martes, 8 de enero de 2019

¿SURGEN TODAS LAS EMOCIONES EN NIÑOS Y NIÑAS AL MISMO TIEMPO?


Encarna Mª Toral Navarro
Psicóloga y Psicoterapeuta
Colegiada Nº MU-02806











Etapas del desarrollo emocional de 0-6 años

Las emociones de los niños/as, van apareciendo de manera progresiva a medida que éstos van creciendo pues está programado biológicamente. Conforme se produce el desarrollo cognitivo del pequeño/a, éste toma conciencia de sus emociones y de las emociones de los demás. En el desarrollo emocional del niño/a juega también un papel importante la autoestima. Dependiendo de cómo se desarrolle su autoestima, sus sentimientos serán unos u otros, ilusión, orgullo, vergüenza, etc. 

Los niños/as son capaces de distinguir y expresar desde los 3 meses de edad emociones como la alegría, miedo, ira, sorpresa, tristeza y desagrado.

Vamos a describir de forma resumida, cuáles son las etapas del desarrollo emocional del niño/a de 0 a 6 años. De esta manera, podréis apreciar con más claridad cómo evolucionan las emociones en vuestros hijos/as.

Desde los 0 a los 3 meses

Los bebés recién nacidos poseen las llamadas emociones de supervivencia que son el llanto, interés y disgusto. Al mes de vida son capaces de reconocer en los demás emociones como la alegría y el enfado.
En torno a los 3 meses, aparece la sonrisa social, que estimula a los adultos a que interactúen con él/ella. Con el paso del tiempo esa sonrisa es más específica y la utiliza más con sus padres o cuidadores. Aparece el susto o sobresaltos ante estímulos bruscos.


                                                            
Desde los 4 a los 8 meses

En el cuarto mes comienza a reír cuando toca sus juguetes y sabe diferenciar entre un gesto de enfado y el de tristeza. En el quinto mes empieza a desarrollar el interés hacia otros estímulos que le rodean. Aparece la sorpresa cuando espera una sonrisa y observa una cara de enfado.

En el sexto mes, el bebé se excita dando muestras de alegría, chilla, ríe cuando se juega con él. Comienza a tener reacciones de asombro. En el séptimo mes, cuando se enfrenta a estímulos desconocidos o inesperados, el niño muestra ansiedad. Saben distinguir una emoción positiva y negativa.

En el octavo mes aparece el miedo y la culpa.

Desde el primer año hasta los 3 años

En el primer año, desarrolla habilidades empáticas básicas. Puede ponerse a llorar cuando ve a otro niño/a llorar. Comienza a inhibir sus emociones y supera pequeñas situaciones de miedo.
A los dos años el niño/a puede imitar la expresión facial de emociones básicas (rabia, alegría, tristeza, sorpresa, asco...). A los tres años es capaz de distinguir a las personas por su relación emocional con ellas: con las que juega, lo/la alimentan, lo/la pasean, etc.

Desde los 4 a los 6 años

En torno a los 4 años, el lenguaje jugará un papel importante. Gracias a éste, el niño será capaz de comprender la realidad, comunicar experiencias y expresar sentimientos. A esta edad, el niño se da cuenta de que las otras personas no piensan ni sienten igual que él. Esto se produce gracias a la teoría de la mente, que es la habilidad para comprender y anticipar la conducta, intenciones y emociones de otras personas. Es el inicio del proceso que ayuda al niño a empatizar con el otro y ponerse en su lugar. Este aprendizaje tiene gran relevancia en la afectividad, ya que permite contemplar a la otra persona como un ser completo y complejo (tanto como uno mismo) con deseos, afectos y diferentes formas de modularlos y expresarlos.




La autoestima es un pilar clave a esta edad, ya que la valoración positiva de sí mismo permite al niño/a alcanzar sus objetivos desde la ilusión y la seguridad que otorga el creer en sus propias capacidades. Durante el proceso, el niño/a descubre el orgullo del éxito, que le conduce a un mayor nivel de concentración y persistencia, asimismo surge el deseo de probar nuevas experiencias que le permiten seguir aprendiendo. Para que un niño se sienta orgulloso de sus actuaciones y de sí mismo, necesita que sus figuras de referencia (padres, familiares y maestros) hayan mostrado de forma realista que se es merecedor de él. 

En esta franja de edad suele aparecer también la vergüenza (aunque hay autores que la clasifican como una emoción primaria). Esta tiene un origen externo, proviene de saber que alguien podría ver y criticar lo que uno ha hecho. Es importante resaltar que la vergüenza no tiene por qué ser negativa. Como consecuencia de la vergüenza la persona puede limitar sus acciones, por lo que puede actuar tanto como elemento regulador de la conducta o elemento represor.

Es a partir de esta edad cuando se desarrolla la conciencia emocional. Ésta le ayudará a tomar conciencia de lo que siente y por qué lo siente. Si tiene vivencias agradables mostrará seguridad.

Otro de los hitos importantes en el desarrollo emocional del niño/a es la regulación emocional. Ésta será una de las más importantes de esta etapa y para su desarrollo utilizará el juego simbólico. Este juego es una especie de descarga emocional. El pequeño puede adoptar distintos roles, así como estados emocionales diferentes al suyo.

Sin duda, el logro fundamental entre los dos y los seis años es la capacidad de inhibir, aumentar, dirigir y modular las emociones. La adquisición de esta capacidad, llamada regulación emocional, permite a los niños/as ser más competentes en todas las áreas de sus vidas.

El sistema límbico forma parte del encéfalo y es el encargado de la regulación y expresión de las emociones. Este sistema es muy sensible a las expresiones faciales, especialmente a las de miedo, por lo que si uno de los padres expresa temor ante una situación o un objeto, el niño/a para el cual ellos son un referente va a interpretar ese estímulo como potencialmente peligroso. Por el contrario, un niño podrá variar sus sentimientos iniciales respecto a una situación que le provocaba, por ejemplo miedo, si observa que la expresión de sus progenitores ante esa situación difiere emocionalmente (curiosidad o indiferencia). 

Durante este período, las rabietas y los miedos terroríficos disminuyen a medida que aumenta la capacidad de autocontrol. Esto responde en gran medida al desarrollo neurológico que se produce en el sistema límbico. En las emociones, como en el resto de áreas, hay que tener en cuenta las diferencias intersubjetivas, ya que a pesar de los aspectos evolutivos, cada persona es única.

Debido a la adquisición de la capacidad de regularse emocionalmente, la educación emocional es muy recomendable en esta etapa. Por tanto, para comenzar a trabajar la inteligencia emocional con vuestros hijos/as en casa, un buen recurso es contar con algunos libros y cuentos como describimos a continuación.

Una recomendación para trabajar con los niños/as en casa, son estos libros a partir de 3 años:




En este enlace se pueden descargar actividades del Emocionario adaptadas a diferentes edades: 

Colección de cuentos para gestionar emociones y sentimientos de la editorial SM. 




De este modo, la educación emocional, permitirá al niño/a identificar sus propias emociones, manejar sus reacciones emocionales expresándolas adecuadamente, aceptarse a sí mismo y a los demás, desarrollar un fuerte autocontrol y empatía y tener una alta capacidad para resolver los problemas.


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lunes, 7 de enero de 2019

¿CÓMO FAVORECER EL DESARROLLO EMOCIONAL DE NIÑOS Y NIÑAS?

Encarna Mª Toral Navarro
Psicóloga y Psicoterapeuta
Colegiada Nº MU-02806










Etapas del desarrollo emocional de 6 a 12 años

En torno a los 6 años, los niños/as dejan el egocentrismo y comienzan a desarrollar la relación entre sus iguales. Conforme aumenta su mundo social, crece la intensidad y la complejidad de sus emociones. A los 6 años los niños se enfadan por razones más maduras. Ya perciben las injusticias, las críticas, incomprensión e incluso el rechazo. Comienzan a relacionarse más con los niños y niñas. Surgen más experiencias afectivas. Aprenden a autocontrolar su expresión emocional.

En torno a los 9 años, los niños se vuelven más reservados en expresar sus emociones y son capaces de entender sus sentimientos y los de los demás, es decir, reflexionar sobre el valor y el sentido de las emociones que experimentan. La amistad cambia y valoran la confianza y la colaboración.

De los 12 años en adelante comienzan a experimentar sentimientos contradictorios (amor-odio, soledad-compañía). Suelen ser más reservados con respecto a sus emociones y la expresión de ellas. Comienzan a tener sentimientos que no habían experimentado antes, como el amor romántico. En este período la amistad está basada en la intimidad.



Los niños/as mejoran su desarrollo socio-emocional mediante sus experiencias relacionales. En la medida que los adultos que se relacionan con ellos lo hagan de manera adecuada, les será fácil integrar estos aprendizajes. Del mismo modo, los niños/as aprenden no sólo lo que se les dice, sino lo que ven, por lo que es importante que haya congruencia entre la comunicación verbal y no verbal. 

Algunas claves para ello son:
  1. Observarnos: ¿Qué estamos diciendo con nuestras palabras? ¿Qué estamos diciendo con nuestros gestos? ¿Qué estamos diciendo con nuestras acciones? ¿Mis actos son coherentes con lo que quiero enseñar a mis hijos/as?
  2. Escuchar: ¿Qué nos están diciendo con sus palabras? ¿Qué nos están diciendo con sus gestos? ¿Qué nos están diciendo con sus acciones?
  3. Conectar con su estado emocional. ¿Cómo se sienten? Y con el propio ¿Cómo nos sentimos? Y transmitirle que entendemos lo que le sucede.
  4. Intentar observar el contexto en el que suceden las cosas y ver las influencias de éste.
  5. Respetar sus tiempos. Los niños/as tienen tiempos y ritmos diferentes a los adultos.
  6. Intentar ponerse en su lugar. Ayudarles a ponerse en el nuestro ¿Cómo crees que se siente papá cuando pierde en un juego?
  7. Recordar que como adultos algunas de las labores más importantes son: contener, apoyar, comprender y enseñar.
Es normal que durante el proceso de adquisición de estas habilidades el niño/a tenga conductas desajustadas (por ejemplo gritar o no compartir). En estas ocasiones el esfuerzo irá dirigido a enseñarle otras nuevas más adecuadas y respetar el tiempo que necesita para modificarlas. Los cambios exigen mucho esfuerzo y resultan difíciles incluso para los adultos. Algunas formas en las que podemos ayudarles son:
  • Ayudarle a reflexionar sobre cómo se siente cuando tiene estas conductas y cómo se sienten los demás.
  • Motivarle para que pruebe otras formas de relacionarse.
  • Explicarle de manera clara y paciente cuales son las consecuencias de los comportamientos inadecuados.
  • Enseñarle a través del juego o de ejemplos actuados y no sólo de repetitivas indicaciones verbales.
  • Valorar los nuevos intentos y el esfuerzo. Cuando se corrija alguna conducta o actitud se debe hacer de forma sencilla, manifestando lo inadecuado de la conducta, no de la persona y explicitando cual sería el comportamiento correcto, diciendo, por ejemplo: “Nico, ¿te acuerdas que no puedes levantarte de la silla cuando estamos comiendo? Me gustaría mucho que volvieras a sentarte, tú sabes hacerlo muy bien”. A diferencia de: “María, cuántas veces te he dicho que no te levantes de la silla, eres terrible”. No es adecuado usar los términos “siempre” y “nunca” a la hora de educar, ya que no permiten reconocer aquellas ocasiones, aunque no sean muchas, en que el niño/a ha actuado de otra manera. Evitar hacer por él lo que puede hacer por sí mismo, aunque el resultado final no cumpla todos los requisitos esperados. Mantener la paciencia activa y el buen humor, es la forma más efectiva de enseñar y aprender (Rebeca Recio, 2013). 

Una recomendación para trabajar la inteligencia emocional con niños/as en casa son estos libros a partir de 8 años:

Valores de Oro

El emocionómetro del inspector Drilo
Amar


En este enlace se pueden descargar actividades del libro valores de oro adaptadas a diferentes edades: 


En definitiva, una adecuada educación emocional va a repercutir en unos niveles más elevados de bienestar y ajuste psicológico en niños y niñas en la medida que va a garantizar el desarrollo de habilidades para percibir, comprender y manejar de forma adaptativa las propias emociones, presentando niveles más elevados de salud mental y satisfacción, así como un menor número de síntomas físicos, menos ansiedad social y depresión, mejor autoestima, mayor satisfacción interpersonal y mayor utilización de estrategias de afrontamiento activo para solucionar sus problemas.

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