lunes, 7 de enero de 2019

¿CÓMO FAVORECER EL DESARROLLO EMOCIONAL DE NIÑOS Y NIÑAS?

Encarna Mª Toral Navarro
Psicóloga y Psicoterapeuta
Colegiada Nº MU-02806










Etapas del desarrollo emocional de 6 a 12 años

En torno a los 6 años, los niños/as dejan el egocentrismo y comienzan a desarrollar la relación entre sus iguales. Conforme aumenta su mundo social, crece la intensidad y la complejidad de sus emociones. A los 6 años los niños se enfadan por razones más maduras. Ya perciben las injusticias, las críticas, incomprensión e incluso el rechazo. Comienzan a relacionarse más con los niños y niñas. Surgen más experiencias afectivas. Aprenden a autocontrolar su expresión emocional.

En torno a los 9 años, los niños se vuelven más reservados en expresar sus emociones y son capaces de entender sus sentimientos y los de los demás, es decir, reflexionar sobre el valor y el sentido de las emociones que experimentan. La amistad cambia y valoran la confianza y la colaboración.

De los 12 años en adelante comienzan a experimentar sentimientos contradictorios (amor-odio, soledad-compañía). Suelen ser más reservados con respecto a sus emociones y la expresión de ellas. Comienzan a tener sentimientos que no habían experimentado antes, como el amor romántico. En este período la amistad está basada en la intimidad.



Los niños/as mejoran su desarrollo socio-emocional mediante sus experiencias relacionales. En la medida que los adultos que se relacionan con ellos lo hagan de manera adecuada, les será fácil integrar estos aprendizajes. Del mismo modo, los niños/as aprenden no sólo lo que se les dice, sino lo que ven, por lo que es importante que haya congruencia entre la comunicación verbal y no verbal. 

Algunas claves para ello son:
  1. Observarnos: ¿Qué estamos diciendo con nuestras palabras? ¿Qué estamos diciendo con nuestros gestos? ¿Qué estamos diciendo con nuestras acciones? ¿Mis actos son coherentes con lo que quiero enseñar a mis hijos/as?
  2. Escuchar: ¿Qué nos están diciendo con sus palabras? ¿Qué nos están diciendo con sus gestos? ¿Qué nos están diciendo con sus acciones?
  3. Conectar con su estado emocional. ¿Cómo se sienten? Y con el propio ¿Cómo nos sentimos? Y transmitirle que entendemos lo que le sucede.
  4. Intentar observar el contexto en el que suceden las cosas y ver las influencias de éste.
  5. Respetar sus tiempos. Los niños/as tienen tiempos y ritmos diferentes a los adultos.
  6. Intentar ponerse en su lugar. Ayudarles a ponerse en el nuestro ¿Cómo crees que se siente papá cuando pierde en un juego?
  7. Recordar que como adultos algunas de las labores más importantes son: contener, apoyar, comprender y enseñar.
Es normal que durante el proceso de adquisición de estas habilidades el niño/a tenga conductas desajustadas (por ejemplo gritar o no compartir). En estas ocasiones el esfuerzo irá dirigido a enseñarle otras nuevas más adecuadas y respetar el tiempo que necesita para modificarlas. Los cambios exigen mucho esfuerzo y resultan difíciles incluso para los adultos. Algunas formas en las que podemos ayudarles son:
  • Ayudarle a reflexionar sobre cómo se siente cuando tiene estas conductas y cómo se sienten los demás.
  • Motivarle para que pruebe otras formas de relacionarse.
  • Explicarle de manera clara y paciente cuales son las consecuencias de los comportamientos inadecuados.
  • Enseñarle a través del juego o de ejemplos actuados y no sólo de repetitivas indicaciones verbales.
  • Valorar los nuevos intentos y el esfuerzo. Cuando se corrija alguna conducta o actitud se debe hacer de forma sencilla, manifestando lo inadecuado de la conducta, no de la persona y explicitando cual sería el comportamiento correcto, diciendo, por ejemplo: “Nico, ¿te acuerdas que no puedes levantarte de la silla cuando estamos comiendo? Me gustaría mucho que volvieras a sentarte, tú sabes hacerlo muy bien”. A diferencia de: “María, cuántas veces te he dicho que no te levantes de la silla, eres terrible”. No es adecuado usar los términos “siempre” y “nunca” a la hora de educar, ya que no permiten reconocer aquellas ocasiones, aunque no sean muchas, en que el niño/a ha actuado de otra manera. Evitar hacer por él lo que puede hacer por sí mismo, aunque el resultado final no cumpla todos los requisitos esperados. Mantener la paciencia activa y el buen humor, es la forma más efectiva de enseñar y aprender (Rebeca Recio, 2013). 

Una recomendación para trabajar la inteligencia emocional con niños/as en casa son estos libros a partir de 8 años:

Valores de Oro

El emocionómetro del inspector Drilo
Amar


En este enlace se pueden descargar actividades del libro valores de oro adaptadas a diferentes edades: 


En definitiva, una adecuada educación emocional va a repercutir en unos niveles más elevados de bienestar y ajuste psicológico en niños y niñas en la medida que va a garantizar el desarrollo de habilidades para percibir, comprender y manejar de forma adaptativa las propias emociones, presentando niveles más elevados de salud mental y satisfacción, así como un menor número de síntomas físicos, menos ansiedad social y depresión, mejor autoestima, mayor satisfacción interpersonal y mayor utilización de estrategias de afrontamiento activo para solucionar sus problemas.

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